
En el corazón de esta tierra mexicana,
bajo una bóveda de turquesa barrida por vientos perfumados,
la ciudad de Santiago de Querétaro es como una extraña
ínsula en donde sus silenciosos habitantes hubieran levantado
una muralla impenetrable que detuviera al tiempo, que
sosegara a la vida y conservara la paz inquietable de sus
costumbres.
Palabras del escritor José Julio
Rodríguez, quien sin ser queretano describe en
su libro “Donde la vida es sueño” a nuestra muy
noble y muy leal Santiago de Querétaro.
Dr. Rolando García Ortiz, Presidente Municipal de
Querétaro.
Honorables autoridades que nos
acompañan
Honorables regidores compañeros del
H.
Ayuntamiento.
Invitados especiales
Mesas de Concheros
Señoras y Señores:

El preámbulo con que empieza este
saludo, es como una ráfaga de aire suave y delicioso, como una
pincelada abigarrada, la más delicada y etérea forma de
describir a nuestra muy noble ciudad de Santiago de
Querétaro. Esta mañana quiero pedirles que
utilicen su imaginación y en ella revivan y recreen el
memorable amanecer del 25 de julio de
1531. Fecha en que esta ciudad nace, como
un portento, en el encuentro de dos ejércitos, uno, el de los
bravos
chichimecas bajo el mando de Don
Lobos y de Don
Coyote, el otro, el de otomíes, purepechas y tlxcaltecas ya conquistados y
sometidos al reino español, capitaneado por los caciques,
convertidos al cristianismo, Fernando de Tapia
“Conin” y Nicolás de San Luis
Montañez, siendo este cerrillo llamado el
Sangremal, testigo de un hecho arto curioso,
contado en las historias que parecen leyendas o en las
leyendas que quieren parecer historias, escritas por talentos
excepcionales como Don Carlos de Sigüenza y
Góngora, Fray Isidro Félix de
Espinosa o Valentín Frías, quienes coinciden en
que la mañana
del 25 de julio de 1531, previo acuerdo, se aceptó la gran
batalla en la cual los combatientes deberían enfrentarse
cuerpo a cuerpo, usando únicamente la fuerza de sus puños y
de sus
brazos, Con estruendo resonaron las cajas y los clarines, el
teponaztle y el huéhuetl, la chirimía y el caracol, y al ritmo
de bailes y alaridos se inicio la guerra, en el campo
retumbaron las descargas cerrada de los fusiles, a lo alto, y
con la polvareda que levantaban los pies de los combatientes,
el humo de la pólvora, y las flechas disparadas al viento, y
un eclipse de sol que parece haber sobrevenido en ese punto,
se oscureció el día, de tal manera que se hicieron visibles
las estrellas, y la lucha se prolongó sin que uno ni otro
bando se rindiera.
Cuando el ejercito al servicio de la
Corona
Española desfallecía ante el ímpetu de los
indomables chchimecas, aparecieron en los cielos
Señor
Santiago montado en brioso corcel blandiendo
férrea espada y una gran Cruz luminosa, los naturales al
verla, al grito de "¡Él es Dios!", comenzaron a danzar,
surgiendo de ahí la tradición, orgullo de Queretaro y de
México, la DANZA DE LOS CONCHEROS.

A partir de la conquista, la veneración
a la Santa Cruz de los milagros
de Querétaro, fue
convertida en simientes de religiosidad por los frailes
franciscanos. El signo de la Cruz sedujo a tal grado a los
indígenas que no solo la veneraron sino que la admiraron,
creando a su alrededor una liturgia pagana, con rasgos
idólatras. Sus ritos con el tiempo fueron enriqueciéndose y
sobre todo repitiéndose por décadas, creando una costumbre que
con los años se convirtió en tradición.
En la memoria del pueblo aún perdura la
celebración de las festividades de La Cruz del Cerrito el 3 de Mayo, así como la procesión de los
Cristos de
Querétaro el jueves
santo, actos que congregaban a más de ocho mil indígenas
procedentes no solo de la ciudad y de los barrios, sino además
de otros curatos y rancherías. Las tumultuosas y probablemente
curiosas procesiones fueron suspendidas en el año de 1799 por
el timorato corregidor de Querétaro el Lic. José Ignacio Ruiz Calado, que veía por doquier moros con
tranchete, al considerar que al perder su esencia propiciaban
la promiscuidad y el vicio, sobre todo, al mezclarse hombre y
mujer e ingerir pócimas embriagantes, produciendo además
escándalos y desasosiegos en la comunidad queretana, en fin,
ya sea por quejas de los vecinos y luego por provisión de las
autoridades virreinales y ecleciásticas se suspendieron,
desapareciendo así la procesión de los Cristos y perdiendo
importancia la festividad de la Cruz del Cerrito.
Sin embargo los frailes franciscanos del Convento de la
Cruz propiciaron el
rescate de esas manifestaciones, uniendo ambas en la
celebración del 14 de Septiembre y atrayendo al
Samgremal las mayordomías de la Cruz del Cerrito para incorporarlas a ceremonias más
organizadas en los ámbitos de su convento.
Con ello se enriqueció la tradición, y
al sincronizar la costumbre chichimeca con los proyectos de los frailes
resultó la formación de las llam
adas
Mesas de Concheros. Término surgido por la utilización de
instrumentos musicales fabricados por conchas de armadillo y encordados como mandolinas, que
acompañados por el toque
del huéhuetl y el teponaztle, aunado al susurro de las
sonajas de guaje, y el ulular de los caracoles se producía una agradable y rítmica
melodía, que servía para acompañar el paso elegante y
acompasado de los
danzantes ceñidos sus tobillos
con huesos de fraile.
Toda esta orquestación creaba evoluciones magníficas
produciendo sentimientos profundos, casi místicos, en obsequio
a la venerada Cruz de los
Milagros.
Año con año a esta plaza y a estas
calles en el mes de septiembre ascienden caballeros guerreros
que cientos de años atrás se dieron cita para dar
la gran batalla del
Sangremal, ellos hacen
sonar los caracoles, la chirimía, las sonajas, el huéhuetl, el teponaztle y la concha
de armadillos, ellos
inician sus ritos y sus danzas al grito, lleno de fe,
"¡El es Dios!".
También
año tras año nos reunimos
el 25 de julio en esta encrucijada para rendir una
guardia de honor a Señor Santiago, factor importantísimo en la
reconquista de España
y en la conquista del
Nuevo Mundo. La influencia de Compostela no se limita a la vieja
Europa y España,
al grito de
¡Ultreya!
(¡Más allá!) llevando como paladín al hijo de
Zebedeo, inunda a esta tierra de la esperanza,
con pueblos y aldeas con
su nombre: Santiago. Uno de esos pueblos brilla como
estrella rutilante, con luz propia, con destellos
esplendorosos, hasta ser nombrada la muy noble y la muy leal, tercer ciudad del reino, la
Perla del Bajío, la Ciudad Santa de tierra adentro, la Nueva Jerusalem.
Desde hace 472 años Querétaro quedó marcada con la señal de la Cruz y con la presencia de Santiago Apostol. Y fue por la luz que irradiaba la
Cruz y no por la espada mata moros de
Santiago que esta tierra fue bendita, y es por
la Cruz que este barrio vibra bullangueramente
cada año, y es por la
Cruz y por Santiago "El Peregrino" que desde el Sangremal se transmiten los mismos bienes de
justicia y paz, que nos trajo el Apostol,
por todo el norte de nuestra nación: Sonora,
Chihuahua, Coahuila, Texas,
California, Nuevo
México.
En todos estos territorios se oyó la voz
de los hijos del Colegio
Apostólico.

Pero sería injusto olvidar esta mañana
esplendorosa al fundador de la ciudad de Santiago de Querétaro, a ese indio tomí o
ñahñú, originario de Nopala,
que era pochtécalt o sea: comerciante itinerante, osado y
valiente, que traficaba, año tras año con los semisalvajes o
salvajes chichimecas, nómadas y seminómadas, que vivían de
la recolección y la caza en esta tierras. Estos, a cambio de
enaguas, sayales y uipiles confeccionados con hilos de maguey,
la indispensable sal, sombreros, copal, agujas, seguramente
también frijol, maiz, chile, vasijas de barro y otros
menesteres, entregaban a Conin
las pieles de los animales que cazaban, así como arcos y
flechas en cuya fabricación eran muy hábiles. Cuando los
ejércitos españoles sometieron a la Gran Tenochtitlán y al avanzar la conquista hacia
tierras otomíes, Conín
emigró, juntamente con treinta familias, lejos del dominio
español, evitando así el vasallaje con los conquistadores y al
mismo tiempo para poder practicar libremente el culto a sus
dioses. Después de años de vagar de un lugar a otro,
estableció el primer asentamiento en esta región que por estar
ubicado en La
Cañada, por la forma
geográfica que presenta, le llamaron Andamaxei, lugar donde se juega a la
pelota.
Aprovechando el hilo de agua que corría
por el lugar estableció unas sementeras para el cultivo de sus
alimentos y vivió en paz con los lugareños. Las noticias que
recibían los demás otomíes de la fertilidad de estas tierras,
afirma el historiador Manuel
Septién, en su obra
"Historia de
Querétaro", los
trajeron a este lugar en gran número, de manera que cuando
apareció el encomendero de Acámbaro
Hernán Pérez de
Bocanegra encontró una
población bastante numerosa y un buen lugar para realizar una
conquista y una evangelización. A este Pèrez Bocanegra por venir de la Región de Michoacan le acompañaban purépechas, quienes al ver el lugar, le llamaron
Queréndaro término tarasco que degeneró en
Querétaro, que significa lugar de
peñas.
Es justo insistir que la conquista de
esta tierras chichimecas fue el resultado de una actividad
paciente y constante realizada por el propio Conin,
que poco a poco fue trayendo hacia el lugar llamado
Andamaxei a los chichimecas trabando una
relación de respeto y de ayuda mutua con lo cual se ganó la
buena voluntad y sobre todo la amistad y la lealtad de quienes
lo rodeaban. Que fue suficiente para convencerlos que
aceptaran ser vasallos de los españoles. No fue nada fácil
para él, pues hubo un momento en que, y tanto los otomíes como
los chichimecas, lo quisieron matar, por su relación con
Hernán Pérez de
Bocanegra, su
evangelizador. Con buenos modos y maneras, así como con
regalos y sabias palabras logra este indio el sojuzgamiento de
esta región. Lo demás fue resultado de componendas.
Posiblemente se dio la batalla del Sangremal, con un acuerdo previo entre los
ejercitos que comandaba don Nicolás de San Luis Montañez y el propio Conín,
quien para esas fechas ya había recibido el bautismo y
adoptado el nombre de Hernando
por su evangelizador y de Tapia en
honor a Andrés de
Tapia uno de los mas
valientes y eficaces capitanes venidos con Cortés,
o posiblemente se conquistaron estas tierras a sangre y fuego.
Por eso el nombre de este cerro que fue bañado con la sangre
de valientes chichimecas y leales otomíes.
En las investigaciones históricas
nuevas, cuyo objetivo es encontrar las fuentes que le den
sustento real al acontecimiento de la fundación de
Querétaro, aún no se tiene una respuesta clara y
definitiva sobre este hecho. La misma fecha de su fundación,
25 de julio de
1531, está en
entredicho. Pero lo que no cabe duda es que esta población por
haber sido fundada originalmente en forma clandestina o en
forma irregular, no quedó documentada su fundación, pues el
objetivo principal de este asentamiento fue ocultarse de los
conquistadores españoles. También fue cierto que surge gracias
al ejercicio mundano pero también civilizador del comercio,
promovido por un talento y carismático
mercader: Conín. Querétaro fue posteriormente refundada hasta
quedar ubicada al pie del Sangremal pero con una traza totalmente
indígena.
Aún cuando los estudios realizados sean
inexorables, sigue siendo deliciosa la narración (que para
muchos es leyenda y para otros un milagro divino) de la
aparición de Señor
Santiago cabalgando
por el cielo sobre un brioso caballo blanco; la visión de la
brillante Cruz; el ocultamiento del sol y la
aparición de las estrellas; y la sumisión de los gentiles, así
como la petición del bautismo y la erección de un altar con
una cruz a la vista en el cielo. Con ello fue bendita esta
tierra. Y el germen híbrido sembrado por el indio
Conín, por los misioneros e hidalgos surgió
una planicie llena de vida, poblándose el lugar de caseríos
altivos y los cielos de cúpulas y torres que se elevan como
oración de roca.
Y de esta conquista solo nos queda
palpable el grito ¡El es
Dios!, la
Santa Cruz y Señor
Santiago que siguen
realizando milagros como un regalo al amor de sus
seguidores.
Regidora
Natalia Carrillo
García
y
Licenciado
Roberto Servín
Muñoz
Santiago de Querétaro a 25 de julio del
2003.
(Agradecemos las fotos ceremoniales al Sr. Juan Botello
Montes, de la I. Municipalidad de Santiago de
Querétaro)