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Darle Gusto a un Jefe Neurótico es Difícil...
Mas No Imposible. Desde su primera semana de trabajo, Julia podía
oler la demencia... Pero cuando el jefe arrojó una silla que casi
la golpea, lo supo con seguridad.
Lo más probable es que tu jefe esté "neuras". Bernardo —un amigo de Secretaria En-Línea—
habla con conocimiento de causa. Dice que él mismo es un jefe neurótico,
un ejecutivo que supervisa a ocho personas. ¿Cuándo reconoció
su problema?, le preguntamos. "Cuando me molesté con mi secretaria
por no haber notado mi hermoso corte de pelo", nos confía, "y cuando
le grité a un subalterno por haber perdido documentos importantes
que, en realidad, yo mismo había perdido".
En casos severos, los jefes pueden volver locos a sus empleados. "Mi mejor amiga me sugirió que debía
ver a un siquiatra para aprender a manejar la situación", dice Noemí,
una contadora pública titulada que trabajó una vez para un
grupo de bravucones.
EL INTIMIDADOR Los intimidadores viven para hacer sufrir a otros;
es decir, humillar a los subalternos, especialmente en presencia de sus
semejantes. "Les gusta hacer que los demás se sientan como gusanos,
porque en el fondo ellos padecen de inseguridad", observa Bernardo. "Yo
conocí a un intimidador que me dijo que le gustaba cerrarles la
puerta en la cara a sus empleados sólo para que supieran quién
era el jefe".
¿Cómo se puede evitar ser maltratada
por estos fanfarrones...?
"Se impone la lealtad ostentosa", aconseja Bernardo. "Nunca publiquen que están en desacuerdo con ellos. Pídanles su consejo con frecuencia. En pocas palabras, tráguenlos. Pero háganlo valientemente", advierte. "Lo que el intimidador quiere es que la gente piense que sus subalternos son menos valientes que él". EL NARCISISTA A diferencia de los intimidadores y paranoicos,
puede ser divertido tener un jefe narcisista. "Generalmente viven en una
burbuja de felicidad autocomplaciente y no están dispuestos a llevar
a cabo ninguna acción que los haga ver mal ante los ojos de nadie,
incluyendo los de usted", dice Bernardo.
EL BURÓCRATA Estos abusivos se dan en dos modalidades —el fastidioso
(o pesado) y el fascista organizado— son los jefes con los que Bernardo
está más familiarizado. Nos confía que él se
identifica con el fastidioso, y que no es un auto-retrato del cual se pueda
enorgullecer.
EL PARANOICO Cuando la duda invade a los intimidadores, se
tornan paranoicos. Como bestias temperamentales, tienden a hacer berrinches
o se ponen sentimentales y hasta lloriquean. Convencidos de que todos se
están confabulando en su contra, a menudo evitan todo contacto humano,
prefiriendo comunicarse a través de memos.
EL CAZADOR DE DESASTRES El cazador de desastres es más una etapa
que un tipo. Por lo general, es una composición de dos o más
de los neuróticos anteriores que no aguantarán mucho la carga
de su propia enfermedad. Andan tras la caza de su propia perdición
y, finalmente, la encuentran. Tienden a ser adictos a algo —trabajo, sexo,
drogas, alcohol (cualquier cosa). Pueden ser abiertamente racistas o sexistas,
flirteando con cualquiera que les ocasione su caída. Según
el consejo de Bernardo, haga usted lo posible por acelerar su "deceso".
La Mejor Defensa Contra los Jefes Neuróticos
Rompe el cordón: El arma más sencilla y poderosa de un jefe neurótico es la dependencia emocional de la autoridad que ejerce sobre ti. Cuando se elimina esa necesidad, el jefe corajudo se convierte solamente en un obstáculo más —como cualquier otro en una oficina— y deja de ser un oponente sicológico con indescriptible poder sobre tu personalidad. Trabaja bien: La competencia es siempre la mejor defensa, especialmente en estos tiempos difíciles en que se le exige más y más a cualquier individuo. Mantente impasible: Si es de esos que desvisten a las mujeres con la mirada, sábete que esta clase de jefe no tiene un verdadero control sobre sus emociones irracionales. De modo que, tienes que hacer acopio de todo tu poder para mantener tu falda en su lugar mientras tus compañeras pierden las suyas. La habilidad de saber analizar una situación te hace diferente de las demás. Determina una estrategia día por día y llévala a cabo todo el tiempo. Por comparación, cuanto más sensata aparentes ser, más neurótico se verá tu jefe. Lávale el cerebro: ¡Es su punto más vulnerable! Todo intimidador tiene temores. Descúbrelos y aliméntalos. Cuando esté en su fase de narcisista, muy acicaladito, asegúrate de inflamarle el ego diciéndole que nadie lo merece. Si le gusta beber un poquito demasiado —y hablar igualmente— a la hora y después de la comida, concierta sus entrevistas... mmh, digamos, ¡a las cuatro de la tarde! ¿Captas? Su neurosis lo hace más vulnerable, no menos. Es tu mejor arma (si no permites que él te destruya antes). Prepárate: El caerá, de modo que no cometas errores. Cuando caiga, tendrás que tener cierta clase de relación con los directivos que te hagan conservar el empleo a pesar de que tu jefe se haya ido. Claro que esto implica cierta duplicidad de tu parte durante los fastidiosos años de tu ejercicio. Y la duplicidad no sólo es privilegio de los altos ejecutivos, ¿lo sabías? ¡Tú también puedes hacerlo! |