El domingo, 8 de enero, vamos a hacer el barranco del
Mascún.
De acuerdo con la información facilitada por el propio mapa de
carreteras, hay dos centros de interpretación de la Sierra de Guara, uno en
Alqúezar y otro camino del Mascún. Entraremos en éste, para lo que habremos
cogido la desviación a Peraltilla, Abiego y paramos en Bierge. está situado
fuera del pueblo, en la carretera a Rodellar. La muchacha que lo atiende es maja
y nos da bastante información sobre ello. Estamos solos y lo estaremos a lo
largo de todo el día. Verdaderamente no hace un día espléndido, está cubierto, y
ya, no es que amenace lluvia, es que llueve. Nos llevamos el paraguas.
Finalmente nos dirigimos a Rodellar, final de carretera. Se va por una loma
y en ocasiones vemos - más bien vislumbramos- escarpes interesantes y algo así
como barrancos, justo lo que nos deja la niebla. Llegamos.
El pueblo está
cuidado, cuidado y desierto, no se ve un alma, ni un cuerpo, salvo los nuestros
y los de otros dos que acaban de aparcar su coche junto al nuestro, e inician la
marcha antes que nosotros -van de vacío-.
Hemos aparcado en la plaza, al
menos en la zona más amplia de allí. Nos colocamos las botas y la zamarra,
cogemos comida y adelante. Al poco aparece un panel de madera con el itinerario,
suponemos que habrá que bajar al río, así que, cogemos -tomamos, enfilamos por-
la senda empedrada que hay a nuestra derecha y que se dirige al otro barrio -son
dos, el de Suso y el de Yuso-. Mira por donde, gracias a ésto, caemos en la
cuenta de que debe signifiecar arriba y abajo, porque ¿en qué otro pueblo,
además de en San Millán de la Cogolla, vimos estos dos barrios? ahora no caigo,
pero caeré ¡vaya si caeré! ¡lo sabré yo!
Al poco de iniciar nos confiamos en
seguir a la pareja que nos antecedió, pero al ver que tiraban para arriba,
abandonamos su persecución.
La senda va zigzagueando en busca del río y
cuando a él llega hay que cruzarlo de inmediato, y ésto será lo que hagamos de
continuo, pasar de uno a otro lado. Poco más adelante nos cruzamos con otra
pareja, y éstos serán los últimos ejemplares humanos, y no humanos, que veamos
en todo el recorrido.
Vamos empapados, es literal, llegados a un punto en
que el río hace un giro de 90º decidimos abandonar nuestro empeño y dar media
vuelta -180º- que si damos la vuelta completa la cagamos.
Nos parece que el
río ha crecido. Eso o que vamos más torpes, porque si antes conseguimos cruzarlo
sin meter la pata, ahora no dejamos de meterla, tan es así que la botas acabaron
con agua "para dar y regalar".
De regreso al pueblo vemos luz en una de las
casas del barrio de abajo, al primero al que accedemos. Sin embargo en el de
arriba, ni un alma, ni media, salvo que sean almas esa pareja, señor y señora,
coche matrícula de Barcelona, que no contestaron al saludo que les dirigimos
nada más verles ¡porque les vimos! ¡pongo a Dios por testigo".
Debían ser
ánimas, como las del Bosque Animado, de Wenceslao Fernández Flores.
Llegados
a nuestro vehículo, procedemos a la fase siguiente, cambiado total de ropa, y de
calzado. El café tendrá que esperar -como el cielo- porque no encontraremos un
bar hasta que lleguemos a ¿como se llamaba aquel pueblo? ni idea, solo recuerdo
que era el único garito que vimos. Lleno de residentes viendo el fútbol -o sea,
todo género masculino, de poco valor en el mercado, por el motivo ya explicitado
y porque no bajaba de 50 ¡el más joven!-. Acabados los refrigerios- que ya no sé
si lo que tomé fue café u otra cosa ¡fue otra cosa! una tónica, ya me acuerdo-
al coche y a casita, o séase, a Monzón.