señales de vida

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Encuentro internacional de DDHH
"Plan Colombia Agravaria Crisis Humanitaria"
Alexis Ponce, vocero de la APDH / integrante del Grupo Civil de Monitoreo
Crónicas personales de Bogotá (APDH) ,15 Sep 2000


En medio de estrictas medidas de seguridad, todavía inusuales en la "isla de paz" (Ecuador), se realizó hace una semana en un hotel del norte bogotano, el evento "Agenda para superar la crisis humanitaria y de DDHH en Colombia", durante los días 7 y 8 de septiembre, que contó con la participación de 307 delegados de organizaciones de Derechos Humanos provenientes de 16 países, entre ellos Ecuador, cuya delegación estuvo integrada por dos desolados integrantes de la APDH y la Red de Hermandad y Solidaridad, REDHER, entidades que conforman el "Grupo Civil de Monitoreo de los Impactos del Plan Colombia en Ecuador".

En este encuentro, en el que participaron delegaciones de EEUU, Suecia, Francia, España, Chile, México y otras naciones, se procedió a evaluar con datos contundentes la política que en materia de DDHH ha llevado a cabo el gobierno de Andrés Pastrana y se analizaron mediante estudios comparativos, investigaciones de campo y documentos testimoniales, la realidad real de los derechos humanos en la tierra de "Betty la fea" y las consecuencias del Plan Colombia en un país cuya crisis humanitaria y de derechos humanos ha sido calificada por el Sistema de Naciones Unidas como "la más crítica del hemisferio occidental", crisis que hoy amenaza con extender a toda la región andina las derivaciones del conflicto interno, la intervención militar supranacional y la grave crisis humanitaria.

El cielo de Bogotá se confabula para recordar los muertos:

En medio de un aguacero pertinaz, nubarrones que ensombrecieron la capital colombiana y una inexplicable ola de frío, transcurrieron los dos días del evento, donde las desalentadoras cifras de la tragedia de DDHH y del drama humanitario que sufre Colombia, deprimieron, alarmaron e indignaron a los presentes.

Ya el discurso inaugural fue una señal de advertencia para tener una idea de la compleja realidad colombiana: los organizadores, entre ellos Coordinación Colombia-Europa-EEUU, la Comisión Colombiana de Juristas, la agencia de ayuda humanitaria Diakonía de Suecia, la Plataforma Colombiana de DDHH, Democracia y Desarrollo, la Escuela Nacional Sindical, el CINEP, el Grupo de Apoyo a Desplazados, GAD y la Corporación Región, colocaron un retrato que presidiría todo el evento, informándonos a todos y a todas que la fotografía le fue tomada al Dr. Héctor Pinzón, veterano defensor de derechos humanos "que tuvo la fortuna que no tienen los demás defensores de DDHH en Colombia: morirse de muerte natural".

La respuesta oficial a los asesinados: "Usen chalecos antibalas"

Las verdaderas dimensiones de la impune realidad colombiana pueden medirse en un hecho: al tiempo que Gustavo Bell, vicepresidente de la república, brindaba su discurso inaugural en este evento, dando cuenta de los avances del "Programa gubernamental de Protección a defensores de DDHH" y detallando los logros del "Plan Nacional de DDHH del Estado colombiano" (ojo, ONGs ecuatorianas), nuestro hermano, Alirio Uribe, destacado dirigente del "Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo", denunciando el asesinato cometido contra más de 30 defensores de DDHH en los últimos años y la total falta de garantías reales del Estado colombiano para el libre ejercicio de su labor humanitaria y para sancionar a los grupos paramilitares, nos informaba la decisión del Colectivo en devolver al ministro del Interior (de Gobierno en estos lares), los chalecos antibalas, las radios portátiles de comunicación rápida, las puertas blindadas para las oficinas de la entidad y un detector de explosivos que nunca les fue instalado a pesar de las promesas gubernamentales.

Todos esos equipos, el gobierno había entregado meses atrás a los defensores de DDHH más destacados de Colombia, en supuesto acatamiento a un enérgico llamado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, CIDH-OEA. Estos defensores de DDHH, cuyos nombres aparecen reiteradamente en las 4 listas de amenazados de muerte que circulan desde enero en el país, calificaron la política oficial como hipócrita, pues solo se ocupa de la supuesta e insuficiente protección a las víctimas, en tanto que no se ejerce ninguna medida de investigación y sanción a los victimarios (los paramilitares, que aparecen ligados a las FFAA en un informe del propio Departamento de Estado de los EEUU, según nos relatara Heinz Dieterich en Quito).

En palabras de un defensor de DDHH: "el Plan Colombia tiene un componente mínimo (el 1%) destinado a la supuesta defensa de los DDHH, mientras un 80% se dedica a armas para la guerra. No podemos ser cómplices de esta mentira aceptando chalecos que, a la hora de la hora, no han impedido un solo asesinato en Colombia, mientras los EEUU y el gobierno presumen del irreal respeto a los derechos humanos ante el país y la comunidad mundial".

Y ejemplos sobran en Colombia, como los magnicidios de los candidatos presidenciales Carlos Galán y Carlos Pizarro, liberal el primero, ex-jefe guerrillero el segundo, que fueron asesinados por sicarios que los mataron usando balas especiales que atravesaron sus chalecos antibalas y que burlaron a la veintena de escoltas y guardias de "seguridad".

La silenciosa tragedia de Colombia:

El registro de las agrupaciones de DDHH colombianas y del propio Sistema de NNUU indica que hay "dos millones de desplazados violentamente en una década, de los cuales quinientos mil se produjeron en el gobierno del Dr. Pastrana".

Si Kosovo, Sudán, Angola y Ruanda eran los lugares con mayores dramas humanitarios en el mundo, en 1999 Colombia pasaría al primer lugar, tragedia que Francis Deng, Representante de la ONU para Desplazados Internos, calificó en un informe escrito como "crisis humanitaria silenciosa, de atención insuficiente en el plano nacional e internacional, cuyo problema del desplazamiento es mayor en términos del número de personas que el de otras situaciones como Timor Oriental, Kosovo y Chechenia".

El Dr. Adam Isaacson, líder del Centro para la Política Internacional de Washington, grupo especializado en el estudio de la ayuda militar estadounidense a Colombia, informó que "7 de 8 ocho dólares del paquete aprobado por EEUU al Plan Colombia, se destinan a la compra de armas y a la ejecución de operaciones militares".

Cabe añadir que Colombia ocupa el tercer lugar en el mundo, después de Israel y Arabia Saudita, con el mayor monto de ayuda militar de la Casa Blanca.

El paramilitarismo

Datos de la agrupación de DDHH más importante de los EEUU, Human Rights Watch, parecen confirmar las investigaciones de la Comisión Colombiana de Juristas, CCJ, y del Centro de Investigación y Educación Popular, CINEP, regentado por sacerdotes jesuitas: "más del 60% de los crímenes cometidos en Colombia en los últimos dos años, son atribuidos a los paramilitares (grupos criminales formados por ganaderos, caciques locales y empresarios, en colusión con las FFAA), un 13% a las FARC (el mayor frente guerrillero), un 8% al ELN (el segundo frente guerrillero más fuerte de Colombia), lo que suma un 21% de crímenes atribuidos a la insurgencia, y finalmente un 15% obedece a operaciones combinadas entre ejército y grupos paramilitares".

¿Por qué si hasta los ochenta el ejército era responsabilizado del mayor número de masacres y asesinatos, en los noventa aparece en último lugar, y ahora los responsables mayores de esos hechos son los grupos paramilitares? (Autodefensas Unidas de Colombia, AUC) ?.

Es la nueva modalidad de terrorismo de Estado, mediante la cual se limpia la imagen del ejército y se aparenta que en Colombia el Estado es "la víctima, en la mitad del fuego cruzado y las atrocidades cometidas por guerrilla y paracos", como se les moteja a los paramilitares liderados por Carlos Castaño.

No hay que olvidar que hasta las autoridades norteamericanas exigieron hace pocos años atrás el desmantelamiento de la tenebrosa Brigada XX (Grupo de Inteligencia de las FFAA) al mando del ahora candidato presidencial Gral.(r) Harold Bedoya, por su participación en la creación y en operaciones encubiertas de los grupos paramilitares.

Algo parecido sucedió en El Salvador en la década del ochenta, donde el régimen de ropaje democrático aparecía como neutral en una aparente guerra entre la "guerrilla de extrema izquierda" y "los escuadrones de la muerte de la extrema derecha", cuando todo el mundo sabía que los escuadrones no eran otra cosa que una extensión del ejército salvadoreño.

Los paramilitares en Colombia tienen ya 20 años de permanencia, su origen se remonta al nacimiento del MAS (Muerte a Secuestradores), y la guerrilla lleva 40 años. La violencia política tiene más edad, su acta de nacimiento formal se inicia con el asesinato del dirigente Jorge Eliécer Gaitán en 1949, y desde allí aparecen los primeros brotes paramilitares. Los paras han sido responsabilizados junto al ejército de lo que en Colombia se denomina "genocidio político", es decir el aniquilamiento en la década de los noventa de más de tres mil militantes de la izquierdista Unión Patriótica y de 1.500 sindicalistas.

"El bipartidismo ha impedido, con el terror, cualquier alternativa política distinta en Colombia. En México fue el fraude. Aquí, la muerte. Llevan décadas turnándose el poder los conservadores y liberales, en tanto se mantuvo 30 años el estado de sitio ininterrumpido, cifra récord en el planeta. Es la democracia a la colombiana", nos indica un analista que prefiere guardar el anonimato mientras mira a todos lados cuando nos relata estas informaciones en el "hall" del hotelito.

"Lo que lograron con la masacre de la U.P. es que miles de muchachos prefieran irse a las montañas desde el 97 pa’cá", acota, a la vez que concluye: "el mayor responsable del crecimiento guerrillero en Colombia es el bipartidismo y la injusta distribución de la tierra".

Las cifras del terror:

Si en 1997 un promedio diario de 8 personas eran asesinadas en Colombia, en hechos atribuidos a paramilitares, guerrilleros, ejército y otros actores, en 1998 esa cifra aumentó a 10 víctimas cada 24 horas y entre 1999 al 2000, la tasa de muertes violentas ascendió a 12 diarias. Se conoce que más de 20 mil colombianos y colombianas han sido víctimas de asesinatos cada año.

La conclusión a la que llegaron las agrupaciones colombianas y los delegados internacionales, fue que la agenda de DDHH del Estado colombiano mantiene un abismo entre el decir y el hacer, simbolizado fundamentalmente en la impunidad que, según datos de la CCJ, llega al 98.7%, es decir casi el 100%, en los numerosos casos de asesinatos, masacres y violaciones a los DDHH y al derecho internacional humanitario cometidos por los actores del conflicto social y armado.

En medio de un conflicto interno que se agudiza y degrada día a día, resultan interesantes los datos investigados por defensores de DDHH de Cali:
Tanto las víctimas de masacres y asesinatos políticos, cuanto los muertos en enfrentamientos armados, suman un 34% del total de víctimas en todo el país.

El 66% restante obedecería a la violencia social y delincuencial, así como a la degradación de las relaciones ciudadanas en el campo y la ciudad.

Sicarios anti-deudas:
Al respecto, un investigador social del Valle del Cauca nos indica: "Hasta hace unos años, el que debía cuidarse era el que no pagaba sus deudas. Hoy el fenómeno del sicariato ha llevado a que quien deba cuidarse sea el acreedor, pues para evitarse los cobros, se ha hecho usual contratar sicarios que se encargan de eliminar a quien te presta los pesos. ¿Qué resulta más fácil: pagar una deuda de un millón de pesos, o contratar un pistolero por 20 mil?  Esa es la lógica y la 'ética' de la violencia".

La guerra, entonces, es uno de los factores, el más elocuente, de una situación social explosiva en un país que en 1999 ocupó la tasa más alta de desempleo en el continente, con un 20,3%, y con un promedio de una muerte cada 3 días por homicidios contra personas socialmente marginadas o, como se las califica en la calle, "desechables". Mientras tanto, nos informaban que diariamente 45 mil dólares se esfuman entre la corrupción del sector público y privado (Ecuador, según datos de Transparencia Internacional, como que supera esta cifra).

Guerra , crisis humanitaria y DDHH:

Según el CINEP y la CCJ: "los derechos humanos y el derecho humanitario son dos dimensiones complementarias, pero su confusión puede generar equívocos sobre las responsabilidades de cada uno de los actores del conflicto interno colombiano. Por un lado, la crisis humanitaria es el reflejo de la crisis del conflicto armado, en el cual todos los combatientes no asumen comportamientos de respeto a personas y bienes civiles, ni limitan sus medios y métodos de combate. Por otro lado, la crisis de derechos humanos es la crisis de la democracia, del respeto y garantía que debe asumir el Estado frente a los derechos humanos y libertades públicas".

Para ambas ONGs "la crisis de DDHH es estructural y la guerra interna profundiza las condiciones que afectan su vigencia, pero la guerra interna no es la causa fundamental de la crisis colombiana en materia de DDHH, sino uno de sus resultados".

El drama humanitario podría aumentar con la aplicación del Plan Colombia, así como sus peligros de regionalización. El GAD, Grupo de Apoyo a Desplazados, cita que a consecuencia de las operaciones militares y fumigaciones en el sur de Colombia, "serían afectadas aproximadamente 36 mil familias, que integran alrededor de 190 mil personas, creando un problema adicional de refugio masivo en territorios de los países vecinos, e internacionalizando así la crisis humanitaria".

La tesis ecuatoriana:
Los delegados ecuatorianos de APDH y REDHER (Grupo Civil de Monitoreo) expusieron que nuestro país es el más vulnerable a la crisis interna de Colombia y a los efectos del Plan que lleva su nombre.

En entrevistas con los principales medios de comunicación de Colombia: "El Espectador", "El Tiempo", "La República" y "El País" de España, Caracol, RCN (el canal de Betty la fea y de las "exclusivas" con "Charlie" Castaño, como le llaman), así como Univisión, y en las plenarias del evento, los ecuatorianos destacaron la presencia militar norteamericana en el país, el papel de la base de Manta, los temores de la población y los poderes locales de las provincias fronterizas, a la vez que propusieron organizar una red emergente de trabajo binacional entre ONGs de DDHH con la efectiva y transparente participación del sistema de Naciones Unidas/Ecuador para promover la defensa de la vida y la paz y la ayuda humanitaria en la zona fronteriza, así como un monitoreo regional de la situación colombiana y andina.

Propusieron una salida a este aparente callejón sin salida: que se avanzara unitariamente en la articulación de una estrategia regional de solución política negociada de paz al conflicto colombiano, con la intervención de los gobiernos de Brasil, Costa Rica y Venezuela, así como de la sociedad civil del área andina, más la cooperación y acompañamiento de varios gobiernos de Europa y ONGs de EEUU.

"Ya que la regionalización del conflicto y del drama humanitario son inminentes, regional debe ser la salida civil para la paz", argumentaron los delegados del Grupo de Monitoreo del Plan Colombia en Ecuador.

El derecho a las diferencias:
En este evento traslucieron un poco las diferencias formales entre organizaciones no gubernamentales colombianas que admiten la ayuda social para el país, pero no el componente militar del Plan Colombia; y aquellas que sostienen que ambos eslabones son partes de una estrategia integral que profundizará la guerra y la crisis humanitaria. En el evento se resolvió que continuara la presión nacional e internacional para revertir el Plan Colombia y avanzar el proceso de paz con la siguiente iniciativa: la realización de una cumbre mundial que se desarrollará en Costa Rica el 17 de octubre, para favorecer un plan alternativo al Plan Colombia y la solución de paz a su largo y complejo conflicto. El Grupo de Monitoreo está encargado de organizar la delegación ecuatoriana en el país.

Un italiano que habló claro:
La intolerancia política y social, llevada a límites insospechados, es quizás una de las facetas más graves de la situación de DDHH y del conflicto social y armado colombiano: "Se dice que en Colombia se mata no tanto por lo que se hace, sino por lo que se cree que se hace", dijo Francesco Vincenti, coordinador residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, en su inteligente y aplaudida ponencia de clausura, ponencia que admiró a propios y extraños por su frontalidad, cuando acotó:

"El capitalismo salvaje promueve la guerra en Colombia" (Que hablaran así de bonito los residentes en Ecuador...)

La decepción tiene doble vía:
Las poco agradables historias de la guerrilla colombiana, tampoco podían pasar desapercibidas. Los ojos de algunos dirigentes sociales, empañados con una rara nube de desesperanza y desaliento, daban más elocuencia triste a sus testimonios:

"Ya no se puede hablar de una guerrilla romántica, estilo Che, en Colombia. Lo fueron antes, hace mucho tiempo. Eran los tiempos de Marulanda (líder histórico de las FARC), de Camilo Torres (sacerdote del ELN), de Bateman (líder del extinto M-19). Ahora al "Mono Jojoy" (el jefe militar de las FARC) le mandaron a callar unos meses por las barbaridades que dice o hace", nos confiesa una hermosa defensora de DDHH de Cali.

Añade un investigador social bogotano: "Ya nadie cree que una buena parte de la guerrilla no viva del boleteo y del impuesto a los productores de droga. Pero es que quién no tiene conexión con la coca en Colombia... lo tienen presidentes, senadores, alcaldes, generales, políticos, empresarios, futbolistas, artistas, paracos y guerrilleros. Y qué decir del secuestro: la gente repudia ese método. Acá la delincuencia común hasta ha llegado a inventarse el secuestro por horas.

Pero la guerrilla secuestra en grande: ya no solamente a los ricos, sino a la clase media. Ese empezó a ser el fin del apoyo urbano a la guerrilla. En el Caguán les mandan a cortar el pelo a los jóvenes, el estilo del corte es de ellos, cortito. Se nota un ambiente autoritario que no puede ser sino la expresión de 40 años de vivir en guerra, pero que también hace trizas la utopía que alguna vez convocó desde la montaña a toda Colombia, para luchar por un futuro distinto".

"Hoy la gente quiere la paz a cualquier costo, lo que es peligroso porque la paz no puede significar injusticia, pero es que ya no se soporta la guerra, la gente ya está harta acá", añade otro activista de Barrancabermeja. "Los ‘elenos’ (ELN) son un poco diferentes", sostiene un dirigente social y termina: "pero las cosas en Colombia se han degradado tanto que nadie cree en nada. ¿Qué respuestas puede haber de la guerrilla a los recientes enfrentamientos armados entre las FARC y el ELN? Se matan a tiros, como enemigos, se llegan a torturar los heridos. No, eso no se hace entre compañeros. Eso no era la guerrilla de antes".

Algunos amigos de México y Chile, que tienen un Marcos o que tuvieron un Miguel Enríquez de orgullosos iconos rebeldes, mueven tristes sus cabezas, en señal de decepción. "Vamos, yo invito el aguardientico..." nos dice un veterano líder social, que no puede ocultar la tristeza, esa profunda tristeza que Colombia, mujer sabia, no se deja ver en su bulliciosa, descomunal alegría cotidiana.

"El gran ausente":
El acto de clausura, lleno de bote a bote, fue empañado por la visible ausencia, expresada en sus sillas vacías, de las autoridades gubernamentales, del Defensor del Pueblo y del Fiscal General de la Nación.

Días, e incluso horas antes, habían ratificado su presencia. El incumplimiento hizo que los asistentes expresaran su preocupación por la falta de voluntad política del Estado colombiano en el tema más grave: su terrible realidad de DDHH y crisis humanitaria.

Casi al acabarse el evento, llega atrasado un señor Félix Benavides, segundo secretario del segundo Vicefiscal de la Nación, funcionario sin poder de decisión que habló 3 minutos y 15 segundos sobre los logros del gobierno en materia de DDHH y que se retiró de inmediato sin recibir un solo aplauso.

"Era previsible la ausencia del gobierno, siempre es igual", dice uno de los defensores de DDHH que, en acto de respetable valentía, devolvió su chaleco antibalas al gobierno, añadiendo: "será responsabilidad exclusiva, no del chaleco, sino del Estado colombiano, lo que nos ocurra desde hoy en adelante".

Finalmente se nos informa la decisión del presidente Clinton de suspender la cláusula condicional de ayuda militar estadounidense a Colombia, que exigía el respeto a los DDHH, el fin de la impunidad y la desarticulación de los grupos paramilitares, como "requisitos" para recibir esa ayuda militar, bajo el argumento de que la Casa Blanca dará prioridad a la Seguridad Nacional de Colombia y de los propios EEUU.

La desafortunada noticia, que en el movimiento mundial de DDHH se ha leído como un mensaje funesto, por otorgar "luz verde" al ejército, selló este encuentro, matizado brevemente por un sol que, al cierre del evento, iluminaría la sombría tarde bogotana: el sol sería saludado pública y únicamente por la delegación ecuatoriana, en una intervención final que le convocó al corazón de esta mujer golpeada y bella, Colombia, y a sus ejemplares hijas e hijos, a seguir soñando con su esperanza, pese a la tristeza de la lluvia y de los pensares.

La muerte del último sobreviviente:
Mientras los delegados internacionales éramos despedidos con la música de una muchacha que nos regaló un cartelito del Caguán, una noticia transmitida por las radios locales nos devolvía al ruido de la lluviosa calle: una hora antes era asesinado Eliodoro Durango, el único dirigente sobreviviente del partido Comunista y la Unión Patriótica que, hasta esa tarde, seguía vivo en la famosa y brava Antioquia...

Cercanos a salir, en el aeropuerto internacional El Dorado, miramos que los canales de televisión, por contraste, pasaban las declaraciones del ministro de Defensa, que en una sesión del Congreso admitió ¿con valentía u oportunismo? los vínculos entre "paras" y ejército, pero que exigía a toda la sociedad que también reconozca autocríticamente que las AUC son financiadas por empresarios, ganaderos, políticos y una buena parte de la mismísima sociedad civil de Colombia.

Castaño le respondería de inmediato, en grandes espacios concedidos por la T.V. colombiana, que "eso" no era un secreto para nadie.

"No hay cielo como el de mi Quito" (sí: el de mi Bogotá...)

Tras 4 horas de espera y aguacero, y después de 70 minutos de vuelo, aterrizamos en la capital de la "isla de paz". Ecuatorianos cabizbajos deportados de Francia, esbeltas bogotanas de visita al país, otavaleños de regreso al terruño, racistas hijitos de papá quejándose del "olor a indios", empresarios yuppies con sus celulares y ordenadores prendidos, la más hermosísima muchacha alemana que hayan visto los vuelos de Avianca (y que no sabía gota de español), y un suspirante activista de DDHH que, a su lado, rogaba porque el avión no aterrizara nunca (y que, a su vez, no sabía gota de alemán, creyendo leer Eva Braun o "Froilan" Morissette en su papeleta de migración), recibimos del gris y sombrío cielo de Quito, su obsequio igualitario de las 7 de la noche: una lluvia que, sin embargo, me parecía tan distinta, tan otra, tan ella...

Alexis Ponce * (vocero de la APDH / integrante del Grupo Civil de Monitoreo)

La responsabilidad de esta crónica es absolutamente personal. No expresa el punto de vista de la APDH del Ecuador ni del Grupo Civil de Monitoreo.

 

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