NEOHUMANISMO Y COGNICION POST-RACIONALISTA

Sebastián Jans

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El Humanismo constituye un concepto indisolublemente asociado a aquella condición civilizacional en que convergen el racionalismo, el empirismo científico, y toda la perspectiva cognoscitiva ligada a la modernidad. Esta concepción se encuentra en una profunda crisis, como producto de su propia exacerbación y de la emergencia de la condición espiritual post-moderna.

La intención que orienta este trabajo, apunta a analizar la visión post-racionalista, término que, según Vittorio Guidano, hace referencia a que, en la cultura occidental, se vive una época de profundos cambios epistemológicos que superan las referencias del racionalismo. Ese cambio, a mi juicio, fortalece la concepción de un nuevo humanismo, de una nueva forma de entender al hombre, en tanto, obliga a re-pensar muchas de las afirmaciones y certezas, que han llevado a nuestra civilización a grandes errores, cuyas consecuencias han producido la gran frustración humana frente al Humanismo que generó la modernidad.

La cognición racionalista.

La crisis de los paradigmas y de la epistemología empiristas, sostenidos sobre la base de que vivimos una realidad objetiva única, que existe independientemente de quien la percibe, y donde el conocimiento es una representación de esa realidad, desde hace años viene enfrentado una radical visión crítica que se sostiene en la noción de la complejidad.

Durante mucho tiempo, todo el quehacer de la ciencia, en tanto única y aceptada generadora del conocimiento, fue concebido como aquella actividad humana que tenía por fin descubrir las leyes inmutables que las cosas y los fenómenos deben obedecer. El método epistemológico empirista tenía por misión cumplir con ese propósito disipando la complejidad de los fenómenos, revelando su más simple orden, su ladrillo primario.

Desde ese punto de vista, el Universo y la vida fueron entendidos en el contexto de un Orden impecable que obedecía a leyes únicas, que, de manera reduccionista, la investigación científica buscaba revelar en su causa primera o primigenia fundante. Solo era verdadero aquello que se podía investigar a través del método científico, es decir, dado su fundamento empírico, todo aquello que perteneciera al plano de la experiencia. Aquello que trascendiera la experiencia, no tenía ningún valor.

Desde la llamada "revolución copernicana", se estableció el concepto de un orden cósmico perfecto, de impecable armazón matemática, que paulatinamente podía reducirse desde la escala astronómica hasta la simple unidad del átomo, esquema que funcionaba de modo perfecto en un movimiento perpetuo. Descartes había señalado que todo es incierto hasta que se prueba por medio de la razón y de proposiciones evidentes, esbozando la idea mecanicista que, posteriormente, recogerá Newton, al plantear que todo se mueve y existe en el Universo según una serie de leyes y principios.

El empirismo presentó un mundo determinado por un riguroso encadenamiento de verdades demostradas o leyes descubiertas, cuya forma más perfecta era la ciencia matemática, que nos representaba al mundo sometido a un determinismo inevitable, cuya última expresión era la necesidad matemática. Se entendía, consecuentemente, que el conocimiento era una representación de la realidad, la cual existía independientemente de nuestra manera de percibirla. El observador era considerado imparcial y objetivo, o debía tratar de serlo: el individuo que observaba la realidad, debía mirarla sin prejuicios ni distorsiones, de un modo neutro, pues, aquella era entendida como una entidad en si misma, que el observador miraba desde afuera.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la propia actividad científica permitiría comprobar que no toda la acción cognitiva del hombre está limitada a las impresiones y percepciones que sus sentidos le proporcionan, y que la experimentación empírica es impotente para abarcar la complejidad y riqueza de los seres vivos, especialmente del ser humano, que construye la interpretación de los hechos con la ayuda de signos, conceptos, símbolos, etc. que inventa para manejar a su modo las cosas y los fenómenos.

Ello ha permitido que se llegue a la conclusión de que, los modos simplificadores y reduccionistas del conocimiento empirista, vienen a mutilar mas que ha expresar los fenómenos que intentan dar cuenta, y que son impotentes para comprender la complejidad y riqueza de los seres vivos. En su perspectiva reduccionista, tratan de fronterizar, de acotar, de limitar los fenómenos, a pesar de que cada límite es un nuevo umbral. ¿Acaso no fue eso lo que ocurrió con el átomo, que, lejos de ser el ladrillo primario, ha sido solo una frontera hacia una nueva complejidad? De tal modo que, la misión que la epistemología empirista se ha impuesto, ha fracasado por la propia limitación del método experimental y su determinismo absolutista.

 Noción de lo complejo.

Ante el fracaso de tal misión, la noción de la complejidad se incorpora a la ciencia, especialmente a partir de la introducción de la cibernética, poniendo en revisión aquella concepción epistemológica, y destruyendo su determinismo absoluto. Esta nueva visión se cobija, precisamente, en las comprobaciones que dan cuenta de un Cosmos que no responde a un Orden, sino que se caracteriza por el desorden, por colisiones, torbellinos y turbulencias, por el desorden y la organización y desorganización de la desintegración.

Los propios descubrimientos científicos demuestran que el mecanicismo y el empirismo presentan una incongruencia con los fenómenos que son posibles de constatar en las fronteras del sistema en que las leyes y principios funcionan. Las leyes que rigen los astros, a cierta magnitud no se manifiestan, ya sea en una perspectiva macrocósmica o microcósmica: lo que rige a la astrofísica es incompatible con la física cuántica.

La complejidad se convierte así en una realidad aceptada, admitiéndola como un tejido (complexus) de "eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, etc. que constituyen nuestro mundo fenoménico" (E.Morin). Es complejo aquello que no puede resumirse en una simple ley, en una simple idea. Consecuentemente, no se puede establecer una "ley de la complejidad" o una visión total, "un conocimiento complejo" integral de la realidad. Si bien el pensamiento complejo aspira a la multidimensionalidad, admite la imposibilidad de la totalidad, de la omnisciencia. Establece, pues, lo que se llama el principio de la incompletud, aceptando la incertidumbre como un elemento fundamental de la actividad cognitiva.

En esa perspectiva, han surgido notables esfuerzos buscando la convergencia de las disciplinas científicas tradicionales, orientadas al estudio de los sistemas complejos – los seres vivos, los sistemas sociales, la naturaleza, el hombre, en fin –, el que no se puede desarrollar sobre la base de una sola disciplina científica tradicional, sino que se requiere de un aporte multidisciplinario. Pretende, de ese modo, salvar la disgregación que impone el empirismo racionalista, que progresivamente a producido una profunda e insalvable compartimentación, contribuyendo a una excesiva fragmentación del conocimiento, que, en definitiva, hace cada vez más difícil efectuar una indagación coherente en el estudio de la vida y de los sistemas vivos.

Cognición post-racionalista.

En un contexto conceptual común, entendemos el conocimiento como la suma de la información que resulta de la experiencia humana, el que constituye un acervo individual y/o colectivo, que le permite al hombre enfrentar sus posibilidades de vida y relacionarla con el ambiente en que se desenvuelve.

Sin embargo, la propuesta epistemológica de Humberto Maturana, por ejemplo, plantea que el conocimiento es una fenómeno biológico, y cuyo proceso le sirve al organismo para adaptarse y sobrevivir. La vida es conocimiento, y el conocimiento pertenece a cualquier forma de vida, por lo cual, no es solo privativo del hombre.

Todo organismo que vive, requiere de un grado de conocimiento respecto de sus necesidades y posibilidades, por tanto, es la forma en que un organismo organiza sus relaciones con el medio en que habita, de allí que el conocimiento no sea algo que tenga una implicancia filosófica o metafísica. . Ningún organismo tiene interés en saber si su conocimiento es verdadero o no. Esto deriva en otra definición importante, al considerar el conocimiento como un proceso autoorganizativo del organismo, que asimila el ambiente externo en que se encuentra o desarrolla, y lo interpreta de acuerdo a sus exigencias, es decir, se adapta. Así, el conocimiento se organiza en función de las exigencias del organismo, y no por exigencias de orden externo.

El conocimiento va, entonces, de lo interno a lo externo, perteneciendo primero al organismo y emergiendo luego hacia el medio. Esto tiene aplicación en todo sistema vivo o sistema integrado por seres vivos. En el hombre, por lo tanto, tiene aplicación en cualquiera de sus manifestaciones societales ( tribal, nacional, cultural, civilizacional, etc.).

Este planteamiento, desde luego, modifica radicalmente el concepto cognoscitivo, y la relación entre el observador y lo observado. Para la biología del conocer existen tantas realidades como modos de vivir surgen en cada ser. El observador es un participante constitutivo de lo que se observa, por lo que es imposible percibir el mundo fuera de nuestra percepción.

Nuestra experiencia está atada a nuestra estructura de manera indisoluble; no vemos integralmente el espacio del mundo, no vemos integralmente el universo; solo vemos y vivimos nuestro campo visual, y en él percibimos de manera irregular, viendo las cosas, las unas de manera más consistentes que las otras, respondiendo a una realidad en que el observador se introduce: una realidad multiprocesal, multidireccional, donde la observación no puede ser neutra, pues, quien observa es parte de ella.

La experiencia humana.

La experiencia humana es el mejor ejemplo para explicar la cognición como un fenómeno biológico. Para Maturana, hay tantos dominios de la realidad como hay dominios de coherencias experienciales del observador. Explicamos nuestras experiencias a partir de nuestras experiencias, porque solo podemos percibir dentro de nuestra experiencia y no fuera de ella. Así, la realidad en que nos desenvolvemos es dependiente de nuestro modo de ordenarla.

La diversidad de dominios experienciales del (o de los) observador (es), es lo que lleva a Maturana a abandonar el concepto de Universo, reemplazándolo por un Multiverso, es decir, el paso de una realidad objetiva unívoca, igual para todos los observadores, a una en que existen diversas realidades según observadores existan.

La vida misma debemos entenderla como un proceso de conocimiento, donde la realización del vivir se efectúa de modo congruente con el medio en que se desarrolla y desenvuelve, y donde el individuo lleva a cabo su experiencia, a través de emociones y del lenguaje, dominios a través de los cuales construye sus categorías relacionales con el ambiente.

A través del lenguaje es como los seres humanos pueden explicar su experiencia, asimilándola a su praxis del vivir. Cada palabra o forma de expresar el lenguaje (signos, gestos, etc.) está relacionada con nuestro quehacer, con nuestras emociones, con nuestras ilusiones. Todo sistema racional, al decir de Maturana, tiene una base emocional, lo cual explica por que no podemos convencer a un interlocutor si éste previamente no ha aceptado su premisa.

El lenguaje, por lo tanto, corresponde a una expresión que ocurre en el fluir emocional. Las emociones cambian como resultado de las palabras, y las palabras cambian como resultado de las emociones. Esa inter-relación entre emocionar y el lenguajear, es lo que determina el proceso cognitivo. Por lo tanto, comprender, entender, es ver una experiencia en un contexto mayor de experiencias, en el dominio de la conversación. La experiencia humana tiene lugar, entonces, en el espacio relacional del conversar, en una red cerrada de conversaciones que llamamos cultura.

La experiencia humana, concluye Maturana, se da en el momento presente, sin programación previa, sin cursos preestablecidos, en tanto el devenir evolutivo es una deriva, donde no hay procesos de adaptación del hombre en el ambiente, sino que el ambiente es una creación de su manera de vivir.

El neohumanismo.

Bajo la crisis de la modernidad y de la angustia que impone el post-modernismo real en la condición espiritual del hombre contemporáneo, se está gestando una nueva concepción del Humanismo: un nuevo humanismo que restaura al hombre en su empeño trascendente por desentrañar los misterios de su Naturaleza y del ambiente en que se desarrolla. La nueva conciencia de la realidad, nos demuestra que el límite que acota el entendimiento humano es la razón misma, ese delirio lógico, limitado y frágil, que se ha vuelto loco al dar primacía a lo racional por sobre lo real. La historia humana no es solo el resultado de las conquistas de la razón, sino también de la ceguera y los extravíos que esta genera.

La nueva conciencia, que representa el post-racionalismo, busca salvar la racionalidad, sobre la base de aceptar que también existe la incertidumbre, la multidimensionalidad, la contradicción, el caos, es decir, la complejidad. Ello posibilita lo que Morin llama "la nueva Alianza", entre el conocimiento científico (basado en verificaciones, observaciones, "falsaciones") que mira hacia la objetividad y el conocimiento filosófico (basado en lo meramente reflexivo), que busca dilucidar la relación entre el sujeto y el objeto del conocimiento.

Esa nueva comprensión generará el nuevo humanismo, que se sustentará en las nuevas concepciones que surgen de la crisis de la modernidad, y que le dan su basamento:

a) El post-racionalismo, y su esfuerzo por modificar las referencias de la racionalidad.

b) El concepto biosférico, que nos permite entender de manera distinta el proceso de la vida y nuestra ubicación en ella, que nos presenta, entre otros, Lovelock con su hipótesis Gaia.

c) La epistemología compleja, que corresponde a una profunda rebelión epistemológica, que pone fin al absolutismo cientifiquista de la modernidad.

d) Y, la re-filosofía, el retorno del hombre a la metafísica, que posibilita el diálogo entre lo racional y lo irracionalizable, entre lo que puede explicar y lo que permanece ignoto. Al decir de Morin, entre el enigma y el misterio.

Si ese neohumanismo será una profunda contribución hacia la perfectibilidad humana, es un camino que queda por recorrer, pero, sin lugar a dudas, significará poner un acento categórico hacia una comprensión mas profunda de las grandes interrogantes cognitivas del hombre: ¿qué somos?, ¿de donde venimos?, ¿para donde vamos?

 

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