Sebastián Jans

¿ES POSIBLE UN AMBIENTE HUMANO?

 

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GOBERNABILIDAD Y GOBERNANZA.

 

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La gobernabilidad, como hemos visto, resalta la importancia de la interacción de los distintos actores de la sociedad, y de los consensos para hacerla gobernable. La gobernabilidad, por lo tanto, la dan los actores políticos y sociales, en la forma como contribuyen a hacer sostenible un determinado sistema de gobierno, sobre la base del concurso de esos actores en la viabilidad y perdurabilidad del sistema.

Esa interacción, sin embargo, debe permitir una gestión de gobierno eficaz, participativa, responsable, transparente y equitativa. En atención a ello, los factores que determinan la realidad cultural, social, política y económica de los países, producto de los problemas estructur ale s que presentan los fenómenos concurrentes a las crisis de los Estados Nacion ale s, las contradicciones entre el gobierno y la sociedad civil, las enormes insatisfacciones de amplios sectores ante las estructuras burocráticas, los poderes fácticos que presionan sobre los poderes constituidos, etc. han puesto en evidencia enormes deficiencias en los sistemas de gobierno.

Ello ha provocado una revisión y nuevas concepciones sobre las formas como se estructura la administración del Estado, algunas de las cuales se orientan, preferentemente, a hacer la gestión de gobierno más cercana a las necesidades de la sociedad civil; otras, en tanto, no ponen la prioridad en ese contexto, sino que en una eficiencia técnica que se sobrepone a toda responsabilidad social, y que se basa en la gerenciación.

La Nueva Gerencia Pública (NGP), por ejemplo, presenta un paradigma que considera la administración del Estado como la de cualquier empresa, cuyo propósito es tener clientes a los cuales se dirigen determinados productos o servicios. El éxito de la gerenciación se mide en el nivel de satisfacción del cliente. El paradigma propone cambios que buscan redefinir la función del Estado, reducir su tamaño, eliminar déficit, controlar el gasto público, remover los obstáculos para una administración efectiva, privatizar servicios, etc. En el contexto de ese propósito, el llamado “Consenso de Washington” constituye un hito, que pone fuerte acento en la reflexión neoliberal respecto de un gobierno que delega en la iniciativa y que no interviene sino para preferentar la acción del mercado, incluso sobre su propia actividad y función.

Sin embargo, el extremismo de los gobiernos neoliberales y conservadores, que generaron el “Consenso de Washington”, y que proyecta su influencia ideológica sobre las concepciones de gerenciación, no toman en cuenta que los seres humanos son más que actores solo movidos por el interés y la ambición personal. Por lo demás, la inaccesibilidad de amplios sectores de la sociedad, a las disponibilidades básicas para una vida digna en términos de oportunidades de educación, salud y trabajo, incluso en los países más desarrollados, demuestra que el mercado es definitivamente deficiente para eliminar las desigualdades.

Esa constatación es lo que motivó la reflexión europea, luego de la Segunda Guerra Mundial, que generó un debate sobre la orientación y alcance de la dirección política. No olvidemos que Marshall desarrollará el concepto de ciudadanía social, a partir de reconocer un conjunto de derechos sociales, que consideraba el derecho a la participación del bienestar económico y a vivir una vida civilizada de acuerdo a los estándares prevalecientes en la sociedad.

Tales reflexiones permiten acuñar el concepto de la gobernanza, cuyo origen se encuentra en la conceptualización inglesa (governance), en torno a las cualidades procedimentales del gobernar. Renate Mayntz reconoce cierta equiparidad en esa conceptualización, con la idea de governing. Sin embargo, agrega que la gobernanza experimenta una variación semántica posterior, primero, en torno a la idea de un nuevo estilo de gobierno, que difiere del control jerárquico, y que, en consecuencia, se basa en una mayor cooperación, y en la interacción de actores estatales y no estatales; y segundo, indica una coordinación de acciones individuales, que da cuenta de la existencia de diversas formas asociativas o redes, que inducen a formas de coordinación distintas a las jerárquicas, que están radicadas en el mercado, pero, también en otros ámbitos, tan importantes como este.

El primer paradigma de la gobernanza, tuvo relación con los temas del desarrollo e implementación de políticas públicas, es decir, se concentró en el gobierno, y su capacidad de guiar los procesos sociales y económicos. Sin embargo, el neoliberalismo, insuflado por el tatcherismo y el fin de los socialismos reales, exacerbaron la creencia en el poder coordinador del mercado. Estos dos paradigmas son los que referencian el debate de las últimas dos décadas, que apuntan hacia una nueva definición de la gobernanza.

Existe cierto consenso entre los teóricos de la ciencia política en cuanto a que la gobernanza se asienta en los principios de transparencia, participación y responsabilidad. Se trata de un nuevo estilo que difiere de toda forma tradicional de control jerárquico, y que valora y previlegia la relación, la cooperación y la interacción entre los poderes del Estado y los actores no estatales. Mayntz pone acento en la interacción y la cooperación entre los poderes públicos y los actores no estatales en el interior de las redes decisionales mixtas entre lo público y lo privado.

Se entiende que debe haber un sistema de reglas y prácticas que caracterizan la forma como los poderes son ejercidos. Por lo cual, se trataría de un conjunto de valores, principios y normas que definen a los actores, los procesos, los procedimientos y los medios de una acción colectiva. La gobernanza, entonces, destaca valores, normas y reglas que rigen la conducta política.

Sobre esa consideración, la  gobernanza, viene a ser la sensación o percepción de los gobernados de que la acción del gobierno tiene como objetivo el bien social, y donde los diversos actores de la organización social producen un adecuado equilibrio entre los objetivos que persigue la sociedad civil, el Estado y el mercado. Hay gobernanza cuando existe la sensación o percepción del buen gobierno, independientemente de la alternancia en el poder.

Sin embargo, la realidad que impone la globalización, obliga a plantear el tema hacia una comprensión distinta, sobre la base de la constatación que hay una pérdida de la influencia jerárquica del Estado, y donde los actores sociales, políticos y económicos se vuelven cada vez más múltiples, y las vinculaciones entre ellos se efectúan al margen del control de los gobiernos. Ello debilita los mecanismos de regulación, al tiempo que las fronteras económicas se diluyen, lo que genera fuertes impactos en las políticas fiscales y las reglas impositivas, necesarias para desarrollar una acción de buen gobierno.

De allí que se esté hablando de una gobernanza global, como la suma de muchas formas en las que individuos e instituciones, sean de naturaleza pública o privada, formales e informales, gestionan asuntos comunes llevando una acción cooperativa. Esto sobre la comprobación que a nivel internacional, no existen estructuras políticas de control idénticas a las que tienen los Estados nacionales.

Debemos entender que la globalización no es solo un proceso económico, sino que tiene alcances políticos, sociales y culturales, donde también hay amenazas que deben ser enfrentadas y que no solo afectan focalmente a la comunidad donde se presentan, sino que tienen impactos a nivel mundial. Problemas como el hambre, la desertificación, la volatilidad financiera,  el terrorismo, el narcotráfico, los problemas del medio ambiente, los problemas de salud producto de enfermedades contagiosas como el SIDA, el crimen organizado, etc. son aspectos que escapan a los estrictamente local, para convertirse en problemas mundiales, que requieren de la sensación de un buen gobierno, es decir, de una gobernanza.

 

Referencias:

Mayntz, R. “Nuevos desafíos de la Teoría de Governance” (www.iigov.org)

 

Sebastián Jans * ¿Es posible un ambiente humano?

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