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El Plan Colombia y la Economía Política de la Guerra Civil.
Por Libardo Sarmiento Anzola.
A partir del siglo XX, las guerras se han librado, cada vez más, contra la
economía y la infraestructura de los estados y contra la población civil(1). Los civiles
son a menudo el objetivo predeterminado de la violencia, la intimidación o la expulsión,
y no las víctimas accidentales. Los conflictos interiores se tornan violentos con mayor
frecuencia que las tensiones entre naciones soberanas. El campo de batalla de los actuales
conflictos violentos puede estar en cualquier parte y la distinción entre combatientes y
no combatientes queda diluida(2).
Los actores de los conflictos crean una economía política de la guerra. La vida
económica y social continua, aunque sea bajo un escenario de caos. Las necesidades de
sanidad y educación, al igual que la producción y distribución de bienes y servicios
básicos para la supervivencia no cesan de existir durante los conflictos armados. En la
lucha por la supervivencia dentro de los conflictos violentos entran en juego, además,
factores como las diferencias regionales que forman la base material para la reproducción
de la vida social, cultural y comunitaria, los derechos humanos, las jerarquías sociales,
las ideologías políticas, las tensiones ocasionadas por las desigualdades y las
estructuras de clases sociales, y el uso del hambre y la ayuda internacional como armas de
guerra(3).
En el marco de los conflictos y la consideración de los civiles como posible
«enemigointerno» se adelantan acciones de tipo cívico-militar como parte de la
economía política de la guerra. Las acciones cívicas comprenden los programas
destinados a satisfacer las necesidades básicas de la población más pobre a través de
servicios de alfabetización, atención médica básica, construcción de puentes,
apertura de vías de comunicación, con el fin básico de mejorar la imagen del grupo
combatiente, controlar la población y construir un apoyo popular al esfuerzo bélico
desplegado. Los ámbitos económico y social quedan subsumidos, de este modo, a los
objetivos militares de seguridad, defensa y consolidación del proyecto político.
En Colombia, la guerra acompaña, sin descanso la historia, desde hace cinco siglos a
partir de la invasión española y el consecuente genocidio sobre la población aborigen,
la trata de esclavos y la expoliación de sus riquezas. El espíritu de la conquista, el
exterminio de poblaciones, la explotación, la injusticia y la exclusión, por parte de
elites nacionales y extranjeras, no cesan. Ahora, la polarización ideológica y de
intereses atraviesa todos los estratos sociales. Los conflictos social y político toman
expresiones cada vez más violentas y complejas.
El Plan Colombia es un eslabón más en esta larga cadena de infamias. Significa una nueva
fase, más tecnológica e intensiva, en el conflicto irregular de la guerra civil que
agota cualquier espacio de neutralidad y enfrenta a los diversos grupos sociales. El
análisis de las finanzas y políticas del Estado permite comprender cuál es el modelo de
acumulación y el régimen político que se quieren imponer. Existe, entonces, una
economía política de la guerra que explica los intereses en juego y la distribución
asimétrica de costos y beneficios. A continuación i) se examina el presupuesto del año
2001 como contexto de análisis de ii) los recursos del Plan Colombia y las fuerzas en
conflicto, para concluir con iii) una reflexión sobre la sociedad civil y la economía
política de la guerra.
1. El presupuesto de la guerra y
la hegemonía financiera.
El proyecto del presupuesto General de la Nación 2001 profundiza la tendencia que vienen
presentando las finanzas públicas desde hace una década: i) consolidación del modelo de
acumulación especulativo con hegemonía del capital financiero, privatización de los
activos públicos y expoliación de los recursos naturales; ii) exacción de los ingresos
de los trabajadores y el capital productivo por parte de una tecnocracia parásita que ha
convertido al Estado en un fin en sí mismo; y iii) desmesurado crecimiento de las
instituciones militares y de justicia al ritmo en que se expande la espiral de violencia,
impunidad, miseria, exclusión y éxodo.
El presupuesto general de la Nación para el año 2001 tiene un valor de $57 billones. El
déficit presupuestal, esto es los ingresos estimados frente a los gastos programados, es
del 54%. Para el año 2001 los gastos alcanzan al 30% del PIB mientras los ingresos se
estiman en menos del 15%. El saldo total de la deuda representa en el 2001 el 35% del PIB
(se duplicó en menos de 5 años). El déficit se viene financiando con recursos de
capital, crédito (interno y externo) y con la venta de activos de la nación. En el
presupuesto del año 2001, 86% de los ingresos tributarios será absorbido por el servicio
de la deuda. En 1999 ese porcentaje fue 79%. Esta situación se traduce en un
endeudamiento creciente, el servicio de la deuda es superior a los recursos del crédito.
El presupuesto general de la Nación para el año 2001 se incrementó en 15.6% respecto al
presupuesto de 2000 (cuadro 1). Este crecimiento es superior en casi tres puntos
porcentuales al estimado del PIB nominal, lo que significa una mayor participación de los
recursos públicos en la economía nacional. El principal rubro que crece en las finanzas
públicas del año 2001 corresponde al servicio de la deuda interna y externa (intereses y
amortización): aumenta un 29.3%; en el año 2000 creció en 20%. Este comportamiento
apuntala un modelo de economía donde el capital financiero se ha convertido en
hegemónico. Los gastos de inversión se incrementan en 18.1% recuperando apenas la caída
que registró este rubro en el año 2000 de -15.3%. Los gastos de personal aumentan un
5.4% y los gastos generales caen en 19.9%. Las transferencias crecen en 8.7%, lo que
significa que en términos reales bajaran los recursos per cápita para educación, salud
y mejoramiento del bienestar de las comunidades (la inflación de 2000 se estima en 10% y
el crecimiento de la población en 1.9%).
El conflicto social y político en su expresión armada consume un alto porcentaje de los
recursos públicos. Como el presupuesto público es financiado significativamente con
recursos de crédito se puede afirmar que esta es una economía de guerra al debe. Según
el Proyecto de Presupuesto General de la Nación 2001, cerca del 70% de los gastos de
personal se concentran en Defensa, Policía Nacional, Rama Judicial y Fiscalía. En los
gastos generales estas cuatro entidades concentran el 72% de los recursos públicos(4).
De los cerca de 800.000 cargos de planta de la administración pública el 45% corresponde
a los sectores de defensa y seguridad, justicia, fiscalía y fuerza pública, esto es,
360.000 cargos(5).
Cuadro 1
Total apropiaciones presupuesto general de la
Nación y establecimientos Públicos nacionales 1999-2001
| |
Valor
apropiaciones |
Incremento
porcentual (*) |
| |
1999 |
% |
2000 |
% |
2001 |
% |
00/99 |
01/00 |
| Funcionamiento |
24,2 |
51.9 |
25,5 |
51.7 |
27,0 |
47.4 |
5.1 |
6.0 |
| Gast. Personal |
5,6 |
12.0 |
6,0 |
12.2 |
6,4 |
11.2 |
7.3 |
5.4 |
| Gast. Generales |
1,7 |
3.7 |
1,6 |
3.2 |
1,3 |
2.3 |
-3.3 |
-19.9 |
| Transferencias |
16,6 |
35.6 |
17,5 |
35.5 |
19,0 |
33.3 |
5.4 |
8.7 |
| O. comercial |
0,3 |
0.6 |
0,3 |
0.6 |
0,3 |
0.5 |
-3.6 |
0.3 |
| Servicio deuda |
13,8 |
29.6 |
16,5 |
33.5 |
21,4 |
37.5 |
19.7 |
29.3 |
| Inversión |
8,6 |
18.5 |
7.2 |
14.6 |
8,6 |
15.1 |
-15..3 |
18.1 |
| Total con deuda |
46,6 |
100 |
49,3 |
100 |
57,0 |
100 |
5.7 |
15.6 |
| Total sin deuda |
32,8 |
- |
32,7 |
- |
35,6 |
- |
-0.2 |
8.7 |
| Variación % PIB nominal |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
14.2 |
13.0 |
Fuente: Dirección General del Presupuesto Público
Nacional
(*) $ Billones
El presupuesto de la Nación únicamente se encuentra financiado en un 45.9%. El
total de ingresos permanente ($24.9 billones) no alcanza para financiar los gastos de
funcionamiento del Estado ($25.5 billones). El déficit corriente es de $8.8 billones para
el año 2000. Al incluir los compromisos de amortización de la deuda y los recursos de
inversión el faltante es de $26.8%. El déficit global es de 54.1% (cuadro 2).
Cuadro 2
Necesidades de Financiamiento del presupuesto de la Nación 2001
| Concepto |
Valor |
| 1. Total ingresos permanentes |
24.9 |
| 2. Gastos de funcionamiento |
25.5 |
| 3. Déficit en funcionamiento (1-2) |
(0,6) |
| 4. Intereses deuda |
8.2 |
| 5. Déficit corriente (3-4) |
(8.8) |
| 6. Fondos especiales para inversión |
1.3 |
| 7. Inversión |
6.1 |
| 8. Déficit de Inversión (6-7) |
(4.8) |
| 9. Amortizaciones |
13.2 |
| 10. Déficit presupuestal (5+8+9) |
(26.8) |
| % Déficit respecto al total de gastos
proyectados ($53 billones) |
50,6 |
| % Déficit respecto al total gastos
Presupuesto General ($57 billones) |
54,1 |
Fuente. Ministerio de Hacienda y Crédito Público y DNP,
Proyecto de Presupuesto 2001
(**) $Miles de Millones
Cuadro 3
Ingresos Proyectados de la Nación Vigencia Fiscal 2001
| Concepto |
Valor |
% (* |
| I. Ingresos del Presupuesto Nacional |
50,971 |
89.4 |
| 1. Ingresos Corrientes de la Nación |
22,819 |
40.0 |
| 1.1 Ingresos Tributarios |
22,223 |
39.0 |
| 1.2 Ingresos No Tributarios |
595 |
1.0 |
| 2. Recursos de Capital de la Nación |
24,763 |
43.5 |
| 2.1 Recursos de Crédito Externo |
7,214 |
12.7 |
| 2.2 Recursos de Crédito Interno |
13,684 |
24.0 |
| 2.3 Otros Recursos de Capital |
3,866 |
6.8 |
| 3. Rentas Parafiscales |
1,046 |
1.8 |
| 4. Fondos Especiales |
2,345 |
4.1 |
| II. Ingresos de los Establecimientos Públicos |
4,006 |
7.1 |
| 1. Ingresos Corrientes |
2,103 |
3.7 |
| 2. Recursos de Capital |
416 |
0.7 |
| 3. Contribuciones Parafiscales |
1,487 |
2.6 |
| Total Presupuesto de Rentas y
Recursos de Capital |
54,998 |
96.5 |
| III. Recursos del proyecto tributario |
2,000 |
3.5 |
| Total Presupuesto General de la
Nación 2001 |
56,998 |
100.0 |
Fuente. Ministerio de Hacienda y Crédito Público y DNP,
Proyecto de Presupuesto 2001
El financiamiento del déficit que presenta el presupuesto
general de la Nación 2001 depende principalmente de los recursos de capital (nuevo
crédito y privatizaciones de lo poco que queda, principalmente): 43.5%, de los ingresos
de los establecimientos públicos: 7.1% y de los resultados de la nueva reforma
tributaria: 3.5% (cuadro 3).
El desborde del gasto público y el acelerado endeudamiento para financiar el déficit
tiene efectos perversos sobre la economía, el empleo y el bienestar del conjunto de la
población. Como lo reconoce el propio gobierno, la persistencia y tendencia creciente de
los déficit fiscal afectan negativamente las decisiones de consumo e inversión privadas
de los próximos años, vía aumentos en la tasa de interés real o rreviewuación de la
tasa de cambio real. El endeudamiento interno además de presionar hacia arriba las tasas
de interés genera un desplazamiento de la inversión privada e impide la recuperación de
los mercados de capitales. De hecho la inversión privada como proporción del PIB pasó
de 15,1% en 1994 a 5,9% en el 2000.
La política fiscal colombiana esta en contra de la generación de empleo. Teniendo en
cuenta que la crisis de la economía es de demanda, la solución del déficit por el lado
de aumentar los ingresos del Estado a través de recursos de capital y nuevas reformas
tributarias deprime, aún más, el consumo en la medida en que encarece la estructura de
costos de la canasta familiar y desvaloriza los activos de la población. Impuestos
elevados y un creciente gasto público que tiene como finalidad el propio Estado y el
fortalecimiento de un sector financiero especulativo también conduce a la quiebra del
sector real de la economía y a la disminución en la competitividad de las empresas al
elevar su estructura de costos en relación con los mercados internacionales.
Los ganadores con este modelo de las finanzas públicas corresponden principalmente a la
alta tecnocracia del Estado, los políticos profesionales, los dueños de las
instituciones y rentistas del capital financiero, nacionales y extranjeros, y los
beneficiarios de los aparatos militares y de justicia. En conjunto concentran más de la
mitad del presupuesto general de gasto del año 2001, esto es, 15% del PIB (cuadro 4). Los
perdedores son las familias de ingresos medios y bajos, los trabajadores y los
desempleados, los pequeños y medianos empresarios del sector real, urbanos y rurales. El
gasto público nacional estimula la especulación financiera, favorece los intereses
corporativistas y burocráticos y favorece la maquinaria de la guerra.
Cuadro 4
Presupuesto General de Gastos 2001.
| Concepto |
TOTAL ($ millones) |
Participación
Presupuesto |
% PIB |
| Servicio de la deuda pública nacional |
21.024.527,80 |
36,90 |
10,73 |
| Defensa y Seguridad |
7.040.838,90 |
12,36 |
3,59 |
| Ministerio de Justicia y del Derecho |
103.341,10 |
0,18 |
0,05 |
| Fiscalía |
557.414,80 |
0,98 |
0,28 |
| Subtotal deuda, seguridad y justicia |
28.726.122,60 |
50,42 |
14,66 |
| Presidencia de la República |
632.201,20 |
1,11 |
0,32 |
| Red de Solidaridad Social |
64.759,50 |
0,11 |
0,03 |
| Forec |
47.927,80 |
0,08 |
0,02 |
| Sector agropecuario |
437.875,00 |
0,77 |
0,22 |
| Ministerio del Trabajo y Seguridad Social |
2.809.724,90 |
4,93 |
1,43 |
| Sector educación |
2.498.939,60 |
4,39 |
1,28 |
| Sena |
570.918,70 |
1,00 |
0,29 |
| Sector salud |
960.854,50 |
1,69 |
0,49 |
| ICBF |
1.008.607,70 |
1,77 |
0,51 |
| Inurbe |
136.917,50 |
0,24 |
0,07 |
| Ministerio de Desarrollo Económico |
133.944,80 |
0,24 |
0,07 |
| Subtotal gasto social |
9.302.671,20 |
16,33 |
4,75 |
| Congreso de la República |
181.614,40 |
0,32 |
0,09 |
| DNP |
326.630,70 |
0,57 |
0,17 |
| Colciencias |
27.503,10 |
0,05 |
0,01 |
| Ministerio de Hacienda y Crédito Público |
12.812.590,60 |
22,49 |
6,54 |
| Ministerio del Interior |
67.776,00 |
0,12 |
0,03 |
| Minas y energías |
402.107,80 |
0,71 |
0,21 |
| Sector comunicaciones |
251.740,10 |
0,44 |
0,13 |
| Transporte y vías |
1.817.072,70 |
3,19 |
0,93 |
| Sector Medio Ambiente y corporaciones |
134.146,70 |
0,24 |
0,07 |
| Sector cultura |
44.064,50 |
0,08 |
0,02 |
| Otros |
2.883.452,30 |
5,06 |
1,47 |
| Gran Total |
56.977.492,70 |
100,00 |
29,08 |
Fuente: Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
2. El Plan Colombia, una guerra al debe.
Los gastos de guerra tendrán cada vez mayor prioridad dentro del presupuesto nacional.Con
la ejecución del Plan Colombia, las partidas financieras comprometidas en la
cofinanciación reducirán aun más el gasto público social. El plan de guerra tiene un
costo de U.S.$7.558 millones, el 48,5% financiado con recursos del Estado colombiano,
46,6% de la comunidad internacional y 4,9% crédito. La tercera parte de los recursos se
dirigen a los programas de «defensa nacional». Los recursos que se manejarán con cargo
al Presupuesto Nacional son aquellos provenientes de los «Bonos de Paz», de la Red de
Solidaridad y los que se incorporan en el Fondo de Inversiones para la Paz -FIP. En
relación con el presupuesto general, las contrapartidas de la nación suman $8 billones
lo que comparativamente representa una tercera parte de los ingresos corrientes y 14% del
total del gasto presupuestado para el año 2001.
La gestión de estos recursos estará directamente a cargo de la Presidencia de la
República y la interventoría, el seguimiento y reviewuación a cargo del Departamento
Nacional de Planeación. No es claro, entonces, como se hará el traslado de las partidas
y el cambio en las prioridades que se definieron en el Plan Nacional de Desarrollo, ni el
papel que cumplirá el Congreso de la República en la asignación y control de estos
recursos. Los procedimientos democráticos se debilitan dentro de la economía política
de la guerra.
El Plan Colombia se desarrolla como una estrategia integral de la administración Pastrana
para combatir la insurgencia y la industria del narcotráfico, apalancar la recuperación
de la economía y fortalecer el régimen político oligárquico. La administración
Pastrana ha entregado el manejo de la economía al Fondo Monetario Internacional y a los
acreedores financieros, al igual que entregó el control político interno de Colombia al
gobierno norteamericano. En efecto, El gobierno de los Estados Unidos aprobó un paquete
de asistencia a Colombia de US$1.300 millones de dólares, de los cuales el 80% es ayuda
militar y policial (equipos, tecnología, entrenamiento y apoyo logístico y de
inteligencia).
Estos recursos son adicionales a los US$330 millones de ayuda militar que recibe el país
anualmente. Otros cuatro rubros son incluidos dentro del programa de asistencia:
operaciones antinarcóticos en el sur de Colombia, restricción del tráfico aéreo en
todo el territorio, desarrollo económico alternativo y mejorar la capacidad de acción
del gobierno, incluye respeto por los derechos humanos.
Los nuevos recursos de asistencia de los Estados Unidos para el Plan Colombia asignan
US$15 millones de dólares para atender los desplazados de la primera fase de la
intensificación de la guerra en el sur, los que se estiman en 400.000 personas. En
verdad, la intensificación de la guerra se viene preparando desde antes: el gobierno de
los Estados Unidos suministró en 1999 US$5,8 millones de dólares para las operaciones en
el hemisferio occidental del Comité Internacional de la Cruz Roja, con destino a la ayuda
para las personas desplazadas en los territorios nacionales, junto con US$3 millones de
dólares adicionales de asignación específica para Colombia; aportó otros US$4,7
millones de dólares al Fondo General para el Hemisferio Occidental del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Refugiados, con destinación específica de un alto
porcentaje para aumentar la capacidad de actuación institucional en Colombia (el país
concentra la cuarta población de desplazados internos en el mundo).
En el Plan Colombia se han incluido otros cuatro programas dentro de la estrategia
cívico-miltar que se financiarán con crédito y contrapartidas del nivel nacional y
local: i) manos a la obra, encaminado a brindar trabajo a la población más pobre a
través de los componentes proyectos comunitarios y vías para la paz, con un costo total
de US$ 295 millones (Crédito externo BID y Banco Mundial US$ 200 millones, contrapartidas
US$ 95 millones); ii) vías para la paz, mejoramiento de las redes viales, proyectos
fluviales, recuperación de la vía férrea y la construcción de puentes, con el fin de
articular y viabilizar las actividades productivas en las zonas críticas de conflicto
armado, con un costo de US$ 206 millones de dólares (crédito externo CAF US$162
millones, contrapartidas US$44,5 millones); subsidios condicionados a las familias,
mediante la entrega de un subsidio en efectivo, condicionado a la asistencia a los
controles de crecimiento y desarrollo de los menores de 7 años, y a la asistencia al
colegio de los niños entre 7 y 17 años, se entregarán transferencias a las familias
más pobres, con un costo de US$336 millones de dólares (crédito externo Banco Mundial y
BID US$ 230 millones, contrapartida US$106 millones); iv) capacitación laboral de
jóvenes desempleados, entre los 18 y los 25 años, de los estratos más bajos (1 y 2),
con un costo de US$70 millones (en su totalidad crédito del BID). Estos cuatro programas
que suman US$ 924,5 millones de dólares (74% crédito externo y 26% contrapartidas en el
ámbito local y nacional, incluye US$20 millones para pago de burocracia por
administración) están dirigidos a la cooptación y amortiguamiento de los efectos de la
intensificación de la guerra, de la población más pobre en las zonas críticas de
conflicto armado.
Estos componentes del Plan Colombia se articulan en el Programa Red de Apoyo Social, a
manera de complemento del actual sistema de protección social del gobierno. El gasto
adicional, US$925 millones de dólares, se distribuirá en un período de tres años. La
ejecución de los recursos para la asistencia humanitaria y desarrollo económico
alternativo se hará a través de la administración delegada en organismos no
gubernamentales que han sido previamente seleccionados por su lealtad a las instituciones
oficiales, identificados con la concepción neoliberal del Estado y cómo una manera de
darle legitimidad civil al plan de guerra del establecimiento. Con este fin, cívico
militar, se reeditarán experiencias recientes en Colombia de trabajo conjunto entre la
banca multilateral de crédito (Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo), el
gobierno y organizaciones no gubernamentales en zonas de catástrofes y de conflicto
armado, tales como el FOREC (Fondo de reconstrucción del eje cafetero) y el Programa de
Desarrollo y Paz del Magdalena Medio que lidera el CINEP.
No todos los recursos financieros de la asistencia norteamericana entrarán al país. Una
alta proporción se queda en compra de material bélico a empresas norteamericanas y
contratación de mercenarios de éste país que vendrán a combatir en Colombia. Como bien
se sabe actualmente hay una presencia en el país de 250 militares y 100 empleados
contratistas, pero el número puede subir hasta 500 soldados de los Estados Unidos y 300
civiles (exmilitares, en su mayoría) según los acuerdos entre los dos gobiernos. De
hecho, la ejecución de los US$1.300 millones de dólares aportados por los Estados Unidos
al Plan Colombia ha desatado una carrera en las firmas norteamericanas proveedoras de
material bélico y de servicios para poder quedarse con parte de los recursos financieros:
Bell-Textro y United Technologies Sikorsky Aircraf han firmado contratos para enviar 18
nuevos helicópteros Blackhawks y 42 renovados Super Huey II y existe la solicitud de 14
más por parte del Ministerio de Defensa colombiano, lo que suma el negocio para los
fabricantes de helicópteros más de US$600 millones de dólares; de otra parte, la
compañía de asesores militares "Military Personnel Resources INC" ya se
encuentra trabajando con las Fuerzas Armadas colombianas. La tendencia a condicionar la
asistencia financiera a la compra de material bélico a empresas norteamericanas y a usar
contratistas privados y asesinos a sueldo para adelantar la política exterior de los
Estados Unidos no es nueva. Cada pirata, bandido -todos los que quieren hacer dinero en la
guerra- están en Colombia, afirmó el asesor de un congresista en Washington(6).
La intervención norteamericana en el conflicto interno colombiano tampoco es nueva.
Durante la presidencia de John F Kennedy en los Estados se impulsaron las políticas
de contrainsurgencia en el marco de seguridad en América Latina, a partir de los años
sesenta en el siglo XX. La contrainsurrección son aquellas medidas militares,
paramilitares, políticas, económicas, psicológicas y cívicas adoptadas por un gobierno
con el fin de derrotar cualquier insurrección popular. De estas medidas hacen parte la
acción cívico militar, la desarticulación de la infraestructura de apoyo a la
insurgencia y la organización de la población para involucrarla en el esfuerzo bélico
de las fuerzas militares (paramilitares y autodefensas). De este modo, el Plan Colombia
igualmente reedita la agresión contra el campesinado colombiano ubicado en Marquetalia,
mediante un operativo militar dirigido por el gobierno norteamericano, denominado
"Plan LASO (LatinAmerican Security Operation)", llevada a cabo en el marco de la
Doctrina de Seguridad Nacional hace cuatro décadas, ahora la violencia se desata contra
los campesinos pobres del sur.
En Colombia la Doctrina de la Seguridad Nacional basada en el concepto del «enemigo
interno» ha orientado los manuales de las fuerzas armadas. Toklatian y Valencia analizan
los manuales de operaciones de las Fuerzas Militares y resaltan que no ha habido
modificación en la noción de enemigo interno y que éste puede ser confundido con
población civil aunque no participe en la confrontación(7). Ello ha conducido a un
rápido crecimiento de los gastos militares en Colombia. En 1980 fueron de US$499 millones
de dólares, en 1985 de US$660 millones, en 1989 de US$1.053 millones, en 1992 se
acercaron a US$1.500 millones(8) , en 1998 alcanzaron los US$3.000 millones y para el año
2001 supera esta última cifra, sin incluir los recursos de la asistencia bélica
norteamericana.
El proceso de militarización de la sociedad colombiana se aceleró a partir de las dos
últimas décadas del siglo XX. En los años noventa, según la Comisión de
Racionalización del Gasto y de las Finanzas Públicas, la difícil situación de orden
público, unida al notable incremento de los salarios del personal activo y retirado,
determinó que los gastos dedicados a Defensa y Seguridad crecieran a un ritmo promedio
anual del 8,9% muy superior al del PIB. Entre 1985 y 1995, el personal vinculado al sector
defensa y seguridad pasó de 165.000 personas a más de 303.000(9) y para el 2001 el
gobierno aspira que con la nueva reforma del Ejercito y el incremento de los recursos de
financiamiento se cuente con unas fuerzas armadas cercanas a las 400.000 personas. En
consecuencia, los gastos en defensa y seguridad aumentan su participación en el PIB: en
1990 representaron el 2,1%, en 1995 el 2,4% y en el año 2000 el 3,5% (cuadro 5). En el
año 2001 el gasto en defensa y seguridad de $6,3 billones representa el 3,2% del PIB; no
obstante, al sumarle el 80% de los recursos norteamericanos en ayuda militar, $2,3
billones, el gasto total resultante es de $8,6 billones, esto es, 4,4% del PIB.
Cuadro 5
Fuerza Publica y Seguridad, asignaciones
presupuestales 1998-2001
| Concepto |
1998
|
1999
|
2000
|
2001
|
Crecimiento
anual |
Participación
PIB (miles de millones de pesos) |
<
| 99/98 |
00/99 |
01/00 |
1998 |
1999 |
2000 |
2001 |
|
| Gastos de personal |
2.192,8 |
2.615,2 |
2.843,9 |
3.007,0 |
19% |
9% |
6% |
1,55% |
1,72% |
1,64% |
1,53% |
| Gastos Generales |
782,2 |
851,2 |
874,1 |
786,2 |
9% |
3% |
-10% |
0,55% |
0,56% |
0,50% |
0,40% |
| Transferencias |
1.328,3 |
1.553,7 |
1.613,4 |
1.776,4 |
17% |
4% |
10% |
0,94% |
1,02% |
0,93% |
0,91% |
| Funcionamiento |
4.302,6 |
5.020,1 |
5.331,3 |
5.596,5 |
17% |
6% |
4% |
3,04% |
3,30% |
3,07% |
2,84% |
| Inversión |
330,0 |
445,7 |
759,3 |
756,7 |
35% |
70% |
0% |
0,23% |
0,29% |
0,44% |
0,39% |
| Total
presupuesto |
4.632,5 |
5.465,7 |
6.090,5 |
6.326,2 |
18% |
11% |
4% |
3,27% |
3,60% |
3,51% |
3,23% |
| Participación
en el presupuesto |
13,7% |
13,1% |
13,4% |
11,9% |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
Fuente: Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
Incluye presupuesto del Ministerio de Defensa, policía Nacional, DAS y Cajas de Retiro.
Lamentablemente, las armas que poseen las fuerzas de seguridad ayudan a aumentar
la violencia en lugar de disminuirla(10). Por otra parte, el poder militar destruye a
menudo el poder económico y social, ya que absorbe recursos que de otro modo se
invertirían en la economía, especialmente recursos intelectuales, de investigación y de
administración, como en la formación de capital humano y social(11).
La espiral perversa de violencia y gasto militar no termina allí. La complejidad de las
violencias en Colombia ha desarrollado numerosos ejércitos armados, por fuera del
establecimiento, que responden al paramilitarismo, las autodefensas, la insurgencia, las
empresas de vigilancia privada y la delincuencia común organizada. Existe también un
ejercito de ciudadanos armados. Para 1995 se estimaba en un millón de armas de fuego en
posesión legal de ciudadanos privados, fuera de las que tienen en su poder las fuerzas de
seguridad. Las armas ilegales ascendían a 5 millones, muchas de las cuales son robadas u
obtenidas mediante la corrupción de manos legales(12). En Colombia existe una suerte de
actitud «adictiva» por las armas, cuya demanda se inserta en una compleja matriz
política, económica, militar, social y cultural en la que gran número de conflictos
naturales que vive toda sociedad se lleva acabo aquí mediante el abuso de instrumentos
mortales(13). De hecho, solo el 10% de los 30.000 homicidios anuales se explican por la
confrontación política de grupos armados.
El Plan Colombia es un potente carburante para la violencia en el país. Dentro de la
confrontación política la insurgencia cuenta actualmente con cerca de 25.000
combatientes y el paramilitarismo con otros 12.000, con cubrimiento de todo el territorio
nacional. Si bien las guerras del siglo XX tuvieron como escenario principal el campo, las
del siglo XXI toman un carácter más urbano y regional, ahora que se ha desdibujado en
los procesos de globalización y descentralización las diferencias entre lo urbano y lo
rural.
Las milicias urbanas pueden multiplicar por dos estos ejércitos y empiezan a manifestarse
en las guerras por el control territorial, social, político y económico en Bogotá,
Medellín, Cali y Barrancabermeja y sus espacios de macroinflujo. Los ingresos de estos
ejércitos se calculan en más de US$1000 millones de dólares al año cada uno extraídos
de los circuitos económicos, legales e ilegales, del país. En resumen, teniendo en
cuenta solo los tres ejércitos (aparato de defensa y seguridad del gobierno, insurgencia
y paramilitarismo) están incorporados de manera directa en la guerra el 3% de la
población ocupada a escala nacional (13,4 millones de personas) y consumen el 6,7% del
PIB (asumiendo un gasto directo en la guerra de $13 billones).
El Plan Colombia implica un cambio tecnológico y una profundización de la guerra. Si
bien la asistencia norteamericana desequilibra temporalmente las fuerzas en conflicto, en
el mediano plazo se restablece el equilibrio a un mayor costo económico, social y humano
y con mayor poder de destrucción y desestabilización, teniendo en cuenta: i) en un
mercado neoliberal y globalizado el acceso a material bélico está al alcance de todos
los grupos en conflicto; ii) el avance en la tecnología militar ha hecho indiferente la
distinción entre armas livianas y pesadas en la capacidad de daño; iii) la oferta de
armamentos es bastante elástica, las economías industriales dependen en un porcentaje
importante de las industrias de guerra para la generación de empleo y obtener cambios
tecnológicos e ingresos; iv) la oferta creciente de material bélico se ha traducido en
una baja significativa
de precios; v) los desarrollos tecnológicos y de estrategia militar han hecho
irrelevantes las fronteras tradicionales entre guerras convencionales e irregulares, y la
capacidad destructiva ya no depende del número de combatientes sino de su eficiencia y
eficacia dada por el acceso a tecnologías de punta; v) siguiendo la tradición de los
conflictos bélicos modernos, la guerras se librará, cada vez más, contra la economía y
la infraestructura del estado y contra la población civil; VI) el frente fiscal de los
grupos en conflicto no tiene mayores problemas en el mediano plazo para generar ingresos
dado el tamaño de la economía subterranea (una tercera parte del PIB oficial) y los
ingresos que genera una economía de mediano desarrollo y la alta participación de las
empresas transnacionales en la explotación de los recursos naturales y el financiamiento
de las fuerzas en conflicto(14).
De otra parte, en Colombia las dinámicas de ocupación y movilización territorial de la
población han dependido de las relaciones de poder, del conocimiento y valoración de los
recursos naturales, la pobreza y el agotamiento de los ecosistemas, el crecimiento
demográfico y los ciclos de la economía según productos, regiones, demandas en los
mercados internacionales y los flujos de inversión extranjera. Procesos acompañados de
guerra y crónicos conflictos sociales y políticos que mediante la violencia han
desplazado históricamente a la población rural para usurpar sus tierras ante las
expectativas de la valorización de los activos.
Durante la última década, con el cambio en el modelo de desarrollo y la hegemonía, la
apertura económica y la hegemonía de la tecnocracia neoliberal en el Estado, la entrada
de capital extranjero ha tenido un flujo continuo y creciente orientado a adquirir los
activos públicos que tecnócratas y políticos han regalado a una tercera parte de su
valor en el mercado (empresas públicas de servicios, fuentes generadoras de energía,
entidades del sector financiero, hidrocarburos y minería); igualmente vienen
monopolizando los sectores más dinámicos de la economía (financiero, comunicaciones,
químico, energético, transporte, servicios) y apropiándose de los recursos naturales y
la biodiversidad del país.
En los últimos diez años la legislación se ha adaptado para aumentar la tasa de
ganancia de las transnacionales y el sector financiero, facilitar la salida de utilidades
y cubrir los riesgos de la guerra. Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea concentran
más de la mitad de la inversión extranjera en Colombia(15), de allí su interés en el
desarrollo del conflicto interno (cuadro 6). La paz hace parte de la economía política
de la guerra. El discurso de la paz sirve también para la consecución de recursos
financieros externos, obtener preferencias en los mercados internacionales, ganar
solidaridades políticas y posicionarse estratégicamente en el conflicto.
Cuadro 6
Inversión extranjera en Colombia según origen, US$ dólares no
incluye petróleo.
| Año |
América del Norte |
Participación % |
Europa |
Participación % |
Total inversión |
| 1992 |
104.643.232 |
29,90% |
114.663.421 |
32,70% |
350.478.846 |
| 1993 |
159.840.733 |
36,60% |
73.856.284 |
16,90% |
436.497.175 |
| 1994 |
802.339.092 |
57,70% |
260.651.033 |
18,80% |
1.389.455.531 |
| 1995 |
641.375.151 |
41,00% |
271.946.408 |
17,40% |
1.563.136.462 |
| 1996 |
597.825.635 |
27,50% |
813.561.318 |
37,50% |
2.172.202.550 |
| 1997 |
1.120.455.775 |
32,10% |
433.147.109 |
12,40% |
3.493.688.515 |
| 1998 |
-144.054.744) |
-3,60% |
188.212.116 |
4,80% |
3.951.298.974 |
| 1999 |
834.801.368 |
21,00% |
1.229.898.233 |
30,90% |
3.974.407.022 |
Fuente: DNP con base en información Banco de la
República.
3. Sociedad civil y economía política de la guerra.
La sociedad civil colombiana se encuentra cada vez más polarizada y atomizada. La guerra
profundiza la ruptura social, la anomia y los enfrentamientos ideológicos entre los
defensores del establecimiento y los que promueven una transformación de carácter
societal y global. Producto de esta situación se asiste a una intensificación del
corporativismo, por el cual cada fragmento de la sociedad se aferra a sus intereses
particulares en detrimento del «bien común», en un contexto de guerra civil permanente
dominada por un choque de sectores de población contrapuestos y sin centro.
La violencia, la exclusión, los asesinatos, la crisis humanitaria, los recursos públicos
hacen parte de los negocios dentro de la economía política de la guerra. Un alto sector
de la población encuentra allí, igual que con la guerra civil, su fuente de empleo y
sustento económico. Ante un Estado a punto de colapsar y sin legitimidad sectores de los
más diversos ámbitos se cierran en la defensa del establecimiento o se transforman en
autodefensas y paraestados. Esto es sintomático en el caso extremo de los defensores de
los derechos humanos, un amplio sector se une bajo intereses corporativistas y
tecnocráticos, legitima el discurso formal del Estado frente a los derechos humanos y su
renuencia a garantizarlos efectivamente, presiona por participar en el presupuesto
público(16) y excluye las organizaciones populares y sociales contrarios al régimen
político y al modelo de organización social, económica y política. La crisis y la
guerra han generado un proceso de derechización en los sectores medios y emergentes de la
sociedad colombiana y dentro de estos sectores de las organizaciones de la sociedad civil
proestatales, de la academia y la intelectualidad. Con la economía política de la guerra
se conforma una burocracia nacional e internacional que media los conflictos y trabajando
por interese personales suplantan a los sectores sociales de base a la par que acrecientan
su poder de negociación entre los sectores en conflicto en reemplazo de una democracia
directa y popular.
En efecto, la recesión que experimenta la economía colombiana desde 1996, profundizada
por las políticas macroeconómicas abiertamente favorables al gran capital y la gestión
del Estado proclive a los intereses corporativistas explican los actuales niveles de
desempleo, pobreza y concentración de la riqueza y el ingreso. El crecimiento anual del
PIB pasó de crecer por arriba del 5% entre 1993 y 1995 a una caída del 4.8% en 1999. La
pobreza por ingresos aumentó de 51.7% en 1993 a 56.3% afectando a cerca de 24 millones de
personas; en las zonas urbanas el índice de pobreza es de 47.2% y en las zonas rurales
79.6%. El número de pobres aumentó en 2 millones entre 1997 y 1999.
La concentración del ingreso y la riqueza igualmente ha aumentado en estos últimos
años, tanto que el país junto a Brasil exhibe uno de los índices más altos de
desigualdad en América Latina. El 50% más pobre de la población participa actualmente
con una parte menor de los ingresos que hace diez años; en contraste, los más ricos han
mejorado su participación y la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre se
incrementó de 52.1 a 78.4 veces entre 1991 y 1999(17) (ver cuadros 7 y 8). La tasa de
desempleo abierto se elevó de 8.7% en 1995 a 19.5% en 1999; para el 2000 se espera un
crecimiento del PIB de 3% pero sin generar nuevos puestos de trabajo, teniendo en cuenta
que el desempleo se acerca este año al 21%.
Cuadro 7
Colombia: contexto económico y social 1991-2000
|
| Año |
Crecimiento
PIB% |
Tasa
desempleo |
Pobreza
por ingresos |
Concentración
de
ingresos
Gini-personas |
| Total |
Urbano |
Rural |
Total |
Urbano |
Rural |
| 1991 |
2.4 |
9.8 |
53.8 |
47.3 |
68.4 |
0.548 |
0.527 |
0.504 |
| 1992 |
3.8 |
9.2 |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
| 1993 |
5.3 |
7.9 |
51.7 |
43.6 |
70.7 |
0.562 |
0.534 |
0.505 |
| 1994 |
5.3 |
7.6 |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
| 1995 |
5.4 |
8.7 |
- |
- |
- |
- |
- |
- |
| 1996 |
2.0 |
11.9 |
52.8 |
42.8 |
77.4 |
0.544 |
0.503 |
0.503 |
| 1997 |
3.2 |
12.1 |
50.3 |
39.1 |
78.9 |
0.555 |
0.524 |
0.497 |
| 1998 |
0.6 |
15.7 |
51.5 |
41.8 |
75.8 |
0.563 |
0.525 |
0.565 |
| 1999 |
-4.8 |
19.5 |
56.3 |
47.2 |
79.6 |
0.556 |
0.522 |
0.539 |
| 2000 |
3.0 |
20.8 |
60.1 |
- |
- |
0.562 |
- |
- |
Fuente: Dane y cálculos DNP-UDS-DIOGS, SISD boletín Nº
26;año 2000 cálculos del autor
Cuadro 8
Participación de cada decil en
el ingreso. Personas/nacional 1991/1999
| Deciles |
1991 |
1993 |
1996 |
1997 |
1998 |
1999 |
| Decil 1 |
0.92 |
0.74 |
0.63 |
0.63 |
0.63 |
0.58 |
| Decil 2 |
2.09 |
1.78 |
1.96 |
1.98 |
1.95 |
1.87 |
| Decil 3 |
2.94 |
2.58 |
2.88 |
2.94 |
2.79 |
2.81 |
| Decil 4 |
3.84 |
3.43 |
3.82 |
3.89 |
3.68 |
3.75 |
| Decil 5 |
4.81 |
4.41 |
4.83 |
4.98 |
4.69 |
4.82 |
| Decil6 |
5.98 |
5.60 |
6.11 |
6.38 |
5.92 |
6.14 |
| Decil 7 |
6.54 |
7.11 |
7.78 |
8.19 |
7.54 |
7.92 |
| Decil 8 |
9.86 |
9.50 |
10.41 |
10.88 |
10.17 |
10.56 |
| Decil 9 |
14.08 |
13.96 |
15.23 |
16.09 |
15.55 |
16.07 |
| Decil 10 |
47.93 |
50.90 |
46.36 |
44.05 |
47.09 |
45.49 |
Fuente: Cálculos DNP-UDS-DIOGS, con base
en Dane, SISD boletín Nº 26
En consecuencia, el mejoramiento en las condiciones de vida de los colombianos se
ha estancado o ha involucionado. A partir de 1996 se observa en todo el país, tanto en
zonas urbanas como rurales, para los tres primeros deciles de la población una pérdida
en el Indice de Calidad de Vida -ICV. La actual coyuntura ha causado un estancamiento en
los indicadores de progreso del país(18). Las políticas macroeconómicas y fiscales
igualmente han conducido a un empobrecimiento de la clase media. La crisis económica
tiene como
una de sus principales causas la caída de la demanda producto del alto desempleo, la
quiebra de pequeños y medianos empresarios y el empobrecimiento generalizado de la
población.
Distribución de las preferencias políticas.
| Preferencia |
Porcentaje |
| Más de derecha |
31% |
| Más de izquierda |
12% |
| Ninguno |
37% |
| NS/NR |
20% |
Preferencia de la izquierda respecto a la guerrilla.
| Preferencia |
Porcentaje |
| Izquierda sin guerrilla |
75% |
| Izquierda con guerrilla |
21% |
| NS/NR |
4% |
Preferencia de la derecha respecto al paramilitarismo.
| Preferencia |
Porcentaje |
| Derecha con paramilitarismo |
27% |
| Derecha sin paramilitarismo |
61% |
| NS/NR |
12% |
Colombia: Preferencias Políticas año 2000.
Población mayor de 18 años.
| Preferencia |
Total población mayor de 18 años |
% Participación en el total |
| Izquierda |
3.115.893 |
12,00% |
| Derecha |
8.049.390 |
31,00% |
| Centro |
9.607.336 |
37,00% |
| N.S./N.R. |
5.193.155 |
20,00% |
| Izquierda simpatías con
insurgencia |
649.144 |
2,50% |
| Izquierda no simpatizante |
2.336.920 |
9,00% |
| Izquierda no responde |
129.829 |
0,50% |
| Derecha simpatías con
paramilitarismo |
2.181.125 |
8,40% |
| Derecha no simpatizante |
4.907.531 |
18,90% |
| Derecha no responde |
960.734 |
3,70% |
| Total población mayor de 18
años en el 2000 |
25.965.773 |
100,00% |
| Total población en el 2000 |
42.321.386 |
- |
Fuente: cálculos propios con base en encuesta
Semana-Invamer Gallup
Octubre 2 de 2000, edición Nº 961; y proyecciones población DNP.
Para el año 2000 la población
colombiana alcanza la cifra de 42,3 millones de personas, el 71% se concidera urbana y el
29% rural. Los sectores populares y empobrecidos representan el 60% de la población, la
clase media, cada vez venida a menos, representa un 33% y los sectores de mayor riqueza el
7%. Las brechas entre ingresos, oportunidades y condiciones de vida son crecientes entre
sectores urbanos y rurales y en la piramide social. Espacialmente se ha conformado un
verdadero apartheid social y la ocupación territoral refleja no solo los odios y los
resentimientos, tambien la fragmentación socio-económica de la población.
La fragmentación igualmente es ideológico política, a pesar de que una quinta parte de
la población expresa un alto analfabetismo o desinteres político. Por preferencias
políticas, el 37% de la población mayor de 18 años ( 61,4% del total) se considera de
centro (o no sabe de qué lado del espectro está), un 31% de derecha y un 12% de
izquierda. Por la opción de la guerra, el 27% de la derecha se considera simpatizante del
paramilitarismo y en la izquierda solo un 21% favorece a la insurgencia (ver gráficos y
cuadro 9). Esto es, 2,8 millones de colombianos estaría por la confrontación armada y
23,1 millones por la salida negociada del conflicto. No obstante, frente a la pregunta
¿cuál vía es mejor para
solucionar el conflicto armado en Colombia? Una tercera parte de la población encuestada
elige la vía militar. La clase media es militarista, mientras que la alta y la baja son
más dialoguistas. A más baja clase social más personas se sienten de derecha(19).
La profundización de la crisis económica y las desigualdades sociales, unido al
escalamiento de la guerra que ocasionará la puesta en marcha del Plan Colombia,
polarizará aun más la sociedad colombiana. La polarización se siente en todos los
espacios de la vida cotidiana, laborales, públicos y privados. La clase media, indecisa y
amenazada en su vida económica y personal, es proclive cada vez más a salidas
militaristas. Los medios de comunicación igualmente atizan la guerra. Violencia y
negocios siempre han acompañado la guerra en Colombia. Los intereses estratégicos
europeos y nortemericanos sobre el territorio colombiano se involucran cada vez más en la
dialéctica del conflicto. Las transnacionales y el capital financiero agregan otro
ingrediente a la guerra civil. Otros, siguiendo la sentencia del Libertador Bolivar
"la única cosa que se puede hacer es emigrar", han optado por marcharse, más
de 4 millones de colombianos (10% de la población) se encuentran exilados, refugiados o
viviendo en el exterior, sin intenciones de regresar en el mediano plazo.
Entre tanto, el estilo de desarrollo se configura con mayor claridad: hegemonía del
capital financiero, economía rentistica, Estado parasitario, polarización y
enfrentamiento civil, entrega de la soberanía nacional a las transnacionales y a los
países hegemónicos, desarrollo forzado y excluyente, seudemocracia armada, aparato
militarista creciente y fragmentación socio política y armada del territorio. Lo único
en cuestión es la viabilidad de este modelo.
Notas:
1. Hobsbawm, Eric, (1996), Historia del siglo XX, Crítica, Grijalbo Mondadori, España,
p.23.
2. Renner, Michael, (1997), La transformación de la seguridad, en: La situación del
mundo, un informe del Worlwatch Institute, Icaria editorial, Barcelona, p. 219.
3. Aguirre, Mariano, (1998), prólogo a la edición española de Desarrollo en estados de
guerra, Oxfam-CIP, Barcelona, p.6; Semprún, Jorge y Longué, Olivier, (1999),
Geopolítica del hambre, prólogo, Icaria editorial, Barcelona, p. 14.
4. Ministerio de Hacienda y DNP, Op. Cit. P. 29-30.
5. Ibid, p. 67, cuadro 14.
6. Investigación del diario Orlando Sentinel sobre la ejecución de la ayuda a Colombia,
reproducido por El Espectador, martes 3 de octubre de 2000, p. 3ª.
7. Ver: Toklatian, Juan Gabriel y Ramírez José Luis, (1995), La Violencia de las Armas
en Colombia, Fundación Alejandro Angel Escobar, Tercer Mundo, Bogotá.
8. Toklatian y Ramírez, Op. Cit., p. 325.
9. Comisión de Racionalización del Gasto y de las Finanzas Públicas, (1997), Informe
Final, tomo I, Editoláser, Bogotá, pp. 99-100.
10. Garcia Peña, Daniel, (1995), Armas ligeras y conflictos internos en Colombia, En
Toklatian y Ramírez, op. Cit, p. 207.
11. Boulding, Kenneth, (1993), Las tres caras del poder, Paidos, España, p. 59.
12. Garcia Peña, Daniel, Op. Cit. P. 204.
13. Toklatian y Ramírez, Op. Cit. P. 325.
14. Naylor, R,T, (1995), Estructura y operación del mercado negro de armas, en: Toklatian
y Ramírez, editores, Op. Cit., p.p. 3-37.
15. El valor negativo de 1998 se explica por un traslado hacia el exterior de los fondos
de inversión por parte de Estados Unidos. En los últimos años es importante también la
salida de utilidades hacia el extranjero, en la medida en que maduran los proyectos o se
descapitalizan las empresas que fueron anteriormente adquiridas al sector público.
16. Los programas de protección incluye recursos para comunicaciones, transporte,
blindaje de oficinas, guardaespaldas entrega de armamento legal para la protección
individual. En el exterior el gobierno legitima su apariencia de defender los derechos
humanos mientras en el interior no toma ninguna medida efectiva. En la lógica en que cada
ser humano debe ser un defensor de los derechos humanos y que en Colombia todo el mundo se
encuentra amenazado, estos programas deben extenderse a la totalidad de la población.
17. DNP, SISD, Coyuntura económica e indicadores sociales, Boletín Nº 26, julio 2000,
p.22.
18. Ibid, p. 16-17.
19. Resultados de la Encuesta Semana-Invamer Gallup, con cubrimiento de Bogotá,
Medellín, Cali y Barranquilla, escogencia aleatoria entre hombres y mujeres mayor de 18
años. Revista Semana, octubre 2-9 de 2000, edición 961, Bogotá.
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