MATRIMONIO Y DIVORCIO A LA LUZ DE LA BIBLIA  
 
 Por:    Samuel Escobar Alcántara  
 
            Introducción.  
 
            Si nos ocupamos solo un poquito respecto a este asunto, MATRIMONIO, la Biblia es clara habla muchìsimo de   ello con, con solo decirles que con eso empieza la Biblia, "y creó Dios al hombre, varón y hembra los hizo" (Gén. 1:27) "...y los dos serán una sola carne" (Gén. 2:24) etc... Sobre el DIVORCIO, es lo mismo si se es una sola carne , si Dios los junta el hombre no puede separarlos, cuando se le cuestiona a Jesús en Mateo 19 es solo para probarlo y ver que decía ante tal realidad que los fariseos y saduceos teóricamente ya sabían que era solo lo hacían para ver que partido tomaba, pero nuestro Señor Jesucristo con su sabiduría Divina les contesta ...Por la dureza de vuestro corazón... pero al principio no fue así. "EL DIVORCIO NO ES LA SOLUCIÓN LA FELICIDAD SE LOGRA CUANDO AMBOS DEJAN DE SER EGOÍSTAS.    A LA LUZ DE LA BIBLIA Y EL PLAN DE DIOS NO HAY DIVORCIO".  
 
            Algunos han opinado y con algo de sabiduría que el matrimonio es una aventura, es posible que algunos no compartan esta afirmación. No obstante, es indudable que en toda iniciación matrimonial hay un elemento de riesgo. Dos personas, que jamás han vivido juntas , de pronto hacen un voto solemne ante Dios y los hombres de asociarse para compartir sus vidas en la más íntimas de todas las relaciones humanas, comprometiéndose en sus promesas "hasta que la muerte los separe". Evidentemente, un compromiso de esta naturaleza significa asumir un gran riesgo. La presencia del amor y la pasión obnubila, en cierto grado, a los novios de modo que no son siempre plenamente conscientes de la real dimensión del peregrinaje que inician.  Por eso, el amor que se prometen está más cerca del coraje que de la realización intelectual, CUIDADO ENTONCES AL INICIAR PORQUE DICE EL DICHO, QUE EL QUE MAL INICIA MAL ACABA.  Dijo una vez Maurice Chevalier "Muchos hombres se han enamorado de una muchacha con una luz tan tenue que con ella ni siquiera habrían podido escoger un traje"  
 
             I.  HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE  
 
            En 1936 El rey Eduardo VIII  de Inglaterra abdicó al trono para casarse con la plebeya  Wallis Simpson.   Ni el alto precio pagado, ni las críticas más ácidas , ni la oposición más cruel, lograron deshacer esta unión, que ya ha pasado al recuerdo como una de las historias de amor más conmovedoras de los últimos tiempos. Solo la muerte del célebre duque de Windsor, en 1972 pudo separar lo que durante tantos años se mantuvo como testimonio vivo de la fuerza del amor.  
 
            La literatura, el teatro, el cine y otros canales de expresión de los sentimientos humanos, han exaltado en gran manera los deleites de un amor compartido durante toda la vida. La aspiración de constituir una pareja humana feliz es uno de los ideales más acariciados por todo hombre y mujer normales, sin embargo, la realidad muestra crudamente que no todos resultan airosos en alcanzar la armonía total, o al menos , una relación aceptable. En particular los últimos veinte años han mostrado cuan real y seria es la amenaza del fracaso y la separación. En otras palabras la universalidad e importancia del vínculo matrimonial no han logrado impedir los frecuentes colapsos en los tiempos más recientes.  
 
            Un testimonio patético de este hecho es el aumento del número de divorcios y separaciones en la mayoría de los países occidentales, supuestamente orientados por una ética cristiana. Incluso, las luchas por implantación del divorcio bajo recaudos legales, en países hasta ahora opuestos al mismo hablan de este fenómeno. Sin embargo, conviene aclarar que el aumento en el número de fracasos conyugales no es indicio seguro de una crisis en la institución misma del matrimonio, o más allá de la propia familia. Todas las investigaciones revelan que en su gran mayoría, las personas que se casan lo hacen con la sincera intención de permanecer unidas toda la vida. Por otra parte es bien cierto que muchos divorciados o separados vuelven a casarse.  
 
            La tasa de divorcios probablemente seguirá aumentando relativamente, por varias razones, entre ellas, el aumento de la concentración urbana, el mayor ingreso de la mujer al mercado laboral, las crecientes tensiones sociales y políticas, y el aumento de la ansiedad y la soledad propias de la vida moderna. También es posible que aquellos paises que todavía no tienen una legislación favorable al rompimiento legal del vínculo, tarde o temprano terminarán teniéndola, sin embargo, no hay razón para creer que esto represente una amenaza para la estabilidad de la sociedad o la supervivencia de la familia.  
 
         El matrimonio ya está curtido por la historia. Durante decenas de siglos ha sobrevivido a los más diversos cambios culturales e históricos, y no hay motivos para pensar que ahora no ha de ser así. Al menos, es probable que ocurra lo que profetizaba Aldous Huxley en 1932 en su célebre novela Un Mundo Feliz, donde no sólo no existía matrimonio, sino que ni siquiera había amor de pareja.  
 
            Seguramente, el matrimonio como institución deberá adaptarse y quizá asumir nuevas formas, pero su futuro será largo y floreciente. Para que así sea, es necesario que el casamiento sea el resultado de una elección inteligente por parte de cada uno de los que integran la pareja y no el producto de un arrebato de amor romántico, sin más vida que la de una flor o una mariposa.  
 
            El vínculo matrimonial representa el establecimiento de lazos, que son asumidos voluntariamente por las personas que lo contraen.  
 
                II.  LA BIBLIA Y EL DIVORCIO  
 
            Cuando un hombre y una mujer casados llegan a la decisión de que su vida en pareja carece de sentido, y que el permanecer juntos es peor que romper su vínculo matrimonial, por cierto que se produce una seria crisis, que se agrava si ambos son creyentes. ¿Qué es lo que la Biblia dice acerca del divorcio y la separación?  
 
            La ley que reglamentaba el divorcio en el Antiguo Testamento se encuentra en Deuteronomio 24:1-4. Es evidente que en este orden legal, el derecho de demandar el divorcio o repudiar al otro cónyuge era exclusivo del esposo. El podía divorciarse de su esposa con pleno derecho, si había visto alguna cosa indecente (literalmente, "asunto de desnudez") en ella. No obstante, había ciertos recaudos que pretendían amparar a la mujer repudiada. Ella debía recibir una carta de divorcio, que certificaba su nueva situación. Con este documento, la mujer divorciada podía casarse de nuevo, y sobrevivír en una sociedad donde el dominio patriarcal era absoluto. Sin embargo, una vez casada con su segundo esposo, no podía volver al primero. El propósito de estas disposiciones era desalentar las separaciones indiscriminadas y proteger socialmente a las partes involucradas, especialmente a la mujer.  
 
          Había, pues, limitaciones en cuanto al divorcio. Por ejemplo, un esposo que acusaba falsamente a su esposa de infidelidad antes del matrimonio, no podía divorciarse de ella jamás (Deuteronomio 22:13-19). Por otro lado, si alguien se casaba con una virgen no desposada, pero a quien él había seducido, jamás podía divorciarse de ella (Deuteronomio 22:28,29). Una mujer tomada cautiva en una guerra, y luego casada con quien la tomó, podía ser abandonada, pero no vendida como esclava (Deuteronomio 21:10-14). La mayor parte de estas disposiciones tenían como propósito restringir numerosas prácticas abusivas, y establecer cierto orden social.  
 
            No obstante, es posible encontrar en el Antiguo Testamento evidencias de que Dios no aprobaba el divorcio como su voluntad final. Por ejemplo, un sacerdote no podía casarse con una divorciada "porque el sacerdote es santo a su Dios" (Levítico 21:7; Ezequiel 44:22). El sumo sacerdote no podía casarse con una mujer divorciada, sino que debía buscar una mujer virgen como esposa (Levítico 21:14). Más concretamente, en Malaquías 2.15, 16 se dice que Dios "aborrece el repudio", o sea, el divorcio.  
 
            En el Nuevo Testamento encontramos una cantidad de pasajes que tratan específicamente sobre la cuestión: Mateo 5:31, 32; 19:3-12; Marcos 10:2-12; Lucas 16:18; 1 Corintios 7:10,11. Algunos agregarían a la lista a Romanos 7:2,3 y 1a. Corintios 7:15.  
 
            Es incuestionable que el ideal del Nuevo Testamento es un hombre y una mujer unidos como esposo y esposa por toda la vida. La única causa admitida para el divorcio es el adulterio. Sin embargo, aun en el caso de haber adulterio, el divorcio no es obligatorio. Por otro lado, si alguien se divorcia de su mujer por cualquier otra causa que no sea adulterio, y se casa con otra, comete adulterio. Tal actitud hace que la mujer que ha sido divorciada cometa también adulterio. Igualmente, la esposa que deja a su esposo y se casa con otro hombre, comete adulterio. En apretada síntesis, estos son los conceptos novotestamentarios sobre el divorcio.  
 
            Hay algunos problemas que se presentan cuando queremos interpretar las enseñanzas del Nuevo Testamento en cuanto al divorcio (1) Cuando hay divorcio por alguna causa que la Biblia justifica, ¿existe el derecho de volver a casarse? (2) ¿Por qué hay una diferencia entre lo que Mateo, Marcos y Lucas escribieron respecto a lo que Jesús dijo acerca del divorcio? (3) ¿Cómo se puede explicar la diferencia entre la enseñanza de Jesús acerca del divorcio (según Mateo) y lo que dijo Pablo, quien reclama la autoridad de Dios (1 Corintios 7:10, 11)? (4) ¿Trataba Jesús de establecer una ley acerca del divorcio? (5) ¿Qué haría Jesús con los muchos casos modernos de conflictos serios e irreversibles entre esposos y esposas? (6) ¿Cómo juzgaría Jesús un caso de presión psicológica, crueldad física, violencia moral, o explotación sexual en una pareja desavenida? (7) El llamado "privilegio paulino" (1 Corintios 7.12-16), ¿puede ser una base que justifique el divorcio?  
 
            Estas preguntas, que surgen al confrontar los diversos pasajes acerca del tema, son ineludibles si se quiere tener un concepto madura en cuanto a la cuestión. La respuesta  a ellas no es un simple juego especulativo, sino el interrogarse sobre una de las cuestiones más candentes en la actualidad. Por eso, bajo la guía del Espíritu Santo, y renunciando a todos legalismo ciego y falto de amor, cada creyente debe preguntarse seriamente sobre este problema. El principio básico es el amor y la unidad. Pero es el hombre, delante de Dios y en forma responsable, quien debe decidir cuándo se ha llegado al límite crítico de la posibilidad de vivir el amor y conservar la unidad.  
 
            La armonía creativa y dinámica es el principio fundamental para la conservación de la vida común ( 1 Corintios 7:15 ). Cuando ya se han perdido todas las esperanzas de mantener o desarrollar, aunque más no sea en grado mínimo, esa armonía necesaria para la promoción humana de los integrantes de la pareja, la separación es la única opción posible, ya que " a paz no llamó Dios". No obstante, siempre es mejor prevenir que curar. Por ello, es bueno estar advertido sobre los problemas que pueden romper la vital armonía y concordia de la pareja.  
 
                 III. CÓMO ECHAR A PERDER EL MATRIMONIO  
 
            Antes de reflexionar en torno al significado profundo del compromiso matrimonial en términos de su carácter permanente y de por vida, conviene repasar algunos de los factores que hacen que el ideal de estar unidos hasta la muerte caiga por tierra. Por supuesto, la lista es más amplia y compleja que la que aquí se presenta. Sin embargo, cada pareja puede hacer su propio inventario de cuáles son los peligros y amenazas que pretenden provocar el quebrantamiento de sus votos nupciales.  
 
            1. Inestabilidad del Corazón.  
 
            Si el amor es el factor fundamental en la formación de la pareja, conviene estar advertido de que es relativamente fácil  una confusión a nivel de los sentimientos. Esto significa tomar en cuenta la inestabilidad del corazón. El amor es un sentimiento y, como tal, debe ser tratado con mucha atención y cuidado, ya que es sumamente frágil. El amor nace, crece y madura; pero también puede detenerse en su desarrollo, enfermarse y aun morir. Por ello necesita de una disciplina enriquecedora, que lo produce y solidifique.  
 
            El amor requiere no sólo de la capacidad de acoger ese sentimiento, sino también de la madurez de evaluar sus posibilidades de madurar. El corazón es muy cambiante (Jeremías 17:9), y sólo si su ritmo es constante encontrará el individuo base suficiente para aventurarse en la empresa de construir una pareja.  
 
             2.La monotonía o la Rutina.  
 
            Un segundo enemigo, que atenta contra la adecuada integración de la pareja es la monotonía o la rutina. La relación entre un hombre y una mujer puede ser tan insípida, vulgar y poco atractiva y creativa, que se torne insoportable. Cuando en la pareja se considera que toda ha sido dicho, cuando el amor se expresa con la misma liturgia de siempre, cuando aun los conflictos son reiterativos y no hay crecimiento en ningún área común, entonces el futuro de la felicidad se recorta mientras se agiganta un presente de desdicha. En una pareja donde el pasado está más presente que el futuro, casi no hay esperanza. No se puede vivir de recuerdos. La rutina los ha devorado.  
 
            La única manera de neutralizar la ponzoña de la falta de creatividad es la renovación del amor, mediante los innúmeros recursos que existen para ello; un respeto y una comprensión, que sean promotores de la plena realización del otro y no inmovilizadores de los impulsos; y, un sano espíritu de aventura y búsqueda de lo novedoso, pueden ayudar a este propósito. Sobre todo, la demostración permanente de afecto  por todos los medios posibles, debe ser la característica si se quiere una relación plena de creatividad. Es interesante, en este sentido, el lugar que ocupan las expresiones de cariño de la vida conyugal en el poema de amor más extraordinario de todos los tiempos: el Cantar de los Cantares, en la Biblia. Isaac y  Rebeca fueron observados desde una ventana mientras se acariciaban, de tal manera que Abimelec se dio cuenta de que no podían ser otra cosa que marido y mujer (Génesis 26:8, 9). Cuando el amor es alimentado de ternura, dedicación, fidelidad, cariño y pasión, siempre encuentra caminos por los cuales ofrecer novedades a la pareja.  
 
            3. Los Celos.  
 
            Un tercer obstáculo para la integración conyugal profunda son los celos. Este sentimiento negativo, lejos de ennoblecer el amor, lo humilla y desgasta. Terminan por estropear la sustancia del amor, ya que producen altercados interminables. Por eso, el que tiene celos duda de la fidelidad de la persona amada.  
 
            En Cantares  se afirma que los celos son duros como el sepulcro (Cantares 8:6), mientras que en Proverbios se dice que son "el furor del hombre" (Proverbios 6:34). La historia está plagada de ejemplos de las obras maravillosas que han resultado del amor. Sin embargo, ¿qué contribución significativa han hechos los celos? ¿Quién ha resultado más feliz gracias a ellos? ¿Cuántos crecieron y maduraron como seres humanos plenos en virtud de su ejercicio? Un simple repaso de la realidad cotidiana nos puede ofrecer razones más que suficientes para reconocer el  peligro de esta enfermedad del espíritu y la gravedad que su contagio entraña para la salud de la pareja.  
 
           4. La Discordia.  
 
            Un último obstáculo para el amor entre un hombre y una mujer es la discordia. Los escándalos rompen la felicidad. Los altercados sólo consiguen abrir grietas muy difíciles de reparar en la arquitectura de la pareja. Por cierto, hay que admitir que aun en la mejor de las relaciones se pueden dar momentos de cansancio y mal humor. Las discusiones son inevitables y forman parte de la trama compleja de las relaciones interpersonales. Pero es necesario saber superar esos momentos de crisis, a fin de que la paz y la armonía no se vean quebrantadas.  
 
            La Biblia denuncia a la discordia y a sus asociadas las contiendas, la discusión, el altercado y la rencilla como los compañeros inseparables del hombre malo (Proverbios 6:12, 13; 26:21). Tanto al uno como a la otra Dios los desaprueba Es más, el texto bíblico es más duro todavía al afirmar que tales personas figuran en la lista de seis cosas que él aborrece y abomina profundamente (Proverbios 6:16, 19).  
 
            Un hombre y una mujer que se aman profundamente, que comparten y viven en común los valores más significativos de la vida, que van elaborando proyectos y planes que esperan concretar con el esfuerzo de ambos, que crece  juntos y van madurando como personas ayudándose el uno al otro hacia su realización plena, que tienen un fondo común de confianza que se remota al pasado y se alimenta de las vivencias que les trae el recuerdo, dos seres humanos así pueden constituir una pareja madura y feliz. Si, a su vez, son conscientes de los peligros que amenazan su relación, y se esfuerzan por evaluar adecuadamente sus sentimientos y enfrentan con lo mejor de si la red de la rutina, la tentación de los celes y la seducción de la discordia, será posible que se encuentren con la realización plena de los designios divinos para la pareja humana.  
 
              IV.  ¿POR QUÉ "HASTA LA MUERTE"?  
 
            No hay ninguna receta que resulte infalible para lograr la felicidad conyugal. Por más que se hayan escrito miles de páginas sobre el particular, en ciertos libros y revistas populares, lo cierto es que el adorable milagro de vivir toda una vida juntos, es una meta de logro difícil. Vivir juntos es un arte que esposo y esposa deben aprender con el tiempo y con mucha paciencia.  
 
            Cuando la emoción embarga el corazón de los creyentes ante el altar, da la impresión como que no hay otra alternativa a su deseo de compartir la vida para siempre. Allí parados, frente a la mirada atenta  de muchos testigos, rodeados de flores y envueltos por la música suave del órgano, todo parece muy fácil. De pronto la música cesa y se oyen las solemnes palabra del pastor.  
 
            -- Fulano. ¿Confirmas ante Dios y nosotros, haber aceptado a Mengana como tu legítima esposa?  
 
            -- Sí -- responde él.  
 
            -- Y tú, Mengana...  
 
            -- Sí -- se oye una vez más.    
            Dos si es que parecen decir: -- Sí -- "¡Para siempre y sólo para siempre!"  
 
            1. Lo Exige Dios.  
 
            Debe ser para siempre, porque así lo quiere Dios. Ya hemos vista que la separación fue concesión divina a la debilidad humana (Deuteronomio 21:1), pero no responde al propósito original de Dios para el hombre y la mujer. El divorcio no es un privilegio, sino una simple tolerancia, concedido como un mal menor (Mateo 19.4-7). Sólo en una unión permanente puede lograrse el ideal de "una sola carne", que es expresión de la voluntad final de Dios para el ser humano, y la clave de su perfeccionamiento existencial.  
 
             2. Lo Exige el Amor.  
 
            Debe ser para siempre, porque así lo exige el amor. El amor matrimonial es una continua donación de sí mismo al otro. Es una entrega tan íntima y tan noble, tan total y confiada, que al tiempo que lo exige todo, también excluye todo. El amor matrimonial no admite reservas, provisional o anulación. Si así fuera, perdería su propia identidad o sería un amor decapitado. Por supuesto, más que una realidad hecha el amor es una posibilidad abierta. Su permanencia depende de su cultivo y maduración. Por esto la pareja debe cultivar asiduamente la firmeza de su amor. Caso contrario se deterioraría y podría morir.  
 
             3. Lo Exigen los Hijos.  
 
            Debe ser para siempre, porque así lo exige el bien de los hijos. La prole humana es la más dependiente e indefensa de todos los seres vivos que habitan el planeta. El desarrollo físico, síquico y práctico del ser humano demanda muchos años de cuidado y entrenamiento. A diferencia de la mayoría de los animales, el niño demanda cuidados y un proceso de educación sumamente complejo. Esto hace que su dependencia de sus progenitores se prolongue durante un tiempo muy considerable. En nuestra cultura occidental la adolescencia se va dilatando cada vez más y  el logro de su independencia se logra, en buena medida, conforme sea el grado de respaldo y apoyo paterno.  
 
            El hijo no necesita meramente de una familia, sino de su familia; necesita de sus padres. Su desarrollo integral, entonces, dependerá en sumo grado del carácter de la relación de amor que sus padres mantengan. Si descubren al padre y a la madre amorosamente juntos, se sentirán seguros. Pero se mostrarán aprehensivos y ansiosos si tienen miedo de perder la  confianza de las dos personas más queridas en el mundo, a las que se aferran instintivamente con todo su ser. La desavenencia matrimonial produce un quebrantamiento en la conciencia infantil, que muchas veces es incurable. Muchas situaciones traumáticas, desarrolladas en la infancia, tienen que ver con los conflictos matrimoniales de los padres, y perduran a lo largo de toda la vida del hijo.  
 
            Cuando los padres rompen su relación los hijos quedan a merecen de un destino, que siempre es incierto. Una encuesta científica en Francia estableció que el 85% de la delincuencia juvenil ocurre entre los hijos de padres divorciados. Esta estadística es válida para todo el mundo y señala a un mismo problema: el desastre que significa para los hijos la separación de los padres. Otras investigaciones parecen constatar que un individuo que no conoció desde pequeño un amor constante o padeció dolorosas desilusiones al respecto, se vuelve descreído frente al amor que recibe, no sabe amar con confianza y, si se casa, su matrimonio corre el riesgo de ser inseguro y de fracasar.  
 
            4. Lo Exige la Felicidad de Ambos.  
 
            Finalmente, debe ser para siempre, porque la felicidad de los mismos esposos así lo demanda. La plena realización del amor conyugal no resulta de la conformación de un rosario de aventuras amorosas, sino de la persistencia y el trabajo constante por mejorar la relación que se tiene. En otras palabras, la dicha más grande no es un producto de una suma, sino de una multiplicación; no se desarrolla por un proceso de adición sino de intensificación.  
 
          CONCLUSIÓN:  
 
            Al llegar a las últimas líneas nos preguntamos qué es lo más importante de todo, en lo que hace a la relación de un hombre y una mujer. Consideramos que lo más importante es el amor, el amor es el sentimiento más fuerte que existe en el mundo y en la experiencia humana. El cantar de los Cantares, el libro de la Biblia que presenta el más extraordinario poema de amor, dice: " Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte como la muerte es el amor; duro como el seol los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, no lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían" (Cantares 8:6,7)


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