| HACIA EL REFLUJO OPOSITOR | La insurgencia social contra Pinochet . Sebastián Jans |
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La devaluación de septiembre de 1984 Las lecciones del pueblo El sueño dorado del mocloismo Un abrupto desenlace |
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UN ABRUPTO DESENLACE. Cuando Sergio Onofre Jarpa asumió el cargo de Ministro de Interior, en agosto de 1983, y como tal la jefatura del Gabinete Ministerial de Pinochet, sobre la base del plan de acción política que presentara al comité asesor del dictador, dirigido por el general Sinclair, lo hizo con la intención de ganarse el liderazgo de la centro-derecha y anular las demandas democráticas, con ciertas reformas políticas. Ese
plan consideraba como primer objetivo “cuidar al Presidente”, evitando
que se expusiera su supuesto prestigio, para lo cual, Pinochet debía
ejercer su cargo de Jefe de Estado por encima de las contingencias, debates
y enfrentamientos. Esta ladina proposición
de Jarpa, buscaba contar para sí la capacidad de negociación suficiente,
para obtener el liderazgo político de una transición orientada hacia el
conservadurismo: una especie de Diego Port La historia demuestra que Pinochet no “pisó el palito” y en reiteradas ocasiones le recordó a su Ministro que nadie corría con colores propios, y que efectivamente, en Chile “no se movía ni una hoja sin que él lo quisiera”. La segunda proposición planteaba la necesidad de recuperar los “apoyos perdidos”, sobre todo en el campo político y gremial. En el diagnóstico de Jarpa, aquellos que habían estado junto a Pinochet cinco, seis, ocho años antes, debían ser recuperados de alguna medida. Seguramente, en sus cuentas estaban los nacionalistas, corporativistas y la derecha tradicional, que se espantaban con los aires del extremismo librecambista, que dominaban en el gobierno de régimen dictatorial. Proponía un comando unificado se sectores que apoyaban al régimen, que tuviera un rol político destacado, lo cual requería de apertura, expresado en una ley de elecciones y de partidos político, de alcance limitado. Como estrategia frente a la oposición proponía: 1) trasladar el foco de atención hacia temas político donde el gobierno tuviera ventajas (para lo cual confiaba mucho en sus capacidades de operador político provocador y campechano); 2) reactualizar los argumentos y la información respecto de los hechos de 1970-1973, señalando el origen del gobierno de las FF.AA. como “una acción libertadora” (para lo que montó una gran campaña destinada hacia la juventud, especialmente); 3) mostrar que el gobierno avanzaba firmemente en el proceso de institucionalización contemplado en la Constitución de 1980 (por cierto, los tiempos de Pinochet y Jarpa nunca fueron los mismos); y 4)obligar a la oposición a definirse frente al marxismo, para producir una cuña entre el PDC y sus socios socialistas, e impedir cualquier posibilidad de entendimiento decisivo (es posible que aquello fuera su mayo éxito en el tiempo que se mantuvo en la gestión de su cargo). Uno
de los princip Luego,
estimuló la creación del “Grupo de los 8”, formado por sectores de
derecha en reconstitución y oportunistas de los partidos tradicion De hecho, la UDI había sido marginada de toda influencia política, cuando Jarpa llegó al cargo, perdiendo importantes cuotas de poder, lo cual, significaba para los “gremialistas” un temporal éxito de una derecha tradicional que consideraban acabada. El éxito de Jarpa, significaba para ellos la frustración de su proyecto de construcción de una nueva derecha, sobre la base de su incidencia en la “obra refundadora” que representaba para ellos la dictadura. Derrotado Jarpa en sus intentos de aplicar el plan inicial, creyó necesario un nuevo plan que contemplaba tres opciones. Este nuevo plan, entregado en septiembre de 1984, proponía una “institucionalización democrática” mediante la aceleración del itinerario constitucional, una reactivación económica en torno a los objetivos político – una solución considerada populista por los omnipresentes “Chicago Boys” -, y reinsistía en la creación de un movimiento político de carácter nacional. Se precisaba en el plan el itinerario de cada uno de los objetivos, sobre todo en lo referente a lo contemplado en la Constitución de 1980. Sin embargo, algunas semanas después, producto de las fuertes pugnas al interior del régimen, Jarpa presentaba su dimisión con lágrimas en los ojos. Se había quedado sin apoyo político, como no fuera el de su grupo: el Movimiento de Unidad Nacional, que dirigía el joven Andrés Allamand. En
el momento de renunciar, la
justifica acusando a varios obispos de la Iglesia Católica chilena, que,
visitando el Vaticano, se reunieron en Roma con varios dirigentes exiliados,
entre los cu En ese momento, las relaciones entre el régimen y la Iglesia Católica atravesaba uno de sus peores momentos, debido al reciente asesinato del cura André Jarlán, en la población La Victoria, y por la prohibición de ingreso al país del cura Ignacio Gutiérrez, jefe de la Vicaría de la Solidaridad, instancia que llevaba el apoyo a las víctimas de violaciones a derechos humanos. A ello se sumaba el atentado con bomba a la parroquia Nuestra Señora de Fátima, en Punta Arenas, donde había fallecido quien la estaba instalando, en estado de ebriedad: el agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI), teniente Patricio Contreras. La
airada respuesta de la jerarquía episcopal a los dichos de Jarpa, le dio a
este la posibilidad de buscar un abuenamiento de las relaciones, buscando
una reunión con el arzobispo de Santiago, Juan Francisco Fresno, y otros
seis obispos, con el pretexto de dar explicaciones y aclarar el sentido de
sus palabras. El mensaje de Jarpa fue claro: después de él, el caos.
Pinochet temía los efectos del paro nacional convocado para el 30 de
octubre, y buscaba deshacerse de Jarpa, para poner de Ministro de Interior
al general retirado Alejandro Medina Lois, que le había prometido
“pacificar al país en una semana”. Ello implicaba desatar una represión
cruenta, que incluiría las comunidades de base de la Iglesia Católica. T El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Bernardino Piñera, informó públicamente a Jarpa que la reunión de los obispos en Roma había sido “pastoral” y no política, al tiempo que le reconocía sus condiciones de hombre de la apertura política. Esa declaración dejaba a Jarpa con un as en la mano, que le permitió ganar la partida. Pinochet le rechazó la renuncia, recibiendo de éste la promesa de endurecer la mano, vía estado de sitio y la represión a la oposición rupturista. Dentro de las cuentas de Jarpa estaba producir un retroceso en la “apertura”, para obligar al centro político a reflexionar y negociar. Pinochet,
en tanto, estaba dispuesto jugando cartas más drásticas para afianzarse en
el poder. Hacia fines de agosto y principios de septiembre, en varias
intervenciones públicas, había reafirmado su voluntad
y la de sus incondicion Por cierto, ello tenía visos de ser un nuevo episodio como el que viviera la díscola Fuerza Aérea cuando debió ser descabezada, producto de las discrepancias sostenidas por el general Leigh. En las circunstancias que se estaban viviendo, ahora con Matthei, mucho menos exacerbadas que las anteriores, no escapaba a Pinochet que los planteamientos de aquel representaban el pensamiento del Estado Mayor de la FACH. De allí que estuviera considerando la posibilidad de disolverla e integrar su infraestructura y personal al Ejército. En
el Alto Mando de la Armada, en tanto, había serias críticas frente a la
forma como se estaba resolviendo el problema limítrofe austral con
Argentina, por el Canal Beagle y las tres islas al sur de ese paso marítimo,
cuyas negociaciones estaban en manos de ofici Estas pugnas y el creciente interés de los políticos, que participaban en el régimen, por ganar autonomía y protagonismo, hizo que Pinochet jugara sus opciones en los espacios que manejaba perfectamente: el Ejército y sus aliados en las demás ramas de las FF.AA., al margen de los comandantes en jefe. De
este modo, hizo que sus hombres más le En
los primeros días de noviembre, Pinochet tenía todas las cartas en la
mano. Cuando Jarpa renunció entre lágrimas de despecho, sabía que tenía
poco tiempo por delante. El apoyo de la Conferencia Episcopal, solo le daba
un respiro. El Gabinete Ministerial renunció en pleno el 5 de noviembre. La
víctima inmediata fue Hugo Gálvez, el único que dejó el Gabinete. En su
reemplazo asumió Márquez de la Plata, que ejercía en la Secretaría
General de Gobierno. Este último cargo fue asumido por Francisco Javier
Cuadra, con contactos con los sectores tradicion Esa
misma noche se declaraba el Estado de Sitio y se ponía en marcha un vasto
operativo represor. Se estableció el toque de queda en casi todas las
ciudades importantes del país, se decretó la clausura de las revistas de
oposición, se impuso una rigurosa censura informativa y comenzaron las
detenciones a gran escala. En noviembre y diciembre fueron allanadas 46
poblaciones de Santiago, lo que permitió la detención de 24 mil personas.
Más de 300 dirigentes intermedios de organizaciones estudiantiles,
poblacion Con el fin de reducir los efectos políticos del Estado de Sitio, la Alianza Democrática recurrió a la más ingenua de las iniciativas, puesto que, cuando la oposición estaba en evidente debilidad frente a la embestida represiva, el Comié Ejecutivo envió una carta a los comandantes en jefe de las FF.AA. La carta apelaba a los miembros de la Junta Militar, en su calidad de jefes de las ramas armadas, en tanto “instituciones del Estado chileno vinculadas a los intereses permanentes del país”. En su parte culminante clamaba por “un diálogo franco, abierto y constructivo entre civiles y militares”, agregando que “es posible, en el amor a la Patria, encontrar una respuesta común a la angustiosa situación de Chile”. El tenor de la misiva estaba en la misma perspectiva de la carta enviada en marzo a Pinochet, en que se había pedido a aquel que renunciara por patriotismo. Una iniciativa que pudo haber tenido efectos en el invierno de ese año, sobre todo con las declaraciones de Matthei, decretado ya el Estado de Sitio y robustecida la posición de Pinochet, provocó el efecto contrario del que perseguía. Merino, consultado por los periodistas, señaló en su estilo burlón que le caracterizaba, que la carta había ido a parar al papelero sin leerla. El
Estado de Sitio, el nuevo 11 de septiembre prometido por Pinochet, dejó en
sus manos nuevamente toda la iniciativa dentro del régimen, de allí que la
UDI y los más le El 27 de noviembre debió llevarse a cabo una nueva jornada de protesta, convocada aceleradamente por el comando de movilización social, formado por el Comando Nacional de Trabajadores, la Alianza Democrática, el Movimiento Democrático Popular y el Bloque Socialista. En medio de la represión y del temor, de la desarticulación de las direcciones intermedias, de la frustración social por los sacrificios sin logros concretos, la falta de confianza en las direcciones políticas, los resultados fueron terminaron siendo escasos. Lo propio ocurrió con las acciones planeadas para diciembre. La insurgencia iniciada en 1983 había cumplido su ciclo. Se cerraba así uno de los periodos de agitación social más significativos de la historia chilena. |
La insurgencia social contra Pinochet
Sebastián Jans ©