CAPÍTULO 1: "Pesadilla"

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-¡Shohoku! ¡Pelea!- gritó entusiasmado el capitán Akagi, unos minutos antes de empezar el entrenamiento de ese día.

-¡Pelea!- corearon todos los integrantes del equipo.

El capitán se veía más entusiasmado y lleno de energía que de costumbre, así que estuvo muy animado durante el partido que jugaron entre ellos. Como siempre, Haruko y sus amigas estaban en la puerta del gimnasio, apoyando al equipo; tampoco podían faltar las clásicas admiradoras de Rukawa:

-¡Rukawa! ¡Rukawa! ¡Eres el mejor!- se escuchaban los gritos eufóricos de las tres animadoras escandalosas.

Como siempre, también Hanamichi Sakuragi se molestó por estos gritos , y cerró la puerta del gimnasio; a Rukawa no le importó (qué raro, ¿no?).

Ese día, Hanamichi estaba más animado que otras veces; la razón de esto era muy sencilla: finalmente se había decidido a declararle su amor a Haruko, y no tenía miedo de ser rechazado; había reunido el valor suficiente para confesarle toda la verdad a aquella chica a la que tanto amaba. El momento perfecto sería al terminar el entrenamiento, justo antes de que Haruko se encontrara con su hermano para volver juntos a casa.

Hanamichi comenzó a sentirse nervioso; faltaban sólo unos minutos para que llegara el m omento de hablar con Haruko. Ella vestía su uniforme escolar, pero ese día Hanamichi la había notado más linda que de costumbre; por fin, después de tanto esperar, llegó el momento de acercarse a la chica. Hanamichi corrió hacia Haruko en cuanto pudo abandonar la cancha de básquetbol:

-¡Haruko-chan! ¡Haruko-chan! ¡Chotto matte, por favor!

-Hola, Sakuragi-kun, ¿qué te sucede?

-Haruko-chan, necesito hablar contigo de algo muy importante, y me gustaría invitarte a tomar algo, o que me acompañes a algún otro lado para que podamos hablar tranquilamente.

-¿Qué? ¿Hablar de algo muy importante... conmigo?

-Hai, Haruko-chan, es muy importante para mí; ¿me acompañas?

-Claro Sakuragi-kun, ¿a dónde vamos?

-A algún lado en donde estemos solos.

-De acuerdo- Hanamichi se armó de valor y tomó a Haruko de una mano; se dirigieron a la parte trasera del gimnasio. En cuanto estuvieron solos, Haruko preguntó- ¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme, Sakuragi-kun?

-Haruko-chan... Lo que te voy a decir es algo muy importante para mi; es algo que he querido confesarte desde el día que nos conocimos, pero no he tenido el valor suficiente para hacerlo y...- Hanamichi observó los enormes ojos azules de la chica, y no pudo continuar.

-Sakuragi-kun- dijo ella tiernamente, mientras observaba fijamente los ojos de su amigo-, tú sabes que puedes decirme cualquier cosa, no te preocupes; ¿qué es lo que sucede?

-Bueno, voy a empezar de una vez- dijo Hanamichi mientras tomaba una bocanada de aire, como intentando reunir valor para decir lo que seguía-: Haruko-chan... Yo... no sé cómo empezar... lo que quiero decir es que... Yo... Desde el primer momento en que te vi me enamoré de ti, y aunque sé que tú estás enamorada de Rukawa, yo aún tengo la esperanza de que algún día dejes de verme tan sólo como un amigo...

- Sa... Sakuragi-kun... ¿Qué estás diciendo? Tú mismo me acabas de decir que sabes que estoy enamorada de Rukawa-kun, y no podría olvidarme de él tan fácilmente. Nadie podría ocupar su lugar jamás.

-Ha... Ha... Haruko-chan... Me has rechazado... No puedo soportarlo, y menos de ti que eres el amor de mi vida- después de decir esto, Hanamichi se va corriendo, al estilo clásico de los dramas de telenovela.

Han pasado varios días desde que Hanamichi se atrevió a confesarle sus verdaderos sentimientos a Haruko, pero nadie lo ha visto en la escuela; Haruko está preocupada por lo que pueda pasarle a nuestro amigo de cabello rojo, así que investiga con Yoheimito y sus compañeros de clase, hasta que consigue la dirección y el número telefónico de "el talentoso y cincuenta y un veces rechazado" Hanamichi Sakuragi.

A media tarde, en una linda casa de dos pisos, con un pequeño jardín en la parte frontal, suena el teléfono; en una habitación oscura de la segunda planta, hay un chico triste, oculto bajo una sábana, que trata de ignorar el sonido del teléfono, sin éxito alguno. Se escucha una voz que proviene de la planta baja de la casa:

-¡Hana-chan, hijo, te llaman por teléfono; es una niña llamada Haruko! ¿No le vas a contestar?

-¿Haruko-chan?- el pelirrojo levanta la bocina del teléfono de su habitación y responde con una voz apagada- ¿Eres tú?

-Hai, Sakuragi-kun. ¿Cómo estás? Te llamo porque no has ido a la escuela, y estaba preocupada por ti.

-Gracias por preocuparte...- responde el chico, evidentemente, sin ánimos.

-Sakuragi-kun, ¿estás seguro de que te sientes bien? Te escuchas distinto.

-Hai, Haruko-chan, estoy muy bien. Gracias por llamarme; mañana iré a la escuela.

-Está bien, Sakuragi-kun. Nos vemos mañana.

-Adiós, Haruko- respondió Hanamichi, rompiendo a llorar.

La noche cayó rápidamente, pero Sakuragi no pudo conciliar el sueño; su herida estaba abierta aún, y le dolía mucho lo que Haruko le había dicho. Debía hacer algo para ya no sentirse así, y debía hacerlo rápido, antes de lastimarse más. De pronto, algo se le ocurrió: tomó una hoja de papel y un bolígrafo que había sobre su escritorio y escribió algunas líneas; al terminar, dobló la hoja y la metió dentro de un sobre azul; colocó el bolígrafo sobre un cuaderno abierto. Salió de su recámara y de su casa, y se dirigió a casa de su amada Haruko.

Todo estaba oscuro; sus padres no sabían que había salido de la casa, ya que era de madrugada y ambos estaban dormidos. Hanamichi caminó cabizbajo hasta la casa de Haruko, y al llegar a ella deslizó el sobre cerrado bajo la puerta, no sin antes acercarlo a su pecho y murmurar las palabras: "Haruko... No me olvides nunca...". Depositó el sobre y se alejó del lugar rápidamente. Se detuvo cuando estuvo cerca de un muelle; ahí se sentó a considerar por última vez la decisión que había tomado:

-Haruko-chan me rechazó- dijo en voz muy baja, mientras una lágrima rodaba por su mejilla izquierda-, ya no tiene sentido vivir; ese maldito kitzune no la merece, pero la última palabra era suya, y ella ya decidió. Yo ya no tengo nada qué hacer aquí; Haruko-chan nunca se olvidará de Rukawa- dicho esto, Hanamichi Sakuragi se dejó caer al mar, y no volvió a salir... Nunca...

Ya amaneció; la oscuridad de la noche se llevó consigo la tristeza y el dolor de aquél joven pelirrojo. Haruko ya despertó y está a punto de bajar a desayunar; en cuanto se acerca a dar los "buenos días", su madre le entrega el sobre cerrado, y ella lo abre y lo lee de inmediato:

Querida Haruko-chan:

Quiero despedirme de ti. No puedo irme sin decirle adiós a la persona más importante para mi.

No puedo soportar el hecho de que me hayas rechazado; hablé con mi okaasan, y ella me dijo que cuando se ama realmente, se antepone la felicidad de la otra persona a la propia. Mi felicidad eres tú, y tu felicidad es estar al lado de Rukawa, pero yo no puedo soportarlo y tampoco debo interponerme.

Tal vez me consideres egoísta, pero no podría verte a su lado y quedarme quieto; si te viera con él, sería capaz de matarlo, y eso sólo lograría que te alejaras de mí, así que he tomado la mejor decisión para todos: me iré de este mundo y dejaré de estorbar.

Haruko-chan... Mi amada Haruko-chan... Has sido lo más importante en mi vida desde el día que nos conocimos; jamás podría verte sufriendo, no lo soportaría, así que espero que tengas suerte con Rukawa... Ya no tendrás que preocuparte por mí... No me olvides, por favor.

Sakuragi Hanamichi.

Al concluir su lectura, Haruko estaba llorando; salió de su casa sin importarle las cosas de la escuela, el desayuno o cualquier otra cosa. En ese momento, lo único que quería saber era que él estaba bien, así que corrió, y corrió como nunca lo había hecho, hasta que llegó a la casa del pelirrojo. Tocó la puerta con insistencia, hasta que una mujer evidentemente afligida y preocupada rojizo salió a atender, sin saber que su hijo nunca volvería:

-Buenos días, señora, ¿sen encuentra aquí Sa... Hanamichi-kun?

-Tú eres Haruko, ¿verdad?

-Así es, señora, pero necesito con urgencia que me diga si su hijo está aquí o no.

-Lo siento mucho, Haruko, pero no sabemos en dónde pueda estar; cuando su padre y yo despertamos, Hanamichi ya no estaba en su habitación. Al principio creímos que había salido a correr, como suele hacerlo todas las mañanas, pero ya es muy tarde y aún no regresa...

-No puede ser... Hanamichi...- Haruko comprendió en ese momento que ya era demasiado tarde, y que jamás volvería a ver a aquél muchacho de cabello rojo, a quien le había enseñado los tiros sencillos y las clavadas...

-¡Haru-chan, hija, es hora de levantarse! ¡Llegarás tarde a la escuela!

-... ¿Qué?... ¿La escuela?...¡Sí! ¡Todo fue un mal sueño! ¡Saku... Hanamichi está bien!

-¿De qué estás hablando, hija?

-De nada, okaasan; no me hagas caso. Debo darme prisa- Haruko se levantó de la cama y se vistió lo más rápido que pudo. En cuanto estuvo lista, salió de su casa a toda prisa; al llegar a la escuela, empezó a buscar a su amigo Sakuragi. Al verlo, corrió a abrazarlo de la emoción- ¡Hanamichi-kun! ¡Qué bueno que te veo!

-¿Qué?- Sakuragi estaba sorprendido debido al extraño comportamiento de Haruko- ¿De qué hablas, Haruko-chan?

-No, de nada en particular; es sólo que me da mucho gusto saber que estás bien- respondió la chica, mientras sujetaba el brazo derecho de Sakuragi.

-Gra... Gracias, Haruko...

CONTINUARÁ...

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