En tarde lluviosa y mecido por dulces acordes de música
celta, doy por cumplida la obligación contraída de dar fe de lo acaecido el
cuatro de febrero del año
dos mil siete de nuestra era montañera.
Fueron puntuales, acudiendo buenas gentes de nuestras mesnadas y otras amigas, que no dudaron de colaborar para que esta gesta rememorara la del caballero galo Roldán que picando espuelas saltó del próximo mallo de San Miguel, (antes de irse a partir piedras a golpe de espada a nuestro Pirineo), a la cima siempre batida por los vientos que nos proponemos conquistar, (bravo por los dos bestias).
Comprenderá el lector que no hayamos podido conseguir caballos para todos, para invertir la hazaña del francés, y como somos solidarios, nos pertrechamos con brioso calzado montañés y nos ponemos pies a la obra.
Descendimos a las profundidades del barranco de San Martín,
con claras huellas de la batalla milenaria que mantiene la roca con los
elementos y que no deja de sobrecogernos una vez más, con escorzos y arabescos
esculpidos con enfebrecida imaginación. Lo escarpado del terreno nos obliga a
tomar precauciones y comenzamos a avanzar en cerrada fila lo que nos permite
comentarios sobre pasados envites y futuras conquistas. Remontamos hasta el
collado de
A nuestros pies,
forma y proclama su pasado guerrero.
Próximos al collado de Amán, surgen las primeras dudas; compañeros traemos con recientes heridas de otras lides, y la contemplación de la cima, dispuesta a no facilitarnos la misión les hace ser prudentes.
El asalto a la cima lo acometemos hechizados por el abismo abierto a nuestros pies, todos calculamos y pensamos lo del Roldan de marras, nos rascamos el pescuezo y levantamos la vista hacia la cumbre intentando adivinar el camino.
Ya bajo ésta, tenemos que alzarnos algunos “mano en nalga” para poder asirnos a los fierros colocados con arte pero siempre escasos, que nos facilitan la conquista.
En la cima, por un momento somos pájaros ( no buitres) y
dejamos volar la vista desde Belsué pasando por el pico del Águila, que
navideños recuerdos nos trae, Gratal, el Picón y la inmensidad de
Hombro con hombro, dejamos constancia del hecho y con cuidado comenzamos el regreso a nuestros lugares de descanso para reponer fuerzas y seguir conquistando horizontes en buena hermandad.
GRANDAZ.