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PONGANSE SERIOS PARA NEGOCIAR
Por: Alejo Vargas Velásquez
Profesor Asociado Universidad Nacional
Los dos procesos de diálogo y conversaciones del gobierno
nacional con las FARC y el ELN se encuentran en una situación bastante difícil y
sectores de la sociedad colombiana comienzan a ser seducidos por los cantos de sirena de
los que pregonan intensificar la guerra como salida única a esta complicada situación.
Por ello, hoy más que nunca es imperioso decirles a las partes, que deben ser serios en
la negociación y que no se puede jugar impunemente con los costos sociales no previstos
de un escalamiento de la confrontación.
A las FARC hay que decirles de una vez por todas que no pueden
engolosinarse con su poder militar y que deben asumir de manera más modesta y realista el
proceso de diálogo y conversaciones, incluyendo en esto un manejo sensato y responsable
de la zona de distensión. La actitud asumida en relación con la persona que secuestró
el avión no tiene presentación política, así se trate de uno de sus milicianos. Deben
poner de su parte para que las posibilidades de la negociación se transformen de una
quimera en una realidad para la sociedad colombiana, incluidos ellos, por supuesto, como
actores relevantes que son de la misma.
Al ELN hay que plantearles coherencia en sus acciones, porque
no es posible que cuando se está adelantando una tarea por los países amigos del proceso
y la Comisión de Facilitación, tendiente a crear las condiciones para viabilizar una
zona de encuentro para el inicio de la Convención Nacional y de los diálogos directos
con el gobierno nacional, ellos vayan a realizar hechos reprobables y con gran impacto
negativo en la opinión pública, como el secuestro masivo en la ciudad de Cali, de los
últimos días.
Al gobierno nacional y al establecimiento del país hay que
plantearles que no deben seguir pensando en pajaritos de oro y que deben mirar
la negociación con realismo, es decir, como una cesión de reformas y de poder. Deben
desencantarse de una vez por todas de la ilusión de que el ELN está derrotado y que se
puede llegar a un proceso de negociación como los del pasado reciente, es decir solamente
de desmovilización y reinserción y que es posible ablandarlos más para que la
negociación resulte barata, esto es sin ceder nada. Con las FARC deben tener
claridad, y esto es igualmente válido con el ELN, que la negociación avanzará sólo en
la medida en que se hagan propuestas claras de reformas económicas, políticas y sociales
y que las mismas se comiencen a ejecutar. Al tema del canje de soldados y policías
secuestrado y guerrilleros detenidos no se le puede seguir tomando el pelo, hay que hacer
propuestas serias y posibles. Pareciera que la negociación se entendiera como un
ejercicio retórico de hablar y hablar sobre los problemas nacionales, pero sin que nada
cambie.
La sociedad colombiana debe plantearle a los actores de la
guerra y al Estado, la necesidad de asumir la negociación con el suficiente realismo,
sensatez y seriedad; dejar de pensar que estamos en una situación de absoluta normalidad
y que se pueden aplicar las normas propias de la misma. No debemos engañarnos, estamos en
una situación de absoluta anormalidad e irregularidad y hay que actuar en esa medida con
el realismo que la situación demanda. Si no lo hacemos así, terminaremos dándole la
razón a los que dicen que lo único que nos queda es que la guerra se incremente para que
haya un claro vencedor y en esa medida la negociación sea más de tipo vertical entre un
vencedor y otro derrotado. Lo que normalmente no dicen es el costo social, económico y
político de esta alternativa. Esa es la disyuntiva en que nos encontramos: negociación
seria de las distintas partes o la escalada de la confrontación militar. Ojalá prime la
responsabilidad social.
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