Prólogo
El tren avanzaba rápidamente. La noche había caído y los pasajeros cansados
por el largo viaje dormitaban. Sólo un joven parecía indiferente al transcurrir
del tiempo. Desde que abordara el
tren, no había dejado de mirar por la ventanilla; sumergido en sus propios
pensamientos, permanecía ajeno al mundo.
Pero el mundo no se alejaba de él. Todas las jóvenes lo miraban deseando poder
conocerlo, mirarlo de cerca, escuchar su voz… más de una se había acercado
procurando entablar conversación y tuvo que alejarse derrotada.
Lo cierto es que el joven era muy guapo, no
parecía tener más de 25 años, cabello negro, alto y un cuerpo definido por
la actividad física, pero lo que más atraía de él eran sus ojos, de un azul
sumamente oscuro en los cuales cualquiera desearía sumergirse. No viajaba sólo, sin embargo.
A su lado una niña de aproximadamente 5 años
dormía. Su cabello tenía un color
rosa y peinado en dos coletas extrañas, que a la vista parecían orejas de
conejo. Era claro que el viaje desde
Sapporo (Hokkaido) hasta Tokio la había extenuado.
El tren empezó a aminorar su marcha, a través
de las ventanillas podían verse las luces de la ciudad. La gente empezó a despertar y pronto, el silencio
que había reinado en las últimas horas dejó paso a las voces y el hormigueo
de los pasajeros que se alistaban para descender.
El joven emitió un profundo suspiro, recogió
los libros y el conejo de felpa de la niña, colocándolos en una mochila. Esperó a que la mayoría de los pasajeros bajasen
del tren para entonces colocarse la mochila en la espalda y cargar a la niña
en brazos.
Allí estaba en Tokyo, sólo con su hija, sus
maletas y un papel con una dirección.
"Espero que Andrew aún esté en el Crown
Center"