- ¿Está muerta?.- inquirió Atlante con fervor.- ¿La has matado tal y como te pedí que hicieras?
- Sí.- respondió con sequedad.- La envenené.
- Excelente.- sonrió.- ¿Y su cuerpo?¿Dónde está?
- En la Tierra.
- ¿Y por qué no me lo has traído?.-preguntó molesto.- Dada tu actitud en estos últimos días necesito una prueba de su muerte.
- Pensé que sería mejor dejarla allí.-contestó sin inmutarse.- La reina de la Tierra había descubierto quien era y la había encerrado en una habitación. Planeaba chantajear a la reina Serenity para que le permitiera entrar en la alianza utilizando a Serena como pago. Cuando descubran que está muerta puede que sigan adelante con el plan o que hagan desaparecer su cadáver. En cualquiera de los dos casos, la reina Serenity sabrá lo que le ha pasado a su hija.
- ¿Y si deciden hacer desaparecer el cadáver?
- Las inners shensi saben que Serena está en la Tierra y que está en apuros. Me las encontré en el planeta azul y las convencí para que volvieran a la Luna, si la reina no se entera por medio de la Tierra lo hará por medio de las inner.
- Y eso hará que Serenity mantenga su mirada fija en la Tierra mientras nosotros iniciamos el ataque.- sonrió con crueldad.- Lo has hecho muy bien hija mía, estoy orgulloso de ti.
- ¿Cuándo será el ataque?.- preguntó Haruka.
- Mañana al anochecer.
Haruka asintió y se retiró a su habitación. Pasados unos minutos entró un hombre con capa y capucha, era el cómplice de Atlante y Zeus.
- ¿Lo has oído?.- inquirió el rey de Atlante arrogantemente.- Al final ha hecho lo que le ordené.
- ¿Cómo estás tan seguro?.
- ¿Acaso no la has estado vigilando? .-rió.- Dímelo tú.
- Lo ha hecho... la princesa de la Luna está muerta.
Al mismo tiempo, en el palacio de la Luna ( sala del trono )
- Luna, ¿has hecho lo que te ordené?.- preguntó la reina Serenity mientras contemplaba los jardines lunares a través de uno de los amplios ventanales de la sala.
- Sí, mi reina.- respondió la consejera con una gran sonrisa.- He hablado con el rey de Marte y me ha dicho que avisaría a su hija inmediatamente. La princesa debe estar a punto de llegar.
- ¿Cuándo hablaste con Ares exactamente?
- Anoche.
- Hace tanto y Serena aún no ha vuelto.- comentó muy preocupada.
- Ya sabéis lo desobediente que es la princesa, majestad.- se acercó a Serenity.- Seguramente pensó que era muy tarde y que no pasaría nada si volvía por la mañana y, aún así, seguro que se ha retrasado empaquetando sus cosas.- contempló el semblante intranquilo de su reina.- Majestad, ¿a qué se debe vuestra preocupación?
- Tengo un mal presentimiento, Luna.- la miró a los ojos.- Siento que algo terrible le ha ocurrido a mi hija.
Planeta Marte, refugio de Rei
- Y esa es toda la historia.- terminó Amy de contarle a Minako.- La reina está esperando a que Serena vuelva al palacio.
- Pero Serena sigue en la Tierra.- intervino Rei.- Prisionera.
- Y nosotras tenemos que entretener a la reina hasta que Haruka lo arregle todo, ¿cierto?.- preguntó la rubia.
- Exacto.- confirmó Amy.- El problema es qué nos inventamos para explicar la ausencia de Serena, si la reina no recibe pronto una respuesta seguro que viene en persona a por ella.
- Bueno.- se frotó las manos.- ¿y en qué habéis pensado?
- En nada.- suspiró la princesa de Mercurio.- No tenemos ni idea de lo que vamos a hacer.
- ¡¡¡¡¡Qué!!!!!.- exclamó histérica.- ¡Os dais cuenta del lío en que nos vamos a meter si la reina se entera de algo! ¡Podríamos ir a prisión!.- les dirigió una mirada de reproche a sus amigas.- Habéis tenido toda la noche para pensarlo, ¡¿se puede saber qué demonios habéis estado haciendo?!
- Tal vez si tu hubieras estado aquí para echarnos una mano.- replicó Rei de malhumor.- se nos hubiera ocurrido algo.
- Ji, ji, ji.-se rió con histeria.- Puede… .- Rei la fulminó con la mirada.-… oh, lo siento de verdad.- se disculpó muy apenada.- Pero tenéis que entenderme, no todos los días una conoce a su alma gemela.
- En tu caso, sí.- contestó la princesa de Marte de mala forma.- Luego no vayas a quejarte si cuando todo esto termine Serena deja de hablarte.
- Ey, chicas.- intervino Amy, la voz de la cordura.- Así no arreglaremos nada.
- ¿Se te ocurre algo?
- Creo que lo mejor será que vayamos nosotras a ver a la reina en vez de Serena… intentaremos convencerla de que su hija está enferma pero que no es necesario que venga a verla.- les dirigió una penetrante mirada a sus amigas.- Sino funciona no nos quedará más remedio que decirle toda la verdad.
Palacio de la Luna ( sala del trono )
- Majestad.- entró un guardia en la sala.- Las princesas de Marte, Mercurio y Venus están aquí.
- ¿Aquí?.- le dirigió una mirada de extrañeza a Luna que seguía a su lado.- Y mi hija, ¿no está con ellas?
- No majestad, ¿las hago pasar?
- Sí.- asintió Serenity mientras se sentaba en la silla del trono y Luna se colocaba a un lado suyo.- Que entren ahora mismo.
El guardia hizo una reverencia y fue a buscar a las chicas.
- ¿Y mi hija?.- preguntó la reina en cuanto las princesas hubieron entrado en la sala.- ¿Dónde está?
Rei iba a responder cuando la puerta de la sala se abrió de golpe y una voz muy conocida se le adelantó dejándola paralizada.
- La princesa Serenity está en la Tierra.
Las tres jóvenes se dieron la vuelta justo a tiempo para encontrarse con la penetrante mirada esmeralda del capitán Arthur.
**************
- ¡Hiperión!¡Despierta!.- lo sacudió Endymión sin ningún miramiento.- ¡Necesito hablar contigo!
- ¿Eh?.- asomó por entre las mantas el adormilado rostro de Hiperión.- ¿Qué?¿Quién?
- ¡Qué te levantes!.- gritó el príncipe mientras agarraba la colcha y la arrojaba lejos de allí.- Es urgente.
- ¿Endy?.- inquirió el chico mientras terminaba de espabilarse.- ¿Se puede saber qué es lo que quieres? ¡Estaba soñando con mi pequeña diosa!
- ¿Mi madre ha hablado contigo?.- ignoró sus quejas al mismo tiempo que empezaba a dar vueltas por la habitación muy nervioso.
- Desconsiderado.- farfulló mientras se restregaba los ojos.- Lo hizo justo después de que dos guardias me apresaran al llegar a palacio y me encerrarán en mi habitación.- se sentó en la cama.- Ahora que lo pienso, ¿cómo has entrado aquí? Tía Calice los dejó vigilando en la puerta y lo tuyo nunca ha sido escalar muros.
- Ya no están, cuando mi madre fue a hablar esta mañana conmigo la convencí para que nos perdonara y nos dejara salir al menos de nuestras habitaciones. Ahora son los guardias de la entrada a palacio los que tienen instrucciones de impedirnos el paso.- se paró en seco.- Qué te dijo exactamente mi madre.
- ¡Bah! Lo de siempre.- le restó importancia al asunto.- Que si soy un irresponsable, juerguista y busca peleas, que ya está harta de mi y de mis payasadas y que esta vez se aseguraría de que cumpliera mi castigo… .- adoptó pose de reflexión.- … la verdad es que nunca la había visto tan enfadada y todo porque llegué un poco tarde a casa ( a las nueve de la mañana ) y encerré a Diocles en su habitación después de dejarlo inconsciente para ayudarte en tu cita con Usagi…
- ¿Te dijo algo de ella?¿De Serena?.- preguntó con ansiedad.
- No.- bostezó.- ¿Se puede saber qué es lo que te pasa, Endy? Y no vayas a decirme que tu cita con Serena fracasó porque no sabes lo mal que lo pase para que nadie se entrometiera.
- Pues no debiste esforzarte demasiado.- respondió el pelinegro irritado.- Porque todo el mundo se enteró.
- ¡Eh!.- exclamó ofendido.- Que tuve que calentarme la cabeza para despistar a Áyax y a los otros y que no te siguieran y eso sin tener en cuenta el golpe que le di a Diocles por ti.- con cara de amargado.- Seguro que en los próximos entrenamientos me hace polvo.
- Claro.- lo miró de mala forma.- Y hasta qué hora exactamente estuviste en la labor.
- Hasta que me encontré en el camino con mi alma gemela y como ya me había hecho cargo de todos los que podían constituir un peligro en tu cita con Serena, pensé que no pasaría nada si me daba una vuelta con ella.- contestó tan campante.- Tienes que conocerla Endy, ¡es maravillosa! Estuvimos toda la noche juntos y desde que se marchó hace ya dos horas no he podido dejar de pensar en ella….- poniéndose la mano en el corazón.- ¡Estoy enamorado de esa diosa!
- ¡Maldita sea Hiperión!.- se enojó el príncipe de la Tierra aún más.- Es que no puedes olvidarte ni por un instante de tus conquistas. ¡Se suponía que ibas a respaldarme!
- Y eso hice.- se irguió.- ¿O es que acaso te molesto alguien?
- Veamos.- dijo pensativo.- Nos cruzamos con Áyax y Argón cuando volvíamos a casa y cuando por fin logré robarle un beso a Serena aparecieron Diocles, mi madre y un regimiento de soldados a estropearlo todo.- irónico.- Casi nadie.
- ¡Enhorabuena, campeón!.- se levantó de la cama y lo palmeó en la espalda.- Ya has logrado más de lo que yo conseguí en una semana.
- ¡¿Pero es qué no me has oído?!.- se exasperó el príncipe.- Mi madre lo estropeó todo.
- ¡Bah!Lo importante es que la besaste.- le dirigió una mirada de sospecha.- y supongo que de mutuo acuerdo, ¿no?.- el príncipe asintió.- En ese caso no tienes nada de lo que preocuparte, piensa que has pasado de ser un tipo despreciable a ser el chico al que besó, tendrás muchas más oportunidades para estar a solas con ella.- le guiñó un ojo.- Ese prometido suyo ya es historia, créeme Endy.
- Ojala fuera tan fácil.-suspiró Endymión mientras se apoyaba en la pared.
- ¿Es qué hay algún problema?.- le picó la curiosidad a Hiperión.
- Cuando mi madre nos encontró anoche juntos arrestó a Serena y a mi me encerró en mi habitación por tratar de evitarlo.
- ¡¿Qué la arrestó?!.¿Solo por haber mentido sobre su identidad?.- se sorprendió.- Uf, cada día que pasa tía Calice está más neurótica.
- Según ella no fue por eso, esta mañana me lo explicó todo cuando fue a hablar conmigo.- miró a su primo.- Será mejor que te sientes.- el pelinegro se pasó una mano por el cabello pensando por donde empezar mientras Hiperión se acomodaba en la cama.- Si no fuera porque mi madre siempre ha sido muy seria para estas cosas pensaría que me está tomando el pelo.
- Sí, sí, sí.- se impacientó.- Pero quieres ir de una vez al grano.
- Como quieras.- se sentó a su lado.- La razón por la que ha encarcelado a Serena es porque existe una vieja ley que prohíbe a todo habitante de la Luna pisar suelo terráqueo y… .- miró de reojo a Hiperión.- ¿No dices nada?
- ¿Sobre qué?.- se extrañó.
- ¿Cómo que sobre qué? Acabo de darte la razón y decirte que la Luna está habitada.
- ¿Y qué? Eso ya lo sabía yo.- con risa de diablillo.- ¿Te apetece que te lo recuerde?
- No, mejor no.- respondió el príncipe de la Tierra con una gran gota de sudor en la cabeza.- El caso es que la ley existe y que Serena es la princesa de la Luna por lo tanto…
- ¡Imposible!.- se levantó Hiperión muy afectado.- Serena no puede ser de la Luna.
- ¿Y por qué no? Una vez que se acepta el hecho de que la Luna está habitada lo otro encaja a la perfección, eso explicaría muchas cosas.
- ¡Pues porque es imposible!.- empezó a dar vueltas por la habitación.- Serena es inocente, cálida, cariñosa… un poco extraña, eso sí… ¡pero no es un demonio!
- ¿Y quién dice que lo es?.- lo miró con cara de pocos amigos ( no le había gustado para nada que llamara demonio a su amada ).
- ¡Los hechos!.- se detuvo en seco.- La Luna está habitada, sí, pero por criminales y demonios de gran crueldad.
- ¡Eso es una estupidez, Hiperión! En la Luna vive gente normal y corriente, gente como nosotros.
- ¿Así?.-se burló.- ¿Y quién lo dice?
- Mi madre.- lo fulminó con la mirada.
- Ah….- se quedó parado.- …
- Sí, ah.- con mirada reprobatoria.- ¿Puedo continuar ya sin más interrupciones absurdas? Te recuerdo que el asunto era urgente.
- Sí, claro, sí.- volvió a sentarse.- Continua, continua…
- De acuerdo.- le dirigió una última mirada de advertencia.- Como Serena es de la Luna ha infligido la ley al venir a la Tierra y la condena por ello es la muerte.
- ¡¡¿Qué?!! Tía Calice no estará hablando en serio, no pensará matarla, ¿no?
- No, tiene otros planes para ella aunque no ha querido decirme cuales son.- suspiró.- Y eso no es todo, por lo visto la Luna tiene una ley similar a la nuestra pero con respecto a la Tierra. Fue establecida como respuesta al asesinato del padre de Serena en este planeta.
- ¿Lo asesinaron?¿Quién?
- No tengo ni idea, mi madre no ha querido decirme más al respecto solo que fue una injusticia y que la Tierra no merecía ser tratada así.
- Intuyo entonces que nuestra ley fue una especie de revancha por esa supuesta injusticia.- comentó Hiperión.- Parece que hay bastante odio por ambas partes.
- Querrás decir entre la Luna y mi madre porque aparte de ella y mi padre nadie más sabía que la Luna estaba habitada.- pensativo.- ¿Pasará lo mismo en la Luna?
- Ni idea… ¿qué crees que sea lo que tía Calice piensa hacer con Serena?
- No lo sé, pero….- se levantó y miró a Hiperión con determinación.- sea lo que sea no permitiré que ocurra porque vamos a encontrar a Serena y vamos a ayudarla a volver a su casa.- sus ojos se oscurecieron y su rostro reflejó la tristeza de su corazón.- Aunque eso suponga perderla para siempre.
**************
Ya en su habitación ( en el palacio de Urano ), Haruka volvió a la normalidad ( se quitó el traje de sailor ) y se desplomó sobre la cama totalmente agotada, la última semana había sido la peor de toda su vida. No obstante, nada de eso le impidió oír a la ágil figura que avanzaba con rapidez hacia su cama. Cuando estuvo lo suficientemente cerca se incorporó de un salto y la enfrentó cara a cara. Su sorpresa fue mayúscula al reconocer al intruso.
- ¡¡¡¡Michiru!!!!.-exclamó sorprendida.- ¿Cómo...
- No lo has hecho, ¿verdad?.-inquirió la joven con una sonrisa.- Escuché la conversación que tuviste con tu padre... él no te conoce, yo, sí. Mentiste.
Haruka no respondió sino que corrió hacia ella y la abrazó con todas sus fuerzas. Fue suficiente respuesta para Michiru.
- Me alegro de que estés bien, Sirena.- se separó de ella.
- ¿Y Serena?.
- A estas horas aún debe estar dormida.- respondió.- Le di una mezcla para que pareciera que estaba muerta durante unas horas y me quedé a su lado vigilándola toda la noche, solo me separé de ella el tiempo suficiente como para que el cómplice de mi padre pudiera comprobar que estaba muerta. Cuando el tal Diocles volvió por la mañana para revelarme de mi puesto, los efectos se habían disipado ya.
- ¿Te seguía?
- Hasta ahora, sí.- sonrió.- Le dije a Serena que no se moviera de la Tierra hasta que yo no la avisara, allí estará segura por ahora, la reina Calice seguirá adelante con su plan y mi padre no tendrá razón alguna para sospechar que Serena aún sigue viva. Brillante plan, ¿verdad?.-le guiñó un ojo.
- ¿Y cómo pensabas rescatarme?.- le siguió el juego.
- Uf... creo que de la emoción se me olvido.- miró hacia otro lado.- Por cierto, ¿cómo escapaste?
- Tuve ayuda extra.-la miró con seriedad.- De lo que debemos preocuparnos ahora es de pararle los pies a tu padre, dijo que el ataque sería mañana al anochecer, ¿no?
- Sí.
- Lo detendremos.
- Ahora que estás a salvo.- la cogió de las manos.- ya no le temo a nada.
Michiru sonrió ante su comentario y le apretó con fuerza las manos mientras su mirada se oscurecía.
- Haruka... ¿recuerdas lo que prometimos aquel día? El día en que nos confesamos nuestros verdaderos sentimientos.
- Bueno....
-
¿Te pasa algo, Haruka?.- inquirió Michiru mientras se sentaba a su lado a
contemplar las áridas llanuras de Urano.- Llevas callada desde que te dije
lo de mi compromiso con Luis.
-
¿Por qué tiene que pasarme algo?.- respondió con sequedad.- Yo soy así.
-
No conmigo.- contestó con tristeza.- Pero sino quieres contármelo será mejor
que vuelva a Neptuno.- se levantó.- Aún tengo que arreglar los preparativos
de la boda.
-
No serás feliz.- dijo de pronto.
-
¿Qué?
-
Que no serás feliz.- repitió mientras se incorporaba y la miraba a los ojos.-
Ese tipo busca a una mujer que esté siempre a su lado, que lo cuide a él y
a sus hijos... tu eres una sailor, ¿renunciarás a serlo por él?
-
Mi padre nunca quiso que me convirtiera en Sailor Neptuno.- evitó mirar a
su amiga a los ojos.- Adoro serlo pero tampoco me desagrada la idea de formar
una familia, Luis es una buena persona, mi
padre lo aprecia y le haría muy feliz que me casara con él.
-
Pero... ¿y tú?.- inquirió casi con desesperación.-¿Lo amas?
-
Aprenderé a amarlo... además, no dejaré de ser Sailor Neptuno, solo... .-
sonrió para animar a su amiga.- ... tendré que organizarme mejor para dividir
mi tiempo, unas veces estaré contigo y otras con Luis.
-
¡Mentira!.- exclamó.- Puede que al principio sea así pero con el paso del
tiempo se te hará demasiado pesado y al final solo nos veremos cuando haya
algún problema que requiera la presencia de Sailor Neptuno, mientras, serás
solo la princesa Michiru.
-¡¿Y
qué si ocurre lo que dices?!.-gritó enfadada por la falta de comprensión de
su mejor amiga.- ¿Qué tiene de malo que mientras no haya problemas viva mi
vida? No pretenderás que me pase toda la eternidad vigilando por si alguien
ataca el Milenario de Plata, ¡es absurdo!
-
¡Es nuestra misión!
-¡Nuestra
misión es destruir a cualquiera que amenace el reino, no vigilarlos!. De eso
ya se ocupan otros.-miró a Haruka directo a los ojos.- ¿Cuál es el verdadero
problema, Haruka? Dímelo, porque sino creeré que no deseas que sea feliz.
La princesa de Urano bajó la mirada
y apretó los puños.
-
No estarás a mi lado.- murmuró.
-¿Qué?.-
se acercó Michiru.- No te he oído.
-¡Que
no estarás a mi lado, maldita sea!.- gritó con lágrimas en los ojos.- Te perderé
para siempre.- se dejó caer al suelo.
-Haruka... .- se sentó a su lado muy preocupada por ella,
nunca la había visto en ese estado.- ... eso no es cierto, siempre seremos
amigas, cuando yo no pueda venir a verte podrás venir tu....-le sonrió.- siempre
tendrás un lugar en mi casa y en mi corazón.
-No
será suficiente.- se restregó los ojos y sonrió- Será mejor que te vayas,
Luis debe estar esperándote.
-
No.- la tomó de la barbilla.- No, hasta que me digas qué lo sería.
-
Olvida todo lo que he dicho.- se negó a mirarla.- Márchate de aquí.
-
No.
-
¡Vete!
-¡He
dicho que no!.-exclamó con determinación.- ¡Quiero una respuesta!
-Bien.-
se incorporó con ira.-¡¿Quieres una respuesta!? Pues la tendrás.- se acercó
a ella y clavó su mirada azul en la suya.- Quiero el lugar que Luis llegará
a tener algún día en tu corazón.
Michiru se quedó paralizada incapaz
de articular palabra alguna.
-
Así que eso es todo lo que tienes que decir... nada.- dijo con desprecio mientras
le daba la espalda y se alejaba de allí.- Qué seas muy feliz, Sirena.
-
No me lo has pedido.- dijo de pronto la joven haciendo que Haruka se detuviera
en seco.- No me has pedido que me quede a tu lado.
-
¿Hubiera servido de algo?.- inquirió la scout de Urano con el corazón en un
puño.
-
Inténtalo.
-
Quédate conmigo.- se giró casi temblando.- Quédate conmigo para siempre.
-
Lo haré.-la tomó de las manos.- Estaré siempre a tu lado.
Fin
de los recuerdos
- Aquel día.-prosiguió Michiru.- prometimos que nunca nos separaríamos, que siempre cuidaríamos la una de la otra pero, al hacerlo, nos olvidamos de nuestra misión.
- ¿Qué quieres decir? No te entiendo.
- Lo que trato de decirte es que por protegerme has puesto en peligro a la Luna, a la reina y a la princesa, a todo aquello a lo que juramos proteger cuando nos convertimos en sailors.
- Lo sé.- bajó la mirada.- Pero que querías que hiciera,¿qué permitiera que mi padre te asesinara?
- Sí.- fue la contundente respuesta de la princesa de Neptuno.- Exactamente eso.
- Pero Michiru…
- Haruka, quiero que me prometas que si alguna vez una de las dos cae en batalla la otra seguirá adelante y no se detendrá hasta llevar a cabo la misión.
- ¿Sin importar nada más?.- preguntó con los ojos vidriosos.
- Sin importar nada más.
Haruka bajó la mirada, se separó de su amiga y apretó los puños negándose a hacer tal promesa.
- Una vez me preguntaste si amaba ser Sailor Neptuno, ahora, yo te pregunto lo mismo.- la rubia levantó la cabeza y la miró.- ¿Amas ser Sailor Urano? Porque si es así no debes permitir que tus sentimientos hacia mí intercedan en nuestra misión.
- Prometo… .- dijo con esfuerzo.- … prometo que mis sentimientos hacia ti nunca más volverán a poner en peligro nuestra misión.
- Dame tu palabra.
- La tienes.- respondió con determinación.- La decisión ya ha sido tomada.