Relato 3


"...Era un día soleado, y estaban en la cancha de educación física. Toda la clase subió menos ella y Nat, que se habían quedado para recoger. Ahora estaban bebiendo agua del grifo. Pat sorbía con virtuosismo el líquido reconstituyente. Fue ahí cuando Nat la agarró de la cabeza y se la empotró contra el grifo, saltándole un ojo. Inmediatamente cogió un balón medicinal (de los que pesan mucho) y lo lanzó contra ella. Repitió el mismo proceso con los balones de baloncesto. Pat se levantó y Nat persiguió a su hermana, que salió del baño hasta la cancha. Ahí le pegó una zancadilla que hizo que Pat se estampase de morros contra el suelo. Por la zona de triple se desperdigaron los dientes de la pobre chica. Aprovechando que se había vuelto boca arriba, cogió otro balón medicinal y se lo lanzó a la cara. Seguidamente empezó a darle con furia patadas en el abdomen (lo cual dolería menos si Nat no llevase botas con tacos). Antes de morir, Pat se preguntó de dónde había sacado su hermana los nudillos con pinchos con los que le estaba golpeando en la glotis..."

"...Se despertaba en medio de la noche. Fuera había una gran tormenta eléctrica. Su marido estaba al otro lado de la cama. Le tocó para que viese la tormenta. Él se levantó solemnemente y la miró a ella. Un relámpago iluminó por un breve espacio la habitación. El ruido del trueno eclipsó el grito de la mujer: su marido tenía la cara recubierta de enormes venas rojas y azules que palpitaban junto con su agitada respiración, sus ojos rojos, que se iban hinchando progresivamente, se posaron en los de ella. Se levantó y caminó muy despacio hasta su mujer, que iba retrocediendo. Otro relámpago iluminó la habitación, y el siguiente trueno ahogó su grito: la habitación estaba llena de símbolos satánicos. A un extremo estaba una estatuilla de Satanás, con unas velas encendidas. En las paredes se veían escritos los números "seis" reiteradas veces. Otro relámpago iluminó el suelo que pisaba: estaba sobre una estrella de cinco puntas echa con gasolina. Estaba paralizada por el miedo. Su marido se detuvo al borde de la estrella, un ojo se le hinchó hasta tal punto que estalló. El hombre cogió un cuchillo de una mesilla y dijo:

- Satán quiere víctimas... Satán quiere más sangre. Dicho esto, cogió el cuchillo y se pinchó una de las enormes venas de su cara. Al estallar, un chorro de sangre salió con presión y calló sobre la gasolina, que se incendió inmediatamente. Su mujer estaba en el centro de las llamas, en el pentágono. El hombre empezó a recitar conjuros druídicos, invocando al diablo. El pentágono se abrió y la mujer cayó, cayó a un mar de llamas, al tiempo que oía a su marido:

-¡Ve con Lucifer!..."

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