Relato 2


"...Pero en la ciudad había más gente que sufría pesadillas. En unos grandes almacenes había dos vigilantes nocturnos. Uno dormía, y el otro tomaba café sentado en una banqueta. El que dormía se estaba retorciendo. Había algo en sus sueños que lo incitaba a matar, a masacrar, a cometer una carnicería. Abrió los ojos dilatados y miró a su compañero. Después vio el hacha que había en una urna, en la pared. Lentamente se levantó y encaminó a la pared. Rompió la urna y sacó el hacha. Empezó a caminar hasta su víctima. Cuando esta se dio cuenta de lo que intentaba hacer el otro, era demasiado tarde: ya había hundido el hacha en su espalda. Una clavícula se le incrustó en el pulmón derecho, el omóplato se le fracturó. Al retirar el hacha, la hoja estaba llena de ligamentos, que se los metió en la boca al moribundo. Como todavía estaba vivo, empezó a cortarle todas las falanges de la mano izquierda. Ya agonizante, le cortó la muñeca derecha. Una vena chorreaba un insignificante hilo de sangre. El siguiente hachazo lo descargó sobre la cara, partiéndole el labio. Ahora había muerto. Aplicó su mano sobre la nariz del muerto y se la reviró. Pensó en quitarle los intestinos y jugar con ellos a la comba, o bien hacer un columpio, pero primero quería comer: sentía hambre después del gran esfuerzo que había hecho. Descargó poderosos hachazos sobre el pecho del muerto hasta que llegó a la columna vertebral. Con muchos trabajos consiguió sacársela entera con las costillas. Encendió un pequeño fuego y puso los huesos encima. Después se volvió al cadáver y extrajo su hígado, que colocó posteriormente sobre las costillas. Si alguien le hubiese preguntado al hombre qué era lo que hacía, él hubiera respondido: "hígado en su jugo a la parrilla". Sólo le faltaba la salsa. Fue nuevamente hasta el cadáver y extrajo su vejiga urinaria. La exprimió sobre el hígado. Ahora estaba listo para comer. Se metió el hígado entero en la boca y empezó a masticar. Delicioso, exquisito y sublime. Lástima que no lo pudo saborear demasiado porque se le quedó atascado en la garganta. No pudo hacer más que ahogarse lentamente, con una laaaaarga agonía. Dios castiga sin palos ni piedras: con órganos..."


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