Capítulo 12 : Un ángel llamado Usagi

            En el bosque de Ashen que rodeaba al palacio real terrestre y a la ciudad de Ariano situada a escasos metros del hogar de la familia real, la vida continuaba para todos los habitantes del mismo, para todos, excepto para dos, que parecían haber sido víctimas de algún hechizo de inmovilidad. Se trataba del príncipe de la Tierra, Endymión y de la princesa de la Luna, Serenity, aunque ninguno de ellos conocía la identidad del otro.

            Endymión, presa de una sensación que nunca antes había experimentado no se atrevía a dar ni un solo paso temiendo que al hacerlo la visión de aquel ángel que el destino había interpuesto en su camino, desapareciera.

            Por otro lado, la princesa no estaba lo que se dice propiamente paralizada sino que como buena guerrera que era aguardaba el momento más propicio para escapar de allí sin tener que hacer uso de su poder. Después de todo había desobedecido a su madre al acudir a aquel extraño mundo solo para buscar su anillo de compromiso cuando esta le había prohibido hace años que bajara a ese planeta bajo cualquier circunstancia. A Serena aquella advertencia siempre le había parecido innecesaria pero de lo que estaba segura era de que entablar conversación con un terrícola solo le traería problemas y la distraería de su búsqueda.

            Desafortunadamente para ella aquella oportunidad no solo no llegó sino que la cosa se complicó aún más con la repentina aparición de Hiperión y Euclides, cuyas voces comenzaban a escucharse a lo lejos.

- ¡¡¡No me lo puedo creer, hemos buscado por todos los rincones de este maldito bosque y no hemos encontrado nada!!!.- se quejaba malhumorado Hiperión mientras iba en busca de su primo sin percatarse de la presencia de Serena.- Y tu, anda que nos ayudas.-encaró a un desorientado Endymión.- bien podría habernos partido un rayo que ni te hubieras enterado.

- Yo...

- ¿ Tu qué ?.- inquirió el chico, pero Endymión tenía tal expresión de idiotez estampada en su rostro que Hiperión se limitó a encogerse de hombros y a restarle importancia al asunto.- No hace falta que digas nada, igual ya estamos acostumbrados, ¿ verdad que sí Euclides ?

- ......

- ¿ Euclides ?.- se giró hacía a su amigo en busca de apoyo y, al hacerlo, se dio cuenta de que la fría mirada de este estaba clavada en una joven que permanecía inmóvil a escasos pasos de su primo.

            Al verla, a Hiperión se le iluminaron los ojos y en cuestión de segundos se plantó delante de ella y se arrodilló con una expresión de auténtica adoración en su rostro ( fruto, claro esta, de su larga experiencia en este campo ).

- Mi vida es vuestra.

            Serena lo miró sin entender.

- No sé quien sois, si una diosa o un ángel pero desde el mismo momento en que os vi me convertí en esclavo de vuestra belleza.- Guardó silencio durante un instante y, en un arrebato de locura, tomó la mano derecha de Serena y la besó ante la ofendida mirada de la joven que no tardó ni un segundo en apartarse del chico.

"¡Pero quien demonios se cree que es para atreverse a besar mi mano!"

- Decidme vuestro nombre, mi ángel, os lo suplico.

"Mañana"

- Sé que soy un desconocido para vos, ¡¡¡un loco!!!, un ser indigno de pisar el suelo por el que vos camináis... .- se incorporó y bajo la cabeza totalmente abatido.

"¿Pero de que está hablando?"

- Aun así... .- al borde del llanto clavó su mirada en la de la joven.- Os suplico que al menos me digáis cual es vuestro nombre para saciar mi dolor o no me quedará más remedio que acabar con mi miserable vida.

" ¿Matarse? Está loco o qué, nadie en su sano juicio haría algo así, creo que me está tomando el pelo. "

            Acto inmediato, sacó una pequeña daga de entre sus ropajes y la elevó al aire con la mirada perdida en las nubes ante la impasibilidad de Euclides y Endymión ( en el caso de este porque todavía estaba medio idiotizado ) que aunque lo conocían no creían que nadie fuera capaz de tragarse un cuento tan estúpido como ese por muy casanova que fuera su amigo.

" ¡¡¡Qué habla en serio!!! No me lo puedo creer, esto es lo último que me faltaba que además de perder mi anillo de compromiso y terminar en este horrible lugar tenga que cargar con la culpa de que un loco se mate por mi causa... aunque eso a mí que más me da, si quiere matarse allá él, ese no es mi problema.... aunque solo esté enfermo... y se vea tan desvalido y solo... y tan tierno... "

            Sin embargo, justo cuando Hiperión estaba a punto de cambiar de táctica al ver que esta no surtía efecto como otras veces ( porque a pesar del pesimismo de sus compañeros si que había quien se lo había tragado ), la joven se adelantó unos pasos y lo detuvo con su dulce voz.

- U... Usagi.- respondió con el primer nombre terrícola que se le vino a la cabeza.

            La quijada de Endymión casi rozó el suelo de la impresión e incluso la mirada de Euclides se tornó sorprendida durante un fugaz segundo y es que por muy mal genio que tuviera y por mucho que la hubieran entrenado como a una guerrera Serena siempre sería la niña de gran corazón a la que todos adoraban.

- Usagi.-repitió Hiperión el nombre como saboreándolo a la vez que volvía a ponerse en pie.- Es un bonito nombre, creo recordar que significa conejo de la luna o algo parecido.

            Al oír mencionar a su planeta natal el rostro de la princesa se puso pálido como la Luna, ¿por qué demonios le había dado aquel nombre tan significativo?

- Y decidme Usagi.- tomó sus manos entre las suyas con suma delicadeza y esta vez la princesa no se apartó ya fuera porque el joven comenzaba a simpatizarle ( aunque fuera un terráqueo ) o porque aún se estaba regañando a sí misma por su descuido.- ¿Os habéis extraviado?

- Pues veréis, yo...

- Sí...

- Yo...

            Pero antes de que la joven pudiera responder, Endymión, que estaba totalmente recobrado ( ya era hora ) se acercó a su primo hecho una furia y lo arrastró consigo a un lugar en donde Usagi no pudiera escucharlos pese a las quejas y amenazas de su primo.

            Mientras tanto, Serena decidió aprovechar esta oportunidad para escabullirse, teletransportarse de vuelta a la Luna y volver después cuando esos jóvenes se hubieran marchado. No obstante, apenas había retrocedido dos pasos cuando Euclides, con un rápido movimiento, se interpuso en su camino.

- No has respondido a la pregunta.

            A la pobre Serena se le congeló la sangre del susto.

- Esto... lo que pasa es que... bueno...

"Y ahora que le digo, piensa Serena, piensa... ¡¡¡lo tengo!!!"

- En realidad no lo sé, cuando desperté ya estaba en este bosque, debí de darme un golpe o algo así y ahora no me acuerdo de nada.- respondió fingiendo estar desorientada, aunque la verdad sea dicha, Serena nunca había sido una buena actriz y Euclides no creyó nada de lo que decía.

- ¿Un golpe en la cabeza mi pequeño ángel?.- se entrometió Hiperión que quien sabe como había conseguido escapar de las garras de su furioso primo.- Haber, dejad que os mire... no parece que tengáis nada...

- Tal vez no fue un golpe... .- sugirió Serena con voz temblorosa al darse cuenta de que con cada palabra que pronunciaba metía un poco más la pata.- Después de todo no me acuerdo de nada.

- En ese caso lo mejor es que nos acompañéis a mi casa.- se entrometió Endymión empujando a su primo disimuladamente e irguiéndose cuan alto era para que la chica pudiera admirarle.- Es peligroso que andéis por aquí sola sin memoria, podría pasaros algo malo.

- No os preocupéis por mí, no creo que me pase nada, además, si me voy mi familia que ha de estar buscándome no me encontrará.

- ¿Cómo sabes que tu familia te está buscando? No dices que has perdido la memoria.- se entrometió Euclides.

            Hiperión y Endymión lo fusilaron con la mirada.

- Bueno, no es que lo sepa seguro, pero todo el mundo tiene a alguien que se preocupa por él.- respondió sonrojada.

- No todo el mundo.- susurró el chico bajando la mirada.

- ¿Tu no?.- inquirió la princesa sorprendida más la mirada que le lanzó Euclides ante esa pregunta le hizo arrepentirse de haberla formulado.

- No le hagáis caso.- acudió Hiperión en su auxilio.- Todos sabemos que es un amargado.

- Mi primo tiene razón.- asintió Endymión.- Además, no tenéis porque preocuparos de nada, cuando lleguemos a mi casa me encargaré personalmente de que alguien se encargue de encontrar a vuestra familia y os pondré en manos de los mejores médicos de la Tierra.

- No estoy muy convencida.- insistió la chica a quien no le apetecía para nada que investigaran sus orígenes.- Ni siquiera sé si...

- ¿Si podéis fiaros de nosotros?.- terminó Hiperión la frase por ella.- De eso no tenéis por qué preocuparos, si quisiéramos haceros daño ya os lo hubiéramos hecho, ¿no?

- Además, no tenéis ningún motivo para dudar de nosotros.- replicó Endymión con arrogancia.

- ¿Y eso por qué?.- puso una mueca, no le había gustado para nada el tono utilizado por el chico de pelo negro.

- Pues porque yo soy el príncipe de la Tierra.- respondió dándose aires de magnanimidad.

- ¿El príncipe de la Tierra?.- tragó saliva Serena recordando que de todos los habitantes de la Tierra posiblemente los únicos que sabrían algo de la Luna serían los miembros de la familia real.- ¿Endymión?.- Euclides le lanzó una nueva mirada de sospecha.

- Ese mismo.- se sintió halagado el joven y eso que por lo general todo el mundo sabía quien era el príncipe de la Tierra.

- Y yo soy Hiperión.- se entrometió el chico de pelo plateado.- A vuestro servicio, mi bello ángel.- le besó la mano con dulzura haciendo que la joven se sonrojara. Empezaba a caerle bien aquel tipo cosa que no paso desapercibida para Endymión.- Y él es Euclides.- señaló al joven del pelo verde- pero mejor no le hagas demasiado caso, a veces dice cosas sin sentido.- miró de reojo a su compañero mientras se cubría disimuladamente con la mano sus partes vitales, más el aludido se limitó a mirar a otro lado como si la cosa no fuera con él.

- ¿Nos acompañáis entonces?.- inquirió Endymión con más rudeza de la que pretendía pero es que había que entenderlo, por una vez que se enamoraba de alguien tenía que venir su primo a hacerle la competencia. Desafortunadamente para él Serena no lo vio así, el arrogante príncipe de la Tierra le caía cada vez peor.

- Supongo que será lo mejor.- respondió resignada tras haber analizado todas las opciones de las que disponía que, debido a haber hablado más de la cuenta, se reducían a acompañarlos hasta que se le presentará la oportunidad de escapar ( que se preocuparan luego ellos de encontrar una explicación razonable a su desaparición ) o a emplear la magia, que Endymión se lo contará a sus padres ( ni se le pasó por la cabeza la posibilidad de matarlos a todos para que no pudieran hablar ), que estos se dieran cuenta de que un habitante de la Luna había pisado la Tierra, que declararan la guerra al milenario de plata por haber infringido las normas y, que en consecuencia, todo el mundo la considerara por los siglos de los siglos una traidora a su reino ( la pobre siempre había sido un poco exagerada )...

- Excelente decisión.- la felicitó Endymión mientras se aproximaba para tomarla del brazo, sin embargo, se quedó a tres cuadras cuando Usagi pasó de largo y aceptó el brazo que le ofrecía Hiperión.

            Endymión se limitó a maldecir por lo bajo a su primo mientras los seguía a él y a la chica rumbo al palacio terrestre.

**********************

            Amadeus tensó el arco y disparó la flecha la cual surcó el aire hasta clavarse finalmente en el tronco de un árbol cercano, partiendo por la mitad a su predecesora que había sido disparada segundos antes. El joven de ojos rojos sonrió.

- Diez monedas de oros por tus pensamientos.- se aproximó de improviso un joven alto y de aspecto forzudo.

- Deberías avisar antes de acercarte Áyax.- respondió Amadeus mientras se ajustaba la cinta que sujetaba su largo cabello verde-rojizo.- un día de estos podría dispararte por accidente.

- Eres bueno, pero no tanto.

- Y tu eres demasiado arrogante para ser hijo de un simple campesino.-se giró hacía su amigo con el ceño fruncido.

- ¿Un mal día?.-sonrió el recién llegado mientras se apoyaba en un árbol.

- Lo de siempre, Endymión volvió a dejarme en ridículo en la clase de esgrima delante de todos los demás.- murmuró con rabia mal contenida.

- ¿Y qué? No debería molestarte tanto teniendo en cuenta que esos demás son Hiperión y Euclides, ellos se burlarían de ti aunque la situación fuera a la inversa.

- ¡Pero me dejan en ridículo en frente del instructor!¡Y eso no lo puedo permitir!.-golpeó con fuerza el árbol sobre el que reposaba Áyax.

- Cálmate amigo.- tocó el hombro de Amadeus.- Ya tendremos oportunidad de hacerles pagar por eso y todo lo demás.

- Eso espero porque...

- ¡¡Hermano!!.- los interrumpió de repente un chico bajo y delgado que corría hacia ellos.- ¡¡Hermano!!

- ¡¿Qué haces aquí Argón?!.- lo increpó su hermano mientras el aludido tomaba grandes bocanadas de aire para recuperar el aliento.- Creí haberte que dicho que vigilaras por si venía alguien y hasta ahora no lo has hecho demasiado bien.- miró de reojo a Áyax quien se limitó a encogerse de hombros.

- Yo... lo... siento.- bajó la mirada avergonzado.-Pero vine a decirte que he visto a Endymión y a los otros cerca de aquí, creo que se dirigen a palacio y van acompañados por una chica rubia.

- Vaya, parece que acaba de presentarse esa oportunidad de la que estábamos hablando.- comentó Áyax con una extraña sonrisa.

- ¿Oportunidad?.- inquirió el otro con sarcasmo.-Endymión e Hiperión pertenecen a la familia real, no podemos ir y golpearlos así porque así, el rey nos encerraría de por vida.

- No, si son ellos los que empiezan la pelea.

- Pero no lo harán, no después de que el rey los encerrara en prisión durante dos días a causa de nuestro último enfrentamiento.

- Lo recuerdo.- rió con gusto el joven rubio.- La sola mirada de impotencia de Endymión hace que mereciera la pena recibir todos esos golpes.

- ¿Cómo piensas provocarlos entonces?

- .......Argón, dices que iban con una chica rubia, ¿no?

- Sí.

- ¿Con quién iba exactamente?

- Bueno... .- se detuvo a reflexionar.- creo recordar que la chica iba cogida del brazo de Hiperión y que Endymión y Euclides iban detrás de ellos.

- La chica... te resultó familiar o algo.

- No la había visto en toda mi vida.

- En ese caso esto será lo que hagamos....

*******************

- ¿Falta mucho para llegar?.- inquirió Usagi a su amable acompañante.

- Un cuarto de hora aproximadamente pero si estáis cansada puedo llevaros en brazos.- se ofreció amablemente Hiperión ignorando el bufido de enfado de su primo.- Soy un chico fuerte aunque no lo parezca.

- Esto... no hace falta que lo hagáis... .- se apresuró a añadir la joven con una gran gota de sudor en la cabeza.- mejor seguid hablándome de vuestra familia.

- Como queráis pero en realidad no hay mucho que contar, mi padre murió poco antes de nacer yo y mi madre después de mi nacimiento y desde entonces ha sido mi tía Calice la que ha cuidado de mí, tiene muy mal carácter pero en el fondo sé que me aprecia.

- Estáis describiendo a la perfección a mi mejor amiga.- rió la princesa al recordar a Rei y las continuas peleas que mantenían siempre.- Aunque ella no es nada delicada.

- Eso es bueno.

- ¿Qué tenga mal carácter?.- preguntó extrañada.

- Que tengáis una mejor amiga.- le sonrió.- Eso quiere decir que empezáis a recordar.

- Claro...ji, ji, ji... supongo que es bueno.

"Es que soy única metiendo la pata"

- ¡Por supuesto que sí!.- exclamó entusiasmado.- es más, tal vez si me hablarais de vuestra amiga yo... ¿ocurre algo?¿Por qué os habéis detenido?

- Hay alguien detrás de ese árbol.- respondió muy seria.

- Pues yo no veo a nadie.

- Pues yo he visto una sombra y sí, estoy segura.- se adelantó a la pregunta del príncipe.

- En ese caso iré a echar un vistazo...

- Ya voy yo.- se adelantó Endymión con gesto irritado.- Tu puedes quedarte con tu angelito y mimarla un poco más.- Usagi lo miró molesta.- ¿Me acompañas Euclides?

            El chico de cabello verde-agua asintió con la cabeza y, junto a su amigo, se adelantó unos cuantos pasos en el bosque y, justo cuando Hiperión los perdió de vista, el sonido de una desagradable voz llamó su atención.

- Parece que volvemos a vernos.- saludó Áyax.

            Inmediatamente el príncipe se giró y situó a Usagi detrás suyo en ademán protector.

- Demasiado pronto para mi gusto.- contestó con una seriedad inusual en él.- Pensaba que después de la última pelea no volveríamos a verte.

- Solo fueron unos rasguños sin importancia.

- Ese brazo roto no me lo pareció.

- Mi querido príncipe.- dijo Áyax en tono burlón.- os vanagloriáis demasiado de lo ajeno, creo recordar que fue Euclides quien me lo rompió y solo porque me cogió a traición, sin él ni tú ni Endymión tenéis nada que hacer en contra nuestra.

            Hiperión lo miró con odio pero se abstuvo de decir nada, los días pasados en prisión a pan y agua lo habían vuelto más prudente.

- Asombroso.- prosiguió.- os habéis quedado sin palabras, no creí nunca que algo así pudiera pasar.

- Esos días en el calabozo aún deben de escocerle.- intentó provocarlo Amadeus que hasta entonces había permanecido en silencio.- Y vuestra amiga, ¿quien es?. No la había visto nunca.- preguntó a la par que Áyax se acercaba a ella.

- Eso no os importa... a ninguno de los dos.- la acercó a él aún más.

- ¿Acaso es de tu propiedad? Solo quiero saber su nombre.- clavó su mirada en la de Usagi.- Me lo diréis.

            Usagi le sostuvo la mirada sin responder, aquellos dos tipos le habían caído mal desde el principio y no porque parecieran idiotas o algo por el estilo ( como era el caso de cierto príncipe terrícola al que acababa de conocer ) sino porque sentía que no eran de fiar, en especial ese tal Áyax que desprendía un aura maligna que no le gustaba nada hasta el punto de que si en ese momento se hubiera encontrado en esa misma situación pero en la Luna no hubiera dudado ni un solo instante en enfrentarlo, pero como no lo estaba, se limitó a poner la peor cara de su repertorio y a sacarles la lengua.

            Sobra decir que Amadeus se puso rojo de furia ( sobre todo cuando Hiperión comenzó a reírse y a aplaudir a su amiga) y que le hubiera dado un buen bofetón a aquella descarada si Áyax no hubiera intervenido a tiempo.

- No seas idiota, lo vas a estropear todo.- le susurró.

            Amadeus apretó los puños y se dirigió a Hiperión.

- Vuestra amiga carece de educación.- comentó con desprecio.- y eso es raro, sobre todo teniendo en cuenta el tipo de chicas con las que soléis andar, habría que ver de donde habréis sacado a esta.

- Desde luego, de ninguna de las tabernas que TU sueles frecuentar.- respondió el príncipe dando unos pasos al frente.

- Vaya, ahora resulta que además de cobarde eres un mentiroso.- dijo sarcásticamente.- al contrario que otros yo procuro estar a la altura de mi posición.- comentó mientras echaba una despectiva mirada al atuendo de Hiperión ( para quien no lo recuerde lleva un pantalón negro y una camisa blanca desabrochada ).

- ¡Yo no soy un mentiroso!.- protestó el joven.- Y no soy el único que te ha visto a altas horas de la noche entrar en la taberna del Camaleón.

- ¡¡Te repito que yo no frecuento esos lugares!!.- comenzó a perder el control de nuevo.

- Y yo te he dicho que tengo testigos.

- ¡¡Maldito!!¡De estas te acuerdas!

- ¡Amadeus!.- intervino Áyax al ver que su amigo estaba a punto de echarlo todo a perder.- No merece la pena que le hagas caso, sobre todo teniendo en cuenta que su credibilidad es pareja a su fidelidad. Dime algo preciosa.- se dirigió a Usagi aprovechando que Hiperión se había distanciado de ella durante su disputa verbal con Amadeus.- ¿ de verdad quieres perder el tiempo con este? Te dejará en dos días y la diversión que con él podrías encontrar no podría igualarse a la que yo te proporcionaría.-acarició ligeramente la mejilla de la joven.

            En un acto de repulsión, Usagi se alejó de él y antes de que pudiera encararlo por su atrevimiento Hiperión se le adelantó golpeándole fuertemente en el rostro.

            Al contrario de lo que cabía esperar, Áyax no pareció enfadarse por el golpe recibido sino que se limitó a quitarse la sangre del labio partido y a sonreír.

- Que quede claro que él dio el primer golpe.- dijo mientras de entre los árboles aparecía Argón acompañado de un asustado campesino.

- S... s.... sí.- tartamudeo.- él em... em... empezó.

            Y tras obtener esta confirmación Áyax se abalanzó sobre Hiperión y comenzó a golpearle sin darle tregua alguna. El príncipe se defendía bastante bien pero su rival era más corpulento y fuerte y estaba claro que como siguieran así Hiperión pasaría una buena temporada en la enfermería.

            Mientras tanto, Usagi contemplaba la escena mordiéndose las uñas con nerviosismo.

"Dios, lo va a matar... tengo que ayudarlo... pero cómo... tiene que haber alguna forma de hacerlo sin descubrirte... ¿pero qué?... yo no soy buena en la lucha cuerpo a cuerpo y si utilizo mi magia... pero lo matará sino lo hago... y yo terminaré en el calabozo si revelo mi identidad... tal vez utilizando el menos perceptible..."

- Alma.- se acercó hasta estar a escasos pasos de los cambatientes.- de Lu...

            Unas fuertes manos la agarraron del brazo y la alejaron de allí.

- Será mejor que no intervengas.- le advirtió Amadeus.- aunque no lo creas esto no va contigo.

- ¡¡Suéltame!!.- le gritó.

            Ahora que había decidido intervenir no la detendría nadie así que sin pensárselo dos veces le pisó el pie con todas sus fuerzas y corrió hacia Hiperión.

- Alma de Luna.- susurró y al instante una especie de niebla imperceptible al ojo humano comenzó a formarse a su alrededor.- Haz...

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

"Y ahora que pasa!!! ¿Es que ni un hechizo van a dejarme hacer en condiciones?"puso una mueca de desagrado, sin embargo, esta cambio a una amplia sonrisa cuando se dio cuenta de que el que había gritado era Endymión que corría junto con Euclides en auxilio de Hiperión.

            Áyax también lo notó y como si lo estuviera esperando lanzó a un lado a Hiperión y fue en busca de Endymión mientras Euclides se enfrentaba a Amadeus y a Argón que había venido en ayuda de su hermano. Aprovechando su llegada, Usagi corrió a atender a Hiperión que lucía muy malherido.

            Por fin, tras todo un intercambio de patadas, golpes y codazos dados a diestro y siniestro, Euclides y Endymión se alzaron con la victoria.

- ¡Y será mejor que no volváis!.- amenazó Endymión con el puño mientras evitaba un acceso de tos.- ¡La próxima vez no quedará de vosotros ni la sombra!

- No lo creo Endymión, pero no te preocupes, muy pronto tendréis noticias nuestras.- sonrió Amadeus mientras se retiraba cojeando.

            Usagi sonrió satisfecha sin darse cuenta de que acababa de convertir la causa de unos insignificantes terrícolas en la suya propia, más su sonrisa no duró demasiado al percatarse de la siniestra mirada que Áyax le lanzó antes de marcharse. Esa mirada la hizo temblar de arriba abajo, ¿sería posible que Áyax hubiera notado su hechizo? Imposible se dijo a sí misma, la habían interrumpido antes de que lo concluyera ( afortunadamente para ella ) y la niebla que se había formado era imperceptible para cualquiera que no poseyera un nivel decente de magia ( cosa de la que los terrícolas carecían por completo ).

            Más aliviada, suspiró y volvió a la tarea de atender a Hiperión quien por extraño que pareciera lucía ahora más abatido que hacía cinco minutos.

- ¡Ay!.- se quejaba el pobre.- Me duele todo el cuerpo.

- Pobrecito.- le retiró un mechón de pelo con ternura.- no os preocupéis, ya veréis como en dos días estáis como nuevo... ah, y gracias por defenderme.

- No tiene importancia.- respondió con cara de mártir.- lo hubiera hecho aunque ese bruto me hubiera roto hasta el último hueso.

- Gracias.- sonrió Usagi.- Podéis pedirme lo que queráis en agradecimiento.

- ¿Lo que quiera?.- se le iluminaron los ojos.

- Sí.

- Pues entonces...

- ¡¡Hiperión!!.- los interrumpió Endymión con aspereza.- ¿Se puede saber que ha pasado? Quedamos en que evitaríamos las disputas con ese trío.

- ¡No le gritéis!.- le defendió la princesa.- No veis que está malherido.

- ¡Malherido?.- inquirió el príncipe con desconcierto.- Pero si este lo más que tiene son dos costillas rotas, no veis que está fingiendo.

- ¡Fingiendo!.- se levantó del suelo a encarar al joven.- ¿Ese tal Áyax casi lo mata por defenderme y está fingiendo?¡¡Eres un tonto!!

- ¿Yo?.- preguntó el chico sin creer lo que estaba oyendo.- Pero si... pero si...

- Olvidas lo importante Endymión.- se acercó Euclides.- Hiperión, ¿quien dio el primer golpe?

- Esto ... yo.

- ¡¿Tu?!.-exclamó Endymión.- Por favor.- casi rogó porque fuera así.- dime que no había nadie a parte de los de siempre.

- ¡No fue mi culpa!.- se incorporó milagrosamente recuperado ante la indignada mirada de Usagi.- ¡Me tendieron una trampa! Se propasaron con Usagi para provocarme y mientras tanto Argón tenía un testigo escondido.

- Eso explica lo del tipo al que perseguimos.- comentó Euclides impasible.- Nos separaron para facilitarse las cosas.

- Esto serán al menos tres semanas en el calabozo.- se dejó caer desalentado.

- Lo siento.- se disculpó Hiperión muy apenado.

- Da igual primo, después de todo no fue culpa tuya.

            Y mientras el trío de amigos suspiraba y maldecía a sus eternos rivales Usagi se alejaba de ellos muy enfadada pues no solo habían interrumpido su búsqueda, la habían metido en medio de una trifulca, casi se había descubierto a sí misma por ayudarlos, había tenido que soportar la arrogancia de Endymión y las miradas de desconfianza de Euclides sino que encima Hiperión había resultado ser un redomado embustero... aunque la hubiera protegido... ¡¡¡pero eso no borraba lo otro!!!

            Definitivo, se perdería en el bosque y cuando estuviera segura de estar sola se teletransportaría de regreso a la Luna... ya buscaría su anillo más tarde. Y, justo cuando estaba a punto de poner en marcha su plan, un brillo dorado a escasos pasos de donde se encontraba Endymión llamó su atención. Con el pulso a cien por hora se aproximó hasta el lugar y casi se desmaya de la impresión al corroborar que era su anillo.

            Se agachó, alargó la mano hasta casi rozar el preciado objeto, sus ojos se nublaron de felicidad y... ¡zas!! Endymión lo agarró.

- Vaya, lo último que me faltaba era perder mi anillo.- y se lo metió en el bolsillo.- ¿ Os ocurre algo?.- le preguntó a la princesa al ver su cara descompuesta.

- El anillo... mi anillo... tu anillo.- balbuceó paralizada.

- ¿El anillo?.- lo cogió de su bolsillo.- Lo encontré en el bosque, es bonito, ¿verdad?

            Usagi intentó cogerlo nuevamente pero antes de que pudiera alcanzarlo Endymión se lo volvió a guardar.

- ¿Os gusta, eh?.- la joven afirmó con la cabeza.- Puedo dároslo si queréis.- una perversa idea cruzó por su mente.- aunque claro, antes tendríais que ganároslo.

            Y tras guiñarle un ojo fue a unirse a Euclides con la secreta esperanza de que acababa de dar, sin saber por qué, con el artilugio que le entregaría el corazón de la mujer que se lo había robado a él.

            Usagi, mientras tanto, lo maldecía a más no poder.

Continuará...

Menu

Hosted by www.Geocities.ws

1