Intervención de Alfredo
Molano ante el Parlamento Europeo
I. El Plan Colombia, versiones.
II.El conflicto
social armado
III. Fuerzas y
actores.
IV. Las
negociaciones.
* A manera de
conclusión.
Al comienzo de su mandato, el
presidente Pastrana divulgo una
iniciativa de ayuda a la comunidad internacional que llamo Plan Marshall para Colombia,
con la idea de obtener fondos para reconstruir al país al salir de una guerra que estaba
por terminar puesto que se estaban negociando la paz.
Presentado en Washington, el gobierno
de Clinton suprimió el nombre del general, y un equipo del Dpto. de Estado, Planeación
Nacional de Colombia -y un técnico de la OXY- reelaboró el proyecto definiéndole como
objetivo la guerra contra el narcotráfico. A su vez, el gobierno colombiano redacto un
proyecto paralelo destinado a la comunidad europea y otros países, en el cual el
componente bélico fue sustituido por el social. En los dos se hace referencia a los
aportes de Colombia y se formula como una estrategia conjunta de desarrollo, cuyos socios
son EE.UU. la Unión Europea, y otros países. No son pues proyectos independientes sino
complementarios y vinculantes.
El Plan Colombia fue presentado a la
comunidad internacional antes de ser divulgado en nuestro país, y naturalmente, sin haber
sido puesto a consideración del congreso colombiano no obstante que el aporte
colombiano-4000 de los 7000 millones de dólares-hacen parte del Presupuesto ordinario de
la nación.
El Plan aprobado por en Washington
tiene a nuestra manera de ver tres grandes objetivos:
1. Forzar un acuerdo de paz conveniente
para el "establecimiento" por medio del apoyo militar al ejercito colombiano.
Este "conveniente" significa una negociación sobre entrega de armas y
reinserción del movimiento guerrillero en las instituciones vigentes, con modificaciones
no sustanciales tal y como se han ido logrados los acuerdos con las guerrillas desde los
años 50.
2. Aumentar la ingerencia militar de
EE.UU. en la convulsionada región andino amazónica con miras a instrumentar las
políticas neoliberales. A Washington le preocupa ante todo lo que representa Chávez, un
caudillo que tiene las armas, los votos y el petróleo; le preocupa también lo que sucede
en Ecuador con el movimiento Indiegena y popular y en el Brasil con un creciente Partido
del Trabajo y un movimiento de los Sen Terra; le preocupa lo que hay debajo de la
oposicion a Fujimori, le preocupa Bolivia sin Banzer, y le preocupa un Panama sin su
presencia en la Zona del Canal.Lo han dicho varias veces bajo él titulo de estabilidad
democratica regional.
3. El Plan Colombia tiene un objetivo
domestico: disminuir las presiones del puritanismo norteamericano que considera la droga
el demonio del nuevo siglo y el sustituto del comunismo.
II. El conflicto social armado
Quisiera entrar en materia afirmando
que el narcotráfico no es el origen de nuestros males sino una de sus expresiones más
dramáticas. El problema viene de atrás y es más grande. Se origina en una estructura
social y política que reproduce y aumenta las desigualdades económicas e impide la
oposición democrática a este estado de cosas. Es la misma matriz del conflicto armado,
de la corrupción institucional, de la violencia. Tratar de liquidar el narcotráfico sin
tocar sus raíces- o haciéndolo solo de manera tangencial- es un engaño inútil.
Digo esto sin haber dicho que la
producción de drogas ilícitas nos fue impuesta desde el exterior. Mas aun, el consumo de
drogas, que es también un problema grave en Colombia, nos llego por la misma vía y hoy
estamos importando Éxtasis y Anfetaminas.
El conflicto armado es un fenómeno que
condensa buena parte de nuestra historia. Tenemos una larga tradición de luchas civiles
armadas -en el siglo 19 hubo 52 levantamientos- que de manera inequívoca están mostrando
la precariedad en la formación del Estado-Nación debido tanto al carácter patrimonial
de nuestras instituciones políticas como al carácter rapaz y rentístico de nuestro
sistema económico. Hay que agregar que estas características constitutivas no están
divorciadas de las políticas de subordinación del Norte sobre el Sur.
En el panorama político y económico
colombiano saltan a la vista dos grandes vacíos: el de una reforma agraria y el de la
existencia de un movimiento de oposición a esta estructura. Ha habido intentos inocuos de
reformar la tierra, y hay dos grandes partidos que se turnan el poder de manera
hegemónica. De ahí que exista la cesación de que algo se hace y de que, pese a todo,
somos la "democracia más antigua de América". Por eso es tan fácil decir que
las guerrillas son hijas de Rusia, Cuba o China y que la droga es el nuevo demonio.
La reforma agraria ha sido imposible
por una razón evidente: el congreso ha sido manejado por grandes terratenientes. Ha
habido dos grandes intentos. Entre 1936 y 1953 las iniciativas fueron liquidadas por una
experta combinación de oposición política y de violencia armada. La Reforma de los
años sesenta- impuesta por la Alianza para el progreso- fue frustrada por un acuerdo
bipartidista, por una brutal represión contra los campesinos y mediante la colonización
-inducida o espontánea- de nuestras selvas. Debo decir que la violencia ha sido uno de
las herramientas más idóneas para encauzar este proceso, violencia ejercida por grupos
armados ilegales al servicio de los terratenientes y de algunos gobiernos.
Si se quiere encontrar alguna causa del
narcotráfico habría que buscarla en esta gran frustración.
Por su lado la oposición política ha
sido la otra laguna. Las rivalidades políticas entre conservadores y liberales de los
años 30, 40 y 50 se resolvieron por medio de una violencia que costo 300 mil muertos y
por un tratado de paz llamado Frente Nacional que instituyo la alternancia de los dos
partidos en el poder. De esta manera se monopolizo el gobierno y la oposición. Las
diferencias ideológicas se borraron poco a poco, y el clientelismo y la corrupción
prosperaron como secuelas de este modelo de gobernabilidad. Desde los años 60, toda
oposición civil y democrática ha sido cooptada, comprada o asesinada, obligándola a
tomar el camino del monte. Monte donde también se refugian los miles de campesinos
obligados a colonizar. Se encuentran en esos inmensos espacios donde la debilidad del
estado es aun más grave, la oposición armada y los campesinos sin tierra.
La colonización ha sido en Colombia
una modalidad de ampliación del latifundio y por tanto un proceso de desplazamiento
permanente de los colonos y de extinción paulatina de las selvas. El colono tumba la
selva para hacer potreros y el terrateniente se los compra, - o se los roba-; y por tanto
vive a la deriva y siempre al borde de la subsistencia pura y simple Por esta razón no es
raro entender que, cuando a mediados de los 70 llega la coca, la considera un milagro, y
dedique todo su trabajo a cultivarla con la esperanza de salir de la miseria. La guerrilla
se opone porque considera el milagro un ardid del "imperialismo" que busca
enriquecer a los campesinos para quitarle ese apoyo. Los colonos le hacen saber que si los
guerrilleros no permiten el cultivo, les voltean la espalda.
Los cultivos ilícitos- sobre todo la
coca- llegan a Colombia de la mano de los narcotraficantes y de sus redes internacionales.
Encuentran no solo a un campesinado miserable sino a unas autoridades corrompidas y
fáciles de sobornar, a una clase política ávida de recursos a cambio de impunidad y de
una clase empresarial acostumbrada al trabajo fácil y a la ganancia abundante. El cuadro
perfecto para su prosperidad. A ojos del mundo entero, a Colombia llega en 20 años no
menos de 50.000 millones de dólares- 2.000 por año- cifra que explica la singular
estabilidad económica del país durante estas décadas.
Con semejantes ingresos el país casi
no sintió la implantación de las políticas neoliberales. Pero la realidad fue que la
industria manufacturera, en grandes dificultades sin duda- y la agricultura comercial
quedó muy golpeada por la apertura económica. Sé exeptua de la regla la gran-ganaderia,
defendida por altos aranceles a la importación de carne, lo cual se tradujo en un campo
de inversión espléndido para los narcotraficantes. Los campesinos por su parte
resintieron la competencia y se refugiaron en la subsistencia, excepto los que cultivaban
coca y amapola que pudieron integrarse sin dificultades a las realidades del modelo.
III. Fuerzas y actores.
Sobre esta base podemos entender mas
las fuerzas que chocan y los actores que las encarnan. Aunque el país no se halle
todavía totalmente dividido y alinderado entre estas dos fuerzas, los actores ganan cada
día mas espacio al ritmo y medida en que el conflicto se amplia. La oposición entre las
fuerzas sociales no pasa por una rígida división social de clases, sino mas bien por una
ambigua diferenciación política y económica. Diría que hay un sector excluido en lo
político que dirige y canaliza parcialmente un descontento de carácter económico
campesino. El problema esta en que antes de la coca el campesino luchaba por lo que
no-tenia, la tierra; hoy lucha por lo que tiene, los cultivos ilícitos que lo han hecho
engolosinarse con el mundo del consumo. La dificultad es pues mayor.
Los protagonistas armados de esas
fuerzas han sido siempre tres: las FF.AA. regulares y los grupos paramilitares de un lado
defienden el statuo quo y no son ajenas a sus privilegios. De otro lado, las guerrillas
que, combinando formas de lucha y apoyándose en fuerzas muy heterogéneas, buscan
derrotar al "establecimiento". Formalmente ambas fuerzas luchan por la
democracia y contra la pobreza, las diferentes interpretaciones de estas banderas han
logrado ser condensadas en la agenda común de negociaciones que se llevan a cabo.
Miremos mas de cerca los protagonistas.
Las FF.AA. gozan de un amplio fuero militar, verdadero blindaje de la impunidad. La
responsabilidad en la violación de DDHH ha sido solidamente establecida y divulgada. Pero
ha comenzado a disminuir vertiginosamente en los últimos años. La guerra sucia fue hecha
con pocas restricciones por parte de los gobiernos y respaldada- para decir lo menos- por
Washington y los pactos militares de defensa hemisférica. Los medios, con algunas
excepciones han velado estas acciones y sobre todo esas responsabilidades. El presupuesto
militar ha crecido aceleradamente llegando a ser hoy cercano al 5% del PIB. Hay que anotar
que la mitad de ese dinero se gasta en los militares en retiro, que la mitad de lo
destinado a las fuerzas activas se invierte en funcionamiento, y que, para completar el
cuadro han salido a luz publica grandes negociados. La tercera parte del ejercito
colombiano esta dedicada a cuidar la infraestructura energética- sobre todo petrolera- y
un porcentaje no despreciable de soldados están vinculados a servicios personales de la
alta oficialidad. El resultado neto de este esquema de seguridad puede leerse en dos
cosas: las miles de toneladas de coca y heroína que han pasado por carreteras, puertos y
aeropuertos bajo su responsabilidad; y las escandalosas cifras de muertes violentas-30.000
al año, de las cuales 3000 son políticas- los ***** secuestros, y el millón u medio de
colombianos desterrados de sus regiones y refugiados en pueblos y ciudades.
Los paramilitares. Es una tradición de
nuestros conflictos el uso de fuerzas irregulares, paralelas mandadas, financiadas por
sectores de algunos gobiernos para defender su capital político y por sectores de las
elites para defender su patrimonio, particularmente la tierra. Durante la violencia de los
años 50 se llamaron Chulavitas y Pájaros, durante el terror de los carteles de la droga
Sicarios, y ahora Autodefensas. La diferencia es que hoy han logrado unificar sus mandos,
adoptar una estrategia común, ser financiados no solo por empresarios legales sino sobre
todo por narcotraficantes y ser amparados por miembros de la fuerza publica. Sus funciones
son varias: ser un contrapeso político de la guerrilla tendiente a polarizar el país,
golpear mediante el terror las comunidades campesinas buscando desaguar la pecera, y
servir de instrumento para la defensa directa de los bienes de las clases acomodadas,
incluyendo la concentración de la tierra. Estos objetivos se cumplen rigurosamente
protegidos por la impunidad y a su cuenta se acumula la responsabilidad de la guerra sucia
que antes llevaban a cabo las FFAA. Estas eran señaladas en los años 80 del 70% de las
violaciones de los DDHH, y hoy ese porcentaje lo ostentan los paramilitares; mientras que
las guerrillas conservan un 30%.
Las guerrillas. Las guerrillas
colombianas son hijas de la violencia de los años 50, aupadas siempre por el Partido
Comunista, por algunos sindicatos, y por no pocos políticos e intelectuales. Sus banderas
han variando de del comunismo ortodoxo a la socialdemocracia de izquierda en la medida en
que las tesis marxistas han sido derrotadas y que el socialismo se derrumbo. -Algún día
habrá que analizar el impacto de la caída del Muro de Berlín sobre el crecimiento de
las guerrillas colombianas. Se han financiado siempre por medio de la contribución
voluntaria o forzada de sus bases sociales de apoyo y por medio de la extorsión y el
secuestro. Con la expansión de los cultivos ilícitos y la prosperidad regional que
conlleva, han impuesto un sistema tributario que afecta a narcotraficantes, comerciantes,
trasportadores, inversionistas y campesinos. No son desdeñables las sumas que las
compañias extranjeras le pagan para que los insurgentes permitan hacer sus inversiones
locales. Sobre estos aspectos las FARC han comenzado a legislar. Como es sabido no son
ajenas a la violación de los DD.HH. y no solo vinculado a la privación de la libertad
sino en cuanto a fusilamientos, ataques a zonas civiles, reclutamiento de menores y uso de
armas no patentadas. Nadie puede decir son una legión de Ángeles vengadores.
IV. Las negociaciones.
Con valor y tenacidad el presidente
Pastrana ha abierto de nuevo el dialogo con la guerrilla, y avanzado la negociación con
las FARC.Aunque hasta hoy los acuerdos han sido sobre las reglas del juego del proceso, se
ha ganado en confianza y se han precisado las diferencias e identidades entre las partes.
Quizás el mayor vacío ha sido no haber podido sacar adelante un cese al fuego para
afianzar la legitimidad. El gran obstáculo ha sido el paramilitarismo. El gobierno no
tiene mando sobre este fuego y las FFAA se han mostrado reacias a controlar militarmente
las regiones donde operan. El espectro de una división de la fuerza publica de agita
detrás de esta impotencia.
No obstante, la negociación podría
continuar y abordar a fondo la agenda. Seria el camino menos doloroso y más democrático.
Las partes están en este momento bastante equilibradas y ello es la condición para
llegar a soluciones sólidas. Se esbozan dos grandes acuerdos: uno sobre la cuestión
agraria -régimen de propiedad, aranceles, crédito, infraestructura-, y otro sobre una
gran reforma constitucional que rodeara de garantías el pluralismo político, el
ejercicio de la oposición, el control de la corrupción, y la subordinación real del
poder militar al poder civil. Estos logros podrían a la vuelta de unos pocos años
erradicar los cultivos ilícitos y reducir al mínimo la importancia de las armas como
condición para la solución política. Pero este camino implica sacrificios de parte y
parte. De un lado, aceptar que la negociación versa sobre reformas estructurales
profundas que sacrificarían muchos de los privilegios de que goza la elite, y de otro,
que buena parte de los objetivos deberían ser ganados por fuera del campo de batalla, por
fuera de la mesa de negociación, es decir mediante la lucha política democrática.
Sin embargo, hoy con el Plan Colombia
amenaza seriamente esta perspectiva. EE.UU. y un gran sector del
"establecimiento" han fortalecido su alianza para tratar de romper el relativo
equilibrio de poder en que se desarrolla la negociación y cargar los dados a favor de sus
intereses. Esta operación, con grandes riesgos, busca obligar por medios militares a que
la guerrilla acepte el esquema de la reinserción a las instituciones en lugar del de su
reestructuración. Es un esquema de negociación que en ultima instancia se reduce a una
negociación sobre la entrega de armas, sin duda acompañada de algunas modificaciones
políticas menores y de un trato económico con los comandantes. Las negociaciones con la
insurgencia, desde el año 53 con las guerrillas liberales, hasta el año 90 con el M 19
han tomado este rumbo. Pero no han traído la paz, y por el contrario han fortalecido la
lucha armada de los grupos que no se han acogido a la reinserción. No me cabe la menor
duda que hoy tratar de imponer este esquema conduce a un escalamiento sustancial de la
guerra.
De que guerra se trata? Permítanme
hacer algunas hipótesis. Primera: las guerrillas se irían a una confrontación total de
" patria o muerte". Es la alternativa que los estrategas norteamericanos buscan.
Una enfrentamiento como la que prometió Sadan Hussein: la madre de las batallas. La lucha
contra los cultivos ilícitos cobraría aquí toda su importancia estratégica a suponerse
ser la fuente principal de financiación de la guerrilla. El resultado obvio seria la
derrota de la insurgencia. Por tanto hay que hacer otra hipótesis: una resistencia de
desgaste. Esta ha sido la estrategia tradicional de las FARC. La guerra de guerrillas se
ampliaría, sin grandes concentraciones de hombres, pero buscando que el tiempo corra en
contra de su enemigo. Sin embargo el ataque a la infraestructura económica seria la
respuesta a los ataques contra los cultivos ilícitos. En este sentido la guerrilla tiene
un ilimitado poder de destrucción. Si la economía colombiana esta de rodillas con solo
el toque con la infraestructura intacta, hay que imaginar a donde llegaría con un ataque
sistemático a vías, redes eléctricas, oleoductos. De otro lado, la guerrilla
continuaría su avance militar en zonas pobladas y sin duda llevaría la guerra a las
ciudades. Es posible que en este estado de postración económica los cultivos ilícitos
mas que desaparecer se desplazarían hacia países vecinos y hacia otras arreas del país
y no solo por la necesidad d financiar la guerra sino principalmente para resolver el
problema de la alimentación de la gente. Quizás no seria Viet-nam sino un nuevo modelo
de guerra prolongada, irregular, que prolongue el desangre. Naturalmente que en esta
opción los paramilitares entrarían a jugar un gran papel sustituyendo lentamente a las
fuerzas regulares y llevando el peso de la guerra, ya que es la única arma que le
quedaría al establecimiento para controlar la guerrilla. El panorama de desplazamiento,
destrucción y masacres que hoy vemos se multiplicaría.
* A manera de conclusión.
Es este escenario el que buscan los
EE.UU. para llevar a cabo una "intervención humanitaria?"
Todo apunta a responder afirmativamente
la pregunta. Por una razón fundamental: es muy posible que el conflicto colombiano no
solo se salga de madre en razón de la naturaleza misma de la guerra, teniendo en cuenta
el desplazamiento de los cultivos ilícitos, el de grandes masas de refugiados, y la
renuencia de EE.UU. a intervenir unilateralmente sino. Quizás este sea el verdadero
sentido de la ingerencia de Washington mirando el peligro que representan Chávez, y los
movimientos sociales que se agitan en Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia. Se ha comenzado a
oír hablar del eje Caracas-La Habana- San Vicente del Caguan. El Departamento de Estado
ha insistido una y otra vez en el peligro que representa la inestabilidad de "la
democracia" colombiana para la estabilidad política de la región. ¿Qué pasaría
entonces? ¿Cuál seria el papel de la Unión Europea en este eventual desenlace? Se
dejaría arrastrar Europa a un conflicto que tiene hoy por hoy todavía opciones de
solución civil, y cual seria su costo? ¿De ganar esa guerra, qué ganaría Europa en una
región férreamente controlada por EE.UU.? ¿Y de perderla qué, consecuencias le
traería para el desarrollo de sus planes?
No es una mera afirmación chauvinista:
Colombia, para bien o para mal, es un país de significativa importancia geoestratégica
regional. Por eso el problema podría extenderse, y transformar una guerra de carácter
domestico y limitado, -con grandes posibilidades hoy de ser resuelta políticamente-, en
un conflicto de alcance y proporciones desconocidas. El Plan Colombia puede ser el
fulminante que se busca activar para lanzarnos a una aventura de la que nadie saldrá bien
librado. Permítaseme agregar que el Plan Colombia presentado a Uds. tiene para EE.UU. una
virtud esencial: mitigar la imagen militar de la estrategia y comprometer a Europa en un
proyecto común bélico.
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