DOCTRINA DE LA ORACIÓN

 

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Documento presentado para contribuir a la reflexión teológica sobre la vida devocional del Seminario Teológico Bautista “Dr. G. H. Lacy”

Por

Aliver de la Cruz Santana

 


DOCTRINA DE LA ORACIÓN

 

INTRODUCCIÓN.

 

            El presente documento tiene la aspiración de abrir un campo de reflexión sobre la oración como una doctrina clave de la fe cristiana.  En los últimos años he sentido el deseo de investigar esta doctrina porque pareciera que cada vez que hablamos de la oración hay más posturas y prácticas extrañas, no solo a la tradición cristiana sino aun peor a la palabra de Dios.

 

            Así que presento este breve escrito tratando de considerar seriamente la enseñanza bíblica sobre la Oración y desde esa plataforma criticar algunas prácticas contemporáneas.  Para ello se presenta un punto de acuerdo sobre la interpretación bíblica, la definición de la oración basada en la naturaleza de Dios, elementos bíblicos que sustentan la doctrina haciendo especial énfasis en las enseñanzas de Jesús, aspectos sobre la oración, el propósito y el alcance de la oración, algunas condiciones para que la oración sea contestada, se ve a la oración como un diálogo objetivo con Dios y finalmente algunos peligros contemporáneos en relación a la oración.

 

            Espero que al leer el este escrito podamos volver a apreciar la oración como lo espera Dios, como una comunión en la cual nos acercamos al Señor para dialogar con él, y que esta apreciación pueda llevarnos a ajustar nuestras vidas a la voluntad de Dios en todo.  Así mismo debo aclara que con lo que se presenta en este documento no se pretende agotar el tema pero sí abrirnos a reflexionar sobre él.

 

            Por otro lado deseo dedicar este documento a mi familia quienes me acompañan en esta aventura de vivir en comunión, diálogo y compañía con el Señor.  A mis alumnos quienes durante los años han escuchado mis opiniones, correcciones y observaciones sobre el tema de manera fragmentaria.  Ellos me han ayudado a madurar las ideas y comunicación sobre este tema.  Y también a los hermanos de la Iglesia Bautista “Monte Horeb”, quienes me han sido encargados por el Señor para ser enseñados y capacitados en los distintos aspectos de la vida cristiana.  Todos ellos son las personas que me inspiran a seguir leyendo, reflexionando y viviendo los descubrimientos que juntos hemos hecho en estos años.  Pues “uno de los mayores incentivos para dedicarse al estudios es llegar a comprender para ser capaz de explicar.”


I.          El Método Interpretativo[1].

            La premisa fundamental del método interpretativo que se sigue en este documento es que la revelación de Dios, de sí mismo y de su voluntad, es progresiva.  Su intención original para el ser humano se refleja en las instituciones de la creación tal como las describe Génesis 1 y 2.  Que la caída corrompió tal intención original en la humanidad y que ésta es restaurada por medio del Nuevo Pacto que cumple con la intención original de Dios en la Creación.

creación-caída-redención

Ä     Creación hace referencia a la iniciativa divina que se concretó en el establecimiento del cosmos y de un ambiente que proveía un contexto para la vida humana.

Ä     La caída se refiere a la obstrucción temporaria de los propósitos divinos como resultado de la rebelión humana contra la voluntad de Dios.

Ä     La redención apunta al aspecto del carácter de Dios que se niega a abandonar a los humanos caídos a las consecuencias de su rebelión.  Dios diseñó un plan para recuperar a los seres humanos para que su propósito creativo original se forjara en sus vidas y su destino comunitario.

            El Señor empezó a realizar esta obra de redención en el Antiguo Testamento, su propósito era preparar el escenario para el cumplimiento de aquello que sólo podía anticipar por fe y reflejar en sus instituciones (la posibilidad de tener comunión con Dios por medio de la ley ceremonial, los Sacerdotes y los Profetas).

            En el Nuevo Pacto, su fin era restaurar, mediante el ministerio de Jesucristo, los propósitos originales de la creación en la nueva comunidad que él estableció, la iglesia.

            De esta manera tenemos que la Biblia dice que la vida inició en el paraíso que evoca el jardín de Edén y que el destino final de los creyentes es el paraíso.  Si esto es cierto y estamos seguros que el destino final del creyente es tener eterna comunión con Dios, podemos suponer que el propósito para el cual fue creado el hombre fue que tuviera comunión con su creador.  De hecho eso es lo que sucede en Génesis 2.  El hombre es creado, se le establecen reglas de convivencia y Dios está al pendiente de sus necesidades, en continuo encuentro con su creación.  Lo pone en el huerto para que se sostenga de los frutos, para que lo cultive y cuide; lo ve solo, le provee compañía y ayuda en los animales de la creación, pero esto no le satisface al hombre así que le hace una compañera de su misma especie.  En este texto se nota a tal grado la comunión del hombre con Dios, que lo vemos trabajar para Dios y esperar que él resuelva la soledad, y el Señor llena esa soledad con su presencia y con la creación de una mujer.

            Con la caída, esa comunión se rompe, pero en capítulo 3 de Génesis es Dios quien busca a la humanidad rebelde, para restablecer la relación y es la humanidad quien rechaza a Dios.  Así que con la redención Dios restablece la relación rota por el pecado, se restablece la comunión.  Cuando hablamos de la oración (vida devocional) su esencia sobre todas las cosas es la comunión con Dios, y no debe ni puede ser minimizada en alguno de sus elementos.  Lo cual probaremos en este estudio, lo mismo que al final, habiendo planteado una amplia plataforma interpretativa criticaremos algunos peligros modernos en relación con la oración.


II.         Definición de la Oración.

            A.        Para Definir la Oración hay que Basarse en la Naturaleza de Dios.

                        1.         Nuestro Dios es una realidad Viviente.

            Jesús vivía en constante compañerismo con el Padre, él tenía más que una idea de Dios, tenía a Dios, le conocía por experiencia.[2]

                        2.         Para Jesús Dios era evidentemente personal.

            Él tenía los poderes esenciales para la vida personal; inteligencia, sensibilidad moral, y voluntad.  Podía pensar, sentir y actuar.  El llamó a Dios, Padre.  Dijo que los hombres debían amar a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza Mar. 12:30.  Uno no puede amar a un poder abstracto e impersonal que ni es físico ni espiritual.[3]  Donde no hay un reconocimiento de la personalidad de Dios, tampoco puede haber oración en el verdadero sentido de la palabra.  Puede haber meditación, reflexión, pero estas cosas no son oración.[4]

                        3.         Para Jesús Dios era universal.

            En Marcos 12:29 “Dios es Uno”, cuando dice que Dios es uno, quiere decir que solamente hay un Dios para todo el mundo.  Toda la naturaleza y todos los hombres están bajo su poder y están sujetos a su autoridad.  Así Jesús creyó en Dios como personal, y también como universal.[5]

                        4.         Jesús hizo énfasis en las cualidades éticas de Dios.

            Jesús puso énfasis en la bondad de Dios, su misericordia, su paciencia y su justicia Marcos 10:18.  Dijo que Dios es perfecto Mat. 5:48.  Constantemente trató de la bondad de Dios, creyó en la bondad moral perfecta del único Dios.  Éste es supremo en atributos “naturales”, pero Jesús creyó que lo importante para nosotros es que Dios es supremamente bueno.[6]

                        5.         Jesús enseñó que Dios es nuestro Padre.[7]

                                    a.         Era su término favorito para mencionar a Dios.

            En este aspecto hizo tres cosas que nadie más había hecho:  hizo de la paternidad la idea dominante en la relación con Dios para con los hombres; puso una nueva cualidad ética en la idea de paternidad según se aplica a Dios; e hizo este concepto viviente según se aplica a la relación entre el adorador y Dios.

                                    b.         ¿Qué significaba esto para Jesús?

                                                i.  Es una relación personal.  Esta relación es personal en su naturaleza, es directa, Dios es el Dios del individuo no de la nación.  Cada hombre conoce a Dios, viene a Dios, adora a Dios como una persona individual.

                                                ii.  Factores en esta relación.

Ä     Dios es bueno para todos los hombres Mat. 5:43-48.  Como ejemplo de esto Jesús dijo que uno debiera amar a todos los hombres, hasta a sus enemigos y a los que lo persiguen y maltratan.  Funda esta obligación en el carácter moral de Dios.  Dios es bueno para todos los hombres.  Por lo tanto debemos actuar como él actúa.

Ä     Dios ejerce un cuidado minucioso y personal sobre sus hijos Mat. 6:25-34; 10:29-33.  Dios ejerce un cuidado paternal y providencial sobre nosotros y este cuidado es constante y particular.  Así la gloria de la vida consiste en que la presencia de Dios glorifica toda la vida.  Al hablar de la oración y de la providencia sostiene que lo mejor que hay en los hombre parece malo cuando se compara con la bondad de Dios Luc. 11:13.  Dios es el único que ama al mezquino, al rencoroso, al pecador y al perdido Mat. 5:43-48.  Jesús invitó a refugiarse en Dios en un compañerismo para enfrentar al mal.  También enseñó que no permitieran que los cuidados cotidianos y ansiedades de la vida rompieran su compañerismo con Dios Mat. 6:19-34 (33).

Ä     Dios escucha las oraciones de sus hijos Mat. 6:5-15; 7:7-12; Luc. 11:1-3.  Ellos tiene libre acceso a él y gustosamente les escucha y les responde en todo tiempo porque su naturaleza es hacerlo.  También reconoce que hay dificultades y demoras, así que les anima a orar perseverantemente.

            B.         La oración es Comunión con Dios.[8]

            La oración es una comunión viviente del hombre religioso con Dios, concebida como personal y presente en su experiencia, una comunión que refleja las formas de las relaciones sociales de la humanidad.  Así orar significa hablar con Dios y comunicarse con él, es la comunión del alma con Dios.  En este sentido la oración implica reciprocidad.  Es más que una meditación, es comunión.  Es un diálogo, no un monólogo.

            Estas definiciones apuntan a la necesaria dimensión objetiva de la oración, es decir, a una relación recíproca entre la actividad de Dios y las de los seres humanos.

 

III.       Elementos Bíblicos.

            A.        La Oración en el Antiguo Testamento.[9]

            En el Antiguo Testamento se usan varios términos para referirse a la oración.  Las ideas principales son suplicar, orar, interceder.  Se encuentran ejemplos de oraciones específicas, algunas de las cuales son largas.  Las hay de confesión de pecados Esd. 9:6-15; Neh. 9:5c-37; Dan. 9:4b-19.  Oraciones de gratitud 1 Cron. 29:10b-19; Jonas 2.2-9; Dan. 2:20-23.  Oraciones de lamento Num. 11:11-15; Jos. 7:7-9; Jer. 15:15-18.  Oraciones de petición Gen. 24:12-14, 42-44.  Oraciones de intercesión Gen. 18:23b-32; Ex. 32:11-13.

            B.         La Oración en el Nuevo Testamento.

                        1.         Terminología.

            En el Nuevo Testamento se usa un lenguaje muy diverso, empleando cinco verbos griegos, y algunos sustantivos.  Tienen el sentido de orar, oración a Dios, pedir o rogar, suplicar, implorar, alcanzar, obtener, consultar e interceder, hablar, amonestar, implorar consolar e invocar.  Hch. 27:29; Mar. 11:17; Mat. 9:38; Rom. 10:1; Jn. 14:16; Rom. 8:27; Mat. 26:33.[10]

                        2.         El Ejemplo de Jesús.[11]

            Jesús era un hombre de oración, oraba en lugares apartados, solitarios, por periodos largos Mar. 1:35, oraba habitualmente sobre todo ante las crisis y decisiones de su ministerio.

                                    a.         La necesidad de la oración.

            En Luc. 18:1 Jesús enseñó que los hombres deben perseverar en la oración y siempre deben orar.  Al perseverar en la oración el hombre reconoce su dependencia de Dios y su necesidad.  En las enseñanzas de Jesús la fe perseverante triunfa, y la fe conquistadora se aumenta al vencer las dificultades Mat. 15.28.

                                    b.         La naturaleza de la oración.

            La oración debe ser real y sincera Mat. 6:5, es más que decir palabras Mat. 6:7.  La oración no depende de frases rimbombantes, ni de fórmulas mágicas, más bien es una actitud del espíritu.  Por ello el creyente puede acercarse con confianza a Dios pero con reverencia.  Deber recordar que Dios es bueno y está dispuesto a bendecirle Mat. 7:11.  Seguramente esta cualidad del Señor nos debe recordar que el Padre nos negará las cosas que, en su sabiduría él ve que es mejor que no las tuviéramos.  Podemos tener fe en que su sabiduría hará lo mejor para nosotros.  Así cuando nos acercamos debemos venir a él con humildad y reverencia.

            Otra cosa que debemos recordar en la oración es que en Mat. 6:9 se nos indica que el nombre del Padre debe ser “santificado”, tratado como sagrado.  Esto no impide que Jesús considerara la oración como compañerismo íntimo e invisible con Dios Mat. 6:6.  Así que la virtud de la oración descansa en el compañerismo.  En este compañerismo algunas veces la oración podrá recibir un no por respuesta, pues Dios responde todas las oraciones, pero aun en ese caso hay compañerismo que es el verdadero fin de la oración.

                                    c.         La oración y la voluntad de Dios.

            La oración modelo Mat. 6:9-13 consiste de siete peticiones, las primeras tres se mueven en dirección a Dios, y las últimas cuatro hacia los seres humanos.  Así la oración se mueve de la adoración a la petición.

            En esta oración después de la invocación, Jesús puso a Dios en el centro de las tres primeras peticiones, el nombre de Dios, el reino de Dios, la voluntad de Dios.  Debemos pone a Dios primero en nuestro pensamiento y oración.  Demasiadas veces se piensa en la oración como una petición para obtener algo de Dios.  La oración se considera como un medio por el cual Dios ha de realizar los fines del hombre cuando más bien debe ser un medio por el cual realizamos los fines de Dios “sea hecha tu voluntad”.  La oración no es un medio por el cual podemos obligar a Dios a hacer lo que deseamos.  Parece que algunos piensan que, con solo insistir con suficiente energía, Dios se verá obligado a hacer aquello en que han insistido.

            El propósito de la oración es que se cumpla la voluntad de Dios.  La oración obra de tres maneras para que se efectúe la voluntad divina:

Ä     lo pone en conformidad con la voluntad de Dios.  Nos cambia a nosotros.

Ä     el hombre que ora recibe el poder para hacer la voluntad de Dios en su vida.

Ä     uno por la oración, puede cumplir la voluntad de Dios en la vida de los demás y en el mundo exterior.

                                    d.         La oración y la fe.

            La fe es confianza receptiva de parte del orador.  Dios puede dar sus bendiciones supremas y sus riquezas solamente a los que tienen esta actitud.  Porque ésta implica el obedecer y ser fiel a Dios, a parte de la confianza.

                                    e.         La oración social.

            “Nuestro Padre, nuestros pecados, y nuestro pan cotidiano”.  Jesús tuvo la intención de que se orara en grupos e individualmente.  Debiéramos considerar más la oración en grupos que sostiene la oración individual, por eso el Señor dejó una comunidad de creyentes.

 

IV.       Aspectos de la Oración.

            A.        Tipos de Oración.

            En la Biblia existen básicamente dos tipos de oración, la oración personal y la oración grupal.  La primera claramente se explica y enfatiza en la necesidad de la oración individual, pero en el libro de Hechos y las epístolas del  Nuevo Testamento se centran en las ocasiones en que la iglesia se reunía para orar.  Somos propensos a enfatizar la primera porque es muy importante en la vida del cristiano y porque nuestra cultura occidental es muy individualista.  Sin embargo el énfasis en el registro bíblico está sobre la oración en conjunto, pues solo así alcanza su verdadero significado la que se hace en forma personal.[12]

            B.         Elementos de la Oración.

            Existen por lo menos dos posturas acerca de como debe ser la oración, la primera de ellas ve a la oración integrada por distintos elementos, la segunda ve clases o maneras de orar según las distintas circunstancias que el creyente vive.

                        1.         Una oración integrada por distintos elementos.[13]

            Hay cierto número de elementos que entran en la oración.  La oración es comunión del alma con Dios, esto es, la expresión consciente del alma en compañerismo espiritual con Dios.  En este compañerismo hay también la fase de espera en Dios, en una actitud atenta y receptiva, para recibir luz, fuerza y guía espirituales.

            Uno de los elementos específicos en la oración como comunión con Dios es la adoración, que es la respuesta adecuada del alma en reconocimiento reverente del carácter de Dios.

            También la oración tiene el elemento de gratitud.  Esto expresa nuestro reconocimiento de Dios como la fuente de nuestras bendiciones y dones que nos da y estas dádivas nos ponen en obligación con el Dador.

            Entre más mantenemos nuestro compañerismo con Dios, nos volvemos cada vez más conscientes de nuestra indignidad en su presencia, así que la confesión de pecados llega a ser un elemento necesario en la oración a Dios.

            Finalmente la súplica es un elemento prominente en la oración.  En parte porque se puede subdividir en dos aspectos, la súplica personal y la intercesión que es súplicar a Dios que derrame sus bendiciones sobre otros más bien que sobre nosotros.  Para algunos parece que esto último es todo lo que hay en la oración.  Lo cual refleja una perspectiva pobre e inmadura de la misma.

                        2.         Las distintas clases o maneras de la oración.[14]

            La oración es comunión con Dios y brota de una relación tan multifacética, que ninguna forma de oración, por sí sola, agota el potencial de esa relación con Dios.  Hay muchas clases de oración debido a que hay muchos aspectos de nuestra relación con Dios.

            Así siguiendo la oración modelo se pueden identificar por lo menos cinco modos o maneras diversas de orar.

                                    a.         Adoración o alabanza.

            La adoración es el reconocimiento del valor, la majestad y el honor de Dios como el Dios eterno del amor santo.  La adoración es más que la admiración, es una combinación de confianza y reverencia.

                                    b.         Acción de gracias.

            Es la expresión de reconocimiento a Dios como fuente de las bendiciones recibidas y la confesión del hecho de que los dones que Dios nos da nos ponen bajo obligación con el Dador.  Es afirmar la bondad de la creación y la providencia de Dios.

                                    c.         Confesión de pecado.

            La oración de confesión es el reconocimiento del pecado y la culpa respecto de la santidad y la justicia de Dios.  Se requiere un autoexamen que quite toda intelectualización y todo pretexto pero se debe evitar una confesión pública de pecado que lleve al exhibicionismo.

                                    d.         Petición.

            La petición quiere decir que le pedimos a Dios algo que queremos que ocurra.  Algunos limitan toda la oración a la petición.  En el Antiguo Testamento el deseo supremo de las almas más profundas de Israel fue el deseo por Dios mismo, no por sus dádivas Sal. 73:25,26.  Jesús enfatizó el pedir, el buscar y el llamar Mat.7:7,8.  Pero no hemos de pensar en Dios como un mandadero del hombre ni orar como medio de imponerle a Dios nuestra voluntad.  La oración de petición es necesario porque no recibiremos las mejores dádivas de Dios si no estamos conscientes del hecho de que precisamos esas dádivas.

                                    e.         Intercesión.

            Es pedir a Dios la bendición para otros antes que para uno mismo.  Es hacerle a Dios pedidos específicos para otros seres humanos y causas.  La oración intercesora no solamente bendice al intercesor y evoca su esfuerzo a favor de lo que pide, sino que anticipa la respuesta de Dios.

 

V.        Propósito y Alcance de la Oración.

            A.        Propósito de la Oración.

                        1.         No es cambiar la voluntad de Dios.

            Muchas personas piensa que al orar pueden cambiar la voluntad de Dios pero olvidan que según 1 Sam. 15:29; Mal. 3:6 y Stg. 1:17  Dios no miente, no se arrepiente, no cambia y no tiene variación.  Así que el problema es que a menudo somos lentos para descubrir la mente de Dios.  Lo que verdaderamente sucede es que Dios puede tener un fin específico en mente, con varias rutas posibles hacia ese fin.  Estos varios caminos significan que los medio para alcanzar un fin que Dios propone pueden ser dinámicos en lugar de estáticos.  Pero los atributos, propósitos y la mente de Dios no cambia.  Al ver las circunstancias cambiar, debemos tener cuidado de no pensar que esto indica que es Dios el que ha cambiado.[15]

                        2.         Es tener comunión con Dios.

            Ya se dijo que la oración es comunión con Dios.  De acuerdo con esta verdad, podemos decir que su propósito principal es el ordenamiento correcto de las relaciones del hombre con Dios.  La oración es un asunto de relaciones y arreglos personales.  Es el hombre como persona tratando directamente con Dios como persona.  Es el reconocimiento del hecho de que Dios es en realidad una Persona, y no simplemente una fuerza impersonal o un principio abstracto.  Lo más supremo que el hombre necesita es Dios mismo y no tanto las cosas que Dios pudiera darnos.  Dios mismo es la bendición suprema; él es la principal necesidad del hombre.[16]

                        3.         Es cambiar al hombre.

            La oración no es un esfuerzo por parte del hombre de persuadir a un Dios renuente a concederle algún bien al hombre; más bien es un ajustamiento tal de las relaciones personales del hombre con Dios, que hace posible que Dios conceda la bendición que él quiere conceder.  Es el hombre poniéndose en armonía con la voluntad de Dios, de modo que Dios pueda realizar su más alta voluntad con respecto al hombre.  Según Romanos 8:26,27 el Espíritu nos mueve a orar de acuerdo a la voluntad divina, y, de consiguiente, Dios contesta nuestras peticiones.  Cuando el hombre desea algo bueno, busca algo bueno y realiza algo bueno, se da cuenta de que Dios deseó, buscó y realizó ese bien con él, en él y por medio de él.  En la oración, entonces, el hombre no lucha contra Dios, sino que lucha con Dios por realizar lo que es la voluntad de Dios que suceda.

            El propósito de la oración es que el hombre pueda vivir en comunión con Dios, de modo que Dios pueda obrar en el hombre y por medio del hombre, para cumplir su propósito de gracia en el mundo.[17]  Así se puede decir que en la oración se busca llevar la voluntad humana a la subordinación con la voluntad de Dios para que Dios pueda bendecir a esa persona y llevar a cabo su voluntad y propósito.  Por ello en la oración el incrédulo ora para buscar y obtener una relación correcta con Dios; el creyente ora para que Dios lo mantenga en comunión íntima con él.[18]

            B.         Alcance de la Oración.

            Cuando se piensa en el alcance de la oración hay que concluir que cualquier cosa que le concierna al hombre es una cosa conveniente para hacerla motivo de oración.  Lo que es importante para el hombre es también importante para Dios.  Esto no quiere decir que el Señor nos concederá toda petición.  Pero sí quiere decir, que en cualquier situación en que nos encontremos, sobrecogidos por cualquier problema, bien podemos presentarle nuestros problemas a Dios, y cuando logramos arreglar correctamente nuestra posición delante de Dios, él resolverá o nos ayudará a resolver nuestro problema.[19]

 

VI.       Condiciones para que la Oración sea Contestada.

            Tomando la oración en el sentido de comunión con Dios, no es posible tener comunión con Dios y no recibir una respuesta de él.  Lo que el hombre debe buscar en la oración es tener comunión con Dios, antes que algo que Dios le pueda dar.  Y en este sentido, no hay oración que se quede sin ser contestada.  Normalmente cuando se habla de oraciones no contestadas, se hace referencia a las oraciones de súplicas.  Esto puede explicarse por el hecho de que los hombres le pidan a Dios cosas que él, en su sabiduría, ve que no conviene que ellos reciban.  El da cosas buenas Mat. 7:7-11.[20]  O porque desde la perspectiva divina no es el tiempo para que lo reciban, tal fue el caso de Abraham en Génesis, y este ejemplo es más relevante por el hecho de que la petición se basaba en una promesa de Dios, sin importar tuvo que esperar veinticinco años para recibir la respuesta a su oración y para que se verificara la promesa de Dios.

            Por otro lado el Nuevo Testamento nos plantea algunas condiciones para que se respondan positivamente las oraciones.  Es necesario notar que se da por entendido que se deben llenar todas, y por otro lado que esto no es una fórmula mágica, pues la sabiduría con  que el Señor evalúa para dar su respuesta positiva está por encima de nuestro entendimiento. Para probar esto convendrá considerar 2 Cor. 12:7-10, podemos considerar que buscar la salud personal es un motivo correcto, que el Apóstol que recibió visiones únicas era un hombre de fe, que había demostrado tener armonía espiritual con Dios y que perseveró en su petición; pero aún así la respuesta divina fue un NO.

            A.        Tener Motivos Correctos.

            Anteriormente ya se dijo que el Señor sólo da cosas buenas y que él evalúa qué es bueno para tal persona.  Así que una actitud egoísta, que a su vez resulta en motivos equivocados, obstaculiza la oración efectiva Stg. 4:3.  Los deseos egoístas representan uno de los más grandes peligros en contra del crecimiento personal y del crecimiento de la iglesia.  Hay oraciones legítimas por uno mismo, esto es cuando el interés personal está profundamente unido con el avance del Reino de Dios, la voluntad de Dios y el bienestar de otros.  Esto no quiere decir que las necesidades cotidianas sean sin importancia.  El Padre sabe que necesitamos de las cosas ordinarias de la vida, y está interesado en proveerlas para nosotros Mat. 6:32.  El punto es que debemos dar prioridad a su reino mientras confiamos en él para suplir nuestras necesidades Mat. 6:33.[21]

            B.         Fe.

            La fe es otra de las condiciones según Mat. 21:22 y Stg. 1:6 si uno ora con fe, Dios concederá su petición.  Esto no quiere decir que puede pedir lo que quiera y creer que lo conseguirá.  Pues no puede tener fe a menos que sea atraído hacia la unidad espiritual con Dios.  Esto garantiza dos cosas:  Una es que pedirá según la voluntad de Dios y que la voluntad del hombre se someterá a la de Dios.  En este caso la fe lleva a orar de acuerdo con la voluntad de Dios 1 Jn. 5:14 y bajo la dirección del Espíritu Santo Rom. 8:26,27.[22]

            Las personas no oran con fe por dos problemas, el primero es el temor de que Dios no quiera darles lo que piden.  Como ya se discutió antes, Dios está dispuesto a dar, y de hecho da las mejores dádivas, pero lo hace según su sabiduría.  El segundo es el temor de estar pidiendo algo demasiado grande o difícil.  En realidad este temor no tiene fundamento según Jer. 32:27.[23]

            C.        Armonía Espiritual con Dios.

            Una manera de expresar esta idea es orar en el nombre Cristo, esto es como aquellos que viven por él, que hacen su obra en el mundo y lo representan. En Jn. 15:7 se le denomina “permanecer” o sea estar en Cristo y su Palabra debe estar en nosotros.  Así la condición para la oración eficaz es armonía espiritual o unidad con Dios, rendición a su voluntad.[24]  En este punto se debe incluir la santidad que es una forma de armonía espiritual con Dios, pues la rebelión y el pecado obstaculizan la comunión con Dios Salmo 66:18; Isa. 59:1-2; Mat. 6:5; Mar. 12:40; 1 Tim. 2:8; Mat. 5:23-24.[25]

            D.        Perseverancia.

            En Luc. 11:5-13 y 18:1-8 Jesús valoró la persistencia en la oración.  La persistencia logra mucho en nuestro crecimiento.  Afirma la fe.  Prueba nuestro anhelo, nuestro fervor, humildad, obediencia y paciencia.  Debemos recordar que la inconstancia es opuesta al carácter de Dios.  El nunca cambia.  Uno de los secretos de la oración exitosa es duplicar el carácter de Dios en nosotros.[26]

 

VII.      La Oración como un diálogo Objetivo con Dios.

            Uno de los problemas más difíciles de corregir en la devoción cristiana es la idea de que la relación o comunión con Dios es subjetiva, así que desde esta perspectiva la persona ora y la respuesta de Dios llega a su mente por alguna suerte de ministerio místico.  En realidad el gran problema que se puede observar detrás de esto es que no se está orando o dialogando con Dios, lo que sucede es que el creyente se ha acostumbrado a mantener un gran monólogo ante Dios. En este punto procederemos a establecer una plataforma bíblica para sustentar este aspecto fundamental de la oración como diálogo objetivo con Dios.

            A.        Base Bíblica.

            Desde Génesis hasta Apocalipsis podemos encontrar ejemplos de que la oración era un diálogo dinámico y objetivo con Dios.  Las personas planteaban preguntas, problemas y necesidades de todo tipo ante Dios y él contestaba objetivamente, estas respuestas objetivas se encuentran plasmadas en la Biblia.  Cuando dice que Dios le dijo el texto no implica que a la persona se le ocurrió, cuando dice el texto que la Palabra de Dios vino a... ésta vino como iniciativa divina de comunicarse o como respuesta al hombre.  Lo que sucedía entonces era que muchos de ellos no tuvieron los escritos de la Palabra de Dios, estos estaban en formación precisamente en estos diálogos.  Así que el día de hoy cuando oramos debemos buscar la respuesta en la Palabra objetiva de Dios, pues el Canon ya se ha cerrado, el Señor siempre ha hablado al hombre por su Palabra como dice Hebreos 1:1-2: “Habló de muchas maneras a los Padres...ahora nos ha hablado por el Hijo...”  No por lo que se le ocurre al ser humano.

            Un ejemplo concreto de esto es el caso de Habacuc (que como se dijo anteriormente no es un caso aislado, sino lo común).  En este libro Habacuc planteó una serie de preguntas a Dios, las cuales le fueron respondidas por revelación divina, en ninguna parte del texto dice que él llegó por sí mismo a la conclusión que nos presenta.  Así que cuando una persona después de haber orado dice que Dios le ha hablado, debiéramos preguntar ¿Cómo le ha hablado?  Si dice me habló mientras oraba en una revelación o una idea y estoy seguro de que esa es la voluntad de Dios, debemos desconfiar.  Pues el Señor no actúa así, él habla por su Palabra, así que el diálogo objetivo se da en la oración, desde la Biblia al hombre con las propuestas divinas y desde el hombre a Dios con las respuestas, preguntas, problemas humanos, y de la Dios al hombre.

            Por la razón que hemos hecho a un lado esta dinámica establecida en las Escrituras es porque creemos equivocadamente que Dios se revela a los hombres aparte de la Biblia, porque queremos tener la razón que de otra manera las Escrituras nos negarían, y en nuestro mundo individualista no deseamos aceptar que las respuestas están a la vista de todos, que la voluntad del Señor es evidente en la Biblia; queremos tener una exclusividad individualista de la verdad, que Dios no respalda.

            B.         Explicación Contemporánea.

            La clave para conocer la voluntad de Dios es una relación íntima de amor con él.  Esa es la clave para reconocer la voz de Dios, y oír cuando Él habla.  En este caso debemos recordar que no hay un método o una fórmula, sino se depende de una relación.  Pues únicamente el Espíritu Santo puede revelarle cuál verdad de la Escritura es una palabra de Dios para una circunstancia en particular.  Pero cuando Dios le ha dado una palabra, usted debe continuar en esta dirección hasta que se cumpla.[27]

            Una cosa que es clara en las Escrituras es que cuando Dios habló, generalmente fue algo único para ese individuo, la persona estaba segura de que era Dios quien le hablaba, la persona supo lo que Dios le dijo y sucedió un encuentro con Dios.[28]  Así que cuando se comprende la verdad espiritual es porque el Espíritu Santo está obrando en su vida, esto es un encuentro con Dios, y una cosa importante es que la persona nunca descubre la verdad, esta le es revelada.  Cuando Dios se revela a sí mismo revelas sus propósitos para que el creyente se relacione con él en una compañerismo de amor.  Algo que debe quedar claro es que Dios habla por el Espíritu Santo por medio de la Biblia, la oración, las circunstancias y la iglesia para revelarse a sí mismo, sus propósitos y sus caminos.[29]  De esto último debe entenderse que es en orden de prioridades, el Señor siempre ha hablado por las Escrituras, así que cuando en nuestro compañerismo con Dios el Espíritu Santo nos revela una verdad de la Biblia, se debe ajustar la vida a esa verdad de Dios y él obrará en y a través del creyente para realizar sus propósitos.[30]

            Así la oración es un compañerismo y comunicación de doble vía con Dios.  El creyente le habla a Dios, y él le habla al creyente.  No es un monólogo.  La oración es una relación, no simplemente una actividad religiosa.  La oración está diseñada más para que el orante ajuste su vida a Dios, antes que para que Dios se ajuste a sus deseos.  Dios no necesita de las oraciones, pero él quiere que el creyente ore.  Porque éste necesita orar debido a lo que Dios quiere hacer en y a través de su vida durante la oración.[31]

 

VIII.     Peligros Contemporáneo con relación a la Oración.

            En este caso no se pretende tratar todos los peligros, pues seguramente habrá más, pero el escritor considera estos los más comunes.

            A.        La Idea de una Relación Subjetiva con Dios.

            En este época en que reina la relatividad se ha llegado a pensar que existen muchas voluntades de Dios, muchas interpretaciones particulares de las escrituras y que lo que el Señor dice no lo dice para todos, lo dice para algunos (los escogidos).  La verdad es que cualquier persona que se acerque sinceramente al Señor descubrirá dos cosas:  la primera es que su voluntad para un individuo es su voluntad para todos; la segunda es que descubrirá, al buscar el Reino de Dios y su justicia, como encaja él en esa voluntad general de Dios.  Cuando aplicamos esto a la oración encontramos que al haber una única voluntad divina para todos, la oración como el diálogo de una comunión con Dios, nunca será lo que el hombre le dice solamente, eso es un monólogo, siempre necesitará para que se cierre el círculo de la comunicación que el Señor responda y esto lo hace por el Espíritu por medio de su Palabra, no lo hace por otros medios.  Las circunstancia y la Iglesia son medio de confirmación pero no son la forma objetiva en que el Señor habla.

            Así que al entrar en un diálogo con el Señor es posible que él lo inicie desde su Palabra y espere nuestra respuesta, y así sucesivamente.  Lo que no podemos aceptar por ningún motivo es que el Señor hable independientemente de su Palabra, como si hubiera nuevas revelaciones, como si algunos tuvieran alguna exclusividad con Dios que otros no tienen.

            B.         Convertir la Oración en Sólo Súplica.

            Cuando consideramos la oración como una relación con Dios, nos damos cuenta que convertirla en sólo súplica es quitarle de tajo el carácter de relación, porque si alguien sólo se acerca para pedir siempre que se intenta un diálogo con él, imposibilita el diálogo, la relación se convierte en una relación clientelar, la cual no es una comunión.  La oración como se dijo más arriba tiene distintos elementos que el Señor marcó en la oración modelo y debiéramos tomarlos enserio si deseamos relacionarnos correctamente con él.  Pues en la oración como comunión con Dios debemos tener en cuenta esto, que él es Dios, y no un mandadero celestial que está para servirnos.  En la oración tenemos la oportunidad de tomar nuestro lugar como siervos y reconocerlo como Señor, de agradecerle sus bondades, desde el simple hecho que nos escucha hasta las bendiciones derramadas en nuestras vidas y las de otros; de confesar nuestra imperfección y suplicar nos transforme y llene nuestra vida de las cosas que nos son necesaria o la vida de otros.  Pero nunca debemos rebajar nuestra relación con Dios a la simple súplica, porque eso solo nos muestra el concepto que tenemos de Dios, y ese no es el del Dios de la Biblia, lo mismo que nuestra espiritualidad que se refleja altamente inmadura.

            C.        La Idea de que Dios Puede Ser Molestado.

            Algunas personas no oran por no molestar a Dios, eso en realidad es una muestra del concepto que tienen de Dios, para ellos Dios es lejano e iracundo.  Pero Nuestro Dios quiere que nos comuniquemos con él, quiere tener comunión con nosotros.  Lo más seguro es que le incomode que no oremos, pues el papel de la oración es cambiar las condiciones para el desarrollo de su providencia y darnos los mejores dones.[32]

            D.        Una Mala Interpretación de la Presciencia de Dios.

            Algunas personas presuponen que la presciencia de Dios significa una preordenación fatalista de todos los eventos, por lo que Dios no tiene la libertad de actuar en respuesta a las peticiones y las intercesiones de los seres humanos.[33]  Según Mat. 6:8 Dios conoce nuestras necesidades, antes que oremos por ello no es necesario intentar convencerlo de la bondad de que las recibamos, lo que debemos es orar para tener comunión con él y él se encargará de lo demás.

            E.         El Deseo de Cambiar la Voluntad de Dios.

            Si por voluntad de Dios uno quiere decir el propósito último de Dios, la oración no lo alterará.  Si, por el otro lado, con la frase “voluntad de Dios” uno quiere decir una volición ejecutiva específica de Dios, entonces los cristianos tienen razones para afirmar que la oración altera la voluntad de Dios.  Pero la oración no hace de Dios una marioneta, la oración como cualquier diálogo es un encuentro de voluntades, hasta que cede una voluntad a la otra.  Por otra parte, por medio de la oración cambiamos la conducta, si no la voluntad, de Dios hacia nosotros.[34]  Y él nos cambia para que nos ajustemos a su voluntad, o sea cambia nuestra conducta hacia él.

            F.         ¿Puede Dios otorgar peticiones e intercesiones contradictorias de parte de diversos seres humanos y grupos?

            Se debe recordar que como indica el Padre Nuestro, las respuestas a pedidos específicos está condicionado por el hecho de que sea santificado el nombre de Dios, la venida de su Reino y la realización de su voluntad.[35]  Así que Dios sabe exactamente cómo responde ante peticiones contradictorias de personas y grupos distintos.

            G.        La Idea de las Oraciones Sin Respuesta.

            Si la oración se entiende correctamente como comunión con Dios, entonces orar correctamente a Dios no resulta en oraciones “sin contestar”.  Orar es tener comunión con Dios, aunque ciertas peticiones o intercesiones dirigidas a Dios no son contestadas inmediatamente de manera afirmativa.

            La enseñanza de Jesús provee algunas condiciones necesarias para que la petición y la intercesión sean contestadas.  Recibir la respuesta a la oración depende de la fe Mat. 21:22; Stg. 1:6; de la persistencia o de la importunidad Mat. 7:7,8; Luc. 11:5-13; y de orar en el nombre de Jesús Jn. 14:13,14 mientras se permanece en él Jn. 15:7, pidiendo de acuerdo a la voluntad Dios 1 Jn. 5:14b y estando bajo la guía del Espíritu Santo Rom. 8:26,27.  Y después de esto debemos reconocer que la respuesta puede ser tanto negativa como positiva.[36]

            H.        La Falsa Oración.

            En Mateo 6:5-8 Jesús condenó la oración mágica, que consiste en la “palabrería”, con un argumento significativo, Dios conoce de antemano sus necesidades.  La oración rutinaria también entra en esta clase.  Jesús censuró la oración del fariseo hipócrita, que pretende unirse a Dios en la oración, pero en realidad quiere ser admirado y se complace en ello, orando en las esquinas y en los templos.  En este caso se deben incluir esa clase de oraciones recitadas que en las asambleas parecen hablar con Dios pero en realidad persiguen otros fines.  Seguramente se debe orar en la comunidad de creyentes tanto como en lo privado, pero la oración exige pureza religiosa.  Se debe tener en cuenta que la falsa oración es más dañina que la renuncia a la oración, y esto es porque todos saben que lo último es malo y viola el propósito de comunión con Dios, pero la primera no se puede identificar con la verdadera oración.[37]  Y genera un sentido de haber hecho lo que Dios quiere sin hacerlo.

            I.          La Oración de Poder.

            Es parte de la liturgia del protestantismo popular, en este “La danza y la participación del grupo en la oración es una forma de drama popular.  La fe no se piensa sino que se actúa... Estos movimientos no tienen la hostia milagrosa para ofrecer a la gente, pero pueden ofrecerle la promesa de una cura milagrosa, no solo como don de Dios sino como prueba de su fe y del hecho de que Dios responde al deseo de las personas de comunicarse con él”[38].

            Una cosa que deja claro Deiros es que esto es parte de una liturgia que tiene que ver más con las emociones que con la comprensión, con el sentir antes que con el entender.  Desde esta perspectiva las expresiones “declaramos salud, bendición, alivio, etc.” son parte del Show y debiéramos preguntarnos sinceramente si Jesús no ubicaría este tipo de oración junto con la Falsa Oración.  Pues no refleja una comunión con Dios, sino el deseo mágico de algunas personas de manipularlo y de lucrar con la respuesta que él da a las necesidades de algunos individuos.


CONCLUSIÓN.

            Al finalizar este estudio me dirijo a ti mi lector que puedes ser un conocedor de Teología o una persona sencilla.  Para llegar a este punto hemos recorrido el camino de ofrecer un punto de acuerdo interpretativo para comprender las escrituras; hemos definido la oración desde la base del carácter de Dios y la oración en sí misma; se han ofrecido elementos bíblicos como testimonio de la veracidad del tema tratado y su relevancia; se han discutido los aspectos de la oración desde distintas perspectivas; se han presentado el propósito de la oración y su alcance; se han revisado las condiciones para que una oración sea contestada; se ha presentado la oración como un diálogo objetivo con Dios y finalmente algunos peligros contemporáneos en relación con la oración.

            Después de todo esto debes preguntarte ¿mi oración es digna de Dios? ¿Tiene el propósito de desarrollar mi comunión con Dios? ¿Es algo que hago por hábito, pero no es un diálogo con Dios? ¿Es una oración Falsa?  Y posiblemente tú te plantees más cuestionamientos.  Pero no puedes leer este escrito sin preguntarte sobre esta actividad medular de la fe Cristiana y tu relación con ella.

            Finalmente, y solo después de haberte cuestionado entonces podrás confesar ante Dios que nos oye, y quiere relacionarse con nosotros que, por mucho tiempo no habías orado, que habías ejercitado una serie interminable de monólogos, pero que ahora estás listo para dialogar y crecer delante del Padre que te ama y quiere escucharte, pero también aspira a ser escuchado y obedecido.

 

En el amor de Cristo.

Aliver de la Cruz Santana


BIBLIOGRAFÍA

 

Bilezikian, Gilbert.  El Lugar de la Mujer en la Iglesia y la Familia. Grand Rapis, Michigan:  Nueva Creación, 1995.

Blackaby, Enrique T. y King, Claudio V.  Mi Experiencia con Dios.  Nashville, Tennnessee: Convention Press, s/f.

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Willis, Avery T. Jr.  Plan Maestro Libro I.  El Paso, Texas:  Casa Bautista de Publicaciones, 1986.



[1]Gilbert Bilezikian.  El Lugar de la Mujer en la Iglesia y la Familia (Grand Rapis, Michigan:  Nueva Creación, 1995), pp. 15-17.

[2]Walter Thomas Conner.  La Fe del Nuevo Testamento (El Paso, Texas:  Casa Bautista de Publicaciones, s/f), p. 101.

[3]Ob. Cit. P. 102.

[4]Walter Thomas Conner.  Doctrina Cristiana (El Paso, Texas:  Casa Bautista de Publicaciones, 1983), p. 277.

[5]Walter Thomas Conner.  La Fe del Nuevo Testamento, p. 102.

[6]Ob. Cit. Pp. 103-104.

[7]Ob. Cit. Pp. 104-110.

[8]James Leo Garrett, h. Teología Sistemática, Tomo II (El Paso, Texas:  Casa Bautista de Publicaciones, 2000), p. 398.

[9]Ob. Cit. P. 399.

[10]Ob. Cit. Pp. 400-401.

[11]Walter Thomas Conner.  La Fe del Nuevo Testamento, Pp. 115-167. James Leo Garrett, h. Pp. 401, 402.

[12]Gene A. Getz.  Orando Unos Por Otros (Puebla, Puebla:  Ediciones las Américas, 1990), pp. 11-12.

[13]W. T. Conner.  Doctrina Cristiana, Pp. 275-277.  Earle C. Davis. La Vida en el Espíritu (El Paso, Texas:  Casa Bautista de Publicaciones, 1988), pp. 81-83.  Avery T. Willis, Jr.  Plan Maestro Libro I (El Paso, Texas:  Casa Bautista de Publicaciones, 1986), p. 48.

[14]James Leo Garrett, h. Ob. Cit. Pp. 407-409.  T. W. Hunt.  La Doctrina de la Oración (Nashville, Tennnessee: Convention Press, 1986), pp. 48-57.

[15]T. W. Hunt.  Ob. Cit. Pp. 81-82.

[16]Walter Thomas Conner.  Doctrina Cristiana, p. 277.

[17]Ob. Cit. Pp. 278-279.

[18]James Leo Garrett. Ob. Cit. Pp. 411-412.

[19]Walter Thomas Conner. Ob. Cit. Pp. 277-278.  James Leo Garrett.  Ob. Cit. P. 412.

[20]Walter Thomas Conner. Ob. Cit. Pp. 279-280.

[21]Ob. Cit. P. 280.  T. W. Hunt. Ob. Cit. Pp. 90-92.

[22]Walter Thomas Conner. Ob. Cit. Pp. 280

[23]T. W Hunt. Ob. Cit. P. 94.

[24]Walter Thomas Conner. Ob. Cit. Pp. 280-281.

[25]T. W. Hunt. Ob. Cit. Pp. 98-100.

[26]Ob. Cit. Pp. 101, 93.

[27]Enrique T. Blackaby y Claudio V. King.  Mi Experiencia con Dios (Nashville, Tennnessee: Convention Press, s/f), pp. 46-47.

[28]Ob. Cit. Pp. 92-93.

[29]Ob. Cit. Pp. 97-99, 101.

[30]Ob. Cit. P. 108.

[31]Ob. Cit. P. 113.

[32]James Leo Garrett.  Ob. Cit. P. 413.

[33]Ibid.

[34]Ibid.

[35]Ibid.

[36]Ob. Cit. P. 414

[37]Oscar Cullmann.  La Oración en el Nuevo Testamento (Salamanca, España:  Ediciones Sígueme, 1999), pp. 201-202.

[38]Pablo Alberto Deiros.  Historia del Cristianismo en América Latina (Buenos Aires: Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992), p. 168.

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