señales de vida

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Plan Colombia, globalización e intereses hegemónicos de Estados Unidos en América Latina.
Sergio Rodríguez Gelfenstein
Escuela de Estudios Internacionales. Universidad Central de Venezuela


Introducción.

Casi desde el mismo instante de su toma de posesión, el Presidente de Colombia, Dr. Andrés Pastrana, propuso como eje central de su gestión de gobierno establecer un plan para negociar la paz con el movimiento guerrillero de ese país. Al tomar esta posición el Presidente Pastrana, además de asumir una gran responsabilidad con su pueblo, ponía en el meollo de su discurso el imperativo de la  comprensión y el apoyo de la comunidad internacional para el logro de ese trascendental objetivo.

Recordemos que durante la década de los ochenta, el involucramiento político y diplomático de los países centroamericanos -primero a través del Grupo de Contadora y posteriormente, mediante la inclusión del Grupo de Apoyo- jugó un importante papel en las negociaciones y en el logro del cese de los conflictos armados que se desarrollaban, con mayor o menor intensidad y con diferentes características, en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.

Los países del continente, al asumir una posición sobre el conflicto,enfrentaron la concepción defendida por Estados Unidos con una posición diferente.Estados Unidos utilizó, como instrumento de intervención en el conflicto, el incremento desu presencia militar directa en unos casos, y el apoyo logístico, con armamento y entrenamiento de fuerzas en otros. Hay que incluir entre estas acciones el minado del puerto de Corinto en Nicaragua y las operaciones encubiertas para utilizar dinero del narcotráfico en el apoyo a las bandas que luchaban contra el legítimo gobierno deNicaragua. Sin embargo, pudo más la decisión de los pueblos latinoamericanos y la utilización de métodos pacíficos de solución de controversias para el logro de una salida política al conflicto.

Unos meses después del inicio de las negociaciones de paz en Colombia, la opinión pública conoció la existencia del llamado Plan Colombia que nos convoca a este evento. El gobierno de Colombia ha dicho que Plan de Paz y Plan Colombia es una sola cosa. No me referiré en esta ocasión a la serie de dudas que me produce la lectura y estudio del Plan Colombia, no quiero poner el énfasis en las inconsistencias que, desde mi óptica, refleja. En esta oportunidad voy a tratar de demostrar las causas que motivan esas inconsistencias. En primer lugar me permito diferir del planteamiento del Gobierno de la República de  Colombia según el cual ambos planes son componentes de una misma idea, por la sencilla razón de que en el primer caso las negociaciones se llevan adelante entre actores estrictamente colombianos, dentro del territorio colombiano, mientras que en el caso del Plan Colombia intervienen actores internacionales, siendo uno de ellos la potencia más poderosa del planeta, cuyo espacio de influencia supera con creces el territorio colombiano e involucra parte importante de nuestro continente. En la práctica el Plan Colombia tiene dos lecturas: la primera es el plan de Colombia y la otra, el plan de Estados Unidos. El Plan de Colombia es bastante conocido y muy debatido en estos días. Pondré el acento en explicar lo que a mi entender es el Plan de Estados Unidos, en desentrañar sus motivos.

1. La situación actual

1.1.Antecedentes. El debate teórico.


El fin de la guerra fría significó el fin de la confrontación ideológica entre dos grandes poderes. Russell (1995)1 distingue dos etapas en este proceso, la primera que va de la desaparición de la Unión Soviética hasta la Guerra del Golfo, y una segunda desde ese momento hasta la actualidad. La primera etapa estuvo marcadapor el triunfalismo de Occidente plasamado entre otras cosas en el título de unartículo de Richard Little “International Relations and the Triumph of Capitalism” o con mayor precisión en la idea de Francis Fukuyama de que la historia había terminado, pero en la segunda etapa, utilizando nuevamente a Fukuyama podríamos decir que “la historia ha comenzado nuevamente”, pues el orden mundial comenzó a mostrar debilidades y quiebres, poniendo en el tapete de la agenda internacional temas que antes se habían soslayado o sencillamente no tenían importancia (Rodríguez, 1998). Uno de esos temas es el del narcotráfico, el cual se ha colocado en el tope de la preocupación de los actores en el escenario internacional como paso posterior al optimismo triunfalista de comienzos de década. Se ha comenzado a hablar de desorden internacional y la teoría ha empezado a buscar los
elementos de esta percepción.

En este marco he emergido el problema que plantea determinar qué tipo de orden internacional existirá en el futuro del mundo. Esta discusión se relaciona con los aspectos referidos a la restructuración del sistema internacional, la redefinición de las instituciones políticas internacionales, pero también ponen en el tapete un cambio en las relaciones de hegemonía. (Rodríguez,2000). En el mundo de hoy no está claro si previewecerá el orden unipolar que heredó al fin de la guerra fría o si finalmente un sistema internacional multipolar permitirá poner lo económico en el centro del quehacer de los actores. Estados Unidos ha pugnado por mantener el primer orden mencionado, lo cual le ha significado una búsqueda permanente de readaptación a las nuevas condiciones. La desaparición del sistema comunista lo ha dejado sin un enemigo en función del cual organizar un nuevo sistema internacional, manteniendo y estabilizando su hegemonía y el control político-militar del mundo.

Los teóricos norteamericanos se han preocupado de buscar respuestas a este acertijo. Meses después de finalizada la Guerra del Golfo, un grupo de los más connotados estrategas norteamericanos fueron convocados por una publicación llamada “The National Interest” para debatir acerca del propósito de Estados Unidos para la nueva etapa, con la idea de elaborar un nuevo enfoque del poderío norteamericano a fin de preparar “un manual de políticas exteriores alternativas para la década de 1990” (Hawkins,1993). La publicación elaborada al efecto recoge los trabajos escritos en ese evento. Vale la pena tomar algunas ideas recogidas en ellos. Malcolm Wallop, un senador republicano por el estado de Wyoming al referirse al propósito norteamericano expresó que “...un mundo unipolar es una buena idea, si Estados Unidos es el uni” (Wallop, 1993). Michael Vlahos , Director del Centro de Estudios de Asuntos Extranjeros del Departamento de Estado al estudiar el período de transición entre nuevos paradigmas de las relaciones internacionales plantea que cuando concluya la transición, la nueva geopolítica puede resultar la oportunidad estratégica norteamericana. Se pregunta por las amenazas y desafíos que enfrentará Estados Unidos en este período, así como por la definición de interés y responsabilidad nacional y la infraestructura que necesitará su país para garantizar los mismos y responde que en cuanto a necesidades “... debemos considerar el alto nivel.


Necesitaremos fuerzas no nucleares de alta tecnología, de bajo requerimiento de potencial humano, con las cuales logremos apoyar una estrategia de compromiso selectivo global. Nuestra superioridad actual en los sistemas espaciales y navales debe ser el foco de la seguridad nacional norteamericana en el futuro.
El dominio del espacio y los océanos nos sustentará también en la competencia tecnológica internacional; será en efecto nuestro seguro para las peores consecuencias de la ´multipolaridad´” (Vlahos, 1993). Irving Kristol, editor de National Interest y miembro distinguido del Instituto Norteamericano de la Empresa al dar su opinión en torno a cómo deben ser las relaciones exteriores de Estados Unidos en el futuro que se avecinaba, manifestó que la política exterior norteamericana “ no sólo tiene un patrón doble con respecto a lo que ha dado en llamarse ´derechos humanos´, sino que también tenemos un patrón triple, y uno cuádruple.

En realidad, tenemos tantos patrones como las circunstancias lo requieren, que es como debería ser...” y señala más adelante “... somos libres de empeñarnos en la silenciosa diplomacia de la persuasión, la abierta diplomacia de la intimidación, una política que puede incluir o no la intervención militar siempre dependiendo de las circunstancias”(Kristol, 1993)

1.2. El problema de las drogas

El creciente problema de las drogas y la lucha contra el narcotráfico se ha venido a convertir en ese enemigo necesario para que Estados Unidos pueda desarrollar su proyecto hegemónico en nuestro hemisferio2. En la práctica Estados Unidos, además de buscar respuesta a un tema de la agenda internacional, encuentra una salida a un problema de política interna trasladando al exterior los costos políticos. Desde 1986, con la aprobación de la Ley Antiabuso de Drogas se introdujeron una serie de sanciones para los países productores.


Este fue el fundamento para el inicio de la política de “certificaciones”, cuya condición es la firma de un acuerdo bilateral de cooperación, bajo el cual se condicionan las ayudas anuales de Estados Unidos a cambio de contraprestaciones en política de antidroga. Estos acuerdos jamás fueron publicados oficialmente. A través de ellos Estados Unidos logró imponer un discurso y una estrategia hegemónicas y una política para sustentarla, el contenido de una serie de aspectos refleja claramente la intromisión en los asuntos internos de los países afectados y la entrega parcial de su soberanía. Lessmann (1997) menciona al respecto algunos de ellos, entre los que se destacan:

• Establecimiento, equipamiento y entrenamiento de cuerpos policiales paramilitares especiales.

• Instalación de tribunales especiales.

• Incorporación de los militares en áreas de investigación que
corresponden a los civiles.

• Ejecución de proyectos legislativos.

• Realización de pruebas secretas e ilegales con herbicidas.

• Despido de determinados funcionarios.

• Introducción de personal policial y militar extranjero.

• Actividades secretas de personal extranjero.

• Deportación de presuntos implicados en delitos de narcotráfico

• Intervención militar temporal por iniciativa de Estados Unidos o
ejecutadas directamente por ese país.

Al militarizar la lucha contra el narcotráfico, se crean condiciones para el desarrollo de una política hegemónica. Al incrementar el armamento y las fuerzas destinadas por un país para la lucha contra el narcotráfico se modifica el equilibrio militar entre los países de la región, pero además puede incidir en un cambio en la débil relación entre el sector civil y el militar de nuestras sociedades, afectando la gobernabilidad y la democracia de los países de nuestro continente, que se sostiene con diferentes grados de estabilidad.

Así mismo se ha observado un incremento de los Grupos de Análisis Tácticos en las embajadas norteamericanas. Estos grupos -integrados por personal militar, de la DEA militar y del servicio secreto- planifican la política anti-drogas del país huésped en colaboración con el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Generalmente los países donde actúan no están informados de las operaciones planificadas por estos grupos, lo cual transforma en un mando alternativo el control anti-drogas, situación que atenta contra la soberanía de los Estados y le da una dimensión geoestratégica al problema.

Por otra parte, el fracaso de la política de control de la demanda de drogas ha incrementado la idea de trasladar la presión a los países productores y de tránsito. El sesgo a favor de estos programas fue descrito con detalles por el Senador norteamericano J. Biden quien en una alocución en el Comité de Control de Narcóticos de la Cámara Alta del Congreso de Estados Unidos expresó que a pesar de que los fondos para el programa anti-drogas en el exterior había crecido un 200% desde 1982 a 1989, la producción mundial de drogas había crecido considerablemente, un 143% la coca, 84% el opio y 33% la marihuana.

Por una parte se han privilegiado las políticas de reducción de la oferta -a través de la interdicción y la erradicación- mientras que por otro, han disminuido los programas de reducción de la demanda. De esta manera, lo que se ha hecho es poner en el tapete la ineficiencia y el desinterés real de Estados Unidos por solucionar el problema. Estados Unidos es el mayor mercado mundial de consumo de drogas. Ya a finales de los años ochenta la venta anual de drogas alcanzaba la cifra de 110.000 millones de dólares: de acuerdo a un estudio del Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas, el 37% de la población ha consumido drogas alguna vez. Esta cifra fue refrendada por una Encuesta Gallup que coloca la misma en 40%. La enorme dimensión del mercado de drogas en Estados Unidos es la raíz del problema. Mientras la demanda se mantenga en estos niveles es muy difícil controlar una oferta incentivada por ganancias multimillonarias. Bajo ese estímulo se ha ido desarrollando una progresiva política de “americanización” expresada en la cesión de soberanía por parte de los países productores y en la militarización de la lucha anti-drogas en esos países.

No siempre el problema del narcotráfico ha estado en el centro de la preocupación de Estados Unidos. En el voluminoso informe de 325 páginas denominado “Intereses occidentales y política de Estados Unidos en el Caribe” elaborado en 1985 por el Grupo de Trabajo del Consejo Atlántico sobre la Cuenca del Caribe dirigido por James R. Greene Decano de la Escuela de Administración de Monmouth Collegey y el Tte. General Brent Scowcroft, Presidente de la Comisión Presidencial de Fuerzas Estratégicas de Estados Unidos solamente se dedican tres líneas al tema para expresar que “el narcotráfico sólo tiene consecuencias indirectas en las sociedades donde se origina, revistiéndose de unagravedad mucho mayor para Estados Unidos, como terminal”.

La respuesta de los países latinoamericanos, y en particular de Colombia, en la actualidad plantea la necesaria corresponsabilidad internacional en la lucha contra el narcotráfico, es decir, requiere del esfuerzo mancomunado de países productores y consumidores. Esta idea no es bien vista en Estados Unidos, en esa medida su respuesta ha sido insatisfactoria y no ha llenado las expectativas y compromisos asumidos tanto en la Convención de Drogas de Naciones Unidas celebrada en Viena en 1988, y particularmente para Latinoamérica, en la Declaración de Cartagena de 1990, en la cual participó el entonces Presidente de Estados Unidos, George Bush.

En ese encuentro, por primera vez los países consumidores aceptaron parte de su culpa en este problema y en 1992 -en la Declaración de San Antonio (Texas)- Estados Unidos se autoimpuso reducir el consumo doméstico. Sin embargo, el fracaso de la política anti-drogas durante los gobiernos de Reagan y Bush empezó a movilizar a ciertos sectores dentro de Estados Unidos, los cuales fueron vehículo de una resistencia a la política oficial en esta área. A pesar de todas las medidas tomadas era evidente que la demanda no disminuía y en esa medida los críticos exigieron una cooperación internacional eficiente, el cese de los mecanismos represivos y el fortalecimiento de los medios de prevención. Cada vez se ha hecho más patente la máxima de la economía capitalista “a tanta demanda, tanta oferta”. Pensar que se puede eliminar la oferta a partir del ataque directo a los productores y a los transportistas es subestimar la magnitud del problema. Tras el mismo hay otros intereses en juego.

Hay que tener en cuenta que Colombia no siempre ha sido un país productor de cocaína.
Las causas de la transformación de Colombia en el primer productor mundial de cocaína podemos encontrarlas, en factores estructurales presentes en todo el continente, pero además en el desplazamiento, a mediados de los ochenta, de los narcotraficantes de Bolivia y Perú por sendos programas anti-drogas desarrollados en esos países.

También hay que considerar que en 1988 Estados Unidos obligó a los productores de café a romper un acuerdo que mantenía los precios a un nivel razonable.3 De esa manera, el producto de mayor exportación de Colombia cayó un 40%. Por otra parte, el cambio en los patrones de consumo de Estados Unidos coincidió en el tiempo con esta realidad, el consumo de marihuana empezó a decrecer a favor de drogas más fuertes, entre las que destaca la cocaína. En esos años es que Colombia pasa, de ser país productor de marihuana, a ser país productor de cocaína, la cual produce más utilidades y es de demás fácil transportación.

Pero, es analizando las gigantescas proporciones del mercado mundial de drogas donde se encuentra la médula del problema. Un reciente estudio de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCED), estima las ganancias producidas por el tráfico internacional de drogas en cerca de medio trillón de dólares, más de la mitad de los cuales circulan a través del sistema financiero de los Estados Unidos. De esta cantidad Colombia recibe seis mil millones, lo cual equivale a 2 a 3% de lo que se queda en Estados Unidos. Podríamos preguntarnos entonces ¿quién es el gran ganador en el negocio de las drogas? De acuerdo con esta investigación, los bancos norteamericanos manejan más del 6% de las ganancias generadas por el narcotráfico.

En 1979, para tratar de controlar esta situación, el gobierno norteamericano lanzó la operación Greenback, cuyos objetivos eran los bancos que manejaban dinero de las drogas. (Es más fácil vigilar algunos bancos que desarrollar guerras en los países productores). Al observar la gran cantidad de dinero que llegaba a los bancos de Miami el Departamento de Justicia se vio obligado a actuar. La operación fue cancelada en 1982 por el Zar de las Drogas del gobierno de Reagan, el Vice-Presidente George Bush. Esta es la razón por la cual se carece de información fidedigna acerca de los aproximadamente 260 millardos de dólares anuales que fluyen por el sistema financiero de Estados Unidos. Las siete naciones más poderosas del mundo crearon el Grupo de Acción Financiera del Caribe (GAFIC),con la finalidad de investigar la legitimación de capitales en la región, sin embargo y a pesar que se ha dicho que ésta es una de las zonas donde se concentra el lavado de dólares del narcotráfico, esta cifra asciende sólo al 8,3% de lo que se blanquea en todo el mundo (Mayorca, 2000).

Otro aspecto de este negocio es el de los precursores químicos. En 1989, la policía colombiana incautó 1.5 millones de galones de químicos usados para transformar la coca en cocaína. La mayor parte de los barriles tenían logotipos de corporaciones de Estados Unidos. La propia CIA ha reportado que la exportación a Latinoamérica de sustancias tales como ácido clorhídrico, permanganato de potasio, ácido sulfúrico, acetona y éter, entre otros, supera en mucho los usos legales de las mismas, mientras que el Servicio Congregacional de Investigaciones concluye que más del 90% de los químicos usados en la producción de drogas procede de Estados Unidos. Controlar esta industria también resulta más fácil y menos costoso para Estados Unidos.4

El gobierno de Estados Unidos ha mantenido su política de presión a los países de la región.
Para ellos la clave del éxito de la estrategia internacional está dada por la “voluntad política” de los gobiernos de los países involucrados para tomar “impopulares y costosas medidas en el corto plazo con potenciales beneficios para el largo plazo” (Cimadamore,1997:33). En este análisis no se considera la problemática estructura económico-social que existe en los países productores y la ausencia de recursos económicos y organizacionales de sus Estados, sin embargo, se les exige una eficacia que como Estados Unidos no ha sido capaz de lograr soluciona trasladando a ellos los costos políticos que este conflicto implica. El caso de Colombia es obvio en este marco.

El estudio de la estrategia norteamericana para combatir el comercio de las drogas demuestra que ella sugiere que el centro del combate se siga dando en el territorio de los países productores. Las cuatro áreas en las que se propone este enfrentamiento son:

1. la erradicación de cultivos,
2. la destrucción de la infraestructura de producción,
3. la interdicción del transporte y,
4. el desmantelamiento de las redes financieras.

Según el Departamento de Estado los puntos más vulnerables son el primero y el último, sin embargo como ha quedado expresado con claridad en el Plan Colombia el esfuerzo principal se hará en el primero, segundo y tercero, lo cual conduce a dar la batalla en el territorio colombiano y en el de los países vecinos y -a pesar de que es donde se producen los mayores beneficios y se consuma la legalización de los capitales- estará completamente ausente del Plan Colombia la lucha en el campo financiero, que se tendría que producir en territorio norteamericano.

El análisis anterior nos permite afirmar que tras el Plan Colombia se esconden objetivos más importantes que los reconocidos en la estrategia geopolítica de Estados Unidos en nuestro hemisferio. Es evidente que Estados Unidos no puede ni quiere eliminar el narcotráfico. No están preparados para enfrentar el schock financiero que produciría en su economía y en la economía mundial eliminar un mercado tan gigantesco como es el del tráfico de drogas.

Tampoco podría controlar las imprevisibles consecuencias que significaría la falta de drogas para ese 40% de la población que, según la Encuesta Gallup, consume o ha consumido drogas. La variable de la legalización ha sido rechazada hasta ahora por la mayor parte de los entes decisores de Estados Unidos. En esa medida debemos buscar cuáles pueden ser los móviles que orientan esta política de Estados Unidos cuando nos encontramos en el umbral de una nueva etapa de organización del sistema internacional.

1.3. La salida de Panamá.

El interés de Estados Unidos por Panamá surge desde los primeros años del Siglo XIX. En 1846 firma con Nueva Granada el Tratado Mallarino- Bidlack mediante el cual se garantiza la neutralidad del Istmo de Panamá reconociendo la soberanía de Nueva Granada sobre este territorio a cambio de privilegios y concesiones comerciales que le otorgaron una posición privilegiada en el istmo. Con este instrumento en la mano, Estados Unidos quiso limitar en la región la presencia de Gran Bretaña, la potencia más poderosa del mundo para mediados del siglo pasado. Con ese objetivo firma con ella el Tratado Clayton-Bulwer por el cual ambos gobiernos se comprometen a mantener una posición neutral y de seguridad respecto de la región, estableciendo que ni uno ni otro obtendrá ni sostendrá para sí mismo ningún predominio exclusivo sobre el canal que se construyera en el istmo y convienen que jamás se construirán fortificaciones que lo dominen.

El descubrimiento del oro en California en 1848 hace que se incremente el interés de Estados Unidos por poseer el control de Panamá. En 1955 se construye en Panamá el Ferrocarril Transístmico que comunicaba a través del camino de hierro el Caribe con el Pacífico. La guerra hispano- cubano – norteamericana de 1898 consagró a través del Tratado de París del 10 de diciembre de ese año la ocupación por parte de Estados Unidos de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y las Islas Guam.

Estos territorios se suman a la compra de Alaska en 1867 y a la ocupación de las Islas Johnston en 1834, Palmira en 1841, Midway en 1867,Hawai en 1898 y la de las Islas Wake y Tutuila -que se iban a producir el siguiente año de 1899- permitieron transformar a Estados Unidos en una potencia mundial con una fuerte presencia en el Océano Pacífico. Sin embargo, las ideas imperialistas expuestas a finales de siglo por el Almirante Alfred Mahan, quien sostenía la necesidad de arrebatar el poder naval a Inglaterra, no serían alcanzadas mientras no se lograra una comunicación marítima entre los dos océanos que le permitiera a Estados Unidos trasladar su importante flota naval desde el Pacífico hacia el Atlántico en cortos plazos.

A ese efecto comienza Estados Unidos a movilizar su diplomacia y firma con Inglaterra el Tratado Hay–Pauncefote que anula el Tratado Clayton-Bulwer y le concede a Estados Unidos la posibilidad de construir el canal en forma exclusiva. Europa estaba muy ocupada repartiéndose África, E Inglaterra, en particular, se encontraba sumida en un trascendental conflicto con los boers en Sudáfrica como para estar preocupada por mantener un conflicto con la ya poderosa nación norteamericana. Con las manos libres, Estados Unidos debía ahora vencer la resistencia de Colombia que se negaba a enajenar parte del territorio nacional a manos de otro Estado. Aprovechando el antiguo interés de los panameños por separarse de Colombia, Estados Unidos conspiró para lograr la secesión.

Una vez conseguida su independencia, el 3 de noviembre de 1903, Panamá firma con Estados Unidos el Tratado Hay-Bunau-Varilla. La potencia del norte que ya había obtenido la posibilidad de construir unilateralmente el canal, consiguió además una franja de 10 millas de ancho desde la costa del Pacífico hasta el Caribe donde a partir de ese momento imperaría la soberanía norteamericana. En esa misma fecha se inició el proceso de fortificación de la Zona del Canal hasta convertirla en una de las regiones militares más poderosas del mundo y, casi desde ese momento, se inició la lucha de los panameños por recuperar el control de su territorio. Los Tratados Torrijos-Carter de 1977 vinieron a consumar ese anhelo. El presidente Carter sufrió una tenaz oposición de parte de los sectores más reaccionarios de su país para evitar que este tratado fuera firmado. Pese a la importancia económica de Panamá, los que más contaban para Estados Unidos eran los intereses militares y estratégicos. Las negociaciones previas a la firma del Tratado así lo confirmaron.

Si en la era nuclear la significación del canal parecía haber disminuido, la zona militar que se había creado en su territorio seguía manteniendo importancia geopolítica para Estados Unidos. Ronald Reagan quien como senador por California había sido uno de los principales opositores a la firma del tratado, llegó a la Presidencia de Estados Unidos en 1980. Desde allí hizo grandes esfuerzos por revertir el acuerdo entre el General Torrijos y el Presidente Carter. Sus asesores, reunidos en Santa Fe para elaborar las pautas de su política exterior, al referirse a la necesidad de mantener las escuelas militares que se encontraban en la Zona del Canal con el objetivo de dar entrenamiento a las fuerzas armadas latinoamericanas expresaron que “las ventajas militares y estratégicas que se ganarían gracias al entrenamiento, al equipo y la logística comunes son obvias. Mientras que se esforzaba heroicamente para conseguir esto en la OTAN, la administración Carter destruyó sistemáticamente todos los intentos de cooperación y comunidad en este hemisferio, con la única excepción de la dictadura de extrema izquierda y brutalmente agresiva de Omar Torrijos”. 5

Lo cierto es que el 31 de diciembre de 1999, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos abandonaron definitivamente la Zona del canal, sin embargo una cláusula del Tratado permite la intervención militar de Estados Unidos en la Zona en caso de amenaza o agresión por parte de un tercer país. A pesar de que desde 1977 Estados Unidos comenzó a elaborar ideas que le permitieran reubicar las fuerzas y equipos militares que debían salir de Panamá, al llegar el año 2000 aún no tenía el problema totalmente resuelto, produciendo con ello una impresión de debilidad y fragilidad del sistema de organización de su estructura militar estratégica en el hemisferio occidental y en particular en el continente americano.

Al marcharse de Panamá el coloso del norte había tenido que desactivar todo su arsenal en la Zona, el cual se enumera a continuación:

1. Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, ubicado en la Base Militar de Quarry Heights.

Desde sus oficinas se controlan todas las actividades militares y de
inteligencia del continente y es responsable operacional de los programas militares
norteamericanos para América Latina.


2. Base militar de Fort Gullick y Fort Davis. (Escuela de las Américas).

El Fuerte Gullick fue la sede de la Escuela de las Américas donde millares de militares latinoamericanos recibieron instrucción en el marco del programa International Military Educational and Training (IMET) financiado por el Pentágono.
Los 44 tipos de curso que organizaba esta escuela incluía: Comando y Estado General, Operaciones y Combate y desde 1962 se estableció en la Zona del canal el Centro de Pruebas Tropicales. En Fort Davis residía la Brigada 193 de Infantería. Esta Brigada ha sido mejor conocida como Octavo Grupo de Fuerzas Especiales (Boinas Verdes), 3000 hombres de las fuerzas de élite para la intervención de Estados Unidos en los países latinoamericanos.


3. Base Militar de Amador (Fuerte Amador y Fuerte Grant).

Estuvo dedicada a las unidades auxiliares, aunque en su accesos se hallaba el Cuartel general del Quinto Distrito Naval de Estados Unidos, de la cual dependía la Reserva Naval de Rodman en el Pacífico.

4. Base Militar de Clayton-Albrook.

Sede de la Academia Interamericana de la Fuerza Aérea, que trabajó en estrecha relación con la Escuela de las Américas, Los cursos eran impartidos por la 24ª Brigada Aérea de Operaciones Especiales, equivalente a las fuerzas especiales del Ejército.

5. Base Militar de Fuerte Sherman.

Fue utilizada como centro especial de adiestramiento de los “boinas verdes”.

6. Base Militar de Fort Knobee.

Base Aérea Howard. Alojaba dos batallones de infantería de aproximadamante 1600 hombres. Sede del Air Forces Special Operation Wing.

7. Base Militar de Corozal.

Incluía la reserva militar de Corozal e instalaciones industriales y frigoríficas para abastecimientos.

8. Base Militar Muelle 20.

Incluía:
Depósito de municiones de Cerro Pelado
Depósito de municiones de Cerro Tigre
Planta generadora de energía eléctrica de Miraflores
Campos de Antenas y estación radio-transmisora de Summit (Marina)
Instalaciones navales de Isla Telfers
Instalaciones navales al sudoeste de la isla de Taboguilla
Estación naval de comunicaciones en Colón
Estación naval de reparaciones en Panamá
Estación naval de Coco Solo (Fort Randolph)
Estación naval de Farfán. Estación de radio en la Base Militar ala lado del Canal que incluye el Muelle Rodman
Granja de los tanques de Arraijan
Granja de los tanques de Gatún
West Bank, instalaciones militares auxiliares en el sector occidental del Canal que
incluyen las reservas militares de Las Minas, Cascajal, Corotú, Playa Blanca y
Parallón y el Grupo Naval de Seguridad.


Toda esta estructura creada para garantizar la expansión del dominio de Estados Unidos en un espacio estratégico mayor y cimentada bajo el influjo de la guerra fría y el interés nacional de la potencia del norte ha debido ser re- localizado, no sólo físicamente, el Pentágono visto lo anteriormente expuesto se ha visto obligado a garantizar la operatividad de sus fuerzas armadas en el marco de una modificación del sistema internacional y a redefinir su doctrina a fin de dar respuesta a los nuevos retos que plantean lo que han precisado como sus enemigos modernos.

El Comando Sur no ha podido reponerse del fracaso que han significado los Tratados Torrijos-Carter y el abandono de todas sus bases militares en Panamá. Por eso se encuentra en una búsqueda desesperada para reubicar sus fuerzas en el Caribe, Sur y Centroamérica.
Como recuerdan Hans Binnendijk y Patrick Clawson (1994-1995), no deja de ser irónico que en el momento de su mayor poderío hegemónico, Estados Unidos se haya visto obligado a salir de Panamá, su principal bastión durante casi todo el Siglo XX.6


2.El Plan de Estados Unidos

1.1.La restructuración.

Al finalizar la guerra fría, la redefinición de los intereses militares y de seguridad de Estados Unidos identifica dos amenazas no militares primordiales: el narcotráfico y la inmigración ilegal. Estas amenazas habían surgido antes, pero se encontraban en un segundo plano inmersas en el conflicto este-oeste. A diferencia del mundo bipolar en el cual se consideraba a un enemigo exógeno, la nueva confrontación se da en un marco autóctono, intra-hemisférico, transnacional y extremadamente lucrativo (García Muñiz y Rodríguez Beruff,1999). El General Barry Mc Caffrey, Jefe de la Agencia Norteamericana Antinarcóticos (DEA), ha expresado que sin amenaza extra-continental, Estados Unidos le concede a América Latina y el Caribe “una baja prominencia” en sus intereses de seguridad, “excepto para hacer frente al tráfico de drogas”7.
No obstante, esto no tiene relación con las grandes transformaciones en su estructura militar, cuyo eje central es el Plan Colombia. En ese sentido, el Comando Sur asumió la autoridad sobre la zona del Caribe que hasta el 1ª de junio de 1997 estaba bajo la jurisdicción del Comando del Atlántico. De esta manera, y bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico, Estados Unidos agrupa todos sus esfuerzos militares al sur del Río Bravo, logrando una mayor coordinación interna entre sus fuerzas y las fuerzas armadas de la región.
Cabe destacar que la supuesta lucha contra el narcotráfico no ha hecho olvidar a los militares de Estados Unidos su responsabilidad como “garante de la estabilidad democrática” en el continente. En una audiencia ante el Comité de Fuerzas Armadas del senado norteamericano el ex jefe del Comando Sur, general Charles Wilhelm, expresó que “Hoy día, como cuestión de política, no conducimos ejercicios bilataterales. Nuestro objetivo es ir de ejercicios regionales a inter-regionales y finalmente a esfuerzos hemisféricos contra retos tales como el narcotráfico y el terrorismo”8. Si leemos cuidadosamente observaremos una sutil diferencia con la declaración del General Mc Caffrey, si consideramos la ambigüedad del concepto que Estados Unidos tiene de terrorismo.

El debate que se ha dado en Estados Unidos para elaborar una agenda de seguridad en el contexto de la posguerra fría proponía que la lucha contra el narcotráfico, como enemigo potencial número 1 de Estados Unidos, requería de un esfuerzo mayor interagencial, creando una instancia coordinadora por encima de la DEA e involucrando a las Fuerzas Armadas en ese esfuerzo redefiniendo sus misiones, sobre todo con relación a la inteligencia y al espionaje electrónico. Esta política devino en una escalada en el grado de militarización de la “guerra contra las drogas”, involucrando a las Fuerzas Armadas norteamericanas en responsabilidades que anteriormente correspondían a instituciones civiles, erosionando de esa manera la frontera entre lo civil y lo militar. Esto se ha expresado jurídicamente en las enmiendas a una ley que ha sido base desde 1878 de las relaciones cívico-militares en Estados Unidos: la Ley Posse Comitatus. Las enmiendas incorporadas en 1981 y 1991 amplían el papel de los militares en la política pública, creando serios cuestionamientos jurídicos y políticos en Estados Unidos (Rodríguez Beruff,1999).

2.2.Las nuevas instalaciones.

Después de dos años de sustituir al Comando del Atlántico en el Caribe desde 1997, y a casi un año de haber salido en forma total de Panamá, el Comando Sur está en una etapa de transición. Su jefatura ha sido instalada en Miami, estado de la Florida. El sub-comando del Ejército Sur se encuentra en Puerto Rico desde 1999. Las misiones del Comando Sur que se conciben para ser ejecutadas a lo largo de todo el continente se realizan con fuerzas del Ejército, la Aviación y la Marina de Estados Unidos en conjunto con otras agencias de Estados Unidos como el Departamento de Estado, la Agencia central de Inteligencia (CIA), la DEA, el Servicio de Aduanas, la Guardia Costera, y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias entre otras. Todo este engranaje debe ser puesto en completa disposición de combate en el marco de una nueva realidad.

Parte importante de estas fuerzas ha sido instalado en Puerto Rico y en el propio territorio de Estados Unidos, las fuerzas de Infantería de Marina en el Campamento Lejeune en el estado de Carolina del Norte, las fuerzas navales en la Estación de Roosevelt Roads en Puerto Rico, recordando que Estados Unidos posee una Base Naval en Guantánamo al sur de Cuba.

El Ejército Sur se ha ubicado en Fuerte Buchanan en Puerto Rico con 1382 hombres, a los cuales se suman unos 16.000 militares puertorriqueños de la Guardia Nacional, la Reserva del Ejército y de la Fuerza Aérea. Esta también reside en Puerto Rico, a donde se han trasladado la 24ª Ala de la 12ª Fuerza Aérea desde la Base Bergstrom en Texas a la Base Muñiz y la 913ª Ala de Carga de la Willow Grove Air Reserve Station en Pennsylvannia a San Juan. Otras unidades de la Fuerza Aérea se han establecido en Cayo Hueso, Florida. Cabe destacar que estas unidades se han reforzado con aviones de transporte C-130 lo que ha aumentado la capacidad de despliegue de grandes cantidades de tropas en los eventuales teatros de operaciones, aunque EE.UU ha dicho en todo momento que no se va a involucrar directamente con sus tropas en la lucha contra el narcotráfico. Por su parte, el Comando de Operaciones Especiales se ha instalado en la Estación Naval de Roosevelt Roads, en los Campamentos de Salinas y Allen y se adiestrarán en el Campamento Santiago en el sur de Puerto Rico y en la isla de Vieques, quedando solamente el Equipo de Trabajo Conjunto Bravo en la Base Aérea de Soto Cano en Honduras, donde se encuentran 500 soldados y pilotos y los helicópteros del 228 Aviation Batalion antes ubicado en Panamá. Como se observa el potencial del Comando Sur norteamericano está ubicado en el norte del continente americano viéndose disminuida la capacidad operativa y de despliegue en el sur del mismo y en territorios de importancia estratégica como puede ser Argentina y Brasil, el Estrecho de Magallanes, la Antártida y las zonas petrolíferas de Venezuela. La lucha contra el narcotráfico en general y el Plan Colombia en particular le ha proporcionado a Estados Unidos la oportunidad de llenar ese vacío operacional en su interés hegemónico en América Latina y en su proyecto de estabilizar un mundo unipolar.

Para completar su presencia militar en el área, Estados Unidos ha empezado a establecer los Puestos Avanzados de Operaciones (FOL). Para ello ha firmado el 13 de abril de 1999 un acuerdo con Holanda a través del cual se han establecido bases que tienen la misión de monitorear todo el norte de Venezuela y Colombia, incluyendo al Península de la Goajira.
Además de la ya mencionada Base de Soto Cano en Honduras, Estados Unidos ha iniciado negociaciones con el gobierno de Costa Rica para instalar una Base en Liberia al norte de ese país, con el objetivo de controlar la costa del Pacífico centroamericano y toda la región. Así mismo se ha llegado a un acuerdo con el Gobierno de El Salvador para la utilización del Aeropuerto de Comalapa como FOL. En el sur del continente firmó un acuerdo el 2 de junio de este año con el Gobierno de Ecuador para transformar la Base Aérea de Manta en FOL. En ella se instalarán hasta 200 militares norteamericanos mientras se construye la pista y se ampliará a 300 pudiendo llegar a 475 hombres una vez concluida. Lo curioso es que mientras el Acuerdo es preciso en cuanto a que se instalarán sólo 3 aviones tamaño medianos del tipo P-3, ARC, C-130, Y C-550 en una primera etapa llegando hasta 4 aviones grandes del tipo E·3 Awacs, E-2, RL, C-130, ASPE y C-550 es muy difuso al establecer que “Aeronaves de transporte aéreo tal como C-130, C-141, C-17 y C-5 se utilizarán en misiones de reabastecimiento logístico, tal como sea necesario”9. Esta FOL tiene la misión de dar cobertura a todos los países andinos y se pretende transformar en la base del Sistema de Alarma Aerotransportada de EE.UU en el sur del continente en cooperación con el radar con base terrestre y entrenamiento naval ubicado en Iquitos, a orillas del Río Amazonas en Perú. No se ha confirmado la existencia de un acuerdo entre Estados Unidos y Brasil para instalar radares norteamericanos en la Amazonía brasileña.

Por su parte en el territorio colombiano se ha observado la presencia militar
norteamericana a través de alistamiento con ayuda material o de entrenamiento en:

1.Radar con asiento en la Isla de San Andrés en el Caribe.
2.Radar con asiento en Ríohacha, Península de la Goajira.
3.Radar y base terrestre en Marandúa, Depto. de Vichada.
4.Brigada 24 del Ejército en el Depto. de Putumayo.
5.Brigada Oriental del Ejército con sede en Puerto Carreño. Depto. de Vichada.
6.Radar y Base Terrestre en San José del Guaviare y Fuerza especial del Ejército, Escuela de Barrancón.
7.Brigada 12 del Ejército en Florencia. Depto. de Caquetá.
8.Primer Batallón antinarcóticos con sede en Tres Esquinas, Depto. de Putumayo.
9.Brigada de patrullaje fluvial. Puerto Leguizamo. Depto. de Putumayo
10.Radar con base terrestre en Leticia. Depto. de Amazonas.10

Desde el punto de vista de la conducción estratégica del conflicto, Estados Unidos ya hace un año que envió asesores para entrenar a las Fuerzas Armadas colombianas e iniciar una lucha frontal contra el narcotráfico e indirectamente contra las guerrillas. Al mismo tiempo, dos generales norteamericanos junto a sus pares colombianos han venido elaborando la estrategia militar del Plan Colombia. Ellos son, el general James N. Soligan, graduado de la Fuerza Aérea y actual Director de Estrategia, Políticas y Planes del Comando Sur, ha sido responsable de diseñar la política militar para 32 naciones y 14 dependencias localizadas en el área de operaciones del Comando Sur y el general Keith M. Huber, perteneciente a la Infantería de Marina y actual Jefe de Operaciones del Comando Sur con experiencia como instructor de táctica en los cursos de inteligencia militar en Huachuca, Arizona y luego como asesor militar en El Salvador en 1987. Ambos trabajarán en estrecha relación con el general Peter Pace recién designado Comandante del Comando Sur. Soligan se encargará de la coordinación de las distintas entidades que participarán en el Plan Colombia., es decir su responsabilidad será de orden estratégico, mientras que Huber tendrá la responsabilidad operativa, teniendo a su cargo que los planes y estrategias del Plan Colombia funcionen. Un reportaje de la revista Semana de Bogotá, comenta que un general del nivel de Pace asuma el mando del Comando Sur es un hecho lógico, pero que no es frecuente que dos generales se encuentren comprometidos con una operación interna de las Fuerzas Armadas colombianas, responsabilidad que hasta ahora recaía en un oficial con grado de coronel11. Vale mencionar que el último en ostentar esa reponsabilidad antes de iniciarse el Plan Colombia fue el Coronel James Hiett, quien fue hecho preso junto a su esposa Laurie por traficar con drogas, utilizando la valija diplomática de la Embajada de EE.UU en Colombia para ello12.

2.3.El Plan Colombia.

No es mi intención referirme con profundidad al contenido del Plan Colombia, más allá de las observaciones que se han hecho a través del texto. Sin embargo, es necesario hacer algunas reflexiones sobre algunos aspectos del mismo: en primer lugar, respecto a la legalidad del Plan Colombia. En documento entregado a la Dirección Nacional Liberal, la senadora Piedad Córdoba Ruiz, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del senado colombiano y Codirectora del Partido Liberal, denunció la anticonstitucionalidad del Plan Colombia. Su argumento se basa en el artículo 341 de la Constitución colombiana de 1991, que estableció que cada gobierno debe elaborar el Plan Nacional de Desarrollo, con participación de las diferentes instancias gubernamentales, antes de ser sometido al Consejo Nacional de Planeación encargado de hacer las enmiendas pertinentes antes de presentarlo a la aprobación del Congreso, dentro de los primeros seis meses del nuevo período presidencial. En la parte general del Plan se señalan los propósitos y objetivos a largo plazo, las metas y prioridades en el mediano plazo y las estrategias y orientaciones generales de la política del gobierno. Según el Artículo 339 de la Constitución el Plan de Inversiones Públicas contiene los presupuestos plurianuales de los programas y proyectos y los recursos financieros requeridos para ello. El inciso tercero del artículo 341 establece que el Plan Nacional de Inversiones se expedirá mediante una ley que prelará sobre las demás leyes. La Senadora Córdoba plantea que la Ley 508 del 29 de julio de 1999 formalizó según el mandato constitucional, el Plan Nacional de Desarrollo “Cambio para Construir la Paz” 1999-2002, de la Administración Pastrana. Los programas que en esta ley se establecen tienen un valor proyectado en el Plan Nacional de Inversiones Públicas 1999-2002, En el año 2000 el Presupuesto General de la Nación presenta un déficit de 49,6% que debe ser financiado mediante crédito externo, recorte del gasto social, aumento de impuestos y privatización de activos públicos. La senadora Córdoba denuncia que al hacer gestiones de búsqueda de financiamiento en el exterior, el gobierno ha desconocido el Plan de Desarrollo aprobado por el Congreso y lo ha suplantado por el Plan Colombia lo cual resulta violatorio de la Constitución Nacional. Al examinar el documento, que según ella fue elaborado inicialmente en inglés con el asesoramiento del Departamento de Estado de Estados Unidos, expresa una serie de supuestos discutibles e hipótesis falsas que buscan hacer una inversión en “instrumental de guerra, logística e inteligencia, todo ello acompañado de una cada vez más creciente injerencia de fuerzas especiales de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos...”, lo cual también es anti-constitucional por cuanto no se ha pedido autorización al Congreso para legalizar la presencia y participación de tropas extranjeras en el conflicto.13 Llama la atención que meses después de ser aprobada por el Congreso colombiano la mencionada Ley 508 de 1999, el 20 de octubre del mismo año fuera introducido el Proyecto de Ley S 1758 por parte de los senadores Dewine, Grassley y Coverdell en la Sesión 106ta. del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos. Meses después, cuando se discutía el financiamiento norteamericano a este plan, en una reunión realizada el 15 de febrero de este año en la sede del Subcomité de Justicia Criminal, Política de Drogas y Recursos Humanos del Senado de EE. UU, bajo la presidencia del senador John l. Mica -y con la presencia de funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa, ex embajadores de Estados Unidos en Colombia, el Director y el Jefe de Operaciones de la DEA, el Jefe del Comando Sur y Lawrence Meriage, Vice-Presidente de la Occidental Petroleum Company- este último expresó que “ Aunque es importante recuperar el control del Putumayo, no se puede olvidar el norte del país. En Norte de Santander, donde estamos próximos a comenzar operaciones, los cultivos de coca, se han aumentado en un 300%. Además nos preocupa que, al presionar en el sur, la violencia y el negocio de la coca migre a la frontera con Ecuador, donde también estamos operando... el sector privado tiene enormes intereses estratégicos y vitales en juego en el país y por eso el paquete de
ayuda por 1.574 millones debe ser aprobado cuanto antes”.14 Al comparar esta idea con las antes expuestas por el general Mc Caffrey, y el general Wilhelm observaremos que, a pesar de que hay diferentes visiones en relación hacia dónde orientar los esfuerzos de Estados Unidos en América Latina en función de los intereses particulares de cada actor, existe total identidad de criterios en cuanto a los “intereses estratégicos y vitales en juego...”

En otro plano, es importante hacer una breve mención sobre lo que se ha dado en llamar el “problema ecológico” relacionado al Plan Colombia. Para nadie es un secreto que el conflicto ha sido desastroso para la protección del ambiente en Colombia. Todos los actores presentes en el conflicto coadyuvan a eso. La guerrilla al derramar miles de toneladas de petróleo cuando realiza sabotajes a los oleoductos, los narcotraficantes al propiciar la tala indiscriminada de una gran cantidad de hectáreas de bosque a fin de ganar espacio para los sembradíos de coca y el gobierno, al utilizar las fumigaciones con glifosato para eliminar las plantas de coca. No obstante eso, ahora existe la posibilidad de que se utilice un agente con una capacidad destructiva infinitamente superior, se trata del hongo fusarium oxysporum. El gobierno colombiano a hecho reiteradas declaraciones desmintiendo la utilización del hongo para destruir las plantas de coca. Sin embargo, el periodista colombiano Daniel Samper apoyándose en observaciones del biólogo de las Naciones Unidas Gabriel Nemoga ha denunciado que es previsible que las zonas de alta biodiversidad al sur de Colombia se conviertan en terreno de experimentación, toda vez que la DEA ha intentado hacerlo de manera secreta en Ecuador, Perú y seguramente en Colombia.15 Más allá de las intenciones del gobierno colombiano, es preocupante la posibilidad de que las agencias norteamericanas actuando en forma encubierta puedan experimentar con este hongo que, según el biólogo Jeremy Bigwood, destruirá alrededor de doscientas otras especies. El Proyecto Independiente Sunshine, que estudia el problema, ha dicho que el riego del hongo afectará a los seres vivos, aves y el agua, envenenando las cabeceras del Amazonas y del Orinoco, siendo particularmente letal para los que padecen de enfermedades inmunológicas. Se sabe que el hongo tiene gran poder de transformación y su capacidad de mutar -que es la parte que no se conoce- es el más inquietante factor por el cual ha sido proscrito en las convenciones contra la guerra biológica. Según Samper, el Ministro del Medio Ambiente de Colombia Juan Mayr declaró que “el gobierno rechaza el hongo, pero luego dijo que lo acepta como mera prueba” 16

Conclusiones

Como se dijo al comenzar esta exposición, el fin de la guerra fría y del mundo bipolar produjo en las potencias occidentales un sentimiento de triunfalismo que alcanzó su punto cúlmine en 1991, después de la “victoria” en la Guerra del Golfo, sin embargo a partir de ese momento y sobre todo durante los últimos años ha aumentado el nivel de conflictividad en el planeta. La globalización ha generado profundas diferencias y ha incrementado la exclusión social y económica de importantes sectores de la población. Los movimientos anti-globalización cobran nuevos adeptos, elevando en cada acción sus niveles de organización y de lucha. Prueba de ello son las gigantescas jornadas de protesta en Seattle, Washington, Sidney y Praga y la histórica votación obtenida en las recientes elecciones de EE.UU por Ralph Nader, uno de sus líderes más importantes.

Estos votos provienen de aquellos a quienes la globalización y el éxito económico de Estados Unidos ha marginado, tales como ecologistas, minorías, pequeños y medianos empresarios. En América Latina las manifestaciones de ese despertar posterior al “fin de la historia” del que habló Fukuyama se ha manifestado en problemas de gobernabilidad que han afectado a los gobiernos de Perú, Ecuador y Argentina, en las crecientes luchas de los campesinos cocaleros de Bolivia , del Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil, y de la Confederación Nacional de Indígenas de Ecuador (Conaie), en las posiciones soberanas del gobierno de Venezuela y su utilización del petróleo como arma política para producir un acercamiento entre los pueblos de América Latina y el Caribe, en la lucha de los pueblos del continente por el esclarecimiento de los crímenes de las dictaduras derechistas que gobernaron en las décadas de los setenta y ochenta, en el crecimiento de la economía cubana durante los últimos dos años a pesar del anacrónico bloqueo de EE.UU, en el renacimiento del sentimiento nacionalista de los puertorriqueños a raíz de los sucesos en la isla de Vieques, en el descontento de los pueblos centroamericanos por las insuficiencias de sus procesos de transición democrática, en el inicio del conflicto armado de Chiapas en México en 1994 y por último, el conflicto colombiano que motiva este trabajo, por citar algunos de los hechos más relevantes.

Los temas de la agenda internacional se han ampliado y diversificado, entre ellos se encuentra el narcotráfico, que ha sustituido al ideológico como elemento ordenador de las relaciones internaciones entre EE.UU y sus vecinos de América Latina, en particular respecto al interés nacional de Estados Unidos. La pregunta que nos debemos hacer es si Estados Unidos realmente quiere y puede eliminar el narcotráfico considerando el inmenso crack económico y financiero que le ocasionaría prescindir de uno de sus principales productos de importación, motor de un mercado de dimensiones desconocidas, pero que se supone cercano a los 260 mil millones de dólares.

Aprovechando el clamor por la paz de un lado, y el imperativo de eliminar el flagelo del narcotráfico en Colombia de otro, Estados Unidos ha diseñado una estrategia para fortalecer y garantizar su hegemonía en el continente americano, debilitada a raíz de su salida de Panamá.

El analista colombiano Santiago Montenegro, Decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes en Bogotá ha dicho en una reciente entrevista en CNN que si EE.UU quisiera realmente ayudar a Colombia suprimiría su política
proteccionista que impide o dificulta el ingreso de productos colombianos por valor de unos 4.5 mil millones de dólares, una cantidad 3.5 veces mayor que le ha concedido EE.UU a Colombia a través del Plan Colombia.

Hoy, ya se ha comenzado a hablar de un Plan Andino, el cual a mediano plazo podría transformarse en un Plan Regional, si se considera que el narcotráfico tiene presencia en todo el continente. La Embajadora de Estados Unidos en Venezuela Donna Hrinak ha dicho que es necesario realizar un debate más amplio en ese sentido.17 Además habría que considerar que Estados Unidos podría incorporar otros temas de la agenda internacional al rango de amenazas a su seguridad nacional como en la actualidad lo ha hecho con el tráfico de drogas y con las inmigraciones ilegales. Pareciera que se están creando las bases para la construcción de una hegemonía unilateral de EE.UU, o en el mejor de los casos –a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA)- un bloque americano hegemonizado por Estados Unidos, que haría necesario un componente militar para su proyección en el mundo. Debemos traer a la memoria que el nacimiento de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948 estuvo precedida por el surgimiento en 1947 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), de triste recuerdo durante la Guerra de las Malvinas en 1982.

A pesar de lo que dice Lawrence Meriage, Vicepresidente de la Occidental, el eje del conflicto se desarrollará en el sur del país. Ahí se han concentrado los esfuerzos principales de la actividad operativa de las Fuerzas Armadas colombianas. En esa medida la mayor masa de refugiados iría a Ecuador, Perú o Brasil y los desplazados se moverían hacia el oeste y noroeste de Colombia.

Para Venezuela, el Plan Colombia podría ser problemático en diferentes sentidos, pero me parece reduccionista y superficial poner el énfasis en la posibilidad de que nuestro país se transforme en refugio para los desplazados de la guerra. Es más riesgoso poner el acento y preocuparse por un peligro que a mi entender no se producirá en la dimensión que se está manejando, y descuidar la vigilancia sobre factores que sí podrían tener nefastas consecuencias para nuestro país, como los elementos económicos, en particular el petrolero, así como sobre los aspectos militares y ecológicos.

Finalmente, me parece importante mencionar que durante su reciente visita a Cartagena de Indias, el Presidente Clinton ha dicho refiriéndose a Colombia y su Plan que este no era un nuevo Vietnam, pero la historia nos ha demostrado que cuando un presidente de Estados Unidos menciona algo negándolo, se puede tener la seguridad de lo contrario, como lo señala el periodista colombiano Antonio Caballero. Después de referirse a ciertos aspectos de la vida privada del Presidente Clinton los cuales no vienen al caso en este momento, se pregunta ¿ qué fue Vietnam? y a continuación se responde “ Para empezar, fue una mentira de un presidente de los Estados Unidos. Esto no es Corea, aseguró John Kennedy cuando ya los asesores militares en Vietnam rondaban el millar. A continuación, fue una incesante, aunque siempre insuficiente, escalada de la ayuda militar (la palabra escalada se inventó entonces), que llegó a alcanzar el medio millón de soldados con el paso de los años, pero no sirvió para ganar la guerra, sino sólo para prolongarla...”. Lo mismo aseguró en otro contexto, el presidente Nixon, cuando mientras caían las bombas norteamericanas decía que no habría intervención en Camboya. Al respecto Caballero señala: “ ...esa intervención que, sin haber ocurrido (fue una guerra secreta de Nixon y de su secretario Kissinger), había dejado dos millones de muertos. Y la secuela de guerras regionales: Vietnam-Camboya, Vietnam-China. En fin: Vietnam fue eso. Un crimen de los Estados Unidos. Una derrota de los Estados Unidos. Y una catástrofe para toda el Asia suroriental.

Los Estados Unidos, al menos le han sacado mil películas” y finaliza el periodista colombiano preguntando a sus lectores si alguno ha visto alguna película vietnamita sobre la guerra de Vietnam18 Se podría agregar que mientras los presidentes norteamericanos negaron siempre la participación de su país en el derrocamiento del Presidente constitucional de Chile, Dr. Salvados Allende, los documentos que ha desclasificado la CIA en los últimos días se han encargado de demostrar lo contrario.

Después de vivir 200 años de relación con Estados Unidos, bajo las políticas de la
Declaración Monroe, el Destino Manifiesto, las intervenciones militares en nuestros países
bajo los dictados de las políticas del Gran Garrote y la Diplomacia del Dólar, el Panamericanismo, la Alianza para el Progreso, la Guerra de las Malvinas, la Doctrina de Seguridad Nacional que dio origen a los gobiernos derechistas violadores de los derechos humanos y las políticas surgidas de los Documentos de Santa Fé I y II, los países latinoamericanos al menos deberíamos reivindicar el derecho a dudar de la nueva política de Estados Unidos para el continente, porque una cosa es el plan de Colombia y otra, muydiferente, el plan de Estados Unidos.


Bibliografia

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Debates IESA. Vol. 5 Nº 3 Enero-Marzo 2000. Caracas

Desde Abajo. Suplemento Especial Nº 1 Noviembre de 1999 y Nº 2 Marzo de 2000. Bogotá.

Newsweek en español. Vol 4. Nº 48 1º de diciembre de 1999, Vol. 5. Nº 32 de 9 de agosto de 2000, Vol. 5 Nº 36 de 6 de septiembre de 2000 y Vol. 5 Nº 37 de 13 de septiembre de 2000, Miami.

Semana. Edición Nº 958 de Septiembre 11-18 de 2000, Edición Nº 960 de Septiembre 25 a Octubre 2 de 2000 y Edición Nº 962 de Octubre 9-16 de 2000. Bogotá.



1 Roberto Russell escribió su artículo en 1995, pero podemos aceptar que las características planteadas se mantienen hasta la actualidad

2Se entiende el concepto de “hegemonía” tal como lo utiliza Robert Lessmann, quien basándose en los estudios de Dreschler expone que la misma consiste en la supremacía de un país sobre otros, supremacía fundamentada en el poderío militar y económico que puede conducir a la reducción de la soberanía de los países más pequeños. Esta es una conceptualización más suave si se le compara por la formulada por la “teoría de la interdependencia” expuesta por Robert Keohane lo cual expone que “hegemonía “ es cuando un Estado tiene el suficiente poder y resolución para establecer las reglas más importantes de las relaciones interestatales.

3.La producción de café es considerada en Colombia como el acontecimiento económico más importante de su historia a partir de 1870. El café alcanzó acceso en los mercados internacionales y renatabilidad muy por encima de cualquier inversión de la época. La pequeña y mediana propiedad agrícola contribuyó que los beneficios se distribuyeran en gran parte de la población. Esto, a su vez influyó en el surgimiento de consumidores de productos industriales y en la creación de una industria liviana a principios del siglo XX.A partir de entonces la producción cafetera ha sido el sustento principal de la economía colombiana.

4 Muchos de estas informaciones fueron entregadas por el intelectual norteamericano Noam Chomsky en una conferencia dictada en el Instituto Tecnológico de Massacusetts (MIT) sobre la crítica situación de Colombia y las responsabilidades que le caben al gobierno norteamericano, mucho antes que se aprobara el Plan Colombia. Fue publicada bajo el título “La Tragedia de Colombia” en la Revista Colombia Hoy Informa Año XVI Nº 139 de octubre de 1995

5 Ver “Comité de Santa Fe”. Las relaciones interamericanas: escudo de la seguridad del nuevo mundo y espada de la proyección global de Estados Unidos. Informe por encargo del Consejo de Seguridad Nacional,1980

6 Este tema aparece brillantemente expuestos en los trabajos de José Steigleser “ Bases Militares en América Latina”.
Edit. El Conejo. Quito 1986 y el más reciente coordinado por Humberto García Muñíz y Jorge Rodríguez Beruff “Fronteras en Conflicto. Guerra contra las Drogas , Militarización y Democracia en el Caribe, Puerto Rico y Vieques” editado por la RedCaribeña de Geopolítica, Seguridad Regional y Relaciones Internacionales afiliada al Proyecto Atlantea, San Juan, Puerto Rico, 1999.

7 Barry Mc Caffrey, “A Former CINC looks al Latin America”, Joint Force Quarterly (Primavera de 1996):44

8 Audiencia del General Charles E. Wilhelm Comandante en Jefe del Comado Sur de Estados Unidos ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos el 13 de marzo de 1999. P. 14

9 Ver El texto del Convenio Operativo para el Puesto Avanzado de Operaciones en la Base Ecuatoriana de Manta, Ecuador . Convenio Nº 2 del 2 de junio de 2000. Información enviada por el Grupo Especial de Monitoreo del Plan Colombia en Ecuador y distribuida por Ko´eyú Latinoamericana.

10 Ver Suplemento especial Desde abajo Nº 1 Noviembre 1999. Bogotá

11 Ver “Estos son los rambos” en Revista Semana. Edición Nº 958. Septiembre 11-18 de 2000. Bogotá.

12 Ver Aguirre Alberto “Los gringos lavan “ en Revista Cromos Nº 4293 del 15 de mayo de 2000. Bogotá

13 Para ampliar esta información ver “El Plan Colombia: el escalamiento del conflicto social y armado” Senadora Piedad Córdoba Ruiz en Desde Abajo. Suplemento Especial Nº 2. Marzo de 2000. Bogotá

14 Intervención de Lawrence Meriage, Vice-presidente de Occidental Petroleum Company ante la Subcomisión de justicia Criminal, Política de Drogas y Recursos Humanos del Congreso de EE.UU en Desde Abajo. Suplemento Especial Nº 2. Bogotá.

15 Daniel Samper Pizano. “Del hongo de Hiroshima al hongo de Frankestein. Quieren convertir a Colombia en laboratorio de enorme riesgo” El Tiempo, 9 de agosto de 2000. Bogotá.

16 Ibid.

17 Ver Roberto Giusti “El Plan Colombia debe convertirse en un Plan Andino” Entrevista a la Embajadora de EE.UU en Venezuela en El Universal. 5 de noviembre de 2000. Caracas.

18 Las citas fueron tomadas de Antonio Caballero “Esto si es Vietnam” en Revista Semana <www.semana.com>

 

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