SIEMPRE ESTARÉ A TU LADO

CAPITULO SEGUNDO

Eran las nueve de la mañana cuando Darien se despertó. Al hacerlo se dio cuenta de que estaba desnudo y de que toda su ropa estaba desparramada por la habitación. Fue en ese momento cuando recordó todo lo que había pasado con Cristal. Ella había entrado a su habitación justo cuando se disponía a ir a buscar a Serena, se había sentado a su lado, habían hablado de los viejos tiempos y después y sin saber como habían terminado acostándose. Todo había pasado muy rápido, se había sentido hechizado por la magia de la chica, como...como...no sabía como explicarlo pero sentía que anoche no había sido el mismo. Sin embargo, no tenía excusa.

"Dios mío, si Serena se entera", pensó de pronto. Ella era una chica muy sensible y seguramente se enfadaría, se lo reprocharía y si se sentía muy dolida tal vez su orgullo pudiera más que su amor y lo dejará. La sola posibilidad de que esto sucediera hizo que Darien palideciera notablemente porque no soportaría que Serena lo abandonara, ella era su vida, toda su vida, su luz, su sueño, su niña. Pasara lo que pasara Serena no debía averiguar jamás lo ocurrido, se encargaría de que Cristal no lo descubriera.

Rápidamente se dirigió al cuarto de Serena para ir a buscarla. Cuando llegó, llamó a la puerta pero al no recibir respuesta entró muy silenciosamente para ver si su amada estaba allí.

Serena dormía plácidamente en su cama. Parecía un ángel.

Darien se acercó a ella y le acarició la mejilla mientras susurraba su nombre. Al rato, Serena abrió los ojos y al ver quien estaba a su lado, se incorporó frenéticamente y lo abrazo con fuerza.

-¡¡¡Darien!!!.- exclamó.

-¡Vaya! Si lo llegó a saber vengo antes.

- Es que estoy muy contenta de verte. Ayer tuve un mal presentimiento y fui a buscarte pero no encontré tu habitación.

- No me digas que té perdiste.-preguntó con incredulidad.

- Esto... pues sí... pero... ¡yo no tengo la culpa de que esta casa sea más grande que un palacio!.Además. - la expresión de su rostro se torno triste .- esperaba que vinieras a buscarme para... bueno ya sabes... para hablar... Cristal. - terminó diciendo casi con lágrimas en los ojos.

-Así que ese es el problema, Cristal.- comentó Darien mientras se sentaba en el borde de la cama.

- No me malinterpretes, no es que no confíe en ti... es solo que te comportaste de una forma tan extraña cuando Arthur la mencionó y luego Robert me contó...

- ¡¿Robert?!. ¿Hablaste con Robert?

- Bueno... me perdí... me metí en su habitación por equivocación... y... me quede un rato. ¡ Pero solo hablamos!.

- ¿ Y que te contó?.- Darien parecía muy enojado.

- Dijo que Cristal y tu fuisteis novios, que tú la querías muchísimo y que ella te dejó porque en realidad nunca estuvo enamorada de ti. También me comentó que le odias porque ella le prefirió a él y que... la sigues amando.

-Serena.- dijo suspirando.-es cierto que hubo una vez en la que creí estar enamorado de ella pero solamente lo creí, me bastó conocerte para darme cuenta que lo que siento por ti jamás podría compararse con lo que sentí por ella, tal vez admiración, el deseo de tener aquello que todo el mundo codiciaba pero nunca amor.- los ojos de Serena brillaban de emoción.- Y en cuanto a Robert, nuestra enemistad es mucho más antigua, creo que comenzó el día en que Arthur me trajo a vivir a esta casa, de alguna forma el siempre pensó que le robaba algo que le pertenecía.

- ¿Lo dices en serio?

- Sí.-le respondió con una sonrisa.- Además, ya es hora de que bajemos a desayunar.

- De acuerdo.

Llena de felicidad al saberse amada por el chico de sus sueños, Serena se dispuso a vestirse cuando se dio cuenta de que Darien aún estaba en la habitación.

- Darien, espérame abajo que tengo que vestirme.

- ¡Ah! Tranquila, te espero aquí que se está muy bien.- le dijo con picardía. El lanzamiento de un zapato fue la respuesta de la chica ante lo cual Darien decidió esperar abajo. Serena río a carcajadas al verlo salir con una cara de decepción que le llegaba hasta la suela de los zapatos.

En el preciso momento en que Darien salió de la habitación una extraña sombra lo siguió sin ser vista ni por Serena ni por Darien. Ya fuera la sombra tomó un rumbo diferente, al parecer se dirigía a la habitación de Cristal, a la que entró deslizándose por el hueco que había entre la puerta del cuarto y el suelo. Ya dentro comenzó a adquirir volumen y color hasta transformase completamente en Robert.

- Estas descuidando tu labor.- le reprochó el recién llegado a la chica que estaba asomada por la ventana.

- No es culpa mía.- respondió Cristal.-Darien la ama con locura y en cuanto me separó de él, sus sentimientos hacia ella rompen el embrujo.

- Entonces no lo hagas, permanece a su lado continuamente, conviértete en su sombra y recuerda que necesitamos que este completamente bajo nuestro control para conseguir nuestro objetivo.

- ¿Y Serena? No sé si podré conseguirlo si ella está presente.

- De ella y del viejo me ocupo yo. Ahora ve a buscarlo, debe estar en el comedor con Arthur,esperándola. Por cierto, Darien pretende ocultarle lo que paso la otra noche, utiliza eso para separarlos.- le aconsejó antes de salir del cuarto.

**********

En el comedor, Darien y Arthur recordaban viejos tiempos a la espera de que llegaran los demás.

- Y recuerdas aquella vez en que me castigaste por pelearme con Roller.- reía Darien.- me juré a mismo que nunca más volvería a hablarte por la injusticia que habías cometido.

- ¿Cómo que injusticia? Pero si casi le rompes una costilla.

-¿Y que querías que hicieran? Fueron ellos los que empezaron no yo, de alguna forma tenía que defenderme.

- ¿Seguro?

- Bueno... puede que buscase algo de venganza... pero se lo tenían bien merecido por destruir la cabaña de reunión de mis amigos.

- ¡Ay, Darien!

- Lo sé, lo sé, la venganza no es buena.- recitó Darien imitando la expresión del anciano que no pudo evitar reírse a carcajadas.

- Cierto, aunque creo que ahora puedo confesarte que si yo hubiera estado en tu lugar hubiera hecho lo mismo.- se atrevió a decir Arthur. Las risas por parte de ambos resonaron por toda la habitación.- La verdad es que extraño tu presencia en esta casa.- siguió hablando el hombre una vez que consiguió dejar de reír.

- Bueno, tienes a Robert, al fin y al cabo él es tu verdadero hijo.

- Mi verdadero hijo.- repitió con ironía.- Robert es codicioso, egoísta, mentiroso no es un hijo del que sentirse orgulloso.

-Sé que Robert no es un abanico de virtudes pero siempre será tu hijo eso es una verdad que nunca cambiará.

- Lo sé y pese a sus defectos lo quiero de la misma forma en la que te quiero a ti, es solo que nunca he sabido como demostrárselo. A diferencia de ti, él continuamente cometía faltas que me obligaban a reprenderle porque no quería que se convirtiera en un hombre soberbio, un hombre que pensará que su palabra es ley, y no me di cuenta de como en su mente se quedaban grabadas todas las duras palabras que continuamente le decía mientras que para ti todo eran halagos. Pero qué podía hacer, él era desobediente y caprichoso lo contrario a ti. Creo, que en cierta medida yo soy el responsable de vuestra enemistad.

- Los celos no siempre se pueden evitar. Además aún estas a tiempo de hacerle ver que las cosas no son lo que parecen.

- A tiempo.- suspiró Arthur.- Yo no estoy tan seguro de eso. De todas formas, no es mi intención preocuparte con mis problemas, mejor hablemos de ti. Dime, lo tuyo con esa chica, Serena, ¿es serio?

- Sólo te diré que daría mi vida por ella.

- Vaya no esperaba que...

- ¿Hablabais de mí?.- interrumpió la conversación de los dos hombres una joven de larga cabellera negra y ojos verdes mientras tomaba asiento al lado de Darien.

- En realidad hablábamos de Serena.- respondió Arthur.

- Entiendo.- sonrió la joven.- Por cierto Arthur, Robert me ha dicho que te espera en tu despacho, al parecer quiere hablar contigo de algo muy importante. Deberías ir a buscarle.

- ¿Robert?.- qué podrá querer.- En tal caso, voy a buscarle, luego nos vemos.

- Cristal.- la llamó Darien, una vez que Arthur se hubo marchado.- quería hablar contigo sobre lo que paso la otra noche.

- Lo de la otra noche.- inquirió con curiosidad.- ¡Ah!, eso... ¿ acaso no lo pasaste bien ?

- Cristal. - la miró muy serio, no sabía como decírselo sin herirla.- yo... siento lo que ocurrió...pero yo amo a Serena y...

- Amas a Serena y no quieres que ella se entere de lo que paso, ¿no?.

- Sí...

- No te preocupes... no voy a decir nada.- se mostró extrañamente comprensiva.- Aunque. - continuo la joven al ver como una extraña sombre se movía fuera de la habitación.- debes de reconocer que estuvo muy bien. Si quieres podemos pasar la noche juntos otra vez, ella no tiene por que enterarse.- propuso mientras se acercaba a Darien y lo abrazaba. El chico que comenzaba a sentirse invadido por la misma sensación que experimentara la noche anterior, correspondió al abrazo.

- Volveremos a hacer el amor y te aseguro que lo pasaras muy bien.

Darien asintió ligeramente con la cabeza y la beso. En ese momento Serena entró a la habitación, con lágrimas en los ojos y muy enojada. Al verla el chico se separo de Cristal pero ya era demasiado tarde. Serena le dio un tremendo bofetón y salió corriendo. Darien trató de seguirla pero su exnovia lo agarró del brazo y lo obligó a mirarla. Volvieron a besarse.

Mientras tanto, Serena se encontraba en su cuarto haciendo las maletas. Quería irse de allí antes de que el dolor que sentía por dentro terminara de consumirla. En ese momento, alguien llamó a la puerta. El corazón de la chica se paro, ¿sería Darien?. Despacio se secó los surcos que las lágrimas habían dejado en su rostro y abrió la puerta. No era Darien sino Robert.

- Robert.- se sorprendió la joven.

- Esperabas a alguien.

- No, supongo que no.- respondió la joven mientras seguía empaquetando las cosas. Ni siquiera ha venido a verme, pensó con amargura.- ¿Qué es lo que quieres?

- Haces las maletas, acaso os vais ya.- preguntó con curiosidad.

- Solo me voy yo.

- Entiendo.- susurró Robert mientras se sentaba en el borde de la cama.- Algo ha pasado entre Cristal y Darien.

- ¿Cómo lo sabes?.- se giró repentinamente Serena.

- Era de esperar, recuerda que te lo advertí anoche pero tu no me creíste.

- Yo... es que...

Serena comenzó a llorar otra vez. Robert se acercó a ella y trató de consolarla.

- Darien nunca te ha querido.- le susurraba al oído.- mereces a alguien mejor.

Serena se separó de él.

- Eso no es cierto.

- Ah, ¿no?

- El siempre me ha amado, las cosas comenzaron a ir mal desde que venimos aquí, desde que apareció Cristal.

- Serena, ni Cristal ni ninguna mujer en el mundo podrían separarte de Darien si este te hubiera amado verdaderamente desde el principio. No se deja de amar a una persona en solo dos días.

Las palabras de Robert la hicieron recapacitar, pero no de la manera que este pensaba. Serena sabía que el amor que Darien había sentido por ella era auténtico, lo demostraban todas las batallas que habían vivido juntos. Todas las dudas que ella tenía se basaban en el temor de que al volver a ver a Cristal, el sentimiento que los unió una vez pudiera haber vuelto a resurgir pero Robert tenía razón. Alguien que te ha amado como Darien lo había hecho en el pasado no se olvida de ti tan fácilmente.

Serena recordó que de todas las veces que se habían separado no había habido ni una sola que no hubiera sido causada por una fuerza maligna. Además, no podía olvidar las circunstancias tan extrañas que le habían conducido hasta allí. Sin duda, un enemigo andaba detrás de todo esto.

- Tengo que hablar con Darien.- exclamó de pronto para sorpresa de Robert que esperaba otra reacción.

- Serena... no creo que sea buena idea... te hará sufrir.

- No, tu no lo entiendes. Algo malo le ocurre, tengo que ayudarlo, jamás debí dudar de él.

- ¡No vayas Serena!.- le gritó el chico mientras la tomaba con fuerza de un brazo y la hacía girarse hacía él. Estaba furioso, las cosas no estaban saliendo como esperaba.- Sabes lo que pasó anoche, el mismo te lo ha confirmado, los has visto besarse, ¿qué más pruebas quieres?.

- ¿Cómo lo sabes?. Estaba yo sola cuando los escuché.- Serena comenzaba a comprender.- Eres tu... tú eres el que esta detrás de todo. ¡Suéltame!.- le gritó mientras intentaba zafarse de sus brazos.

Robert la soltó. La miró durante unos instantes y después un aura negra comenzó a rodearle. Serena iba a transformarse pero antes de que pudiera hacerlo, el chico le lanzó una bola de energía que la dejo inconsciente. Despacio avanzó hacía ella que yacía en el suelo. La tomo en sus brazos y desapareció.

Mientras tanto Cristal y Darien habían ido a pasear al jardín. El joven estaba totalmente bajo el control de la chica.

**************

Era medianoche. En lo más profundo del bosque que rodeaba la gran mansión se podían observar cuatro figuras. Una de ellas (Arthur ) permanecía inconsciente y echada de cualquier manera sobre el duro suelo. Las otras figuras eran Cristal, Darien y Robert. Este último miraba con odio al hombre desmayado.

Un leve movimiento indicó que este se estaba despertando aunque el panorama con el que se encontró no le ayudó a sentirse mejor. No entendía lo que estaba pasando, lo único que sabía es que cuando había ido en busca de Robert alguien le había golpeado fuertemente en la cabeza y ahora sentía como si esta le fuera a estallar. Sin embargo, allí estaba su hijo para aclarárselo todo.

- Por fin despiertas, padre.- le habló burlonamente.

- ¡Robert!.- exclamó el anciano, algo desconcertado. No obstante, pronto recupero todo su aplomo y, levantándose, exigió una explicación.

- Creo que está muy claro.- respondió agriamente Robert. Siempre había odiado que le hablase con ese tono de superioridad.

- ¡No!, no lo entiendo y quiero que me lo expliques ahora mismo... es una orden Robert.

Un fuerte rayo oscuro que lo estrelló contra un árbol fue su respuesta. Arthur lo miró con miedo, ¿quien era ese monstruo?, " ¿Quién eres? ", consiguió decir en un susurro.

- ¿Yo?...déjame pensarlo... creo que soy tu hijo... o al menos lo fui durante un tiempo, digamos hasta que Darien el perfecto llego a tu vida.- le escupió con coraje en la voz.

Arthur iba a decir algo pero Robert se lo impidió amablemente( le lanzo unos de sus rayos menos fuertes)

- Sabes.- continuo.- hubo una época en la que aun me sentía orgulloso de ser tu hijo y deseaba con todas mis fuerzas que tu sintieras lo mismo pero no eso no podía ser porque yo era el delincuente, el desobediente... y tu... tu... ¡ ya tenías a Darien!.- dijo con rabia, o ¿dolor?.- Si supieras las noches que pase en vela pensando en lo maravilloso que sería que Darien muriese, odiándolo con todas mis fuerzas, creyendo que así te recuperaría.

- Robert... - Arthur estaba llorando, siempre supo lo que pasaba pero jamas se imagino que el odio de Robert fuera tan profundo.

- Pero un día todo cambio... durante el viaje que hice a las montañas.- sus ojos se iluminaron con una luz roja, casi irreal.- Encontré una piedra que cambió mi vida, me dio un poder que jamas creí que pudiera tener pero por encima de todo me mostró la realidad... no era yo el que debía ser digno de ti, sino tu, y no lo habías conseguido. Desde ese momento todo mi respeto hacia ti se torno en odio y por primera vez en mi vida vi cerca el día de la venganza, el día en que acabaría con tu vida.

Arthur se estremeció, aquellas palabras habían sido dichas con tanta frialdad que sabía que cuanto dijese o hiciese no serviría de nada, así que prefirió callar. Robert estaba decidido a acabar con su vida y nada podía hacer él por impedirlo, tan solo lamentaba que todo acabase así pues por encima de todo le dolía su hijo...

Robert contempló la mirada de resignación y compasión de su padre y sintió coraje, coraje porque él quería verlo sufrir, coraje porque quería verlo suplicando perdón, coraje porque quería humillarle... pero el chico no había dicho su última palabra. Con una sonrisa estremecedora le hizo una señal a Cristal. La chica salió de entre las sombras acompañada por Darien y fue en ese preciso instante cuando Arthur se dio cuenta de su presencia y por primera vez sintió verdadero pánico, no por él, sino por su otro hijo.

Lentamente Darien se acercó al anciano con una espada en las manos, este trato de hablarle pero Darien no escuchaba solo podía oír la voz de Cristal diciendo que lo matase... Cuando llego a su lado elevó la espada, lo miró durante unos instantes con una mirada de hielo y lo golpeó. El sonido de la espada al cortar la carne hizo que Robert se estremeciese de placer. La primera parte de su venganza había terminado pero eso solo había sido el principio.

Con un gesto de la mano le indicó a Cristal que rompiera el hechizo que pesaba sobre Darien. Cuando lo hizo y este recobró el sentido lo primero que vio fue el cuerpo degollado de Arthur y en sus manos el arma homicida. Horripilado soltó la espada y con lagrimas en los ojos de dolor y furia se giró hacia Robert. Es cierto que había estado en trance pero al igual que recordaba lo ocurrido con Cristal durante la noche recordaba todo lo que allí se había hecho y dicho.

- ¡Robert!.- rugió con ira.- Pagaras por esto.

- ¿ Y que piensas hacer?.- río este. - Transformarte en Tuxedo Mask y matarme.

Darien retrocedió asombrado, ¿cómo podía conocer su secreto?.

- No pongas esa cara, hermano. Mi poder me ayudo a descubrir tu gran secreto y te aseguro que de nada te servirán tus patéticas rosas en esta ocasión.

- Eso lo veremos.

A continuación, Darien se transformó y lanzó su ataque más poderoso contra el joven pero a este solo le hizo cosquillas, en cambio, el contra ataque de Robert lo dejo muy lastimado, sin apenas poder moverse.

- Me parece que este es el fin, hermano, pero antes de acabar contigo quiero que te despidas de alguien.

Al decir esto, desapareció y, al cabo de unos segundos, volvió con alguien en sus brazos. Era Serena. Darien palideció, ¿ y se le obligaba a hacer con Serena lo mismo que había hecho con Arthur? Robert pareció leerle el pensamiento porque se aproximo a él y le dijo:

- La culpa es tuya Darien. No debiste involucrarla y ahora solo queda un camino.

- Si la matas, te aseguro que no descansaré hasta que haya acabado contigo y, ni la misma muerte, me impedirá cumplir mi amenaza. Puedes que hayas averiguado que soy Tuxedo Mask pero no sabes ni la mitad de la historia.- los ojos de Darien centelleaban, la fuerza parecía haberle vuelto y una extraña aura lo envolvía. Por un momento Robert retrocedió algo cohibido pero solo fue un momento. Después volvió a sonreír con seguridad.

- Tus amenazas no me dan miedo hermanito, de todas formas no voy a matar a la chica, ella me gusta.- confesó mientras acariciaba la mejilla de Serena.

Enfurecido, Darien corrió hacia él pero un nuevo rayo, esta vez aun más poderoso, lo envío contra un árbol. Robert sonrió y después, como burlándose del joven, beso con pasión a Serena quien despertó al instante y al ver donde y con quien estaba intentó escapar, pero solo consiguió que el otro la bajara y la agarrara fuertemente del brazo.

- Serena.- la llamo débilmente Darien.

La chica que hasta entonces no había notado su presencia, comenzó a llorar al verle magullado y casi muerto.

- Serena.- le susurró Robert al oído.- despídete de él, a partir de ahora serás solo mía.

A continuación, lanzó una enorme bola de fuego que fue directa hacia Darien. El impacto fue tremendo pero cuando el humo provocado se hubo disipado se pudo observar que Darien no estaba allí.

- Jamás dejaré que dañes a Serena.- le dijo Darien ( que se encontraba detrás de su enemigo ) a Robert, mientras le daba un tremendo puñetazo con todas sus fuerzas.

Robert cayo al suelo soltando a Serena y cuando se disponía a contraatacar escuchó como su enemigo gritaba con sus últimas fuerzas ( pues era casi un milagro que hubiera conseguido escapar del ataque de Robert y lograr situarse detrás de este sin que se diera cuenta y todo en cuestión de segundos. Claro que todo tiene explicación, su mayor poder era su amor por Serena ) antes de desmayarse:

- ¡ Transfórmate ahora!

Atónito, Robert contemplo como hasta ahora la inofensiva muchacha se transformaba en Sailor Moon y, antes de que pudiera reaccionar, realizaba su ataque. Antes de morir la maldijo a ella, a Darien, a Arthur y a toda la raza humana.

**********

La mujer de ojos verdes besó tiernamente al niño de cabellos negros que la miraba con amor, después se apartó de él y se dirigió a la cálida luz blanca que descendiendo desde el cielo hasta la tierra iluminaba todo a su paso. Allí la esperaba su marido. Ambos se giraron una vez más para despedirse de su hijo y después desaparecieron con la luz. El chico vio como se marchaban mientras sonreía. Sabía que allí donde iban serían muy felices y que siempre estarían a su lado. Por algo eran una familia.

La suave brisa que le acariciaba el rostro lo despertó. Con la mirada perdida Darien contempló su alrededor. Se encontraba en su cama, en su departamento. ¿Qué había pasado?. Lo último que recordaba era el tremendo puñetazo que le dio a Robert para que soltara a Serena, después, todo se volvió oscuro.

De pronto, alguien llamo débilmente a la puerta sacándole de sus pensamientos.

- Adelante.- respondió él.

Serena entró a la habitación con una amplia sonrisa en su rostro. Se sentó en el borde de la cama y le dio un dulce beso.

- ¿Qué tal has dormido?. Sin sueños, espero.

- Yo... bueno... ¿qué ha pasado Serena? Quiero decir, Robert y Cristal están... muertos.- había tristeza en su voz.

- Cristal está bien, creo que se ha marchado a Estados Unidos. No recuerda nada de lo que ha pasado, aunque es lo mejor, al fin y al cabo solo fue un títere más en los planes de Robert. En cuanto a él. - Serena bajo la cabeza.- lo siento, su odio era demasiado profundo y a causa de eso rechazó la parte del ataque que podría haberle salvado.

- Robert. - suspiró con tristeza, porque en el fondo para Darien él era su hermano.- ¿Y Arthur?.- preguntó de pronto al recordar lo que había ocurrido.

- Le he devuelto la vida, ahora debe estar desayunando en su gran mansión sin recordar nada de lo acontecido.- le respondió la joven mientras se levantaba de la cama.

- Siento haberte metido en esto.- dijo apenado al ver como ella se marchaba.-Si lo hubiera sabido, jamás hubiera puesto en peligro tu vida.

- No importa.- contestó dulcemente mientras se detenía en mitad de la habitación y se giraba para mirarlo.- En realidad, hiciste bien.

Durante unos instantes se miraron a los ojos, después Darien se incorporó, se dirigió hacia ella, la tomó de la cintura y la atrajo hacia él. Sus labios quedaron separados apenas unos centímetros, sus corazones latían a cien por hora en un mismo ritmo casi mágico y sus cuerpos temblaban al sentirse tan cerca el uno del otro. La mirada de Darien se perdió en la belleza de esos profundos ojos azules que tanto amaba y antes de robarle el beso que tanto deseaba en esos momentos oyó como ella le susurraba: " Te amo Darien y siempre estaré a tu lado. "

FIN

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