
A
pesar del tiempo nefasto que daba el I.N.M, en Sabiñánigo o Sallent daban agua
a mares sábado y domingo. Yo, como buen aragonés, soy muy cabezón y vi en meteo
france que daban sol en la zona.
Resultado: el sábado un sol de justicia en
Sabiñánigo y Biescas y el domingo me levanto a las 6.30 y el cielo
completamente estrellado, llegando a Formigal, se empiezan a ver nubes pegadas
al monte, pero según bajo a Francia se despeja y sopla viento del sur.
Alas 8 comienzo a andar, el aparcamiento esta casi
vacío, no así a las 12 cuando volví al coche, pues incluso abajo, había una
veintena de coches. La subida bien con el ligero viento y unos 8 ó 10 grados de
temperatura. Pronto, casi a la salida del bosque, se empieza a ver la cara
Norte del Midí, que me acompañará todo el camino.
Llego al primer lago Roumassot, el viento empieza a
ser frío pero por el contrario el sol ayuda, luego se sube por donde desagua el
lago de Meyt, aquí el monte empieza a parar el viento, y casi hace calor, sin
darme cuenta llego al tercer lago, el de Gewtav donde se encuentra el refugio
de Ayous (1.983m), desde aquí la vista del Midi sigue siento impresionante, la
verdad es que es un pico que fascina, y más con las nubes pasando deprisa a
media altura entre el pequeño y el gran pico.
Casi sin parar sigo a por el cuarto lago, lago de
Bersau, allí el viento soplaba otra vez con fuerza y levantaba un oleaje muy
bonito en el lago, de allí al collado donde comienza la bajada (2.058m.), por
fuerte pendiente bajo directamente al quinto lago, el de Casterau, dejando a la
derecha el camino que en una hora nos llevaría al collado Des Moines y la zona
de Astún.
Ya desde este lago la bajada es bastante fuerte con
un viento que sopla con ráfagas muy fuertes y nubes en España que me amenazan.
El descenso es largo y peligroso hasta las cabañas de Hosse, ya de aquí se
continúa por pista hormigonada, y luego por la llanura de Bious hasta cruzarme
con el camino de subida y terminar de bajar al coche. Es precioso volver a ver
los arroyuelos con sus aguas transparentes y cantarinas, sentir el viento
cortando el cutis, y la inolvidable figura del Midí, todo el camino, ya echaba
de menos estas cosas.

Javier