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Con
el sol encuadrado en la sábana celeste del infinito,
iban surcando las nubes sobre mi cabeza.
Mientras el parlotear de los terrícolas se tornaba irritante,
cerré mis ojos y escuché al viento murmurar tranquilidad,
cerré mis ojos y percibí que el mundo pedía felicidad,
cerré mis ojos y sentí que mi espíritu necesitaba libertad.
Con la luna encuadrada en el manto oscuro de la noche,
iban surcando las estrellas sobre mi cabeza.
Divina noche de los tiempos,
llegaste para que pudieses descansar.
Ya está vacía la plaza, puedo soñar en paz. |