
¿Quién no ha querido subir al Montblanc
alguna vez?. Yo creo que todos los que amamos y sentimos las montañas lo hemos
deseado en algún momento. En mi caso por unas causas o por otras, habiendo
estado varias veces en Chamonix, nunca lo pude intentar
,a pesar de desearlo y cuando menos lo esperaba surgió la oportunidad.
Maricarmen
me propone varios sitios para pasar las vacaciones de agosto, entre otros
Chamonix, enseguida recordamos las veces anteriores, la terraza del camping
"Les Molliases", una buena cerveza y delante de nosotros "el
mayor espectáculo del mundo", los glaciares del Montblanc, nos decidimos
rápidamente. A nuestros amigos Félix y Presen les gusta la idea, no han estado nunca
y se deciden a venir también. Hablamos de hacer turismo y excursiones por la
zona, pero claro está, diez días allí, viendo "el gigante", y no
intentar subirlo, nos parece fuerte, y rescatamos el viejo sueño. Nos llevamos
los tarros de matar: piolet, crampones, casco, cuerda y ropa adecuada.
El 14
de agosto salimos de Zaragoza y después de dormir en el camino continuamos
viaje y llegamos a Chamonix, capital del alpinismo mundial. Nos instalamos como
otras veces en el bonito camping Les Molliasses, por la tarde llegan Félix,
Presen y Félix hijo. El tiempo según la meteo es y será variable durante los
próximos días. Variable es el eufemismo que emplean para decir que no tienen ni
puta idea si habrá sol, lloverá o las dos cosas a la vez, casi seguro lo
último.
Van
transcurriendo los días haciendo turismo por Lausanne, Ginebra, Annecy,
espectaculares excursiones por el Plan de L'Aiguille, Montenvers, Mer de Glace,
Aiguillette des Posettes, La Flégère, Plan Praz, Glacier des Bossons ,
escuela de Les Gaillands y otros lugares con el prometido tiempo
"variable", y por fin cuando ya pensábamos que no íbamos a tener dos
días seguidos de buen tiempo la cosa cambia y vamos a tener nuestra
oportunidad, buen tiempo para los días 22 y 23. Rápidamente llamamos para
reservar plaza en el refugio de la Aiguille de Goûter y como ya esperábamos nos
dicen que está completo, que no subamos. Esa cantinela ya nos la conocemos,-
vamos para arriba que algún hueco encontraremos- nos decimos. La ascensión la
hacemos Félix y yo, nuestras chicas y Félix hijo deciden por unanimidad pasear
y tomar el sol.
Preparamos nuestras mochilas y la mañana del día 22 cogemos el coche y después de bajar a Saint Gervais tomamos el tren cremallera al Nid d'Aigle que nos subirá hasta el glaciar de Bionnassay a 2400 mts. y allí comenzamos la ascensión por unas viejas morrenas del glaciar; nos dicen que llegar a Goûter cuesta cinco horas de dura subida y pudimos comprobar que no nos habían engañado. En el tren ha subido un montón de gente que enseguida se pone en marcha hacia Goûter a gran velocidad, pronto nos quedamos los últimos, siempre a nuestro pasito, "piano- piano que vamos lontano". Poco a poco vamos subiendo y en unas dos horas, por pedreras morrénicas, llegamos al lado del refugio de la Tete Rouse, allí mismo empieza la nieve, hay mucha gente parada poniendo crampones, casco, arnés e incluso encordándose, nosotros haremos igual que ellos, excepto en lo de encordarnos, nos parece más seguro, por este terreno, ir sueltos. Aquí empieza los más duro y complicado de la subida, enseguida estamos en la famosa "bolera", cruce de un corredor de unos 60 ó 70 mts. de anchura, por donde de vez en cuando suelen rodar "bolos", está asegurado por una sirga de lado a lado, pero el recorrido es de forma cóncava y la sirga está tensa con lo cual resulta prácticamente inutilizable, al estar alejada del paso. Después comienza una fuerte pendiente de mixto, asegurada con sirgas por tramos, al estilo de una ferrata. En los tramos más sencillos no hay nada, pero en general está bien preparada. El mayor peligro proviene de otras cordadas que están por encima y que van tirando piedras. Mi amigo "Grandaz", Félix, les promete a gritos en español que en el refugio "les va a comer las pelotas si no tienen cuidado", no se si serán húngaros o bielorrusos, pero ¡¡ coño!! parece que han entendido.

El
refugio se ve desde que nos pusimos los crampones, a la altura del refugio de
la Tete Ruose, pero dos horas después lo seguimos teniendo por encima de
nuestras cabezas y no llegamos, empezamos a notar la altura, una hora más tarde
llegamos, al fin, a él, resoplando y muy cansados. El refugio es un auténtico
nido de águilas está en un lugar maravilloso a 3800 mts. de altura, detrás de
la cresta cimera de l'Aiguille de Goûter, pero el edificio es horroroso, le han
añadido otro pequeño refugio como apoyo, donde hay unas literas y los servicios
que son realmente curiosos y poco ecológicos, pues si abres la tapa del
"tigre" verás allá abajo al fondo el glaciar de Bionnassay y te
salpicará a la cara una fuerte corriente de aire proveniente del valle, en fin,
patético.
Bueno
a lo que estamos. Vamos a hablar con los guardas a ver de que pie cojean. El
guarda nos confirma lo que ya sabíamos que el refugio lo llenan los guías con
sus clientes, (600 eurillos de nada por persona y todos los servicios), que nos
podemos quedar en el comedor a dormir ( esto de dormir es otro eufemismo), que
no nos darán cena, pero si queremos un caldito y un trozo de queso, que vale, a
los cual le decimos, que bueno. Pasar la noche en el comedor: 6 euros, una
botella agua: 5 euros, ¡¡hostias no regalan nada!!, nos aposentamos como
podemos, pues somos muchos y el espacio poco y después de descansar un rato
Félix sube hasta la cresta y descubre con asombro más de 30 tiendas de campaña
de gente que piensa hacer lo mismo que nosotros al día siguiente, pero eso sí
durmiendo un poco más frescos, ¡pero durmiendo!.
A las 6 de la tarde comienzan a dar las cenas a los afortunados clientes de los guías, y después de ver lo que les han puesto, casi me alegro de haber cenado mi longaniza de Graus y el choricillo de Soria. Después salimos a ver el espectáculo del atardecer, los tonos rojizos de l'Aiguille de Bionnassay, el mar de nubes en el valle y el astro rey ocultándose en el horizonte, se me ponen los vellos como escarpias al recordarlo; después volvemos al lado oscuro del asunto, entramos al comedor y no nos queda más que un pequeño sitio en la puerta de la cocina ¡ qué pardillos somos ! y eso, si nos damos prisa en extender lo sacos; al fin nos acostamos y comienza el baile de los guardas entrando y saliendo de la cocina, pisándonos una vez si y otra también. Por fin sale uno de los guardas y nos dice que nos vayamos, que ahí no se puede estar, no hay ningún otro sitio y no le hacemos ni puñetero caso, el por su parte no insiste más. Esta noche los pedos y los ronquidos será lo de menos. A la una y media, diana, todo el mundo arriba, y como por otra parte nos han dicho que no nos darán de desayunar hasta las cuatro y media o las cinco (proposición que declinamos amablemente) decidimos preparar las mochilas y salir tranquilamente hacia arriba. A las dos y media ¡preparados, listos, fuera!. En la puerta del refugio continúa el espectáculo más grande del mundo, ¡¡ un millón de estrellas, planetas, cometas y asteroides por arriba y un millón de luces de neón en cientos de kilómetros a la redonda, por abajo!!. Mi capacidad de asombro no tiene límite, Félix y yo nos miramos extasiados, ni todas las riquezas del mundo pagarían este espectáculo, nos sentimos unos seres muy afortunados de estar aquí.

Como
podéis imaginar el frío es intenso, no se, quizás 15º bajo cero. Comenzamos la
ascensión siguiendo las luces que nos preceden, una bonita serpiente de
frontales. La nieve está dura pero los crampones muerden bien. Pénsábamos
que la visibilidad de los nuevos frontales de diodos no sería muy buena pero la
verdad es que alcanzan bastante más de lo que creíamos, menos mál que no
hace ni una gota de aire, porque el frío cada vez es más intenso. Yo
llevo puesto todo lo que tengo : camiseta térmica, polar fino, polar grueso y
chaqueta de Gore, pero las manos es otro cantar, se nos quedan congeladas cada
dos por tres, conseguimos que se calienten pero se vuelven a quedar duras y al
entrar nuevamente en calor duelen terriblemente. Todo el mundo va encordado con
el casco y el arnés puesto, nosotros fieles a nuestra filosofía no nos
encordamos aunque sí nos ponemos el casco y luego en la bajada con la luz
del día descubriremos que tampoco es de mucha utilidad en este terreno. Poco a
poco vamos ganando altura, vamos despacio y parando de vez en cuando pues la
altitud se deja notar, pasamos el Domme de Goûter, el refugio de Valot, les
Bosses y cuando nos queremos dar cuenta prácticamente no llevamos a nadie
delante. Seguimos sin complejos pues la subida es evidente y comienza a
amanecer, presentimos cerca la cima, una arista fina y estrecha (como en las
películas de alpinistas), y ¡¡OSTIA!! ya estamos. Nos abrazamos
emocionados y enseguida nuestras mentes se van hacia nuestros seres más
queridos y especialmente hacia DOS GENEROSOS AMIGOS, con los cuales compartimos
hace apenas tres meses un emotivo abrazo en otra cima de altura más modesta
pero no por ello menos deseada y de menor belleza. ¡Qué bonito hubiera sido
aquí otro abrazo, los cuatro, como en el "mallo". Está siendo este un
buen verano, dos viejos sueños que creía imposibles, hechos realidad, Félix sin
hablarme me señala hacia Suiza una montaña de perfil inconfundible, otro viejo
sueño, quizás el año que viene u otro, que más da. ¿Sería posible los
cuatro?, ¡vamos a soñar!.
Félix
me saca de mi ensimismamiento ¡va coño, vamos para abajo que aquí hace un frío
del carajo!. Salimos zumbando de la cima sin haber logrado hacer ninguna foto
ya que a las cámara digitales que llevábamos se les habían helado las baterías.
Volvimos a pecar de pardillos. La gente guarda las cámaras dentro de la ropa y
pegadas al cuerpo para que no pierdan temperatura y poder sacar alguna foto,
pero ya lo sabemos para otra vez. En los pasos más estrechos nos cruzamos con
mucha gente que sube y ahora es diferente ya que ha amanecido y se ve el
tozolón impresionante que hay a ambos lados.