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Estado de Derecho
Alfredo Molano Bravo.
No puedo dejar de escribirlo porque mi
conciencia me secaría las manos para siempre, me taparía los oídos, me arrancaría los
ojos. La voz llega de lejos a estas soledades mías de Barcelona, la generosa. Es la voz
de viejos,mujeres, y niños que ha recogido el Atrato, río de cadáveres.
Lo primero que la gente vio aquel día
terrible fue la oscuridad del aire; el sol se hizo a un lado para dejar entrar el ruido
gris que envolvía las bombas soltadas desde helicópteros que parecían subidos a los
árboles. Todos corrieron a esconderse y llorar entre la selva, donde las fieras mas
fieras son más mansas que los hombres-tigre
que llegaron en pangas armados con motosierras,
y con esos gritos y esas risas que no han dejado de perseguir a los huyentes de Bijao
-pueblo del río Cacarica- desde hace tres años largos.
A su paso habían arrasando todo. Puente
América, donde la carretera Panamericana secará la ciénaga de Tumaradó y pasará sobre
el río Atrato para unir las tierras que ganaderos
y bananeros de Chigorodó ya compraron, con
las que están adquiriendo, a punta de motosierra, en el Cacarica, en el Salaquí, en el
Balsa, aguas todas sobre las que han flotado los cuerpos mutilados de indios Emberas, de
Negros, de Chilapos. Los hombres-tigre
pararon también en La Loma, donde desde
entonces montan retenes en días par porque en los
impar lo hace la Ley; estuvieron en Bocas del Atrato, donde la gente se ha metido a
vivir entre un murmullo del cual no volverá a salir nunca; volvieron a Santa Maria donde
el ganado de las haciendas de Tudela engorda con el pasto que cientos de
campesinos asesinados han abonado.
La gente del Cacarica se botó a la selva, y por la selva a las ciénagas, y por las ciénagas al mar. En el
mar había- y lo hay todavía- un reten de la Armada donde fue apresada por no usar
chalecos salvavidas, porque- dijo el Teniente: es un deber de los servidores
públicos velar por la vida de sus compatriotas. La Iglesia interpuso sus buenos
oficios para que esos fantasmas que habían sido gente, fueran alojados en el estadio de
Turbo
" pueblo de paz donde la Dôle construirá el primer puerto privado del país
- dijo el Alcalde al recibir a los campesinos en los camerinos de los deportistas- y
donde Uds. vivirán en paz por muchos días.
No fueron días sino años -y no fueron de
paz, habiendo habido tantos muertos en
las puertas del estadio- pero al fin una tarde llegó un delegado oficial con la noticia
maravillosa de que su despacho instalaría en el Cacarica unas maravillosas Alarmas
Tempranas para que, dado el caso, muy improbable por cierto de que los criminales
volvieran, la gente pudiera activar un timbre
que haría sonar sirenas y luces perimetrales en el pueblo y pondría en alerta a las autoridades constituidas.
Con solo tocar el timbre- declaró orgulloso- llegará la Ley, ya lo verán. Y con
esa promesa y un desayuno la gente se embarcó en pangas para rehacer el río
aguas arriba.
Por el Atrato ya no bajan muertos, las
motosierras ahora cortan cativales. Sobre el
eterno río, flotan hoy las tucas de cativo,amarradas unas con otras -estela negra de dos,
de tres, de cuatro cuadras- jaladas al aserrío del Río León por resplandecientes barcos
blancos. Los cativos, enormes árboles de agua,dan una madera inmune a la humedad, suave y
liviana, tal como los fabricantes de papel higiénico- y sus clientes- la exigen. Los
retenes siguen siendo turnados, día de por medio, para mantener el derecho del estado.
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