
Todo
comenzó hace unas semanas, entre mis amigos Josele, Félix y Miguel. Decidieron
ir al perdido por la ruta de las escaleras. Como siempre, me trataron de
convencer, pero a mí las “grandes empresas” no me van, yo soy de pequeñas
excursiones donde lo paso muy bien. Pero me picó el gusanillo, pues yo no había
estado nunca en las clavijas de soaso ni por supuesto, en Goriz. Pues yo os
confieso que la nieve, salvo para esquiar, me aterroriza, es una cosa que,
repito, me da miedo. Pero poco a poco fui pensando ¿Y por qué carajo no puedo
subir al perdido? Pero vienen los problemas, no tengo botas para nieve ni
polainas. Apenas lo comunicó y Grandaz me ofrece botas y polainas. Yo empiezo a
mirar en Internet esta ruta para la cosa de la mentalización.
Por
fin llega el día. El conductor Félix (que siempre lo engañamos), pasa a las
timbre cuando ya iba a salir de casa, de allí a buscar
al tío José y ya carretera y manta y con mucho tráfico. Suponemos que es de la
gente que va, como cada año, a los cementerios de los pueblos por la festividad
próxima de todos los santos.
Los
viajes siempre son con cachondeo y buena armonía. Hacemos la primera parada en
Lanave a comprar pan para Miguel y de paso compramos dos tortas, una de
calabaza y otra de manzana, calientes todavía, pero dimos muy buena cuenta de
ellas. Otra vez en ruta hacia Torla.
Yo
comenté la posibilidad de coger taxi en Nerín para subir a Cuello Arenas y sólo
en hora y media llegar a Goriz, tras hablar el viernes con el “señor” Horacio,
dueño del autobús y taxi, me dice que el autobús turístico sale a las
Bueno,
pues así conoceré las clavijas. Por fin llegamos a Torla y cogemos el camino a
Ordesa. Otro problema son los señores empleados del patronato del Parque
Nacional de Ordesa y Monte Perdido (que suena muy bien pero no vale más que
para joder al montañero) Pues como digo, los probos empleados, tenían la
barrera bajada. Félix les dice que vamos a Góriz, pero ellos contestan: está la
pradera llena y hasta las 3 p.m. no se abre la barrera. Vuelta a Torla donde
tomamos un café y pensamos ¿Y ahora qué? La primera opción era buscar un taxi
en Torla que nos suba a Cuello Arenas, preguntamos y ¡sorpresa! Hasta las 2.15
p.m. no puede pero sólo nos puede llevar
hasta un cierto límite (suponemos que por problemas con Horacio, el de Nerín)
Total que nos dejarían a una hora de donde nos dejaría el otro, así serían dos
horas y media y encima casi cuando abrirían la barrera. La segunda opción la da
Josele ¿Por qué no a Benasque? No nos parece mal la idea. Sobre la marcha ya
veremos a donde vamos. Me preguntan a mi, pero coño, yo que sé, llevarme donde
queráis que yo confío en vosotros. Entre varias ideas, la primera esta vez sí
funcionó. Subir al refugio Angel Orus y el domingo al Posets. No me disgustó
eso de hacer la segunda cima del pirineo. A la entrada de Eriste, en el cartel
del refugio llamamos por el teléfono y sí había sitio, no obstante, reservamos.
Subimos al aparcamiento, preparamos todo y nos comimos un bocata. Comenzamos a
andar y la primera maravilla la cascada de la espigantosa “preciosa” y una
cantidad de agua impresionante. El resto del camino bien, con unos bosques con
unos colores otoñales preciosos y en una hora y media llegamos al refugio.
Dejamos las mochilas abajo en las taquillas y subimos al comedor para
inscribirnos. El simpático guarda, nada mas vernos con deportivas, de una
manera muy poco ortodoxa, nos dice que bajemos abajo y nos pongamos chancletas
playeras, que ni con deportivas podíamos estar allí. Una vez solventando “el
tramite” nos acompaña a la habitación para 14 personas, aunque solo estábamos 9
y con dos cuartos de baño con ducha y todo. Luego nos metimos unas cervezas y coca
cola y nos fuimos a la calle. En talleres El Forcao, nos pusimos a graduar los
grampones, que nos llevó lo nuestro. Después vino lo peor de los refugios,
hasta las ocho no se cena. Aguantamos entre chistes y cabezadas hasta que
dieron las ocho y a cenar. Se pudo aguantar. Sopa, lentejas y algo así como un
filete de ternera guisada y de postre dos rodajas de piña, después de esto un
café con leche y a dormir. Eran las 9 p.m. de la nueva hora y entre ronquidos y
el ulular mío hasta las
Nos
cambiamos para ponernos las deportivas y comenzamos la bajada al coche donde no
hay nada que resaltar, salvo la enorme alegría de haber conseguido subir, y en
tan buenas condiciones, a este gran pico.
Una
vez en el coche, cambio de camisetas sudadas, acondicionamiento del maletero y
camino a Zaragoza.
Esta
pendiente el perdido en este año, me dicen. A pesar de mi negativa, algo en el
fondo me está diciendo que vaya, pues la verdad es que se pasan muy buenos
momentos junto a estos buenos amigos.
Javichu