Serenata Africana

 

 

CARNAVAL EN EL URUGUAY

Durante las últimas tres décadas del siglo XIX la celebración del Carnaval experimentó cambios considerables en comparación con el tradicional desenfreno que caracterizó a esta fiesta durante la época de la Colonia y de nuestros primeros años de vida independiente.
Las nuevas formas de concebir, organizar y disfrutar el Carnaval daban cuenta del proceso de disciplinamiento cultural atravesado por la sociedad uruguaya entre 1860 y 1890. Algunas prácticas en boga durante más de un siglo, como ser el juego con agua o con huevos -costumbre que solía causar los peores dolores de cabeza a la policía-, fueron paulatinamente sustituidas por nuevas y "civilizadas" formas de diversión.
Los Carnavales del novecientos sintetizan, en buena medida, las diferentes modificaciones que tuvieron lugar en esta fase de transición. Durante las tres noches de festejo la cita obligada tenía lugar en el centro de la ciudad. Allí las diversas comparsas, desfilaban a lo largo de una 18 de julio decorada e iluminada especialmente para la ocasión.
Las transformaciones culturales y sociales que rápidamente dieron la tónica al nuevo siglo no fueron ajenas a la tradicional fiesta carnavalesca. Los modernos carros alegóricos mecanizados desplazaron los antiguos vehículos de tracción a sangre. Sus luces de colores jugaban entre tradicionales máscaras y cabezudos, aportando a esta añeja fiesta popular un tono propio de la modernización.
Género, edad y raza pautaban los roles que cada uno de los actores cumplía en este concierto popular que ya no escapaba a las normativas del Estado.
Desde 1943, comenzaron a elegirse por concurso oficial la Reina y las vice-Reinas de Verano y Carnaval, quienes presidirían año tras año el desfile inaugural. Bajo el destello de cientos de luces, cuyos frisos y figuras constituían auténticos testimonios de arte efímero, desfilaban las comparsas de negros con sus tamboriles, sus danzas, sus estandartes y símbolos. Sumado al desfile inaugural, durante la segunda mitad del siglo XX, creció el interés por el Teatro de Verano del Parque Rodó, donde se desarrolla hasta nuestros días el concurso oficial de agrupaciones carnavalescas que para ese entonces presentaba las siguientes categorías: Negros Lubolos, Cuadros internacionales, Parodistas, Humoristas, Escuelas de Samba, Dúos, Tríos y Murgas.

Investigación y textos: Magdalena Broquetas , Isabel Wschebor - AFMVD


CANDOMBE - LLAMADAS

ALGO DE HISTORIA

La esclavitud ha sido una forma de servicio forzado que existió desde la más remota antigüedad y en todos los continentes. Los esclavos pertenecieron desde siempre a cualquier raza aunque en el mundo occidental impresione mas el tráfico de negros.

Aristóteles consideraba a la esclavitud necesaria; los esclavos seres inferiores, debían realizar los trabajos manuales así los esclavistas podían pensar.

El Cristianismo se opuso en vano a este vicio pagano sin éxito, en tanto fue un comercio legítimo desde el siglo 16 hasta entrado el 19 y un suculento negocio sobretodo para los ingleses, contribuyendo los recursos obtenidos a su Revolución Industrial.

En el Río de la Plata el esclavo fue destinado a tareas domésticas y servicios en general, por lo que recibió un mejor trato que el destinado a las plantaciones y a las minas.

Durante la Gesta Artiguista muchos negros se integraron a las filas patriotas, donde fueron influidos por las ideas libertarias e igualitarias del prócer.

La abolición de la esclavitud es un proceso que se inicia en 1813 precisamente en el período Artiguista y se extiende hasta 1853, en que una ley declara pirático el tráfico de esclavos.

El impacto de su captura, traslado a tierras lejanas y el trabajo forzado, desintegró su patrimonio cultural.

Sometido a la cultura dominante pudo conservan muy pocas de las manifestaciones culturales propias de los pueblos a los que pertenecían.

Su profundo sentido rítmico les permitió conservar las danzas hoy completamente desaparecidas, que en un proceso sincrético se transformaron en el candombe actual.

La “liberalidad” de la sociedad montevideana permitirá a sus esclavos la realización de encuentros de agasajo a sus “reyes”, donde practicaba sus danzas al son de diversos instrumentos. Como expresaba una resolución del Cabildo “ podían llevarse a cabo en extramuros” en la costa sur, “los días de fiesta, hasta la puesta del sol”.

Incorporaron a su ceremonial elementos que habían apreciado en las festividades de Hábeas, en las proclamaciones regias y hasta en el desfile masónico de los ingleses con sus bandas, pendones y mandiles, cuya aparatosidad debió impresionar profundamente a los morenos de entonces.

Se reunían en “canchas” al aire libre o en “salas” que se instalaban en fincas ruinosas alquiladas o cedidas en los suburbios, cuando las normativas les permitieron los festejos dentro de la ciudad.

Los locales llamados tambos, eran adornados de acuerdo a la circunstancia y se concurriría con las prendas que los amos tenían en desuso; si más coloridas mejor.

Había tres ambientes: la sala de los reyes, el oratorio con imágenes de San Benito o San Baltasar y la sala de “canyengue”.

La vida de las salas fue genialmente reflejada en sus obras por el ensayista y pintor uruguayo, Dr. Pedro Figari.

Se reunían por naciones: Gunga, Guanda, Congo, Banguela, etc., en la costa sur desde la batería de San Rafael hasta el Cubo del Sur, cuando no contaban con sala o cuando les resultaba pequeña, o bien para lucir sus actuaciones frente a sus amos, que concurrieron Concurrirían con entusiasmo a presenciar el acontecimiento. La fiesta se realizaba en principio los días de Navidad, Año Nuevo y Reyes, donde el 6 de enero era el momento cuando la celebración llegaba a su mejor expresión. Incluso salían en cortejo a saludar a las autoridades religiosas en la Iglesia Matriz y al Gobernador en el Fuerte.

Las naciones con el tiempo se fueron convirtiendo en comparsas y progresivamente se fueron incorporando al carnaval, haciéndolo oficialmente desde 1870, perdiéndose bastante del candombe original como danza.

COREOGRAFÍA DEL CANDOMBE.

“La danza en su situación original presentaba una coreografía variada, iniciada por un cortejo, seguido de la formación de calles y ruedas y terminaba en un “entrevero”. Los bailarines componían parejas sueltas y sus pasos quedaban librados a la inventiva individual”. Se arrastraba mucho el pie, y no había saltos. Al candombe se le considera un producto de la aculturación, por la similitud de sus figuras con las de la contradanza europea.

LOS INSTRUMENTOS

La danza se acompañaba musicalmente por los tamboriles, pero también con otros elementos todos de percusión como la mazacalla, la marimba, la tacuara y las hueseras.
Sobreviven los primeros que son de 4 tipos: el chico (soprano) de 65 cms. De altura por 16 cms. De boca, el repique (contralto) de 70 x 20, el piano (tenor) de 73 por 24 y el bombo (bajo) de 78 por 27 (aproximadamente).
Es frecuente la ausencia del bombo en un conjunto de tamboriles; los repiques pueden ser 3, los pianos pueden ser 2; la comparsa puede multiplicar estos porcentajes. La frase rítmica consta de dos compases en 4/8, lo cual permite superponer tangos y milongas. El chico tiene rítmica fija, en tanto el repique es el más improvisador.
La lonja se percute con una mano y un palillo que lleva la otra, que puede batir tanto el parche como la madera produciéndose tres sonidos de timbre y altura distintos.
Los tamboriles uruguayos son unimembranófonos y las disponibilidades del lugar y el sincretismo cultural indujeron a los negros a construirlos con duelas machimbradas de barricas de yerba, precintadas con flejes de hierro en diversas alturas. Este hecho debió determinar la forma abarrigada. El parche era antes siempre de cuero de vacuno y se templaba al calor de una fogata de diarios viejos. Actualmente con los materiales sintéticos, es innecesaria esta operación.
El tamboril se lleva suspendido en el hombro mediante una correa y se apoya sobre el muslo durante la marcha del instrumentista.

PERSONAJES

La modalidad actual del candombe está completamente adaptada al carnaval desde 1890, aunque perduran algunos personajes de las viejas “salas” metamorfoseados.
El “escobillero” era antes el encargado de dirigir el ceremonial con un bastón de borlas; hoy lleva una escoba con la cual practica sus malabares.
El “gramillero” representaba el brujo de la tribu, tenía su jerarquía. Por lo que vestía de sombrero de copa, levita, anteojos y barba blanca larga; bastón y valija yuyera, en una y otra mano.
La “mama vieja” con un abanico en la derecha y una sombrilla en la izquierda, recargada de faldas y enaguas, coquetea con el gramillero. La vedette es un elemento recientemente transculturado.
Para concursar oficialmente la comparsa de “negros y lubolos” debe presentar como mínimo 12 tamboriles, cinco bailarinas, una vedette, un escobero, dos gramilleros, dos mamas viejas, cuatro portabanderas, un portaestandarte, un portamedialuna y un bailarín. Se constituían con un mínimo de 45 miembros y un máximo de 60.
El tamborileo viste saco largo hasta la rodilla sin mangas, con bolados.
Alpargatas encintadas hasta la rodilla, camiseta blanca, bombachudo hasta la rodilla y sombrero de paja.

LLAMADAS

El candombe en principio nada tiene que ver con el carnaval; se va asociando a él progresivamente a lo largo del siglo 19, y se integra oficialmente a las fiestas de Momo en 1870.
La antigua congregación por naciones dio paso en la actualidad a “sociedades” donde el “rey” pasó a ser “presidente” y donde el factor de afinidad es la vecindad, el parentesco, la comunidad laboral, etc.
La llamada es una convocatoria que hacen algunos miembros de la comparsa al resto de la misma, valiéndose del lenguaje rítmico del tamboril.
La IMM oficializó desde 1956 el Desfile de Llamadas, que es un desfile de Sociedades de Negros y Lubolos. Estos son blancos pintados de negro y la denominación viene desde el siglo XIX.
Se realiza en las calles del barrio Palermo, zona de conventillo y apartamentos de corredor, tradicionalmente ocupados por familias morenas. En el Desfile de Llamadas las comparsas compiten entre sí por premios y distinciones que otorga la División Turismo de la IMM, organizadora del evento.

 

   LA MURGA

El carnaval uruguayo es un producto sincrético, constituido con los aportes de las distintas corrientes inmigratorias que imprimieron sus singularidades a un fenómeno de por sí polisemico, nutrido de fragmentos y remanentes de otras fiestas, tanto paganas como cristianas.

En esa diversidad de contenidos de nuestras carnestolendas, se destaca un componente rutilante, tal vez lo más representativo de los festejos, la manifestación más pícara y transgresora del culto a Momo por estos lares: la murga

Sus ancestros europeos eran comparsas de músicos aficionados o improvisados, que con el pretexto de una festividad cualquiera, tocaban a la puerta de las casas de familias pudientes a cambio de algunas monedas.

Mas cercanamente, la murga como otros conjuntos carnavalescos, es un derivado del género chico español. La sociedad criolla le agregó al decir picaresco, la crítica mordaz a los acontecimiento políticos y sociales del día, la caricaturización de figuras de la cotidianidad, en una línea de comicidad popular ingenua pero genuina y con mucho acento local.

Su pintoresco escenario, el tablado barrial, fue modelo de acción comunitaria, en tanto era construido y mantenido en su expresión artística por los propios vecinos que realizaban creaciones artesanales de antología cuando se premiaba su decoración. Hoy se gestionan empresarialmente al compás de un mercado cada vez mas exigente y que requiere también conjuntos con mayor profesionalidad.

La batería de bombo, redoblante y platillos, instrumentación que caracteriza a la murga desde los tiempos del mítico director Pepino, tuvo que evolucionar. Insumos de más calidad, mayor tecnología en la fabricación y nuevas técnicas de ejecución de los instrumentos, enriquecieron el planteo musical de la muga.

Las recurrentes melodías zarzueleras del otrora dieron lapso al uso de composiciones diversas, con lo cual la murga diversificó su ofrecimiento artístico sin perder su ritmo esencial particularísimo, que el murguista acompaña con un paso de baile reconocible al que algunos de los componentes, le imprimen su sello plástico personal que deleita a los espectadores.

El coro que asume la parte moral de la narración y que es uno de los elementos definidores del género, se ha perfeccionado con los arreglos vocales aportados carnavaleros especialistas.

La actuación de la murga tiene cuatro momentos: en el primero, la presentación, donde la murga comunica sinópticamente su historia y su propósito ante una nueva edición del carnaval. Luego vienen los dos momentos histriónicos de la propuesta y que a su vez son la parte de humor crítico: el cuplé y el popurrí. Se finaliza con la retirada, cargadas de sentimiento, mezcla de nostalgia y de esperanza y que cuando conmueven al público adicto perduran en la memoria colectiva de los uruguayos como rasgo identificatorio y son revividas celebraciones fraternales.

 


Serenata Africana-

Teatro de verano 2005
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



DESFILE DE LLAMADAS 2005


 

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