Capítulo 12: Conversaciones
Darien terminó de empacar sus cosas
para el viaje y miró el reloj de su mesita de noche: las ocho y cuarto de la
mañana.
“Y
aún no se ha levantado”.-
murmuró resignado.- “Está claro que esta niña no tiene remedio”
Se acercó a la habitación de su esposa
y abrió la puerta sin ningún miramiento.
-
¿Estás despierta?.- inquirió.
Un leve movimiento en la cama le indicó
que así era.
-
Entonces será mejor que te levantes, no creo que a tus amigas les agrade
demasiado la idea de esperarte toda la mañana.
Serena, molesta por el comentario,
asomó la cabeza por encima de las sábanas para darle a su marido la respuesta
que merecía pero se contuvo al ver la expresión de su rostro. No se estaba
burlando de ella solo se preocupaba.
-
No voy a ir.- respondió al final mientras volvía a refugiarse bajo la seguridad
de sus sábanas.
Darien enarcó una ceja extrañado y
estiró con fuerza de las sábanas que cubrían a la chica dejándola sin
protección. Serena le dirigió una mirada asesina.
-
¿Qué haces?.- cuestionó, desde la escena de los despertadores se había
prometido a sí misma que primero preguntaría y después golpearía en todo lo
relacionado con Darien Chiba.
-
Si no te vas con ellas vendrás conmigo.- le contestó como si tal cosa.- No
puedes quedarte aquí el fin de semana.
Serena se incorporó, tomó las sábanas,
le sacó la lengua y volvió a tumbarse sobre la cama. Lo estaba desafiando.
Días atrás esta actitud tan infantil
hubiera sacado de quicio al joven, ahora, le hizo sonreír. Salió de la
habitación dejando que creyera que había ganado su duelo personal y volvió al
cabo de cinco minutos. La rubia lo miró de reojo tratando de averiguar lo que
estaba tramando, acurrucándose un poco más al sentir como él se inclinaba sobre
ella.
-
Hora del baño, cara de Luna.- le susurró al oído.
Antes de que Serena se diera cuenta de
lo que estaba pasando se encontró en brazos de Darien con sábanas y todo, lo
siguiente que supo es que estaba dentro de la bañera llena de agua caliente de
su cuarto de baño, con la boca abierta por la indignación e incapaz de decir
algo lo suficientemente grosero como para expresar lo que sentía en ese
instante. Por supuesto, la sonrisa de satisfacción de Darien no la ayudó en
nada a calmarse.
-
¡Tú... tú... .- trató de decir para al final gritar de frustración y hundirse
por completo debajo del agua.
-
Prepararé el desayuno.- oyó que le decía Darien.
Al cabo de media hora terminó de
asearse y vestirse y bajó a la cocina en donde su marido la estaba esperando
con el desayuno ya listo. Serena lo ignoró y tomó un par de tostadas.
-
¿Aún estás enfadada?.- le preguntó Darien mientras colocaba su vaso en el
lavavajillas.
-
¿Enfadada?¿Yo?.- ironizó.- ¿Por prohibirme quedarme el fin de semana en mi
casa?¿Por meterme dentro de una bañera llena de agua? Claro que no.- le
contestó de muy mal humor.- ¿Por qué debería estarlo?
-
Eso es bueno.- fue el sorprendente comentario del pelinegro.
-
¿Perdón?.- lo miró indignada.
El chico estaba apoyado en la pared
libre de la habitación, con los brazos cruzados y una expresión de calma en su
rostro.
-
Si estás tan enfadada conmigo supongo que te irás de viaje con tus amigas.-
sonrió.- Así tendrás tiempo de hacer las paces con ellas.
-
¿Cómo... .- se sorprendió.- ...cómo sabes que me he peleado con Sei... digo con
ellas?
-
Intuición, supongo.- se encogió de hombros y se sentó en una silla.- Pero si os
habéis peleado lo mejor es que vayas a ese viaje y aproveches para arreglarlo
todo.
-
Últimamente parece que todo el mundo sabe lo que es mejor para mí.- de pronto
se sentía incapaz de seguir enfadada con él.- Preferiría quedarme aquí.
-
¿No te acuerdas?.- preguntó extrañado.- Te dije que este fin de semana vendrían
a fumigar la casa, lo hago siempre que me mudo a algún sitio, no me gustan las
sorpresas desagradables.
-
¿Fumigar?.- inquirió con cara de no entender nada.
-
Ya veo que no te acuerdas.- suspiró.- Bueno.- se levantó.- tengo que irme ya,
nos veremos el domingo en la noche.
Serena asintió sin ganas mientras se levantaba
a buscar un poco de leche y pensaba en sus opciones. Le había prometido a
Hotaru que la llevaría de viaje y no soportaría desilusionarla, tendría que
tragarse su orgullo e ir a las montañas.
-
No importa.- murmuró.- Con solo pasar de él bas...
Se calló de golpe al sentir como unos
fuertes brazos la rodeaban por la cintura atrayéndola hacia alguien que la
besaba con dulzura en la mejilla. No había que ser un genio para saber que esa
persona era Darien.
Durante un segundo Serena se quedó
paralizada, después se separó de él de un empujón.
-
¡¿Qué crees que estás haciendo?!.- exigió saber.- ¡¿Acaso quieres que me enoje
otra vez contigo?!
Darien le dirigió una tímida sonrisa.
-
Lo siento.- metió las manos en los bolsillos de sus pantalones tratando de
ocultar lo nervioso que se sentía por lo que acababa de hacer.- Es que no me
gusta verte triste y pensé que un beso te haría sonreír.- apenado.- Ya vi que
me equivoqué.
“¿Qué
no le gusta verme triste?”.-
pensó.- “¿Desde cuándo?”
Sin saber por qué, de pronto se sintió
terriblemente bien y se sonrojó. El chico notó el cambio y se sintió más
seguro.
-
Solo espero que algún día me tangas la suficiente confianza como para hablarme
de tus problemas.- le dijo mientras colocaba un dedo sobre la frente de la
joven y la empujaba ligeramente hacia atrás.- cara de luna.- sonrió
burlonamente.
En menos de un segundo, Serena recobró
la compostura.
-
¡¡¡¡Darien!!!!.- gritó con todas sus fuerzas indignada por el apelativo.
Desafortunadamente para ella, Darien ya se había ido.
Hotaru contemplaba divertida como
Serena daba vueltas de un lado a otro gesticulando continuamente con las manos
y dirigiéndose a si misma palabras ininteligibles. Cuando habían llegado a la
escuela y bajado del taxi se habían encontrado con que allí no había nadie
esperándolas, hecho que había sorprendido bastante a su amiga.
La joven había dejado las maletas delante
de la verja del edificio y había dado la vuelta a toda la construcción con la esperanza
de dar con alguna de sus amigas (a Seiya no quería ni verlo). No había tenido
éxito.
-
Lo siento mucho, Hotaru.- dijo.- Pero creo que tendrás que volver a tu casa.-
frunciendo el ceño.- Esas malagradecidas me han dado plantón.- subió el tono de
voz.- ¿Y todo por qué? Solo por llegar un poco tarde.- apretando los puños
enojada.- Grrrrrr, ¡¡¡no hay derecho!!!¡¡¡Mal amigas!!!¡¡¡Des...
-
¡¡¡Serena!!!
-
¿Eh?.- se calló de golpe y abrió los ojos de par en par sorprendida.
-
¡Uf!.- se paró en seco Minako mientras tomaba aire y soltaba la pesada maleta
de ruedas que llevaba.- ¡¡Menos mal que aún no os habéis ido!! Se me hizo tarde
preparándolo todo.- rió escandalosamente.
En el mismo instante, un taxi se paró
enfrente de la escuela y de él bajo Amy con una maleta y pidiendo disculpas
bastante avergonzada por haber llegado tarde por primera vez en su vida.
Dos enormes gotas de sudor aparecieron
en la cabeza de Serena mientras reía compulsivamente y le hacia una señal a
Hotaru para que no dijera nada. La adolescente se limitó a guiñarle un ojo muy
divertida por la escena.
Al cabo de dos minutos llegaron Seiya y
sus hermanos y a Serena le brillaron los ojos maquiavélicamente. No perdió la
oportunidad de descargar todo su enojo y frustración con Seiya utilizando como
excusa su falta de puntualidad, en especial cuando ella se había esforzado
tanto por no llegar tarde al menos una vez en su vida, y lo había conseguido
para que luego dijeran (sin testigos no hay pruebas y a Hotaru podía comprarla
fácilmente).
El pelinegro aguantó el sermón con
entereza y algún que otro ocasional lo siento. Cuando Serena por fin terminó
suspiró de alivio, sintiéndose liberada. Aunque como seguía enojada con su
amigo no le dirigió la palabra durante todo el trayecto en su enorme furgoneta
negra.
- ¡Vaya!.-
exclamó Haruka con admiración mientras dejaba su maleta en el suelo.- ¡¡Este
hotel es impresionante!!
Michiru sonrió mientras su amiga
recorría el vestíbulo con la mirada. Con el suelo de mármol rojo, las paredes
blancas, los altos techos y las enormes lámparas plateadas de cristal, el lugar
maravillaría a cualquiera que lo visitara por vez primera. A ambos lados de la
gigantesca habitación estaban los recepcionistas del hotel, detrás de amplios
mostradores de madera tallada con exquisitas figuras. Un poco más adelante
había dos pares de puertas dobles de madera y cristal que conducían a los
salones del hotel.
Al lado de recepción había colocados
diversos sofás y sillones de terciopelo negro y en el lateral izquierdo había
una puerta que conducía a la piscina. En el centro de la estancia había una
enorme escalera de aquellas que solo se ven en las casas señoriales antiguas,
adornada con una hermosa alfombra de terciopelo rojo y que conducía a las
habitaciones.
Los ascensores de cristal se
encontraban a cada lado de la recepción.
-
Vayamos a registrarnos.- sugirió Michiru mientras se dirigía a recepción.-
Tengo ganas de saber si Setsuna ha llegado ya.
Haruka asintió y tras dar sus nombres
un bedel cargó con su equipaje y las invitó a subir en el ascensor. En el mismo
instante en que el artefacto subía, Darien bajaba las escaleras y se acercaba a
hablar con el recepcionista que segundos antes había atendido a Haruka y
Michiru.
-
¿Algún mensaje para usted?.- inquirió el hombre.
El pelinegro asintió.
-
Mmmm.- revisó el correo.- Sí, creo que sí. Lo dejó hace media hora la señorita
Hino. Tome.
Darien, han llamado los señores Aikawa y
Takawari, llegarán a la hora del almuerzo junto con el señor Nogara y el señor
Inaba. Espero que no te moleste si me tomo la mañana libre. Si me necesitas
para algo estaré en la piscina del hotel.
Rei
Hino
- Estupendo.-
suspiró abatido mientras agradecía al recepcionista su atención y se sentaba en
uno de los cómodos sofás del vestíbulo.
Esta era la parte que menos le gustaba
de las reuniones de fin de semana: la espera. Generalmente se dedicaba a leer
algún que otro libro pero esa mañana en particular no se sentía con ánimos, lo
único en lo que pensaba era en lo diferente que hubiera sido todo si Serena lo
hubiera acompañado.
Apenas la conocía hacía una semana y ya
la extrañaba. ¿Qué estaría haciendo en ese momento?¿Pensaría en él? La
curiosidad lo dominó y decidió llamarla al móvil. Buscó su nombre en la agenda
del suyo antes de que la inseguridad lo invadiera y no fuera capaz de realizar
la llamada.
Al quinto tono, alguien contestó al
teléfono y digo alguien porque no era Serena.
-
Diga.- contestó la voz de un hombre.
-
Hola.- respondió educadamente Darien. Tal vez era alguno de los compañeros de
clase con los que la chica se había ido de viaje.- Me gustaría hablar con
Serena, ¿está por ahí?
-
¿Serena?.- inquirieron al otro lado de la línea con una voz bastante,
¿molesta?.- ¿Quién eres?
La pregunta hizo que Darien pusiera una
mueca de disgusto, ¿qué le importaba a ese chico quién era él? El móvil era de
Serena y él quería hablar con ella. Aún así, respondió con cortesía.
-
Darien Chiba.- guardó silencio durante un segundo y no pudo evitar añadir algo
más.- ¿Y usted?
-
Uf, el tío de Serena, ¿cierto?.- sonó como si suspiraran de alivio.- Soy Seiya
Kou...
Al instante Darien se puso alerta.
-
... su novio.- concluyó.
La cara de Darien lo decía todo, suerte
para Seiya que la conversación se estaba manteniendo vía telefónica.
-
Perdón, ¿he oído bien?.- consiguió decir después del momento de parálisis.- ¿Su
novio?
-
Bueno... aún no.- rectificó de inmediato al notar el tono frío de Darien y
recordar que Serena le había dicho que no estaba muy bien de la cabeza.- pero
en cuanto... espera un momento... .-de pronto una tercera persona entró en la
conversación.- ...lo encontré en el suelo... ¡claro que sí!... ¡empezó a sonar
justo cuando iba a hacerlo!...¡bombón!...Si sigues así tu tío Darien va a...
¡¡ay!!.- la voz se escuchó algo lejana.- ¡qué bruta eres bombón!... Darien, soy
Serena, espera un momento que ahora te llamo.- colgó.
Llegados a este punto, Darien estaba al
borde del colapso nervioso aunque en su favor hay que decir que lo disimulaba
bastante bien. Al cabo de cinco minutos su móvil empezó a sonar, suspiró varias
veces para calmarse y respondió a la llamada.
-
¿Diga?.- inquirió con normalidad.
-
Darien, soy Serena.- habló.- Perdona por lo de antes es que a veces Seiya mete
las narices donde nadie lo llama.
-
No lo dudo.- respondió cortante.
-
Sí... ya... esto... Darien.- su voz sonaba nerviosa.- ¿de qué hablasteis?
-
Acaso importa.- contestó con frialdad.
-
No.- titubeó.- es solo que... bueno que... que él no sabe...
-
¿Qué estamos casados?.- concluyó por ella. El silencio al otro lado de la línea
telefónica le indicó que había acertado.- No se lo he dicho si es eso lo que te
preocupa.
-
¿De verdad?.- sonó aliviada.- No sabes cuanto te lo agradezco Darien, es que...
-
No me importa por qué piensa que soy tu tío, Serena.- la interrumpió, ya no
aguantaba más.- Solo quiero saber por qué ese chico dijo que era tu novio.
-
¿Mi novio?.- cuestionó débilmente mientras se sonrojaba.- Él no es mi novio, ya
estoy casa...
-
Lo que tu digas.- la cortó enojado.
-
Eh.- risa nerviosa.- ¿y para qué me has llamado?
-
Ya no importa.- contestó.- Adiós.- colgó.
Los celos corroían el alma de Darien.
Serena le había dicho que no tenía nada con ese chico pero aún así sentía que
algo no iba bien. Sino fuera porque el trabajo lo esperaba (y porque no sabía a
dónde había ido Serena exactamente) hubiera cogido su coche en ese mismo
instante y hubiera ido en busca de su esposa.
-
Esto es ridículo.- murmuró en voz baja mientras se pasaba una mano por el
pelo.- ella no puede afectarme tanto, no puede...
Recordó que Rei le había dicho que
estaría en la piscina y decidió ir a buscarla. Sería lo mejor, así podría
olvidarse durante unas horas de Serena, necesitaba estar lo más tranquilo
posible para cuando llegaran sus clientes y ahora mismo se sentía a punto de
estallar. Los celos lo estaban matando.
Los Tree Lights y sus invitadas
llegaron al chalet un poco antes de las doce de la mañana. Entusiasmados por el
fin de semana que les esperaba (a excepción de Serena y Yaten) se bajaron de la
furgoneta y observaron con placer el paisaje de montañas y árboles que rodeaba
la modesta casa de veraneo de los Kou.
-
¡Este lugar es una maravilla!.- exclamó Minako feliz mientras estiraba los
brazos hacia arriba y disfrutaba de la suave brisa.- ¡Ojalá tuviera yo un sitio
así para pasar las vacaciones!
-
Tienes razón.- concedió Amy mientras sacaba sus maletas del maletero.
-
Permíteme que te ayude.- se ofreció Taiki amablemente.
-
No es necesario.- se sonrojó la peliazul aunque dejó que el chico cargara con
sus maletas y las de ella y lo siguió al interior de la casa.
-
¡¡Yo llevaré las tuyas, bombón!!.- se ofreció Seiya.
-
No hace falta, ya puedo yo sola.- respondió indiferente.- Si quieres lleva las
de Hotaru.- le indicó cuáles eran y Hotaru y ella siguieron a Amy y a Taiki.
-
Te lo tienes bien merecido.- pasó Yaten a su lado.- Por imbécil.
Seiya le dirigió una mirada asesina.
-
¡¡¡Yaten!!!.- se colgó Minako de su brazo.- Lleva tú las mías, ¿si?.- le
brillaron los ojos.
-
Ni por asomo.- intentó inútilmente que lo soltara.- Que las lleve Seiya, ya que
todo esto fue idea suya.
-
Sí claro.- ironizó el aludido.- Y de paso llevo también las tuyas.
-
Como quieras.- respondió al mismo tiempo que emprendía el camino al chalet
resignado ante el hecho de que no se libraría tan fácilmente de la persistente
Mina.- Va a ser el peor fin de semana de mi vida.
-
¡Eh!.- gritó Seiya.- ¡No me dejéis aquí solo con todo esto!
Nadie le hizo caso.
-
Desagradecidos.- se quejó molesto.
Se dirigió al maletero resignado por su
mala suerte cuando un pequeño artefacto blanco que estaba en el suelo al lado
de una de las ruedas traseras de la furgoneta llamó su atención.
-
¡Anda! Pero si es el móvil de mi bombón.- lo cogió.- Ji, ji, creo que echaré un
vistazo... sí, estos son sus mensajes... a ver... .- de pronto el teléfono
empezó a sonar.- ¿Eh? Diga.- respondió.
*****************
-
Este es el salón, a la izquierda está la cocina y en la planta de arriba las
habitaciones y los aseos.- explicaba Taiki a las chicas.- Podéis...
-
Ey, Serena.- habló Minako.- ¿Podrías dejarme hacer una llamada por tu móvil? Es
urgente y el mío se ha quedado sin batería.- colocándose una mano detrás de la
cabeza.- Con las prisas olvidé recargarlo, ji, ji, ji.
-
Un día de estos perderás la cabeza, Mina.- le regañó.-Toma.- abrió su bolso
para cogerlo.- Uy... no está, que raro.
-
¿Qué no está?.- le arrebató el bolso y lo registró.- Pues no, tal vez se te
haya olvidado.
-
Por supuesto que no.- discutió.- Yo aún sé donde tengo puesta la cabeza, debió
caerse en la furgoneta. Voy a buscarlo.
Dejó el bolso en una silla y salió al
exterior en busca de su móvil. Cual no sería su sorpresa al encontrarse con que
Seiya lo tenía y que encima lo estaba utilizando para hablar sin su
consentimiento. Muy enfadada se acercó hasta él, le dio unos golpecitos
(golpetazos, diría yo) para llamar su atención y se cruzó de brazos.
-
Espera un momento... .- se giró Seiya.
Cuando vio la expresión de enojo de
Serena el pobre chico tragó saliva, antes de que pudiera tan siquiera abrir la
boca para explicarse la chica ya le estaba gritando.
-
¡¡¡Quién narices te crees que eres para coger mi móvil sin permiso!!!.- casi se
abalanza sobre él.- ¡¿Acaso crees que el hecho de ser famoso te da derecho a
hacer lo que te venga en gana?!.- le reprochó.- ¡¡No puedes ir por ahí besando
a las chicas para burlarte de ellas y luego encima robarles sus móviles!!¡Es una
canallada!
-
...lo encontré en el suelo... .- fue lo único que el chico atinó a decir
asustado ante la reacción de su bombón. Estaba claro que aún estaba molesta por
lo del otro día.
-
¡Ah, claro! Y seguro que estabas a punto de devolvérmelo.- ironizó.
-
¡Empezó a sonar justo cuando iba a hacerlo!.- mintió. Si le decía en ese
momento que su primer pensamiento había sido fisgonear sus mensajes seguro que
lo mataba ahí mismo.
-
¡¡Mentiroso!!.- gritó con furia.
-
¡¡Bombón!!.- intentó acercarse a ella.- Si sigues así tu tío Darien va a ...
No le dio tiempo a terminar la frase,
en cuanto Serena escuchó la palabra Darien dejó de gritar y le arrebató el
móvil de un empujón.
-
¡Ay!.- se quejó al chocar contra la puerta de la furgoneta.-¡Qué bruta eres
bombón!
Serena lo ignoró, colgó a Darien tras
prometerle que lo llamaría después y se giró hacia Seiya.
-
No vuelvas a cogerme el móvil sin mi permiso.- le ordenó.
-
Bombón, espera.- la agarró del brazo antes de que se marchara.- Tenemos que
hablar sobre lo que pasó anoche.
-
No hace falta.- contestó con dureza.- Ya me quedó bastante claro todo.
-
No, no te quedó.- le rebatió serio.- Por eso tenemos que hablar.
-
He dicho que no.- se soltó.- Y ahora déjame en paz que tengo que hacer una
llamada.
-
¡Bombón, por favor!.- la interceptó.- Te prometo que no te arrepentirás.-
Serena lo miró de reojo aún con los brazos cruzados.- Por favor.- le suplicó.
-
¡Uf!¡Está bien! Pero más te vale que sea una buena explicación o no volveré a
dirigirte la palabra en lo que te queda de vida.
-
Gracias.- sonrió.
Por la expresión de su rostro Serena
aún estaba enfadada pero al menos había accedido a escucharlo.
-
En realidad, es muy sencillo.- se acercó a ella.
-
¿Ah sí?.- enarcó una ceja.
-
Sí.- posó su mano derecha sobre el hombro de la chica que lo miró con cierto
recelo.- Todo se reduce a una simple cuestión.
-
¿Cuál?.- inquirió sin abandonar su postura defensiva.
-
Necesitaba saber qué era lo que te atraía de mí.
Serena se quedó muda, ¿tanto se notaba
que Seiya le gustaba? Por un momento bajó sus defensas.
-
Quería saber si mi fama de cantante tenía algo que ver.- la miró con dulzura.-
Gracias a tu reacción, ahora sé que no.
-
¿Por eso lo hiciste?.- preguntó asombrada, lo creía y ni siquiera se le pasó
por la cabeza que fuera una prueba estúpida.- Si me conocieras sabrías que
nunca estaría con alguien solo por su fama.- le riñó, se sintió muy bien, todo
su enojo había desparecido con esa simple confesión, y se alegraba de que
Darien casi la hubiera obligado a ir.
-
¿Esa bella sonrisa significa que estoy perdonado?.- cuestionó Seiya feliz.
Serena asintió.
-
¡Me quitas un peso de encima, bombón!.- suspiró.- No sé cuanto tiempo hubiera
aguantado sin que me hablaras. Por cierto.- la miró con cara de tonto.- ¿no te
gustaría saber por qué era tan importante para mí saber por qué estabas
conmigo?
-
Bueno.- se puso a pensar y ni siquiera notó como Seiya colocaba su otra mano
sobre su diminuta cintura y la atraía hacia él.- tal vez porque...
-
Porque me gustas mucho, bombón.- le dedicó una sonrisa.
Serena se quedó mirándole, paralizada,
sin saber qué creer, qué pensar o qué sentir. Antes de que pudiera reaccionar
Seiya la estaba besando solo que esta vez fue un beso anhelante, apasionado...
nada que ver con el de la otra noche. Un placentero cosquilleo se extendió por
todo su cuerpo y Serena no pudo ni quiso rechazarlo, le respondió con el mismo
anhelo.
Seguramente hubieran continuado así
todo el día, besándose y abrazándose si Minako no los hubiera interrumpido.
-
¡Tortolitos!.- los llamó.- Siento tener que interrumpiros pero Taiki te está
buscando Seiya.
El chico rompió el beso y separó a
Serena un poco de él, la chica se puso nerviosa al comprender lo que había
pasado y empezó a mirar de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer.
-
Hablaremos después, bombón.- le dijo con ternura.- No te escapes, ¿eh?
-
Yo... escaparme.- se sonrojó.- No, no... a dónde...
Seiya rió, le dio un rápido beso y fue
en busca de su hermano. En cuanto entró en el chalet, Mina aprovechó para
dirigirle una picaresca mirada a su amiga.
-
Que calladito te lo tenías, Serena.- la picó.- Menos mal que se supone que
estás casada.
-
¡¡Casada!!.- reaccionó de pronto al recordar ese pequeño detalle.-¡Dios Santo!
Seiya cogió la llamada de Darien, espero que no se haya enterado de nada.
-
Teniendo en cuenta lo que acaba de pasar lo dudo mucho.
-
Tengo que comprobarlo.- marcó el número de su esposo.- Darien, soy Serena.
Perdona por lo de antes, es que a veces Seiya mete las narices donde nadie lo
llama.
-
No lo dudo.- la voz de Darien sonó extremadamente fría, casi como si estuviera
enfadado.
“¡Espera!”.-pensó Serena.- “¡Y si ha sido Seiya
quien ha dicho algo que no debía!”
-
Ji, ya... esto... Darien.- tenía que averiguarlo enseguida, no creía que a su
marido le sentara muy bien que andara por ahí ligando con un chico, por eso de
las apariencias.- ¿de qué hablasteis?
-
Acaso importa.- peligro.
-
No.- cómo se lo decía sin que sospechara demasiado.- es solo que... bueno
que... él no sabe...
-
¿Qué estamos casados?.- Serena tragó saliva, si le había dicho algo, cualquier
cosa que lo hiciera sospechar... .-No se lo he dicho si es eso lo que te
preocupa.
-
¿De verdad?.- se sintió igual que si hubiera aprobado un examen, ahora solo
tenía que asegurarse de que Darien no sospechara nada.- No sabes cuanto te lo
agradezco Darien, es que...
-
No me importa por qué piensa que soy tu tío, Serena. Solo quiero saber por qué
ese chico dijo que era tu novio.
-
¿Mi novio?.- casi se atraganta por una pregunta tan directa. Ni siquiera se
había planteado esa posibilidad aunque ahora que Darien lo mencionaba... se
sonrojó... ¡no! Espera un momento, tenía que despistar a Darien, ¡niégalo!
¡niégalo!.- Él no es mi novio, además, ya estoy ca...
-
Lo que tu digas.
“¿Lo que ella
dijera?¿La creía?”
-
Eh.- no pudo evitar reírse, mejor cambiaba de tema.- ¿y para qué me has
llamado?
-
Ya no importa, adiós.- y colgó.
Serena se quedó muda de la impresión.
-
Me ha colgado.- le dijo a Mina que había estado pendiente de toda la
conversación.- Me ha colgado.- repitió sin poder creérselo.
-
Ya te he oído.- respondió.- ¿Está enfadado por lo de Seiya?
-
No lo sé, más que enfadado me dio la sensación de que estaba.- lo pensó durante
un minuto.- ¿celoso?
-
¿Celoso?.- la miró Mina extrañada.- ¿Por no guardar las apariencias?.- de
pronto una nueva idea hizo que su cara brillara de entusiasmo.- ¿No será que se
ha enamorado de ti?.- rió con picardía.
-
Eso es ridículo, Mina.- negó Serena con absoluta certeza.- Darien y yo no tenemos
nada en común, que alguno de los dos se enamorara del otro sería igual que
decir que por la noche sale el sol.- se puso en jarras.- ¡Una estupidez!
Además, creo que no sospecha nada (ingenua).- quitándole importancia al
asunto.- Supongo que el trabajo no le está yendo bien y que por eso estaba tan
raro.
-
Por supuesto.- asintió Mina no demasiado convencida, el tiempo lo diría.-
Pasemos a otro asunto.- se frotó las manos entusiasmada.- ¿Qué hay con Seiya?
-
¿Con Seiya?.- se hizo la despistada.
-
Sí, con Seiya.- la acosó.- Y no te atrevas a decirme que no hay nada porque los
vi besarse.
Serena se sonrojó y guardó silencio no
muy segura de si debía hablarle o no a Minako sobre lo que sentía. Su amiga a
veces podía llegar a ser un tanto bocazas. Finalmente optó por
sincerarse, al fin y al cabo Mina lo había presenciado todo y siempre era mejor
esperar que no se le escapara nada a dejarla creer que podía hablar con los
demás sobre el tema.
-
No estoy muy segura.- suspiró y se apoyó en la furgoneta de los chicos.-
Verás...
********************
Rei Hino no pudo menos que suspirar
embobada cuando desde su cómoda posición en una de las tumbonas que rodeaban la
piscina del hotel, vio acercarse a su nuevo jefe en traje de baño y con una
toalla sobre el hombro. El chico estaba muy serio y parecía algo preocupado
pero aún así su cuerpo musculoso, sus profundos ojos azules y su pelo negro le
conferían cierto aire salvaje que atraía las miradas lascivas de las mujeres y
las envidiosas de los hombres.
La joven se hinchó de placer cuando vio
como Darien le dirigía una mirada de reconocimiento y se sentaba en la tumbona
que estaba al lado de la de ella.
-
Rei.- saludó.
-
Darien.- le devolvió el saludo.- ¿Sabes? Había perdido la esperanza de que
vinieras.- sonrió.- Me alegro que hayas cambiado de opinión.
-
Sí.- respondió algo distraído.- Necesitaba relajarme.
No añadió nada más, se quedó pensativo
contemplando el agua azul de la piscina. Definitivamente algo le preocupaba y
Rei no pudo evitar sonreír al pensar que tal vez tuviera problemas con su
esposa.
-
Hiciste bien.- se estiró en la tumbona presumiendo de atributos.- Hubiera sido
una pena pagar por estar en un sitio como éste y no disfrutarlo.
Varios hombres la miraron embobados,
Darien se limitó a sonreírle para indicarle que la estaba escuchando. Tendría
que cambiar de táctica.
-
No te has echado protección, ¿verdad?.- lo analizó con ojo crítico.- Deberías
hacerlo aunque seas de piel morena.
-
No tengo crema protectora.- se encogió de hombros.
-
Utiliza la mía.- le ofreció.
Darien la tomó y se la echó mientras
Rei lo admiraba de reojo y tomaba unos cuantos sorbos de su copa. Cuando solo
faltaba la espalda se apresuró a ofrecerse voluntaria.
-
Ya lo hago yo.- le arrebató el bote antes de que pudiera protestar.- Estás muy
tenso, relájate, tienes que estar tranquilo para cuando lleguen tus invitados.
Darien no pudo evitar mirarla con cara
irónica, como si no lo supiera. Sin embargo tras un rato siendo masajeado por
la joven comenzó a relajarse y a sentirse mejor. Cerró los ojos y se dejó
llevar por la placentera sensación, Rei en su fuero interno se felicitaba a si
misma.
-
Realmente lo necesitaba.- sonrió y giró la cabeza para mirar a la chica.-
Gracias S...
Su sonrisa se desvaneció de golpe al ver
el cabello y los ojos negros de Rei.
-
Darien, ¿qué ocurre?.- inquirió desconcertada ante un cambio tan brusco.
-
Nada.- se levantó tratando de ser amable.- Te agradezco el masaje Rei pero creo
que ahora me daré un baño.
Dejó su toalla en la tumbona y se metió
en la piscina. Durante un momento, Rei tuvo la tentación de seguirlo pero
cambio de idea al ver los rápidos largos que el chico estaba haciendo, casi
como si huyera de algo o de alguien.
-
Solo espero que no sea de mí- suspiró abatida, había perdido las ganas de
continuar en la piscina.- Será mejor que espere a que esté de mejor humor.
Miró el reloj, faltaba apenas una hora
para el almuerzo así que recogió sus cosas y se marchó a su habitación para
arreglarse.
Al cabo de veinte minutos, Darien dejó
de nadar y salió de la piscina cansado y sin apenas aliento. Al ver que Rei no
estaba se imaginó que ya debía ser casi la hora del almuerzo y que habría ido a
cambiarse. Tomó su toalla y se dispuso a hacer lo mismo.
Sin embargo, no pudo evitar detenerse
unos segundos y contemplar nostálgico el lugar en donde tiempo atrás su
secretaría le había dado el masaje.
Por un momento todo había sido
perfecto, por un momento había pensado que Rei no era Rei sino Serena, su
esposa. Por un momento, había sido un hombre feliz.
******************
-
Entonces, ¿cuántos años has estado en el extranjero?.- preguntó Haruka a la
esbelta mujer que las estaba acompañando a Michiru y a ella en el almuerzo.
-
Cinco, tres de ellos los he pasado en Francia y los dos primeros en España.
-
Excelentes lugares para ganarse una buena reputación en el mundo de la moda.
La mujer asintió.
-
Y estoy segura que tu debut en Japón será todo un éxito.- intervino Michiru.-
De aquí a unos años la firma Setsuna Meiou se conocerá en todo el mundo.
-
Eso espero.- contestó Setsuna.- He trabajado muy duro.
-
¿Has tenido tiempo de ir a visitar a tu tío?.- preguntó Michiru.
-
No, aún no... pero creo que al menos hoy podré ver a mi primo.- sonrió
complacida mientras señalaba con la mano una mesa cercana a la suya.
Haruka y Michiru miraron al lugar
indicado, una mesa ocupada por seis personas, una de ellas Darien Chiba.
-
¡Qué casualidad!.- exclamó Michiru.-
-
¿Tu primo? Qué maldición.- frunció el ceño Haruka con desagrado.
-
Mejor no preguntes.- rió Michiru ante la muda pregunta de Setsuna.
-
Debe de estar en alguna reunión de negocios.- comentó la mujer.- Pero no creo
que mi visita lo incomode.- finalizó con un extraño brillo en los ojos.
A pesar de ser siete años mayor que él,
el carácter maduro de Darien había facilitado que siempre se hubieran llevado
bien, casi como hermanos y el hecho de que durante cinco años Setsuna no
hubiera tenido apenas noticias de él solo aumentaban sus ganas de saludarlo.
En cuanto se acercó a la mesa fue
recibida con un fuerte abrazo de Darien, una disculpa por parte del joven a sus
clientes y a Rei y una invitación a sentarse en la mesa.
Michiru y Haruka observaron a lo lejos
como Setsuna declinaba la invitación y las señalaba a ellas.
-
Me parece que tendremos que acercarnos a saludar.- comentó Michiru.- Aunque no
te apetezca.- se rió de la cara malhumorada de Haruka.
-
¡Qué sorpresa!.- exclamó Darien en cuanto se acercaron.- Desde luego el mundo
es un lugar muy pequeño.
-
Por desgracia.- fue el seco comentario de la corredora, el cual le valió un
codazo por parte de Michiru. Darien prefirió hacer como sino hubiera oído nada.
-
Le estaba diciendo a Darien que mañana por la tarde participaré en el desfile
de modas que ha organizado el hotel.- dijo Setsuna.- Y que por supuesto está
invitado, todos lo estáis.- agregó a los acompañantes de su primo.
-
No me lo perdería por nada del mundo.- respondió Darien.
-
Entonces me voy más tranquila.- sonrió Setsuna.- Esta noche me pasaré por tu
habitación para hablar de los viejos tiempos, de hecho, creo que tenemos mucho
de lo que hablar.- le dirigió una extraña mirada que no presagiaba nada bueno.
A Setsuna no le había pasado desapercibido el semblante deprimido de su primo.
Se despidieron y volvieron a su mesa.
Cuando Setsuna, Haruka y Michiru se sentaron de nuevo, la rubia le dirigió una
mirada suplicante a su amiga.
-
¿De verdad tengo que ir a ese desfile?.- inquirió con cara de mártir.
Setsuna y Michiru se miraron y
estallaron en carcajadas.
Después de un agotador día en que los
chicos se habían dedicado a desempaquetar el equipaje y a disfrutar de la
piscina de la casa, ahora descansaban en los cómodos sofás del salón con una
agradable música de fondo.
Taiki y Amy compartían uno de los sofás
y conversaban amenamente sobre medicina. El largo día transcurrido les había
demostrado que tenían bastantes cosas en común, incluso la medicina. De hecho,
Taiki se había sorprendido bastante al saber que su nueva amiga pensaba ser
doctora, justamente lo él hubiera escogido sino se hubiera decantado por el
mundo de la música (decisión en la que sus dos hermanos habían tenido mucho que
ver) y desde entonces había centrado toda su atención en ella.
Yaten por su parte estaba tumbado en
otro sofá con Minako sentada en un sillón a su lado hablándole continuamente,
justo como había hecho durante todo el día. El peliblanco no sabía que le daba
más miedo, si el hecho de saber que aún tendría que aguantarla un día más o el
hecho de que empezaba a acostumbrarse a su palabrería.
Serena y Hotaru estaban sentadas en el
sofá opuesto al de Taiki y Amy. Hotaru no paraba de hablar de lo bien que se lo
había pasado en la piscina y de lo bien que pensaba pasárselo mañana en la
pista de esquí del hotel Vista Nevada. Serena, por su parte, intentaba
concentrarse en la conversación pero las continuas miradas de Seiya que la
observaba desde el otro lado de la habitación mientras buscaba un cd de música
no se lo permitían.
Después de sincerarse con Mina y de
recibir el consejo de que se dejara llevar por su corazón y no se preocupara de
nada más, habían vuelto a la casa y Seiya no le había dicho nada sobre lo
ocurrido. Lo único que hacía era mirarla continuamente, sonreír y estar todo el
rato pendiente de ella.
Para ser sinceros, tampoco es que
hubiera podido hacerlo porque habían estado todo el día acompañados por los
demás. Afortunadamente para Serena, Taiki y Amy estaban demasiado enfrascados
el uno con el otro como para ver nada más, Mina estaba empeñada en conquistar a
Yaten, éste en evitarla y Hotaru era demasiado comprensiva como para comentar
algo.
Serena ya tenía suficiente intentando
ordenar sus sentimientos, pensando en lo que debía hacer y sonrojándose cada
dos por tres como para tener que responder encima a sus preguntas.
-
¡Ya lo tengo!.- exclamó jubiloso Seiya mientras mostraba un cd.- Nuestro primer
single.
-
¿De verdad puedo quedármelo?.- inquirió Hotaru dudosa.
-
No hay problema.- se lo dio.
-
Iré a mi habitación a escucharlo.- lo cogió con algo de timidez.
-
Escúchalo mañana, Hotaru.- advirtió Serena maternalmente.- Recuerda que
tendremos que levantarnos temprano para ir a esquiar al hotel.
-
Eso es cierto.- dijo Taiki mientras se levantaba del sofá.- De hecho, creo que
lo mejor será que todos nos vayamos a dormir ya.
Todos estuvieron de acuerdo así que
apagaron la minicadena y se dirigieron a sus habitaciones. Serena estaba a
punto de hacerlo cuando Seiya le tocó el hombro y le deslizó una nota en el
bolsillo de su pantalón.
-
No faltes.- le susurró mientras subía las escaleras y se metía en su cuarto. La
joven tardó un rato en reaccionar y leer el papel.
****************
“Ha
sido un día muy largo”.-
pensó Darien mientras se metía en la cama y apagaba la luz de su habitación.
Sin embargo, por primera vez desde que
se casó con Serena se sentía a gusto consigo mismo. Y todo gracias a la
conversación que había mantenido con su prima.
Como siempre, Setsuna había terminado por
sacarle todo. Le había confesado el motivo por el qué se había casado con
Serena, lo arrepentido que se sentía por lo que había hecho y lo incapaz que
era de separarse de ella porque se había enamorado (aunque esto último tardó
más de una hora en aceptarlo y admitirlo).
Setsuna le había dicho que lo hecho,
hecho estaba, que dejara de atormentarse por el pasado y pensara en el futuro.
Si se había enamorado de esa chica debía luchar por ella, conquistarla y sino
lo lograba debía actuar como un hombre y dejarla marchar, no retenerla dentro
de un matrimonio que era una farsa y que terminaría destruyéndolos.
Darien suspiró y cerró los ojos
pensando en las palabras de su prima. Haría lo que le había aconsejado,
conquistaría a Serena y su matrimonio ya no sería una farsa.
Serena y él serían felices. Juntos y
enamorados.
*****************
A las dos en punto de la madrugada,
Serena se vistió y salió de su habitación tratando de no despertar a Hotaru.
Bajó por las escaleras y fue hacia la parte trasera del chalet que era en donde
se encontraba la piscina. Seiya no estaba.
Con las prisas a la joven no le había
dado tiempo a recogerse el pelo en sus dos tradicionales coletas y la suave
brisa que corría no hacía más que mecérselo de un lado a otro. Algo molesta por
la situación pues no estaba acostumbrada a llevarlo suelto, trató de
sujetárselo detrás de las orejas y al no conseguirlo frunció el ceño en una
cómica mueca.
Un par de ojos azules la contemplaban
desde la puerta trasera del chalet con auténtica veneración.
-
Eres hermosa.- susurró esa persona mientras se acercaba a la rubia que se giró
y bajó la mirada sonrojada por el comentario.- Lo dicho bombón.- sonrió el
chico cuando estuvo a su lado.- eres lo más hermoso que he visto en mi vida.
-
Me parece que exageras un poco, Seiya.- tartamudeó.
-
Pues yo creo que no.- la tomó de la cintura y la besó con dulzura.- Me encantan
tus labios.- le confesó al romper el beso.- saben a chocolate.
-
Tal vez por el postre de chocolate que hemos comido.- rió la joven.
-
Tal vez.- rió él también.
-
Seiya.- se puso seria y se separó de él.- Yo... yo... .-lo miró con duda.-
necesito saber que hay entre nosotros, por favor.
El pelinegro la miró sin entender.
-
¿Qué quieres decir?
-
Creo que es evidente.- contestó un poco molesta por su pregunta.- Me has citado
aquí y me has besado, tendré que saber si es un...
La risa de Seiya la hizo callar.
-
¿Qué es tan gracioso?.- se cruzó de brazos. Esta vez si que estaba enfadada.
-
Nada.- respondió tras lograr calmarse.- ¿Es qué acaso no puedo besar a mi
novia?
-
¿Tu novia?.- se quedó boquiabierta.- ¿Cuándo hemos llegado a ese punto?
-
Pues... .- se rascó la coronilla confuso.- Como ambos nos gustamos di por hecho
pues... bueno... que lo éramos.- la miró con cara de tonto.- ¿Es qué acaso no
quieres ser mi novia, bombón?
-
No he dicho eso.- protestó.
-
¿Entonces?
-
Es que las cosas no son tan simples como parecen.- bajó la mirada.
-
¿Y por qué no?.- la tomó de la barbilla y la obligó a mirarlo.- Es si o no, tu
decides.
En ese instante, Serena recordó los
consejos de Mina y por una vez en su vida decidió seguirlos, al menos en parte.
-
Sí.- susurró.- Pero con una condición... .- se apresuró a añadir antes de que
Seiya dijera nada.
-
¿Una condición?
-
Sí.- se separó de él.- Nadie debe saber que lo somos a excepción de los que
estamos aquí, ni siquiera nuestras familias.
-
¿Nadie? ¡¡Pero si estaba deseando proclamarlo a los cuatros vientos!!.- se
quejó.
-
Lo tomas o lo dejas.- insistió la rubia.
-
Al menos dime por qué.
-
Bueno.- improvisó.- Es que no me apetece tener a todos los periodistas de Japón
y a toda la escuela acosándome por salir contigo.- mintió.- ¿Qué dices?
-
Qué voy a decir.- rió.- si me muero de ganas de tenerte solo para mí- la arrimó
hacia él y volvió a besarla.- Tengo un regalo para ti, bombón.- le susurró al
oído.
-
¿Para mí?.- le brillaron los ojos.- ¿Otro?
-
Sip.- asintió con una amplia sonrisa.- Ya sabes que me encanta malcriarte.
-
¿Y dónde está?.- inquirió muriéndose de las ganas por saber qué era.
-
Aquí mismo.- le ofreció un paquete que hasta entonces había pasado
desapercibido por estar detrás de una tumbona.
Serena lo cogió y lo abrió en un
segundo. Se trataba del vestido que la chica se había probado en el centro
comercial el día anterior y que no había podido llevarse por andar escasa de
fondos.
-
Y eso no es todo.- sacó del bolsillo de su pantalón dos entradas para un
desfile de modas en el hotel Vista Nevada.- Solo tengo estas dos, por eso te
cite aquí, no quería tener problemas con los demás.
-
Son para mañana por la noche.- observó.- A esa hora ya tendría que estar en mi
casa.
-
Nos iremos en cuanto termine, no durará más de una hora.
-
¿Y los demás?.- inquirió no demasiado convencida.
-
Que se queden esquiando.- se encogió de hombros.
Serena lo miró mal.
-
¡Intenté conseguir más!¡Lo juro!.- se defendió.- Además, así podrás estrenar tu
regalo.- insistió.- ¿Qué dices?
Serena miró las entradas, lo miró a él
y volvió a mirar las entradas. Una amplia sonrisa adorno su rostro mientras se
abalanzaba sobre Seiya para abrazarlo y exclamaba con entusiasmo que aceptaba.
Continuará...