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EL DESPEJE : UNA CONFRONTACION DE TODO EL
PAIS CON LA DEMOCRACIA Y DE COLOMBIA CON EL MUNDO
Fecha del
artículo:Abril 2000
Autor:José Yesid Sabogal,Sociólogo. París
Si bien es cierto que con el Despeje
las Farc obtuvieron un resonante triunfo, particularmente Manuel Marulanda -bien merecido
además-, cierto es tambien que el Gobierno nada perdió con oficializar la inveterada
ausencia del Estado en esa región y mas bien puso ha ganar de entrada a un Presidente con
poco perfil. Pero visto simplemente como un episodio mas del enfrentamiento Fuerzas
Armadas-Insurgencia o como un acuerdo transitorio entre el Gobierno de turno y las Farc,
el Despeje pierde toda su sismología (social, histórica, geográfica) y, además, su
importante significado político y militar.
Por sí solo el Despeje tiene unas
grandes connotaciones que lamentablemente no han querido ser suficientemente valoradas por
los Colombianos desarmados. El Despeje da para hacer múltiples interpretaciones pero
deberían todas partir (incluso para magnimizarlo o minimizarlo) de su significado mas
llano y simple: el reconocimiento implícito por parte de las Farc y del Gobierno de sus
mutuas limitaciones políticas y militares.
Aunque vieja aspiración de las Farc
y promesa cumplida de Pastrana, el Despeje es, antes que todo, una imposición del
equilibrio de fuerzas. Políticamente ninguna de las dos es opción y militarmente ninguna
vence a la otra. El Despeje, si se quiere, es la materialización de la aceptación del
empate o la expresión de la configuración del equilibrio. Vale decir, ni una ni otra
reunió las condiciones requeridas para evitar el empate. Si quisiéramos entenderlo en
esta elemental dimensión, también entenderíamos que el Despeje tendrá efectos,
positivos y/o negativos, insospechados.
Y mas vale que lo entendamos así, y
a tiempo, la mayoría de los Colombianos que no nos sentimos representados en ninguna de
las dos fuerzas. El reconocimiento del empate no es, para nada, la antesala de la
solución. La negociación sin vencedor ni vencido, lo sabemos bien los Colombianos, es un
recurso táctico para avanzar en la guerra.
Ahora bien, la virtud del empate -si
se entiende así- esta: primero, en que rompe la dinámica que venían generando las
perspectivas desatadas de una victoria a toda costa. Segundo, la entrada en el conflicto a
una fase en la que, obligadamente, va a prevalecer la acción política sobre la militar
(la continuación de la guerra por otros medios). Tercero, la necesidad de las partes de
inclinar a su favor amplios sectores sociales del país y ganar imagen a nivel
internacional.
Reflejo de lo anterior, a partir del
Despeje y a través de la zona las Frac, por ejemplo, se han esforzado en mostrar que
tienen una concepción estructurada del Estado (mas liberal que comunista, por cierto);
que es regulador de una economía en los territorios bajo su control; que dispone de un
sistema jurídico eficiente (aunque bien primario); que su fuerza militar se sustenta no
en una guerrilla sino en un verdadero ejercito; que se acoge a las reglas del juego
democrático a pesar de que los resultados electorales le sean adversos, etc.. La
elaboración de un nuevo discurso y una nueva actitud para asumir la comunicación y las
relaciones diplomáticas con el mundo impone el debate al interior de la misma
organización. Los hombres de la política hacen el relevo al frente del combate. La
violación de los Derechos Humanos obviamente se tendrá que tornar importante para una
insurrección que ya ha tenido reconocimientos de hecho, como fuerza beligerante, por
parte de importantes gobiernos europeos.
El Gobierno, por su parte, aceptando
todas las condiciones de las Farc para el Despeje y demostrando que, cuando y donde se lo
propone, puede controlar a sus FA -paramilitares incluidos-, ha ido restableciendo la
imagen del Estado colombiano en el ámbito nacional e internacional. Por otra parte, en el
Despeje, que llena el vacío de una concepción elaborada de la Paz y de un proyecto
concreto, Pastrana logra hacer coincidir política de negociación con la insurgencia y
respaldo de Washington, dos elementos esenciales para garantizar cierta gobernabilidad en
el país. Bajo estas condiciones, que le prometen estabilidad para cuatro años, el
Gobierno introduce sin piedad las medidas exigidas por el FMI y lanza su Plan Colombia
(primera versión, consultada con las Farc).
El recurso obligado a la política,
bien sea para intentar superar el conflicto armado o bien para preparar el desempate es,
de hecho, un reto abierto para la "sociedad civil". Ahora, en lugar de seguir
reclamando tanta participación a su nombre, habría que preocuparse por la
transformación de la "sociedad civil" en una fuerza política tan amplia y
organizada que pudiese contrarrestar el poder de las armas que respaldan a los
protagonistas, hacer del empate un proceso sostenido de negociaciones, imponer el respeto
de unas reglas de juego y garantizar el cumplimiento de los acuerdos.
Pero la "sociedad civil"
-articulación en un proyecto global de sociedad de las diversas manifestaciones sociales
organizadas- como tal, no existe en el país. Por el contrario, fraccionada en varios
bloques, plenamente inmersa en el conflicto (bien como promotora o bien como blanco), sin
estructura, sin legitimidad y sin propuesta no esta habilitada para asumir la tercería en
la mesa de negociación.
Sin embargo, en el cuarto de hora
que le queda a Colombia, la "Sociedad Civil", sin proyecto social pero con
proyecto de Paz, esta llamada a consolidarse al rededor del Despeje - (es decir, del
empate) -por ahora, lo único tangible en el camino hacia la Paz.
El Despeje (como hecho
político-militar y como área geográfica delimitada) es el escenario excepcional para
reencontrar la parte de Colombia que se encuentra sometida al otro lado del muro de la
guerra; a la Colombia campesina, despojada y desplazada generación tras generación;
olvidada siempre por el conjunto de la sociedad política. Esa Colombia criolla,
introvertida, desconfiada, con la que el viejo país sigue en deuda y desconocida por el
nuevo, es imprescindible para la Paz. Esa otra Colombia, a nombre de la cual hablan las
Farc, como el Gobierno al otro lado habla de "las gentes de bien", también esta
ansiosa de vivir en Paz.
La "sociedad civil por la
Paz" tiene que entender la urgencia de proteger el Despeje (el territorio y el empate
), esto es: apoyar a las organizaciones sociales de la zona; propiciar la participación
ciudadana y la democracia local en los cinco municipios; contagiar a las localidades y
regiones aledañas, dimensionar su significado nacional, replicar el Despeje, como
ejercicio de concertaron democrática en otros lugares; movilizar la presencia de la
Comunidad Internacional; en fin, confrontarse así misma como proyecto confrontando a los
actores del conflicto en la dimensión local, nacional e internacional del Despeje.
Sin haberlo previsto ni las Farc ni
el Gobierno, y no obstante la paradójica indiferencia del grueso de las organizaciones
sociales promotoras de la Paz, la zona del Despeje, uno de los grandes ejes del conflicto,
se ha ido convirtiendo en un verdadero laboratorio para la Paz, reconocido como tal en el
ámbito internacional; en un canal de aproximación de la Comunidad Internacional a la
complejidad del conflicto colombiano; y San Vicente del Caguán se va perfilando a nivel
internacional como Capital Alterna de una Colombia en construcción.
Ampliar y enriquecer el significado
del Despeje -no de la zona controlada por las Farc-, puede ser la punta que le falta a las
marchas por la paz (definitivas en la configuración del empate); puede y debe ser el
punto de partida para convocar a la "sociedad civil por la Paz" y a los
humanistas de todo el mundo a conformar un Frente Común contra el "Plan For
Peace" o "Plan Alianza act" (proyecto de ley S 1758 presentado al Congreso
norteamericano en octubre de 1999. Segunda versión del Plan Colombia, redactada en
ingles) o Plan Colombia (tercera versión, presentado por el Presidente Pastaran ante la
Unión Europea) y a elaborar sobre el terreno, con el Gobierno y las insurgencias, la
Sociedad Civil por la Paz y la Comunidad Internacional (los Estados Unidos claramente
incluidos) un verdadero Plan de Paz para Colombia.
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