San Martín de la Val Donsera
Ermita de San Martìn
¿Cómo comenzar una crónica,
máxime cuando se trata de un lugar tan
emblemático y conocido como la ermita
trogoldítica de San Martín, ubicada debajo de una balma en
ese hermoso fin del mundo?
En fin podriamos hacerlo a lo clásico, (quedamos a las tal,
fuimos, estuvimos y volvimos)
No sería justo con un lugar mágico para muchos de los
peregrinos, que desafían el vértigo de la Viñeta, desde
tiempos remotos, buscando las propiedades que se le atribuyen a las
aguas de la cascada (en tiempos relatan la existencia de una
pequeña badina donde se sumergían) para muchas
afecciones de la piel, o a la vena de agua que discurre por detrás del
altar de San Martín, milagrosa como así lo cuentan, que daba
de beber a los eremitas en tiempos de heladas y sequías.
El día, especial, encargado al de las isobaras para los Joteros, la
naturaleza despertando del letargo invernal, beneficiándose
de la clara orientación sur, una ligera brisa que nos
refrescaba el cutis, idílico; bueno casi todo, siempre hay
algo que rompe la armonía. En esta ocasión es el
concierto de resoplidos y las repetidas interpelaciones al guía
¿falta mucho? se notaba cierta falta de forma al dejar la
temporada de esquí.
La novedad más importante es la apertura de una alternativa
al paso de la Viñeta, un camino empleado en tiempos por
caballerías para llegar al collado y para la explotación del
bosque de carrascas en la fabricación de carbón
vegetal, todavía se adivinan las plataformas sobre la que se disponía
la poda de la carrasca cubriéndola de tierra para regular su
combustión sin llama.
Nosotros la elegimos para el retorno, ya que la superación
de la Viñeta es la salsa montañera de la
excursión,encontrándonos los escalones, sirgas y
pasamanos en buen estado, los maderos de la pasarela
renovados y el paso limpio de ramas y zarzas, el camino de descenso al
cauce padece la erosión de los elementos y de los
montañeros-peregrinos, encontrándonos pasajes
nada recomendables en días de lluvia. La imponente estalactita vegetada
que ornaba el fin del barranco, se ha desprendido y yace hecha trozos
sobre su estalagmita, es interesante ver su porosa
composición por materiales disueltos y arrastrados por el
agua.
Después de terminar el recorrido, nos acercamos a comer
junto a la ermita de la Virgen del Viñedo paraje cercano de
olivos y cereal.
De regreso visitamos el airoso y olvidado castillo de
MonteAragón en el que se puede apreciar la
veneración que los árabes tenían por
el agua en canalizaciones y aljibes.
Besos, abrazos y hasta la próxima.
GRANDAZ.