| CONCLUSIÓN | La insurgencia social contra Pinochet . Sebastián Jans | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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CONCLUSIÓN. Como
todos los procesos soci En Chile, se han producido procesos multitudinarios similares, pero, nunca de manera tan persistente y prolongado. Recordemos las grandes expresiones masivas de descontento, en mayo de 1903, en Vaparaíso; en octubre de 1905, en Santiago; en agosto de 1909, que tuvo como escenario a varias ciudades del país; así, como en abril de 1957, en Santiago, Valparaíso y Concepción. A
esas grandes expresiones de multitudes hostiles habría que sumar varios
movimientos reivindicativos que adquirieron aristas insurgentes, como la
gran huelga salitrera de 1890, la huelga general de enero de 1946, y la
huelga general de 1952. Sin embargo, ninguno de esos movimientos soci Todos
los fenómenos protagonizados por las multitudes, a pesar de determinar
cambios soci Las masas urbanas insurgentes, en septiembre de 1983, estaban convencidas de que Pinochet debía irse, y que el objetivo inmediato era la democracia. Una democracia tal vez imprecisa, pero, que, en definitiva, significaba un cambio de régimen. Las multitudes que actúan en las calles tenían la certeza de que los problemas que le afectaban, tenían su raíz en la praxis y entronización del régimen dictatorial. Sin embargo, la realidad mostró que ello no fue posible. Ciertamente, la acción de las multitudes produjo efectos importantes. En el campo de la oposición le entregó espacios a una clase política emergente, contribuyendo a la reactivación de la actividad política, que hasta ese momento solo descansaba en el estrecho círculo cortesano de Pinochet. Facilitó liderazgos y reconstruyó la organización social, destruida por la represión. En el campo del régimen produjo matices que no se habían expresado ante la uniformidad del liderazgo de Pinochet, que, a la larga, tendrán un efecto significativo en su derrota en el plebiscito de 1988 y en las negociaciones con la oposición. El temor a su reactivación hizo que se estableciera en definitiva un itinerario para el fin del régimen, y que la omnipresencia norteamericana interviniera para garantizar ese itinerario. ¿Esa posible esperar más que eso? ¿Era posible que las masas, con sus miles de cabezas, sus miles de rostros, sus miles de conciencias, pudieran asegurar mayores éxitos que aquellos? Puede que si. No solo los chilenos se preguntaron, luego de que se instauró el estado de sitio, en noviembre de 1984, cual había sido la causa que imposibilitó la caída de Pinochet. Los pueblos del mundo que solidarizaban con la oposición a la dictadura, y veían con simpatía su lucha por la democracia, vieron como Pinochet superaba las dificultades y con manu militari lograba superar el trance que debió defenestrarlo. Por cierto, de lo narrado en las páginas precedentes, cada cual puede sacar sus conclusiones, pero, este autor no puede dejar de señalar las propias. Las causas, por cierto, fueron políticas, y están radicadas en la conducción política de la insurgencia contra Pinochet, no en el compromiso o los errores de las multitudes. Al respecto, pueden citarse las siguientes causas: a) Los factores que dominaban los objetivos de los referentes políticos opositores, estaban puestos en tiempos y espacios políticos distintos a los que impuso la movilización social. Todo indica que la movilización social estaba fuera de las agendas de los partidos en reorganización y sometidos a la práctica de la clandestinidad o de la ilegalidad. Cuando ella se produce cada cual estaba en lo suyo, antes que en el objetivo que las multitudes impusieron: era distinto estar preparándose para enfrentar a Pinochet, que tener que enfrentar la tarea de derrocar la dictadura sobre la marcha. Los acuerdos entre los partidos que integraron la Alianza Democrática, al producirse la irrupción de las protestas, estaban en articular acuerdos para la era post-Pinochet, no para producir la caída de la dictadura. Los partidos que integraron el MDP estaban en reconstruir las bases para una izquierda que reeditara la potencialidad del pasado, sobre la base de la política del PC, para enfrentar a la Democracia Cristiana en las distintas instancias de reorganización social reivindicativa. b) La ideologización del debate político entre quienes estaban en el MDP como en la AD, los llevaba a gastar muchos de sus esfuerzos en mostrar sus diferencias, antes que sus diferencias con la dictadura. Ello impuso las condiciones de exclusión que impidieron coherencia y unidad para permitir un “estado mayor” de la oposición. A tal punto llegaron las políticas de exclusiones que, para algunos, era más fácil buscar caminos de negociación con la dictadura que con el PC. Otros estaban tan convencidos de la “pureza” de sus políticas que preferían la continuidad de Pinochet, antes que dialogar con quienes habían contribuido a la caída de Allende. c) El excesivo cupulismo, tanto a nivel político como de las organizaciones reivindicativas, que no sabían relacionarse de manera constante y activa con las aspiraciones de la base social. Muchos de los protagonistas eran simplemente poseedores de un timbre, sin más respaldo que el de un grupo de aspirantes a representar cierto sector social o político. Muchos de ellos vivían la fiebre de los dioses del Olimpo. d)
Las pretensiones hegemónicas, que se expresaban a nivel de
las organizaciones reivindicativas, generaban constantes querellas que
producían desconfianzas y atomización. Ello fue un impedimento constante
que despotenció la reorganización social a nivel de los pobladores y en el
ámbito sindical. Las señ e)
La incapacidad de movilizar a la base social en torno a
reivindicaciones sectori Para el pueblo, para la gente – como se dice hoy de un modo tan rebuscado -, aquello tuvo una alta cuota de sacrificio, y que es una de las razones que llevaron a escribir este libro. Nuestra realidad política y social que vivimos, la que vive el lector chileno, de alguna manera es consecuencia de ese sacrificio. Nombres que han quedado olvidados y que constituyen un débito para la clase política que reemplazó a Pinochet, que se traduce en las cifras que cierran este libro, y que son parte de la herencia que dejó la dictadura: LA REPRESIÓN EN CHILE 1983-1984.
Fuentes: Vicaría de la
Solidaridad – Comisión Chilena de Derechos Humanos
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La insurgencia social contra Pinochet
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