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Barranco de las Hoces

18/02/07

Esta vez nos toca Zaragoza y senderismo, tan recomendable como las ascensiones y travesías. Aprovecharemos la red de caminos de pequeño y  gran recorrido que cada día nos acerca más, al medio rural, a su modo de vida, del que apenas quedan vestigios o simplemente recuerdos en boca de nuestros mayores, maestros donde los haya en adaptarse al medio y a las especiales características y orografía del terreno.

Nos toca ver como, de la mano maravillosa de la erosión, nacen cuevas y abrigos que en nada son transformados por la mano de estos pobladores, se acoplan y sacan partido con una tapia y dos troncos, en algunos puntos podemos ver como se obtenía la cal tan importante para dar dureza a los materiales de construcción y sobre todo a la desinfección de casas y establos, alrededor de estas caleras la madera brilla por su ausencia, agotada por su empleo en los hornos donde se quemaban las calizas que son generosas en el lugar.

La concentración, en el balneario de Serón, donde solo acudimos los que confiamos que el tiempo siempre puede ir a mejor y que las gotas con las que nos recibe Jaraba son única y exclusivamente para matarnos el polvo del camino. Damos la bienvenida a dos aguerridas montañeras, a cuyos oídos han llegado nuestros desatinos.

Comenzamos el camino por la orilla del río Mesa siguiendo un cuidado parque que nos conduce al balneario de Sicilia y de la Virgen después de un corto trecho de carretera. Las paredes van tomando entidad y tenemos que levantar bien el mentón para adivinar  el fin de las mismas. Una gran bóveda, donde se aprecian vestigios de sueños y escaladas imposibles, nos avisa que llegamos al Barranco de la Virgen o de Hocecas por el que discurrirá nuestro camino hasta la localidad de Calmarza y donde el Santuario de La Virgen ejerce de vigía al sol de la mañana. El desnivel no es notable y el fondo del barranco se encuentra triado por el paso del ganado, que a su vez lo usa de abrigo y refugio siendo numerosos los corrales que veremos bajo sus extraplomos. La climatología da paso a claros y pequeñas rujiadas, que salvamos con los batiaguas y nos refresca con un cierzo severo al llegar a Calmarza.

El barranco, largo como él solo, pero el encanto de sus formas, la presencia de los “buitres de pluma” y una prematura primavera hacen de este camino un paseo ameno y divertido con ferrada sencilla incluida, que soluciona el paso de las cascadas de cabecera. Importante no olvidarse el agua ya que brilla por su ausencia en este barranco de la hoces secas.

 

GRANDAZ.


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