GLOBALIZACIÓN

Sebastián Jans

volver al índice

Debemos entender como globalización, a la extensión de los mercados a una condición global, planetaria, que incorpora a todo el mundo dentro de relaciones de intercambio comunes, sin excepciones. El mercado se convierte, en ese supuesto, en el único regulador de la economía, implicando que las empresas, los grupos o las personas, se relacionan directamente, salvando toda intervención del / o los Estados.

Sus alcances, sin embargo, no tienen que ver solo con el intercambio comercial, sino que han llegado a expandirse en todas las áreas de la actividad, y sus consecuencias ya se expresan con fuerza en distintos ámbitos. El más importante efecto, en términos políticos, es la pérdida de parte de la soberanía de los Estados, en función de los poderes que dominan las estrategias de la globalización.

Pero, hagamos algo de historia. El proceso de gestación de las relaciones de intercambio capitalistas, se inician con la era pre-industrial, hasta alcanzar su máxima expresión con la globalización. Bajo la condición pre-industrial, el mercado estaba determinado esencialmente por el escenario de la ciudad y su entorno inmediato. Con el advenimiento de la industrialización, los mercados se amplían a espacios regionales, muchas veces de carácter nacional, o bien de carácter internacional, hasta abarcar un comercio transoceánico, en la medida que la producción industrial estuvo relacionada con las vías marítimas y el desarrollo naviero (Inglaterra, Alemania, etc).

Pero, la característica de ambos estadios de desarrollo del intercambio, se basó en la naturaleza eminentemente nacional de los capitales. Las diputas de mercados y de las zonas de influencia en aquellas regiones productoras de materias primas, producirá el fenómeno del imperialismo, es decir, cuando los capitales nacionales de las naciones industrializadas exigen políticas que permitan asegurar mercados y controlar la extracción de materias primas para su industria.

Es lo que predomina a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, determinando la partición de África y parte de Asia, por las potencias euro-centrales, teniendo su gran momento de crisis con la Gran Guerra de 1914-1918. Geopolíticamente, esta crisis no se resolverá hasta la segunda Guerra Mundial, cuando surgen dos potencias que recomponen el escenario mundial.

El derrumbe del mundo bi-polar, posterior a aquella guerra mundial, se produce cuando las corporaciones nacionales del mundo capitalistas, nucleadas en el Grupo de los 7, habían dejado ya de responder a los parámetros nacionales de acción, y actuaban en una modalidad absolutamente transnacional. De allí que para esos grandes capitales, que escapó de las limitaciones de sus países de origen, apareció la oportunidad de re-diseñar el marco de las relaciones de intercambio, propugnando una economía abierta, en todas las regiones del globo.

Una de las estrategias seguidas por las grandes corporaciones multinacionales, consistió, precisamente, en estimular uno de los sectores más dinámicos en la difusión del modelo: las comunicaciones. Las enormes ventajas tecnológicas disponibles facilitaron notablemente la expansión de éstas, simultáneamente que se pusieron a disposición del consumo herramientas de gran tecnología, que previamente pertenecían al aparato militar (por ej. Internet).

De éste modo, se ha producido la confusión de considerar que la globalización es un fenómeno de las comunicaciones, en circunstancias que se trata de un fenómeno situado básicamente en los mercados, donde las empresas multinacionales están siendo el principal conducto de desarrollo del proceso globalizador. Lo lógico es que, conforme el proceso de globalización avance, el tamaño de las empresas que actúan de modo pre-eminente, tienda a ser más grande, hasta un techo que no todos los especialistas pueden definir.

Adam Smith, hace ya algunos siglos, sugirió que el tamaño de una empresa estaba relacionado con el tamaño del mercado. Las condiciones de la crisis asiática señalan que los mercados no son ilimitados, por lo tanto, ese espacio global, que aparece como incomensurable, tiene limites concretos, por lo cual, como todo espacio geográfico económico está sometido a disputas, donde solo pueden imponerse los más poderosos.

Se puede deducir de esto, que las afirmaciones fundamentales de la globalización son dudosas: que la globalización es una oportunidad para todos, que existen enormes oportunidades para el desarrollo de las empresas, que las relaciones económicas están determinadas por la competitividad. Pero, una cosa es cierta, en la globalización son las empresas, no los gobiernos, los que toman la iniciativa y el protagonismo de la economía mundial.

Kofi Annan, en una entrevista realizada por el diario El Comercio de Perú, expresaba hace un año: "Las ventajas de la globalización son evidentes: rapidez, mejores niveles de vida, nuevas oportunidades. Sin embargo, las ventajas se han distribuido en forma muy desigual, el mercado global no se ha estabilizado con reglas basadas en objetivos sociales compartidos, y, si los países pobres siguen el camino de los que ahora son países desarrollados, pronto se agotarán los recursos de la Tierra".

Este aspecto es el que abre el debate profundo sobre este tema decisivo para entender el mundo de hoy. Las minorías, los ecologistas, los postergados, los intelectuales, los pobres, los marginados, etc. empiezan a manifestarse contra quienes hegemonizan el proceso de globalización. Pero, no es la globalización en si un peligro para las naciones, para las personas, para quienes buscan abrirse camino en ella. El problema reside en quienes están controlando su desarrollo y consolidación, y en la brecha existente entre quienes partieron antes, en la carrera por los mercados, y entre quienes están imposibilitados aún de partir.

No en vano, se señala, con justa razón, que la Conferencia de Davos y la Cumbre de Porto Alegre, han sido las dos caras de la globalización. Para quienes participaron en ésta última, no existe la globalización de la riqueza, pues, no hay ningún mecanismo que redistribuya los beneficios económicos que ella importa, prevaleciendo, en cambio, la globalización de la pobreza. Esto se hace patente en informes técnicos de las Naciones Unidas (PNUD), que indican que el 20 por ciento más rico de la población mundial controla el 86 por ciento del PIB mundial, y el 82 por ciento de las exportaciones de bienes y servicios. El 20 por ciento más pobre, apenas llega a controlar el 1 por ciento del PIB mundial y de las exportaciones. En América Latina, según CEPAL, a inicios de los 1980, los pobres sumaban 135 millones de personas. A fines de los 1990, la cifra había subido sobre 210 millones.

Hasta hace pocos años atrás, toda política de crecimiento, en los países económicamente rezagados en el concurso económico mundial, se consideraba que dependía de los flujos de inversión, de la tasa de ahorro interno, de los grandes proyectos de infraestructura y del dinamismo del sector exportador. La crudeza de la economía globalizada indica que el factor determinante es la tecnología.

Sin innovación tecnológica, sin capacidad de manejo de variables en ese ámbito, es imposible concursar con éxito en la economía global. Ello requiere esfuerzos significativos que solo se pueden hacer efectivos, en la medida que se produzca un cambio radical en la educación. Desarrollar nuevas destrezas y habilidades en los ámbitos locales, es un desafío que solo pueden alcanzarse con cambios profundos en las políticas nacionales y con más del tiempo posible y adecuado para obtener prontos éxitos.

¿Cúal es el escenario que los pobres (personas y países) requieren para iniciar su concurso en la globalización, considerando que esta es irreversible, y que será un proceso económico planetario que determinará nuestro futuro, como personas y como pueblos?

Tal vez, la respuesta se encuentre en los mercados de trueque, surgidos de las necesidades del pueblo argentino, ante la crisis devastadora de su economía. Cuando no se puede concursar con recursos suficientes, dentro de los mercados, la escala de intercambio debe establecerse en el rango posible, y allí crecer y potenciarse.

Ese debe ser el desafío de los países que están inevitablemente rezagados. Nadie puede alcanzar a corredores olímpicos en una maratón. Ellos siempre llevarán la delantera. Por lo tanto, para correr con éxito y prepararse para desafíos mayores, hay que correr dentro de nuestras respectivas categorías. Cuando los gobernantes y las clases políticas, los empresarios y los economistas, comprendan que no hay una globalización, sino diversas globalizaciones, los países rezagados económicamente, podrán convertirse en protagonistas reales del fenómeno de la globalización.

volver al índice

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1