señales de vida

.. Diario Clarín (Buenos Aires)

Jueves 7 de setiembre de 2000

TRIBUNA ABIERTA
Colombia: la nueva Vietnam

Lo que fue la guerra contra el comunismo en Asia hoy es el "Plan Colombia", destinado a erradicar el narcotráfico y la guerrilla · EE.UU. vuelve a cometer el error de intervenir en una región que desconoce

TAD SZULC. Especialista en América latina.
Como en Vietnam hace casi cuarenta años, Estados Unidos ahora se embarcó en la fantasmagórica empresa de destruir la zona rural de Colombia, con la supuesta intención de salvarla.

Lo que fue la "búsqueda y destrucción" de los comunistas en Vietnam en los años 60 hoy es el "Plan Colombia", destinado, prácticamente a ciegas, a erradicar a los traficantes de cocaína, las guerrillas de izquierda y derecha, los paramilitares de derecha y cualquier otra categoría intermedia de villanos. En Vietnam, al menos, podíamos identificar fácilmente al enemigo.

La intervención armada aprobada por el Congreso de Estados Unidos el mes pasado —que consta de, por lo menos, sesenta helicópteros Black Hawk y Huey-2 con tropas norteamericanas y fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos que ya entrenan en tres batallones colombianos de contrainsurgencia— fue respaldada personalmente por el presidente Clinton durante su visita a una ciudad costera del Caribe colombiano.

La mayoría de los norteamericanos, sin embargo, parece no tener ni idea de que el "Plan Colombia" amenaza con sumergir a Estados Unidos en la guerra civil más larga y más brutal del hemisferio occidental, que se prolongó intermitentemente durante 160 años. Nunca nadie se los explicó, como tampoco nadie les había explicado Vietnam al principio.

Y, como otro recordatorio fantasmal de Vietnam, la administración persuadió a Colombia de desarrollar un poderoso herbicida biológico contra los cultivos de coca y los campos de amapola para producir heroína. Es un hongo conocido como Fusarium oxysporum, derivado de la planta misma de la coca, y la idea de Washington es esparcirlo a lo largo de cientos de miles de hectáreas en toda Colombia donde se cultive la amapola.

Nadie parece conocer el impacto de este hongo en los seres humanos —los agricultores— y las posibles consecuencias, inevitablemente, nos remiten al defoliante Agente Naranja, que en Vietnam mató y diezmó al Vietcong y a norteamericanos por igual.



Enorme frustración

El "Plan Colombia" resulta, por supuesto, de la enorme frustración de parte de la administración Clinton frente a su permanente incapacidad para frenar el gigantesco flujo de cocaína y heroína proveniente de Colombia, a pesar de los miles de millones de dólares invertidos, a lo largo de los años, en la prohibición y en lo que se hacía pasar como cooperación con las autoridades colombianas.

Después de rechazar la idea de que el flujo de drogas proveniente de Colombia cesará o, al menos, disminuirá si se aplican medidas más severas a nivel nacional para frenar el consumo —es un debate muy antiguo entre los expertos en drogas—, Washington decidió, en un estado de desesperación, lanzar el "Plan Colombia", y para ello persuadió a un Congreso distraído de aprobar fondos por 1.300 millones de dólares, principalmente para operaciones militares en Colombia. El principal autor del plan es el zar de la droga de la Casa Blanca, el general Barry M. McCaffrey, ex director del Comando Sur de Estados Unidos, a quien muchos consideran absolutamente ignorante de los asuntos latinoamericanos.

El "Plan Colombia", hasta donde se puede entender, respalda la eliminación de guerrillas de diferentes lealtades de los campos de amapola que resguardan —y de cuyos propietarios obtienen cientos de millones de dólares en dinero a cambio de su protección— para que la avioneta pueda rociar con total seguridad el hongo sobre las plantaciones. Las guerrillas van a ser diezmadas por los batallones de contrainsurgencia colombianos entrenados por Estados Unidos, transportados a los campos a bordo de los helicópteros estadounidenses. Nada se dijo sobre qué pasaría si un helicóptero norteamericano fuera derribado por las guerrillas y su tripulación resultara herida o muerta.

Algo que complica aún más este panorama intimidatorio es que en Colombia, hoy, existe media docena de guerras o conflictos de guerrillas, lo cual le hace difícil al general McCaffrey decidir a quién y dónde atacar: hay campos de amapola y guerrillas diferentes en todas partes. Las armas son muchas.

La guerrilla más importante de Colombia son las FARC, con por lo menos 15.000 hombres que ocupan los departamentos sureños de Putamayo y Caqueta, un área del tamaño de Suiza que funciona como un Estado rico en coca prácticamente independiente. Las FARC son la única fuerza guerrillera puramente marxista-leninista en Colombia y sus filas aumentaron desde que Estados Unidos lanzó el "Plan Colombia". A los batallones de contrainsurgencia no les resultará fácil enfrentarse a las FARC. Lo mismo les sucederá a sus asesores estadounidenses cuando vuelva a surgir el tema, como en Vietnam, de si es necesario enviar más tropas para aplastar a la guerrilla.



Días sin gloria

En el norte, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una organización políticamente más moderada, controla su propio "minipaís", más pequeño pero igualmente rico en coca. No cuenta con más de 5.000 combatientes pero, una vez más, ¿los norteamericanos quieren combatirlos?

Por otra parte, están las unidades paramilitares de derecha en guerra con las guerrillas y los campesinos locales. Los paramilitares tienen un registro alarmante de abuso de los derechos humanos —en otras palabras, ejecuciones a gran escala— y las guerrillas también. Es difícil que pase un día en Colombia sin que haya decenas de muertos en ambos bandos. El Ejército y la policía de Colombia habían sido acusados de trabajar en connivencia con los escuadrones paramilitares, pero bajo el "Plan Colombia" tendrán que asegurar la paz y la integridad.

No hace falta demasiada imaginación para llegar a la conclusión de que el "Plan Colombia", como bien sabe la mayoría de los colombianos informados, es sencillamente impracticable. En Brasilia, recientemente, la secretaria de Estado norteamericana, Madelaine Albright, en una misión de promoción del "Plan Colombia" en América latina, supo que Brasil no tendrá ninguna participación. El resto de los gobiernos latinoamericanos, en su mayoría, piensan lo mismo, con lo cual Washington quedaría aislado en este emprendimiento.

Tal vez la mayor amenaza y la mayor tragedia para Estados Unidos en esta empresa colombiana sea que la decisión del plan fue tomada en el nivel político más alto por hombres y mujeres que saben muy poco de la historia, la cultura y la política del país —el general McCaffrey no es el único—. Esto también nos recuerda a Vietnam, hace cuarenta años, cuando el presidente Kennedy comprometió a los Estados Unidos sin el consejo del puñado de funcionarios que, en realidad, sabían sobre Hanoi, Dienbienphu, Ho Chi Minh y el Vietcong.

El nivel de conocimiento que tienen los norteamericanos sobre la historia de Colombia se refleja en los artículos actuales que le dicen al lector que la guerra civil en ese país apenas tiene 40 años de vida. En realidad, la primera gran guerra civil que definiría las subsiguientes surgió entre los liberales y los conservadores en 1840, 21 años después que Bolívar había logrado independizar a Colombia de España. Estas guerras nunca terminaron y un momento clave fueron los disturbios salvajes en Bogotá, la capital, en 1948, cuando fue asesinado el candidato presidencial liberal de izquierda Jorge Eliecer Gaitan.

La guerra civil —la "violencia"— siguió después de 1948 y condujo a golpes militares, al restablecimiento de una democracia formal y, finalmente, al surgimiento de las grandes fuerzas guerrilleras. Hoy, lo que queda de democracia está hecho trizas y el "Plan Colombia", claramente, no servirá para rescatarla. Es prácticamente imposible que Estados Unidos salve la democracia colombiana destruyendo sus campos. Es difícil "salvar" a una nación sobre cuya historia e identidad nuestros máximos legisladores en Washington saben tan poco.

¿Acaso queremos otra Bosnia o Kosovo, esta vez en América latina?


Traducción de Claudia Martínez. Copyright Tad Szulc y Clarín, 2000.

 

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