Capítulo 23: Aliados y enemigos
Palacio de la Luna
( sala del trono )
- Y esa es toda la historia.- terminó de contar
el capitán.
Durante
los primeros minutos posteriores a la narración de los hechos todo el mundo
permaneció en el más estricto silencio con expresiones que iban desde el desconcierto
a la furia pasando por la sorpresa mientras digerían todo lo que se les había
revelado en la última hora.
Las
primeras en reaccionar fueron las tres sailors presentes que tras dirigirse
una mirada de mutuo acuerdo se arrodillaron ante su reina.
- Majestad.- habló Mina muy seria.- Como líder
de las inner scouts le aseguró que nuestra lealtad es y siempre será para
usted y la princesa, no importa quien sea ese tercer traidor y lo mucho que
pueda llegar a dolernos si resultara ser alguno de nuestros padres.
- Así es reina Serenity.- fue el turno de Rei.-
Porque antes de todo somos sailors y jamás romperíamos el juramento que hicimos
durante nuestra investidura.
- Además.-intervino Amy.- Serena no solo es
nuestra princesa sino también una de nuestras mejores amigas y nunca permitiríamos
que se le hiciera daño.- bajando la mirada.- Tal vez ese haya sido el problema,
olvidar que nuestra misión es velar ante todo por su bienestar.
- ¡Pero eso no volverá a pasar, majestad!.-
se incorporó Rei hablando con pasión.- A partir de ahora tendremos siempre
muy presente nuestra misión y aniquilaremos a cualquiera que intente haceros
daño a vos o a la princesa.
- ¡Sí!.- exclamaron al unísono Amy y Mina mientras
se levantaban ellas también.
La
reina cerró los ojos como reflexionando sobre la situación y cuando los abrió
avanzó con el semblante serio hacia las tres princesas y se detuvo a escasos
centímetros de ellas.
- Marte, Mercurio, Venus... jamás he dudado
de vuestra lealtad y no empezaré a hacerlo ahora pero no sería franca con
vosotras si nos os dijera que me habéis defraudado enormemente y no porque
antepusierais vuestra amistad con mi hija a vuestra misión sino porque no
supisteis ver el momento de decir alto.- las chicas bajaron el rostro avergonzadas.-
En cuanto a vos capitán.- Arthur la miró expectante.- vuestras noticias son
alarmantes y desconcertantes, incluso difíciles de creer, pero del mismo modo
que confió plenamente en TODAS mis sailors también confió en vos aunque esa
confianza no sea mutua.- le reprochó la reina.- Si deseabais viajar a Júpiter
por... digamos cuestiones personales, debisteis informarme en vez de mentir.
- Yo... .-bajó el rostro.- no sabéis cuanto
siento haberos defraudado, mi reina.
- Yo no he dicho eso.- sonrió la reina dejando
de lado la expresión lúgubre de su rostro.- solo quería dejar claro una cuestión
que es importante sobre todo ahora que os habéis prometido con mi hija.
- Majestad.- se le iluminaron los ojos.- Quiere
decir eso que...
- En cuanto mi hija esté de vuelta y hayamos
solucionado el asunto de la conspiración nada me hará más feliz que anunciar
vuestro compromiso con ella.- contestó a su pregunta.- Y en cuanto a vosotras.-
se dirigió a las princesas con una sonrisa aún más amplia.- no os estoy pidiendo
que dejéis de lado vuestra amistad con mi hija pues no hay mayor protección que la que brindan los seres queridos
sino que reconozcáis vuestro error para poder aprender de él y que no se vuelva
a repetir.-con mirada tierna.- Sé que lo lograreis y que haya donde vayáis
estaré siempre orgullosa de vosotras.
Antes
estas palabras de la reina llenas de amor, confianza y comprensión, Minako
y Amy no pudieron evitar derramar unas cuantas lágrimas mientras Rei se erguía
feliz de servir a la gran mujer que era su reina.
- Y ahora que está todo aclarado.- habló la
reina con decisión.- será mejor que nos pongamos manos a la obra. Rei.- llamó
a la princesa de Marte.- ¿sabes exactamente en donde está el palacio de la
Tierra?
- Sí.
- En ese caso quiero que vayas hasta allí y
que traigas de inmediato a mi hija sin importar las consecuencias, ya me encargaré más tarde de solucionar cualquier
problema que surja al respecto.- Rei asintió.- Y después quiero que vayas
en busca de Lita ...
- Majestad.- la interrumpió Arthur dando un
paso al frente.- Permitidme que sea yo el que vaya en busca de la princesa
Serena.
- Lo siento capitán.- dijo la reina.- Vos nunca
habéis estado en la Tierra y os necesito aquí para preparar la defensa de
la Luna.
- Mi compañero Alex puede encargarse de eso,
majestad.- insistió.- Está perfectamente capacitado para ello y goza de mi
absoluta confianza, de hecho, ya está preparando a los hombres en espera de
recibir sus órdenes.
- Estoy segura de que el trabajo del subcapitán
Alex es perfecto.-replicó la reina.- pero en una situación como esta prefiero
que sea mi capitán quien se encargué de organizarlo todo.
- Os lo ruego, majestad.- la miró suplicante.-
En cierta forma me siento culpable de la situación en la que se encuentra
la princesa, por eso necesito ser yo el que vaya a buscarla.
- ¿Culpable?.- se sorprendió la reina.- ¿Por
qué?
- Porque a pesar de sospechar desde antes de
mi viaje a Júpiter que sucedía algo extraño con la princesa no hice nada por
tratar de averiguar qué era ese algo exactamente.- Serenity se miró las manos
pensativa.- Además, no sabemos cuando tendrá lugar el ataque y en una situación
como esta es importante actuar con rapidez.
Es mucho mejor que la princesa Rei contacte
lo antes posible con la princesa Lita y, yendo en busca de Serena, perdería
un tiempo valioso que yo podría ahorrarle gustoso. Solo tendría que teletransportarme
hasta el palacio de la Tierra y después podría seguir con su misión, yo me
encargaría de buscar a mi princesa y en cuanto la encontrara nos teletransportaríamos
de vuelta a palacio. Además, como soy la razón de su presencia en la Tierra
no se negará a volver.
- Supongo que tiene razón, capitán.- sonrió
la reina.- Mi hija puede llegar a ser muy tozuda y, si sus amigas no pudieron
hacer que volviera antes, nada asegura que lo consigan ahora aunque yo lo
haya ordenado.- se giró hacia Rei.- Quiero que lleves al capitán al palacio
de la Tierra y que después vayas en busca de Lita, infórmale de la nueva situación
y dile que intente averiguar quien es el tercer rey traidor, que finja estar
de acuerdo con Zeus si es necesario pero que no corra más peligro del necesario,
si la situación se complica que vuelva a palacio para reunirse con las demás
sailors.
Rei
asintió con firmeza.
- En cuanto a vosotras dos.- se refirió a Amy
y Mina.- Quiero que ayudéis al subcapitán Alex a organizar la defensa de la
Luna con la mayor discreción posible.
Las
princesas de Mercurio y Venus asintieron y fueron de inmediato a cumplir las
órdenes de la reina acompañadas de Arthur y de Rei.
En cuanto los cuatro hubieron abandonado
la estancia, la reina se sentó en el trono y cerró los ojos pensativa.
- Luna.- los abrió al cabo de un rato.- Quiero
que vayas en busca de Artemis y que le digas que organice una reunión del
consejo para mañana a primera hora.
- ¿Una reunión, majestad?- se sorprendió Luna.
- Sí, y también deberás decirle a Artemis que
informe a los miembros de la alianza que la reunión es de carácter urgente
y que no deben faltar a ella bajo ningún pretexto, que es una orden directa
de la reina.- levantándose del trono y dándole la espalda a Luna.- En cuanto
a la razón de la reunión, que se limite a decir que la desconoce.
- Mi reina.- se acercó preocupada.- Lo que sea
que estéis planeando, ¿no será peligroso para vos, verdad?
Serenity
se giró hacia su consejera con una ligera sonrisa.
- Eso no importa, Luna.- le habló con cariño.-
Lo que de verdad importa es que la Luna no es el único planeta que está en
peligro y que faltaría a mi deber como reina sino avisara a aquellos que se
mantienen fieles a la alianza del peligro que corren.
- ¡Pero pondréis sobre aviso a nuestros enemigos!.-
protestó.- ¿Por qué no esperáis a qué la princesa Lita averigüe quien es el
tercer traidor antes de actuar? Sería lo más prudente.
- Porque no creo que nos quede tanto tiempo.-
suspiró Serenity.- De todas formas, para cuando la reunión tenga lugar la
Luna ya estará preparada para el ataque, solo debemos procurar tenerlo todo
organizado a tiempo y que Artemis no avise a los reyes hasta el último momento
para que no les dé tiempo a reaccionar.- colocando una mano sobre el hombro
de Luna.- Tengo un buen plan y por muy fuertes que se hayan vuelto Atlante
y sus cómplices nosotros también lo somos. Aún estamos a tiempo de solucionarlo
todo Luna, no tienes por qué preocuparte.
- ¿Ni siquiera ante la traición de Sailor Urano?.-replicó
con ahínco.
- Me preocupa más la injusticia que podríamos
haber cometido con la Tierra si resulta ser cierto que Atlante tuvo algo que
ver en el asesinato de Helios.- se le ensombreció la mirada.- Cuando dije
antes que tenía plena confianza en todas mis sailors, ese todas incluía también
a la princesa de Urano.- mirando directamente a su consejera.- Luna, tu la
conoces tanto como yo, ¿de verdad crees que nos ha traicionado? Recuerda que
las cosas no siempre son lo que parecen.
- Yo solo me preocupo por su seguridad, majestad.-
respondió la consejera con un débil tono de voz.
-Ya lo sé.- le sonrió la reina con cariño.-
Ahora ve y cumple mis órdenes.
En las puertas del
tiempo
La misma niebla que rodeaba las
puertas del pasado, presente y futuro se encargaba de hacer imperceptible
la figura de sailor Plutón a cualquiera que no supiera de su presencia en
aquel misterioso lugar y, en muchas ocasiones, esto resultaba letal para el
intruso a quien apenas le quedaba tiempo para reaccionar ante el poderoso
ataque que la guardiana del lugar lanzaba a todo el que se aproximaba demasiado
a ella, no importaba quien fuera.
Claro que para eso antes tenía que ser capaz de llegar hasta allí
lo cual era bastante complicado debido a la existencia del complejo laberinto
que protegía los dominios del tiempo. Solo unos pocos privilegiados podían
utilizar alguna de las dos puertas que conducían directamente al lugar en
donde vigilaba la scout del tiempo, una situada en el palacio de Plutón y
otra en el de la Luna. Y Urano y Neptuno eran unas de esas pocas personas.
- Plutón.- la llamó Urano.- Somos nosotras,
Urano y Neptuno.
Las dos sailors se adelantaron
unos cuantos pasos para que Plutón pudiera comprobarlo, conscientes de que
las estaba vigilando aunque no pudieran verla.
- ¿Qué os trae por aquí?.- se escuchó una voz
desde la niebla.
- Necesitamos hablar contigo y con Saturno de
un asunto muy urgente.- respondió Neptuno.
- Hotaru no está aquí.
- Lo sabemos.- contestó Urano.- Pero no tardará
en llegar, ya la hemos avisado.
- ¿Y cuál es ese asunto tan importante que requiere
la reunión de las outer scouts después de tanto tiempo?.- preguntó mientras
salía de la niebla y se hacía visible a sus compañeras.
- Dínoslos tu.- replicó Urano agresiva.- ¿Acaso
no eres la guardiana de este lugar? Puedes conocer perfectamente lo que ocurre
allá fuera sin necesidad de moverte de tu santuario.
- Mi misión es proteger las puertas.- contestó
con tranquilidad.- No utilizarlas para saber lo qué sucede a mi alrededor,
esa es vuestra misión.
- Una bonita forma de sacudirte de encima cualquier
responsabilidad.- dijo con sarcasmo.- Sobre todo teniendo en cuenta todo lo
que se hubiera podido evitar con tan solo echar un vistazo a la puerta del
presente.
- Abrir las puertas solo hubiera traído complicaciones.-sonrió.-
Siempre lo hace.
- ¿Y qué quiere decir eso exactamente?.- se
cruzó de brazos.
- Urano… .- la tomó del brazo Neptuno.- … no
tenemos tiempo de discutir.
- Lo sé… .- la miró de reojo para luego volver
a centrar su atención en la guardiana del tiempo.- La situación es la siguiente,
mi padre y Zeus están conspirando en contra de la Luna y han diseñado un arma
muy poderosa que piensan utilizar mañana al anochecer para atacar el palacio
lunar. La reina Serenity ya ha sido puesta sobre aviso pero el problema es
que existe un tercer traidor cuya identidad desconocemos y necesitamos tu
ayuda y la de Saturno para averiguar quien es.
- Espero no llegar demasiado tarde.- se escuchó
de pronto una voz a sus espaldas.
Inmediatamente, las tres sailors
centraron su atención en el recién llegado. Se trataba de sailor Saturno y
una sola mirada les bastó para darse cuenta de que algo le había ocurrido
a su amiga desde la última vez que la vieron hacia apenas una semana, durante
la fiesta de envestidura de las inner shensi y de su princesa.
La
joven presentaba algunos moratones en el cuerpo (no muy recientes), tenía
ojeras y la mirada vacía y triste y lo peor de todo era que desprendía una
extraña aura oscura que ella nunca había poseído.
- Y bien.- siguió hablando al ver que nadie
decía nada.- ¿Cuál es el motivo de esta reunión?
- ¿Qué te ha pasado?.- inquirió Urano con rudeza.-
¿Has tenido alguna pelea de la cual debamos saber?
- ¿Eh?
- Tienes muchos moratones en el cuerpo.- intervino
Michiru con más dulzura.- Y se te ve… no sé, distinta… algo ha debido ocurrirte.
- Yo… .-apretó con fuerza su báculo.- … me los
hice en una pelea de entrenamiento, no os preocupéis por mi.
- Sabes que eso no es cierto.- habló Setsuna
muy seria.- No intentes engañarnos.
- Mi vida no es asunto vuestro.- replicó con
expresión fría.
- Lo sé.- contestó Plutón.- Pero se avecina
una batalla en la que seguramente necesitaremos de tus facultades para salir
adelante.- girándose hacia Urano y Neptuno.- En estos últimos días el laberinto
espacio-tiempo ha experimentado una serie de perturbaciones de gran magnitud,
desconocía su causa pero después de escucharos lo más probable es que se deban
a la batalla que se aproxima.
- ¿Qué significan esas perturbaciones?.- preguntó
Urano.
- Las perturbaciones espacio-temporales de esta
magnitud se deben al choque entre dos posibles futuros que se derivan de algún
acontecimiento trascendental que está por ocurrir.
- Eso quiere decir que durante esta batalla
ocurrirá algo que determinará nuestro futuro.- comentó Michiru.- Pero el qué.
- No puedo responder a esa pregunta.- negó Plutón.-
Desconozco cuales son esos dos posibles futuros y el hecho que hará que el
tiempo se decante por uno u otro.
- Pero podrías averiguarlo.- volvió a insistir
Urano.- Solo tienes que echar un vistazo a esas puertas.
- No.- respondió con un tono de voz que no admitía
más discusiones.
- ¿De qué estáis hablando?.- inquirió Saturno
cansada de escucharlas sin entender nada.
Urano
la puso al tanto de la situación y para ninguna de las tres pasó desapercibida
la expresión de culpabilidad que cubrió el rostro de Hotaru antes de ser sustituida
de nuevo por su habitual máscara de frialdad.
- Está bien Saturno.- se acercó Urano a ella.-
Y esta vez será mejor que no nos mientas, ¿qué es lo que sabes al respecto?
- Qué es lo que te hace pensar que sé algo.-
le contestó molesta por la exigencia.
- No creo que haga falta que responda.- le dirigió
una mirada retadora.
- Como queráis.- suspiró.- Aunque eso no cambiará
nada. .- las miró una a una.- El tercer traidor es mi padre.
- ¡Hades!.- exclamó Urano sorprendida.- Pero
qué puede tener él en contra de la Luna, el rey de Saturno nunca ha sido conocido
precisamente por su ambición.
- Es algo peor.- bajó Hotaru la mirada.- Quiere
venganza.
- ¿Qué quieres decir con venganza?.- preguntó
Neptuno.
- …..
- Es por Prometeo.- intervino Setsuna al ver
que Hotaru no respondía.- Ha deseado vengarse de la Luna desde la muerte de
su hermano Prometeo a manos del rey Helios, ¿verdad?
- ¿Cómo… cómo lo sabes?.
- Mi padre me lo contó hace tiempo.
- Pensaba que Prometeo había muerto en un accidente.-
comentó Neptuno.- ¿Qué es eso de que murió a manos del padre de Serena?
- En realidad fue un accidente aunque supongo
que Hades nunca fue de la misma opinión.
- Explícate.- exigió Urano.
- Cuando la reina Serenity era joven tuvo dos
pretendientes: el hermano mayor de Hades, Prometeo y Helios entre los que
existía una enemistad manifiesta, sobre todo por parte de Prometeo.
Cuando ella eligió a Helios, el corazón de Prometeo
se llenó de odio y de sed de venganza por lo que organizó un pequeño ejército
con el que atacó a la Luna días antes de la ceremonia de casamiento de los
que serían nuestros futuros soberanos.
Debido a la superioridad militar de la Luna,
ese pequeño ejército fue derrotado sin apenas resistencia y sin necesidad
de pedir ayuda a otros planetas de la alianza. Prometeo fue apresado por dos
soldados pero consiguió escapar y fue en busca de Helios para desafiarlo a
muerte. Durante el enfrentamiento nuestro rey salió vencedor y le perdonó
la vida a Prometeo pero este, demasiado herido en su orgullo como para aceptar
la derrota, aprovechó un descuido de su odiado rival para intentar clavarle
un puñal en la espalda. Sin embargo, fue él quien terminó con una espada clavada
en el estómago.
- Lo cual nos lleva a la siguiente pregunta.-
dijo Urano.- ¿De qué parte estás, Saturno?
- Yo no tengo opción.- respondió la chica con
tristeza.- Mi destino es más fuerte que mi voluntad, siempre lo ha sido.
- Hotaru… .-intervino Neptuno sorprendida.-
… no intentarás decirnos que estás de parte de Hades.
- Recuerdas cuando te dije que sería mucho mejor
que te mantuvieras alejada de mi.- se dirigió a Plutón.- Que todo lo que tocaba
terminaba pudriéndose.
- Sí.- respondió la aludida temerosa de la siguiente
respuesta.
- Debiste hacerme caso.- dijo para a continuación
desaparecer de allí antes de que sus compañeras pudieran detenerla.
- ¡Maldición!.- exclamó Urano furiosa.- ¡Se
ha escapado! Ahora Hades, Zeus y mi padre sabrán que ya no estamos bajo su
control y que la reina está sobre aviso, puede que adelanten el ataque.
- Nunca creí que Hotaru fuera capaz de traicionar
a la Luna.- comentó Michiru con el semblante sombrío.- Siempre pensé que protegerla
era su sueño.
- No creo que Hotaru vaya a decir nada.- intervino
Setsuna recobrada ya la calma.- De otra forma no nos hubiera dicho lo de su
padre, solo es prisionera de sus propias ideas.
- No pienso arriesgarme.- respondió Urano con
brusquedad.- Iremos a avisar a la reina Serenity para informarle de la nueva
situación y después prepararemos la defensa de la Luna y del resto de los
planetas de la alianza no implicados en la traición.- mirando a Plutón con
rudeza.- ¿Nos acompañarás al menos?
- No.- contestó con pesar.- Yo no puedo moverme
de aquí y menos aún en tiempos de guerra, debo proteger las puertas.
- Como quieras.- dijo Urano antes de dar media
vuelta y marcharse de allí junto con Neptuno.
Plutón
se limitó a suspirar mientras las veía alejarse deseando desde el fondo de
su corazón haber podido ir con ellas, pero claro, esa no era su misión.
Habitación de Hotaru,
palacio de Saturno
Hotaru,
ya en su forma civil, estaba tumbada sobre su cama pensando en todo lo que
le había pasado durante la última semana. Siempre había sabido que su destino
era ser la portadora de la muerte para ella misma y para todos los que la
rodeaban pero jamás hubiera pensado que su propio padre fuera consciente de
ello y que no le importara lo más mínimo siempre que ese destino sirviera
a sus propios planes. Aunque no sabía de que se extrañaba, él nunca la había
querido.
El
sonido de la puerta al abrirse hizo que se levantara de la cama sobresaltada.
Era su padre.
- ¿Dónde has estado, Hotaru?.- preguntó con
su habitual sonrisa sarcástica.- ¿Una última visita a tus amiguitas antes
del gran acontecimiento?
Hotaru
lo miró con odio.
- Voy a ir a buscar el último elemento que me
falta para que todo sea perfecto.- abandonó su sonrisa.- Procura estar preparada
para cuando vuelva.- le guiñó un ojo y salió de la habitación.
En
cuanto se hubo marchado Hotaru se lanzó sobre la cama y empezó a llorar con
amargura mientas se dejaba llevar por sus recuerdos.
Recuerdos
Hotaru, que acababa de regresar de
la fiesta de investidura de las inner shensi y de su princesa, nunca antes
se había sentido tan feliz y con ánimos de sonreír. Tan bien le había sentado
desentenderse durante unas horas de sus obligaciones que hasta había dejado
de experimentar esa sensación de pérdida y vacío que la acompañaba últimamente.
Tarareando una canción que había escuchado
durante la celebración ( era la primera vez que hacía algo parecido ) se dirigió
hacia su habitación, se quitó la chaqueta que llevaba puesta y comenzó a danzar
imaginando que lo hacía para aquel extraño chico llamado Dain al que
nunca había podido olvidar pese a que lo había intentado con todas sus fuerzas.
Tan emocionada estaba que no notó como se acercaba demasiado a la biblioteca
hasta que chocó con ella provocando que algunos libros se cayeran.
- ¡Oh, vaya!.- exclamó
mientas se agachaba a recogerlos.
Al hacerlo, notó por vez primera un
libro forrado en piel negra en el que nunca antes había reparado y que estaba
situado en la esquina de la última estantería de la biblioteca. Picada por
la curiosidad, tomó una silla para intentar cogerlo y fue entonces cuando
notó que el libro estaba pegado a la madera. Estiró de él con todas sus fuerzas
y lo único que consiguió fue que se moviera un poco y que ella terminara en
el suelo tras darse un fuerte golpe.
Se examinó para comprobar que no tenía
nada roto y al levantar la mirada se encontró con que la biblioteca se había
desplazado hacia la izquierda dejando ver la entrada a un pasadizo.
Pese a que algo en su interior le decía
que no debía atravesar esa puerta, Hotaru hizo caso omiso de la advertencia
y bajó las escaleras que había hasta toparse con una puerta de hierro entreabierta.
La chica la empujó, entró y supo en ese instante que la causa de todos sus
temores se encontraba en esa habitación.
En medio de la sala había levantado
una especie de altar de aproximadamente un metro de altura y encima de él
había tres barras de hierro en forma de serpiente que se unían formando un
trípode. Sobre él, una inmensa esfera de energía oscura se expandía y contraía
continuamente provocando que la barrera mágica que impedía que la energía
se expandiese más allá de lo permitido estuviera continuamente generando destellos
eléctricos.
- Me preguntaba cuanto
tiempo tardarías en dar con este lugar.- dijo alguien a sus espaldas.- Dada
tu falta de curiosidad empezaba a creer que nunca.
- ¡Padre!.- exclamó
sorprendida.- ¿Qué haces aquí? Pensaba que aún estabas en la Luna.
- Vine a asegurarme
de que todo marcha según lo planeado.- avanzó hacia el altar y se detuvo a
la altura de Hotaru.- No me gustaría que el esfuerzo de toda una vida se echara
a perder por un pequeño descuido y sabía que tarde o temprano la encontrarías.
- ¿Tu sabes qué es
eso?.- se refirió a la esfera de energía.
- ¿Acaso tu no?.-
replicó Hades.
- Parece una puerta.-
respondió la joven.- Una puerta dimensional a algún lado.
- A otro universo
para ser más exactos.-dijo orgulloso de si mismo.- Me llevó mucho tiempo adquirir
los conocimientos mágicos necesarios para crearla pero el esfuerzo mereció
la pena, logré mi objetivo.
- ¿Tu la has creado?.-
miró a su padre con terror.- Es que acaso no lo sientes, el lugar a donde
conduce es, es… ¡es maligno!
- Lo sé.-sonrió dejando
ver en esa sonrisa apenas una milésima parte de la maldad que habitaba en
él.- Gracias a ella mis enemigos han ido cayendo uno detrás de otro.
- ¿Tus enemigos?¿Qué
enemigos?
- ¿No lo sabes?.-
la miró con burla.- Entonces es que no eres tan perceptiva como yo pensaba.- cerró los ojos y se dejó llevar
por el placer de sus recuerdos.- Oh, ver su rostro agonizante cuando comprendió
lo que había ocurrido fue el mayor placer que he sentido en mi vida. Hasta
en la muerte, su último pensamiento fue para ella y su reino porque murió
sabiendo que yo no descansaría hasta que no destruyera todo lo que él amaba.-
Hotaru lo miró horrorizada al comprender de quien estaba hablando.- Es una
pena que aún no se supiera que la reina estaba embarazada, su dolor y mi placer
hubieran sido mayores.
-¡Fuiste tu!.- retrocedió
aún sin poder creer lo que su padre acababa de confesarle.-Tu asesinaste al
rey Helios.
- No solo a él.-la
contempló de reojo, disfrutando de antemano de lo que sus siguientes palabras
producirían en ella.- En realidad tu madre no murió a causa de un parto complicado.
- ¿Qué?.- abrió los
ojos de par en par mientras Hades le daba la espalda sin abandonar su siniestra
sonrisa.
- Poco después de
quedarse embarazada, descubrió mis planes respecto a la Luna y a ti y se convirtió
en un estorbo.-volvió a darle la cara a su hija.- Pensaba denunciarme y apartarte
de mi y no podía permitirlo, así que cuando dio a luz te arrebaté de sus brazos
y le provoqué una hemorragia interna que acabó con su vida.
- No… no puede ser
cierto.- se colocó una mano en el pecho intentando recobrarse de la impresión.-
Tu… no pudiste… no puedes… ser… tan ruin.
- Tranquila mi querida
Hotaru.- intentó acariciarle el cabello, gesto que la princesa rechazó con
asco.- Vas a asfixiarte si sigues así y eso no serviría para nada a mis planes.
- ¿Tus planes?
- Sí, Hotaru, mis
planes.- la miró muy serio.- Porque tu vas a ayudarme a destruir al reino
de la Luna.
- No.- empezó a retroceder
hacia la salida.-Jamás… no… no traicionaré a la reina.
- No tienes opción.-
sonrió con crueldad mientras con un gesto de la mano cerraba la puerta de
la habitación de un golpe.- Es tu destino.
Fin de los recuerdos
¡Maldita
fuera su destino! Lo odiaba casi tanto como a sí misma.