DE LA NOSTALGIA: ESTUDIO DE SEMÁNTICA LÉXICA
Algirdas Julien GREIMAS
Footfalls echo in the memory
Down the passage which we did not take
Towards the door we never opened
Into the rose-garden.
T.S. Eliot, Burnt Norton
Preliminares
La aplicación de un punto particular de la teoría hjelmsleviana, según la cual las definiciones no son más que expansiones de denominaciones y, por ello, substituibles unas por otras, permite hacer un buen uso de los diccionarios y, más generalmente, del nivel léxico de las lenguas naturales con vistas a investigaciones semánticas que apunten a comprender mejor su funcionamiento discursivo. Las precauciones necesarias ―las definiciones de los diccionarios de uso corriente no son siempre construidas con tιrminos rigurosos― se imponen por sν mismas. Así, nos vemos a menudo llevados a completar este acercamiento metodológico introduciendo en él elementos de análisis sémico, reformulando los segmentos definicionales de los diccionarios en términos de estructuras actanciales y narrativas, en una palabra, inscribiendo el estudio léxico en el marco epistemológico y metodológico más general.
Las definiciones de «nostalgia»
La primera definición de «nostalgia» que da el Petit Robert puede fácilmente ser descompuesta en tres segmentos-enunciados:
//«Estado de decaimiento y de languidez//
La segunda definición, aunque lexicaliza de otro modo sus componentes, permite reconocer la misma distribución ternaria:
//«... melancólico...//
Es fácil ver que están implicados:
Se trata, pues, de una construcción sintáctica en tres niveles que, a pesar de la «causalidad» ―que nos gustaría interpretar como presuposición lógica― exhibida entre ellos, se presenta de manera concomitante como una superposición jerárquica. Conviene examinarlos uno a uno.
Estado de decaimiento
Al continuar el procedimiento de substitución de denominaciones por sus definiciones, se observará en primer lugar, refiriéndose al diccionario, que se trata del «estado de decaimiento de una persona», lo que nos recuerda oportunamente que nos encontramos en presencia de un enunciado de estado dotado de un sujeto patémico.
Si la definición de decaimiento como un «estado de quien decae» no es sino un reenvío al verbo, decaer, por el contrario, se explicita como «debilitarse por consunción gradual». Además, la definición de decaimiento está consolidada por una serie de parasinónimos: «Debilitamiento, adelgazamiento, anemia, agotamiento, languidez», que volvemos a encontrar casi tales cuales cuando se trata de consolidar la de languidez, e incluso la de melancolía. Es interesante constatar que estos dos últimos lexemas comportan un primer sentido, arcaico, de estado patológico de naturaleza somática y denotan así, según Descartes, una pasión del cuerpo: sólo después, por transposición «metafórica», designan una pasión del alma, un patema stricto sensu.
De su lado, los parasinónimos enumerados comportan todos un rasgo común, el de /disminución/ ―disminuir significa «volverse menos grande», mientras que los antónimos de languidez: «Actividad, animación, ardor, calor, fuerza, vida, vivacidad» nos informan sobre el valor semántico que sufre esta disminución: se trata de uno de los términos del par de universales semánticos /vida/ vs /muerte/. El «estado» que intentamos describir es, por consiguiente, el paso gradual de un estado a otro: el devenir, tan caro a Bernard Pottier, no puede ser aprehendido sino de esta manera en el nivel categorial. Sólo al pasar al nivel discursivo más superficial, es decir, luego de su inscripción en el discurso, la articulación categórica formulada como «estados» se halla aspectualizada y se presenta como un proceso que se puede formular así:
/vida/ → /duratividad/ → /distensividad/ → /muerte/
en el que vida y muerte representan los términos de una categoría semántica, y duratividad y distensividad las notaciones aspectuales.
El pesar obsesivo
Esta disminución gradual de las fuerzas vitales por la cual se define, en primer lugar, la nostalgia, es causada por el «pesar obsesivo». Conviene, pues, examinar ahora el semantismo de este lexema, volviendo más tarde al carácter «obsesivo» que lo sobredetermina.
En la definición del pesar: «Estado de conciencia doloroso causado por la pérdida de un bien», podemos distinguir dos instancias, sino dos estados:
/a/ Estado de conciencia
/b/ Estado doloroso
Estado de conciencia
Este «estado de conciencia», que es el «reconocimiento inmediato de su propia actividad psíquica», depende de la dimensión cognitiva ―o mαs bien de su nivel meta-cognitivo―, puesto que se trata del saber que recae sobre su propia cogniciσn ―de la aprehensiσn de la significación. Estamos, pues, en presencia de un sujeto metacognitivo que domina desde arriba un «estado de cosas» cognitivo. Éste no es otro que la aprehensión de la «pérdida de un bien», es decir, de la disjunción del sujeto y del objeto de valor al cual estaba precedentemente conjunto. La estructura de la comparación de dos estados del sujeto ―conjunto y disjunto― efectuada por el metasujeto, que parece situada sobre el eje de la temporalidad,
S Ç
Ov S È
Ov
―――― → ――――
debe, pues, ser destemporalizada y el pasado presentado bajo la forma de un simulacro cognitivo para poder ser confrontado con el presente marcado por una ausencia. El sujeto cognitivo de carencia, estado bien conocido desde Propp, lexicalizado aquí por pérdida (con sus parasinónimos: desgracia, privación, perjuicio, daño, etc.), se encuentra entonces connotado, sobre la dimensión tímica, por la disforia, «estado doloroso» del diccionario.
Estado doloroso
El dolor (moral), definido como «sentimiento o emoción penosos que resultan de la insatisfacción de las tendencias, de las necesidades», el cual desdobla así la carencia cognitivamente constatada, puede ser traducido por /disforia/ aspectualizada y, además, por la /intensidad/, cuyo grado será proporcional al valor del objeto perdido.
En el caso de la nostalgia, causada por el «pesar doloroso, obsesivo», la intensidad alcanza un grado agudo: el pesar obsesivo es el que «atormenta de manera incesante», el que «se impone sin tregua».
La aparición de estos verbos activos:
Atormentar, que denota al principio un hacer pragmático «torturar» que provoca «pasiones del cuerpo», e
Imponerse, que designa un poder ineluctable «que no puede ser rechazado», señala un trastorno que se introduce en el conjunto patémico descrito: vemos al sujeto disfórico de estado, a quien acabamos de descubrir bajo la cobertura léxica de pesar, transformarse, debido a su intensidad, en sujeto de hacer competente, puesto que está dotado de la modalidad de poder, pero no programado con vistas a la recuperación del objeto de valor, y cumplir performancias tímicas, presentadas como torturas a la vez durativas e iterativas sobre el sujeto de estado cuyo decaimiento provoca y persigue. El dispositivo así analizado ilustra muy bien un fenómeno todavía insuficientemente estudiado de semiótica narrativa ―la transformación del sujeto de estado en sujeto de hacer― y permite incluso preguntarse ―siguiendo en esto las sugestiones de Jacques Fontanille― sobre la posibilidad de considerar la existencia autσnoma de una dimensiσn tímica de la narratividad.
El simulacro convocado
Nos queda todavía por examinar más de cerca la naturaleza y la forma del «bien» cuya pérdida ha provocado estas perturbaciones patémicas. En el caso de nostalgia, su primera definición la presenta como «el pesar obsesivo
―del país natal;
―del lugar en el que se ha vivido largo tiempo»,
es decir, de los objetos que, alejados en el tiempo y el espacio, son a la vez complejos y vagos: su representación figurativa puede evocar los paisajes familiares, las personas amadas, los momentos felices vividos. La segunda definición, mucho más general, habla del pesar «de una cosa pasada», insistiendo sobre el carácter cumplido, cortado del presente, de la «cosa», o bien del pesar «de lo que no se ha conocido»: si comprendemos bien, se trata en este caso de un vivido imaginario que no se ha conocido y que se hubiera querido conocer. Al pasar de la primera a la segunda definición, el deslizamiento del sentido se obtiene, como se ve, por la suspensión del sema de espacialidad y no retiene más que el alejamiento temporal que se trata de hacer presente.
Un examen más atento del contenido de pesar permite comprender mejor la naturaleza del objeto-simulacro que está en el origen de la nostalgia. Así, el pesar definido como la «tristeza / "estado moralmente doloroso"/
―de haber hecho o
―de no haber hecho (algo) en el pasado»
nos informa que el objeto de valor que se deplora se presenta ―o es interpretable― bajo la forma de un
programa narrativo que, una vez presentado y confrontado con el estado actual del sujeto, implica consecuencias enojosas. Hemos señalado ya que el «pesar por el país natal» contenía la evocación de una serie de simulacros narrativos de carácter figurativo, marcados por la conjunción con el sujeto. En los casos en que el PN es considerado como realizado (= pesar de haber hecho), el estado disfórico resultante de una carencia puede situarse sobre el plano ético y ser lexicalizado ya como remordimiento (= pesar «acompañado de vergüenza»), ya como arrepentimiento (que implica el «deseo de expiación y de reparación»). Pero puede estar desprovisto de este tipo de connotaciones y chocar simplemente contra un «estado de cosas» en el que el sujeto del querer o del deber se encuentra impotente para reactivar el programa de antaño.El caso de los PN no realizados (= pesar de no haber hecho) es más complejo: si, igualmente, puede tratarse sin duda alguna de un pesar de carácter ético, otros casos son posibles, en los que el PN inacabado, que implica motivaciones «subjetivas y afectivas» (cf. ensueño), parece depender de la isotopía de orden estético. Este género de PN ―presente en la última definición de nostalgia bajo la forma de notación sucinta de «deseo insatisfecho»― comporta una connotación eufórica: el sujeto del querer, teniendo un proyecto de vida y un programa de acción esbozado, se encuentra en un estado de espera feliz. El programa eufórico, si bien tropieza contra el no-poder o el no-saber de la conjunción con el objeto de valor deseado, guarda sin embargo las huellas de la felicidad entrevista y manifiesta, en la formulación de un «pesar melancólico», el término complejo /euforia + disforia/, en el que se conjugan el deseo revivificado, la impotencia de realización y el dolor del inacabamiento.
Dos condiciones complementarias son necesarias para que el simulacro narrativo que preside la instauración de la nostalgia alcance una generalidad suficiente: la suspensión del vínculo temporal que lo ata al pasado y el vaciamiento del objeto de valor que, permaneciendo como un objeto sintáctico pretendido por el sujeto, se vuelve susceptible de recibir investiduras axiológicas cualesquiera. «La nostalgia es el deseo de no se sabe qué», dirá Saint-Exupéry. Sin ir tan lejos, podemos decir que el sujeto del querer, en su búsqueda de la «dicha de estar triste» ―es asν como Hugo define la melancolνa―, goza de una cierta libertad en la elección de los valores con los que alimentará su imaginario.
Recapitulación
El dispositivo instalado para producir el «estado de alma» pasional complejo que es la nostalgia puede así ser representado como un encadenamiento de estados y de operaciones ligados entre sí, si se considera el estado resultante como la superposición sincrónica y el sincretismo del conjunto de trastornos patémicos, por una serie de presuposiciones, constitutivas de una anterioridad [amont] generativa. La base de este andamiaje que es el «estado de decaimiento» ―que no es de hecho un estado, sino un proceso durativo― es el lugar de un hostigamiento iterativo, efectuado por un sujeto de hacer disfσrico, surgido de una disforia intensa que connota la operaciσn cognitiva de comparación efectuada por el metasujeto, quien pone frente a frente la posición narrativa del sujeto aprehendida en su hic et nunc con el simulacro narrativo convocado, portador de una euforia primera: es la inadecuación de los dos programas narrativos lo que desencadena el proceso acumulativo que desemboca en la angustia del sujeto discursivo en un momento de su recorrido.
Tal descripción, que no se apoya sino sobre definiciones del diccionario incompletas y elípticas, no puede pretender darse como un modelo exhaustivo y fiable de la nostalgia. No obstante, traza, a grandes líneas, la configuración de conjunto de un actor discursivo-sujeto, el cual puede ser considerado como un englobante en cuyo interior se producen acontecimientos tímicos que ponen en juego a sujetos sintácticos diferentemente modalizados y hacen surgir estados patémicos determinables. La semiótica puede entonces intentar postular la existencia de una dimensión tímica de la narratividad, autónoma y sintácticamente articulable, que le permita emprender la descripción de las actividades particulares que constituyen «la vida interior» del hombre.
Un estudio semántico basado en los datos léxicos sigue siendo, sin embargo, incompleto, aunque no fuese sino porque no permite extender el análisis a las dimensiones del contexto discursivo y preguntarse sobre la situación ab quo de ese desembrague particular que proyecta al sujeto hacia un afuera [ailleurs] que él convoca y reembraga, desdoblando así su recorrido pasional en una isotopía imaginaria. Si algunos ejemplos bien conocidos de una tal convocación ―la magdalena de Proust, los sonetos de Buñuel en Belle de jour― vienen cuasi espontαneamente a la mente, su mecanismo, que recurre a diferentes σrdenes sensoriales, permanece oscuro.
Para concluir, como lexicólogo
Este breve estudio es también una búsqueda de método. La explotación de los datos léxicos, por la simple razón de que el nivel lexemático del lenguaje se presenta como una condensación que subtiende en todo momento segmentos [panneaux] discursivos en expansión, parece inmediatamente rentable. Los fallos de las definiciones ofrecidas por los diccionarios corrientes introducen fluctuaciones que, por el momento, sólo los modelos narrativos de la semiótica parecen susceptibles de rectificar. Así, la descripción practicada, si bien abre la vía a la comprensión de la «nostalgia a la francesa», no autoriza quizás todavía deseables generalizaciones.
Tomado de:
Anne Hénault (dir.): Questions de sémiotique.
Paris: PUF, 2002.