PRIM Y ANTONIO - ANTONIO Y PRIM
Cabalero (Un viejo pastor del Pirineo)
Autor: Enrique Satué Olivan.
"Ignoro qué ocurrirá con
este libro: si se leerá, si se venderá, si
pasará desapercibido o si, por el contrario, irá de mano
en mano y de boca en boca. No me duele este riesgo; Cabalero debe ser
patrimonio de todos".
Antonio tiene con su perro, Prim, una
relación sosegada y homogénea. Entre ellos no tienen
cabida las alharacas emocionales, que en muchos pastores van de un
extremo a otro. Antonio y Prim son dos viejos compañeros
trashumantes en los que el respeto y la jerarquía se renuevan
cada día a pesar de estar jubilados ya los dos. Desde que
conozco a ambos jamás he visto que de Antonio saliera hacia Prim
una caricia zalamera, pero por contra, tampoco he visto un mal trato o
un descuido en la puntual comida: una buena rebanada de pan untado,
huesos y algún capricho que el día depara. En el fondo,
Cabalero es un buen pedagogo; Prim siempre espera lo mismo de él. Antonio tiene las cosas claras: "No te fíes en piedra redonda ni en can que bate a coda ni en hombre de barba roya. Mira que te joderán".
Prim es un pequeño e inteligente perro de raza de chira o lebris,
oriunda del Pirineo francés. Rubio blanquiñoso, con
la edad los pelos más bien parecen lanas de las ovejas que ha
guardado toda su vida y que, como ellas, va perdiendo poco a poco. En
medio de la frente tiene un mechón blanco que parte su mirada
azul y cristalina. Su hocico es alargado y prospector. Sus orejas van
siempre caídas como queriendo decir que la lección ya
está aprendida. Posee una mirada limpia y atemperada por los
años. Tiene un porte seguro y discreto y, finalmente, sabe
buscar el sitio junto al amo porque está bien enseñado:
se sienta a su izquierda, con las patas delanteras estiradas y cerrando
en ovillo fetal hocico y cola, a la espera de algún trozo de
pan, que siempre llega del mismo lado. Evidentemente, Antonio y Prim,
Prim y Antonio, en el paisaje de la vida son la misma cosa.
Prim fue comprado de cadillo(1)
en el Pirineo francés por el amo de Casa Lucas de
Aquilué en la Navidad del año 1980; por lo tanto, ahora
que escribo estas líneas en el otoño del 95 tiene catorce
años largos y ya ha rebasado ampliamante la vida que la
tradición oral da, según Antonio, a un perro: "Tres años vive un hurón y tres hurones un perro. Tres perros vive el caballo y tres caballos el dueño". El pobre Prim está muy viejo. Me cuesta imaginarme a Antonio sin su viejo compañero.
Aparentemente, el nombre de Prim pudiera parecer el fruto de la
imaginación lúdica de Antonio; sin embargo, es el fruto
de una reflexión más profunda: lo llamó así
porque aún retine fresco en la cabeza el romance del general
Prim, que su padre le recitaba con frecuenca y también porque
él entiende que el nombre de los perros ha de ser corto y apto
para el grito seco.
Antonio en su larga vida ha
conocido a muchos perros y a miles de ovejas y, como los maestros de la
vieja escuela, aún recuerda sus nombres: Colina, Lista, Fina,
Mora, Rabosa, Pequeña, Marquesa, Clavel...Otra cosa es que, de
forma cariñosa y de modo genérico, los llamase coscolo o coscolín ....
Cabalero recuerda a sus antepasados y se cree afotunado. Ël ha
sido pastor con perro, pero su padre dirigía el rebaño
lanzando piedras, gritos y silbidos. En su casa, lo de los perros
franceses es cosa de hace cuatro días.
Afirma que su perro sabe de ganado tanto o más que él. "Yo creo que este perro sabe o que hablo -añade-. A veces hablo con él: ¡Mira aquellas ovejas, ya podemos marchar! y lo entiede..."
Para Antonio la fidelidad es
la virtud principal del perro. Ël ha sabido de vidas caninas
ejemplares: por ejemplo conoció en el año 1955 un perro
de Casa Fañanás de Aso que, estando en Tierra Baja y
sintiendo una profunda añoranza ante la ausencia de los amos, se
presentó un buen día en su querido hogar, abandonando las
fechorías de un desalmado pastor.
Aunque Antonio y Prim han guardo las distancias, cuando la soledad y el
frío atenazaban sabían compartir solidariamente hasta el
calor de sus cuerpos: en Septiembre, en las mallatas de Laguarre y
Acumuer, cuando de noche entraba algún frente frío y
empezaba a vomitar copos de nieve y viento, Prim se echaba
apretujado a los pies del lecho de Antonio. "¡Olé, la calor que me daba!"
-afirma con el reconocimiento de su rostro. Sin embargo, dormir con el
perro cuando hay tormentas asegura que encierra mucho peligro. Pero
Antonio sentía pena - "¡Pal caso eres tú el perro!" -
y dormía con él, delatándole cualquier movimiento
extraño del ganado o de algún jabalí o zorro.
Pero en la montaña no había que abusar de esta fidelidad.
A veces era preferible no ordenar movimientos al perro y dejarlo
sentado junto al zurrón, porque, de lo contrario, si el viento
no era favorable y no oía las órdenes, podía
despeñar al rebaño. Por eso las órdenes
tenían que ser secas: "¡Maaaquí, Tomaquí!...", aunque Antonio también las daba con movimientos de cabeza-
Para finalizar, la muerte del perro es un hecho triste, que trasciende.
Día a día se ve cómo se apoca el compañero,
cómo pierde facultades: vista, oído, olfato. Andan
pegados a la pierna del pastor...
Así un día, se van a morir solos, porque la muerte "es muy fea"...
Sin embargo, el perro fiel también era objeto de chanza entre los pastores. Antonio tiene un pequeño repertorio:
"-¿A que no sabes por qué tienen los pies pelados?
-¡Pues por qué va a ser. Porque corren que se las pelan!"
Otra:
"-¿Por qué no tienen ni una perra os perros?
-¡Porque, si tienen alguna, la j.... enseguida!"
Otra. Esta vez una historia:
Dicen que un cura tenía un perro que, a puro de darle caprichos,
dejó de comer. Todo se arregló cuando decidió
dejárselo una temporada a un pastor: "¡Se acabó comiendo hasta la cebolla cruda!".
(1) Cadillo: Cachorro o perro recien nacido.