Esta vez nos toca Zaragoza y senderismo, tan recomendable
como las ascensiones y travesías. Aprovecharemos la red de caminos de pequeño
y gran recorrido que cada día nos acerca
más, al medio rural, a su modo de vida, del que apenas quedan vestigios o
simplemente recuerdos en boca de nuestros
mayores, maestros donde los haya en
adaptarse al medio y a las especiales características y orografía del terreno.
Nos toca ver como, de la mano maravillosa de la erosión, nacen cuevas y abrigos que en nada son transformados por la mano de estos pobladores, se acoplan y sacan partido con una tapia y dos troncos, en algunos puntos podemos ver como se obtenía la cal tan importante para dar dureza a los materiales de construcción y sobre todo a la desinfección de casas y establos, alrededor de estas caleras la madera brilla por su ausencia, agotada por su empleo en los hornos donde se quemaban las calizas que son generosas en el lugar.
La concentración, en el balneario de Serón, donde solo acudimos los que confiamos que el tiempo siempre puede ir a mejor y que las gotas con las que nos recibe Jaraba son única y exclusivamente para matarnos el polvo del camino. Damos la bienvenida a dos aguerridas montañeras, a cuyos oídos han llegado nuestros desatinos.
Comenzamos el camino por la orilla del río Mesa siguiendo un
cuidado parque que nos conduce al balneario de Sicilia y de entidad y tenemos que levantar
bien el mentón
para adivinar el fin de
las mismas. Una gran bóveda, donde se aprecian vestigios de sueños y escaladas
imposibles, nos avisa que llegamos al Barranco de
El barranco, largo como él solo, pero el encanto de sus
formas, la presencia de los “buitres de pluma” y una prematura primavera hacen
de este camino un paseo ameno y divertido con ferrada sencilla incluida, que soluciona el paso de las cascadas
de cabecera. Importante no olvidarse el agua ya que brilla por su ausencia en
este barranco de la hoces secas.
GRANDAZ.