MILITARES CHILENOS. LA DELIBERANTE DECADA 1924-1933.
4. Los basamentos ideológicos de la instrucción alemana.
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General Emilio Körner Encabezó la instrucción alemana del ejército chileno. Contratado por el gobierno de Santa María, su influencia creció bajo Balmaceda, contra cuyo gobierno se levantó junto a la insurrección congresista. |
Los oficiales alemanes, provocaron cambios sustanciales en la organización y la ideología militar chilena. Los perfiles de aquella ideología, sin duda, estaban determinados por el entonces espíritu alemán, en que no estaba ajeno el afán expansionista del imperialismo germano y su estrategia de disputa de enclaves coloniales con las demás potencias europeas (Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, Italia, etc.) y EE.UU. Lo mismo que ocurría en Africa , y en Asia,, donde se repartían los territorios estaba ocurriendo en América Latina y el Caribe.
En ese momento, Alemania estaba en un momento excepcional de su desarrollo como rentner-staat (1) con una industria hullera y siderúrgica en expansión (2) y ubicado en el cuarto lugar mundial en cuanto al control de territorios coloniales, luego de Inglaterra, Rusia y Francia. De éstos, Alemania - constituido como Estado solo algunas décadas antes - era el país capitalista mas joven, y el que había tenido el crecimiento económico mas rápido y espectacular.
Obviamente, esto repercutía en el estado de ánimo de su ejército, especialmente, en su oficialidad, que sumaba al exitismo económico el exitismo bélico, en su condición de herederos de las glorias de Von Moltke y Von Schlieffen, los grandes estrategas prusianos, padres doctrinales del militarismo alemán, que revivían en las doctrinas de la Academia Militar alemana, y que se vertieron a los ejércitos que instruyeron, especialmente en el chileno y con mucha mayor fuerza en el japonés. Esto se hacía evidente en una clara tipología.
Por un lado, estaba la cuestión formal, que era advertible a simple vista: el cabello muy corto, las manos siempre enguantadas, poco sociables, rostro adusto. El oficial debía vivir de su paga y no podía tener preocupaciones comerciales ni vida privada, vale decir, siempre estaba de servicio, y, en esa condición, excluido de las "maneras de vivir ordinarias de los demás". De allí nacerá aquello de considerarse distinto de los civiles, los que eran vistos como individuos vulgares, con los cuales había que mantener distancia. El epíteto de "civil" aún mantiene en el Ejército chileno una condición degradante. Estudiando ese estilo militar, un historiador (3) decía que la escuela militar prusiana era tan drástica e influyente sobre el carácter de sus educandos que perduraba hasta el final de sus vidas.
Por otro lado, estaba su fundamento doctrinal, donde, ciertamente se manifestaba aquella tipología del pensamiento militar prusiano, profundamente admiradora del genio y figura del emperador Federico II, el Grande. A modo de ejemplo, en esa época, cada año, al conmemorarse el día recordatorio del ilustre déspota, en la Academia de Guerra alemana, se realizaba un solemne acto militar, con la asistencia del Kaiser, que transcurría en un marco de grandes galas, con el respectivo desfile y una conferencia sobre su personalidad y legado.
Para el oficial alemán la idea del "ejército nacional" era el elemento central, donde tenía que hacerse tangible la unidad y coherencia entre "el estado político" y "el estado militar". Para que esa unidad fuera posible, habían tres consideraciones que el general chileno Francisco Javier Díaz (4) nos recuerda como fundamentales en el espíritu doctrinario alemán:
Como demostración de su carácter nacional, el ejército alemán realizaba anualmente maniobras en el terreno, cuyo objeto era, aparte del estrictamente militar, relacionarse con la población civil, a fin de fomentar su popularidad entre los reservistas.
Sin embargo, la doctrina militar alemana no solo estaba compuesta por la herencia del prusianismo, sino también por influencias provenientes de otras raíces, donde Johann Gotthieb Fichte (1762-1814), el filósofo doctrinario de la nacionalidad alemana y padre del idealismo trascendentalista, y el inglés Thomas Carlyle (1795-1881), ejercían una importante presencia. La visión fichtiana y de su Filosofía de la Historia, conjugaba perfectamente con la idea de los oficiales alemanes, en cuanto a que el ser es un medio para la acción, y que la acción o la invitación a ella, debe ser con arreglo a la conciencia.
El estatismo en los militares alemanes de esa época, surgía de la voluntad nacional, donde el Estado pasaba a representar la unidad de la Nación y la síntesis de las aspiraciones del pueblo. En la visión fichtiana, se planteaba que los derechos de cada hombre, limitan con los de la comunidad en que vive, por lo que se necesita la autoridad del Estado para garantizar los derechos de todos. Por eso, a diferencia de Inglaterra donde primó el liberalismo, el Estado Alemán, desde Bismarck en adelante, tenderá a cumplir un papel central, tendiendo hacia el proteccionismo y al nacionalismo económico, a punto de crear dos escuelas económicas, opuestas a la clásica: la escuela nacionalista (List) y la escuela histórica (Roscher y Schmoller).
El componente que aporta Carlyle, en tanto, tiene que ver con la construcción carismática del militar alemán. Este escritor e historiador inglés, profundamente egotista y trascendentalista, fue un gran divulgador del pensamiento idealista y aristocrático de la Historia. Se desempeñó como Rector de la Universidad de Edimburgo, y su pensamiento estuvo estrechamente ligado a los pensadores alemanes, especialmente Hegel y Nietzche. Carlyle ganó importancia dentro del militarismo alemán antes que por su filosofía, por una de sus obras mayores: La Historia de Federico II, que le demandó 13 años de trabajo, donde se advierte, al decir de Esteban Pujals - su biógrafo español - "una exageración del derecho divino de los héroes" o "una apología del despotismo absoluto" (5).
Carlyle afirmaba que "solo en la acción encontraremos lo cierto" y que "nada es real mas que el violento triunfo de una voluntad arbitraria". Por ese camino llegará a manifestar una verdadera idolatría hacia el soldado, expresión de la acción, del individualismo y de la verdad. Para Carlyle hay que dejar la multitud y caer a los pies del individuo, porque es él quien nos salvará - "el héroe es el verdadero Paracleto"-. A su modo de ver, la multitud no son sino "millones de mudos" que se encuentran colocados entre el destino y el héroe; las masas son un juguete para el destino y una arcilla a modelar por el héroe.
Esa sublimación respecto del héroe, como expresión excelsa del individualismo, llevó a Carlyle a escribir un libro titulado Sobre los héroes, la reverencia hacia el héroe y lo heroico en la Historia, donde profundiza en esa perspectiva, en torno al análisis de varios destacados personajes de la historia, visión que es recogida ampliamente por el militarismo alemán y, luego, por el chileno.
También hay influencia de este autor inglés en cuanto al desprecio por la política y la superlatividad del concepto de orden, ya que, a su juicio, las comunidades políticas no están unidas mas que por un lazo poco moral, el lazo del interés propio y del poder material.
El apoliticismo - otra característica de la instrucción militar alemana - tiene, empero, facetas muy contradictorias, y que, de alguna manera, responde a esa percepción mesiánica respecto del "Ejército Nacional", apartado de toda tentación civil. Esto parece dicotómico si recordamos el axioma de Claus von Clausewitz (1780-1831), consular pensador militar alemán, sintetizado por el general Ratenbach, en cuanto a que la guerra es la continuación de la política por otros medios. De hecho, Clausewitz creía que la política tenía supremacía sobre lo militar desde un punto de vista estratégico. Pero, tampoco hay que olvidar que este pensador militar consideraba de especial utilidad, que el militar "debe estar dispuesto a influir en la decisiones políticas", puesto que los factores y sucesos militares tienen exigencias que el político "no solo ha de respetar, sino tener en cuenta en sus decisiones". De esto se desprende que, para Clausewitz, lejos de aislar al militar de la política, este debe relacionarse con su que hacer y en lo cotidiano.
Empero, ese pensamiento no se arraigó profundamente en el militarismo alemán, que tendió hacia una casta absolutamente enajenada de la contingencia política, solo contemplativa respecto de la Nación, y que despreciaba la práctica política por ser propia de civiles indisciplinados. Esto lo recogerá posteriormente el militarismo chileno, a través del general Francisco Javier Díaz, quien plantea que "la participación activa en política, destruye la unidad del cuerpo de oficiales y matan el compañerismo, que es una de las fuerzas morales que sostiene el complicado armazón de las colectividades guerreras" (6). Así, mientras la política es desorden y división, dentro de una Nación, el ejército nacional está fundado en el espíritu de la nacionalidad y en el sostenimiento de un Estado inspirado en el patriotismo. Para el militarismo alemán "mientras el mundo sea como la historia manifiesta que ha sido hasta el presente, las instituciones militares serán exponentes de los intereses nacionales".
Esta concepción crítica de la política, donde la ideología militar alemana movía a los oficiales hacia una actitud poco menos que equidistante de las cosas mundanas, lo que sucedía respecto de las doctrinas socialistas, en tanto, constituía abiertamente un motivo de estímulo al rechazo visceral, por considerarlas "doctrinas disolventes". La crítica marxista respecto del Estado, y de los llamados "aparatos de coerción", entre los cuales estaba el ejército, así como el efecto de las revoluciones sociales del siglo XIX, que enfrentaron violentamente a las masas con los ejércitos nacionales, crearon dentro de la casta militar alemana no solo el desprecio por las doctrinas sociales, sino objetivamente una repulsión en su contra. El internacionalismo que englobaba la acción y los principios de las ideas socialistas, constituía, desde el punto de vista militar alemán, una ataque artero contra los mas sagrado de su doctrina: la nacionalidad y el patriotismo. En lo que se refiere al anarquismo, aquella repulsión se transformaba en odio, ante la práctica terrorista que aquel movimiento desarrolló por toda Europa, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Contra toda idea socializadora, desde el punto de vista de los militaristas, los logros humanos no eran producto de la paz ni de la solidaridad, de la confraternización, sino producto de las armas - el triunfo violento de la voluntad arbitraria, al decir de Carlyle -, puesto que el conflicto humano se resolverá siempre por la violencia, de allí el valor y trascendencia de los ejércitos, "los que existen para la guerra y no a la inversa, porque culpar a los ejércitos de las guerras sería como creer que las farmacias son responsables de las epidemias"(7).
Estas percepciones que hemos expuesto, fueron traspasadas a la oficialidad chilena, durante el periodo de instrucción alemana: " el socialismo marxista, pariente muy cercano del comunismo, desconociendo la propiedad, la patria y hasta la familia, y negando la posibilidad de la guerra entre los hombres, tiene necesariamente que ser adversario franco de todo lo que signifique un alistamiento para la defensa nacional"(8). Esta contradicción entre el militarismo y los grupos socialistas se acentuó en Chile, en los últimos años del siglo pasado, ya que ambos tuvieron un periodo de emergencia común, y recibieron simultáneamente la influencia de Europa, con todos sus componentes recalcitrantemente antagónicos.
Un último aspecto ideológico a considerar es que, para asumir su misión nacional, el oficial debía estar preparado sobre la base de una exigente disciplina y la mas férrea adhesión al cuerpo institucional. "El robustecimiento del cuerpo, la sumisión de la propia voluntad a la del superior jerárquico, el aprendizaje de la obediencia incondicional y el sacrificio abnegado y entusiasta de la comodidad acostumbrada de la vida" (9), eran la base nutriente de aquellos que preferían optar por la vida militar, la casta auténticamente representativa de la Nación.
Así, sintiéndose una elite nacional, con una preeminencia de individualismo, estatismo y nacionalismo, con una acendrado antagonismo con la política y las ideologías sociales, la doctrina del militarismo se consolidó casi como un mesianismo patriótico.
Notas
1) Estado prestamista a nivel mundial. 2) En 1892, Alemania producía 4,9 millones de toneladas de acero, mientras su rival, Inglaterra, producía 6,8 millones de toneladas. Veinte años después, Alemania se pondría a la cabeza de la producción mundial acerera. 3) "Gloria y ocaso de los Generales Alemanes". Curt Reiss. 4) "Instituciones armadas y vida nacional" (en "Escritos militares sueltos"). 5) "Forjadores del Mundo Contemporáneo". Editorial Planeta, 1970. Madrid, España. 6) "Artículos sobre la organización militar en Chile". F.J.Díaz. Editorial La Cruz Svástica,1932. Santiago, Chile. 7) "El ejército ante las nuevas doctrinas sociales". Capitán Davir Bari. Talleres del estado Mayor General, 1922. Santiago, Chile. 8) Ibid. 9) "El servicio militar moderno". Emilio Körner. Imprenta La Ilustración Militar, 1899. Santiago, ChileSebastián Jans ©