Clarin:
Pasión. Pasión. Pasión. Ser Redondo no se explica. Ser Redondo sólo
se siente. Y punto.
El enorme escenario en el que se transformó el Estadio Olímpico Córdoba
fue testigo de eso.
Los Redonditos, más allá del accidente fatal de Jorge Daniel Felippi
que perturbó el balance ofrecieron un recital sin fisuras, con
diferentes colores y sensaciones emotivas, que alcanzó el climax, como
siempre, cada vez que entonaron sus himnos: Vamos las bandas, El pibe de
los astilleros, Ñam fri fru fri, o Preso en mi ciudad. Los 40 mil fans
sumaron al encuentro ricotero sus cantitos futboleros, condimentados con
la pimienta de su amor incondicional. Bailaron, saltaron, agitaron
brazos, revolearon camperas y se entregaron hasta el último instante,
hasta quedar casi exhaustos. Reclamaron otra y desde el escenario
iluminado con luces blancas vibró Un Angel para tu soledad. Después
abandonaron con paso lento el estadio, cansados y felices, con rumbo a
la ciudad.
Los temas de Momo Sampler, su último álbum, sonaron bien en vivo. El
tecno-rock suena aplastante, parece agigantarse, densificarse. Es pura
potencia con una estética impecable. Así se sucedieron Morta
punto.com, El templo de Momo, Pensando como una acelga y Una piba con la
remera de Greenpeace. Mientras, dos pantallas gigantes alternaban sus imágenes:
del público a los músicos, y de ahí a los dibujos de Rocambole. La
reacción de los ricoteros frente a estas canciones fue devocional, pero
menos explosiva.
Hubo cuatro descansos en las dos horas y media que se extendió el show.
El respiro era bienvenido. Los 200 mil watts de sonido se sentían nítidos
y contundentes. Cada nuevo regreso de la banda al escenario arrancó con
los clásicos y continuaba con los nuevos. El Indio Solari confesó un
problema en su garganta y agradeció al doctor Guillermo, que Decadrón
mediante le permitió subir al escenario. Incluso pidió que lo ayuden a
cantar. El rito de regresar a Argentina después del paréntesis
Montevideano se cumplió: fue una fiesta ricotera, con todo su folclore.
Con un escenario
encendido por luces naranjas y azules, y al ritmo de los cantos de las
tribunas, el Indio Solari hizo su aparición con Unos pocos peligros
sensatos. Eran las siete y cuarto de la tarde y las bengalas y petardos
se hacían sentir. "Hola, Córdoba", fue el discreto saludo
del cantante. Y entonces la banda más exitosa y polémica de la
Argentina comenzó a tocar. Los Redondos arrancaban así su esperado
concierto en la ciudad de Córdoba.
Unos 42 mil adolescentes, jóvenes y no tanto, vibraron con Los
Redonditos y se sacudieron poseídos con los 200 mil Watts de potencia
que tenía el sonido. Y se sacudieron al ritmo del pogo viendo las imágenes
que repartían dos pantallas gigantes desde el escenario. Y de paso
hicieron trizas la veda que siguió a las presentaciones que el grupo
hizo en River. Mirados desde el valle donde está el Chateau Carreras,
los chicos y chicas parecían hormigas que no paraban de arribar al
estadio donde se hizo el recital.
Aunque no hubo incidentes de importancia con la Policía —en comparación
con otros recitales de la banda—, hubo un episodio trágico. Durante
el concierto, un joven de 31 años, que había llegado desde Santa Fe,
murió como consecuencia de una caída a un foso desde una tribuna.
Durante el concierto, Solari se molestó con algunos chicos que le
arrojaban cosas desde el campo. "Esto no es Los Violadores",
dijo, en referencia a otro grupo de rock.

El mito ricotero de arrancar unos días antes, acampar cerca del lugar
del recital, la fiesta y mucho alcohol se instaló desde el miércoles.
Muchos estacionaron en el parque San Martín, frente al estadio, pero
otros eligieron las sierras: Carlos Paz, Cuesta Blanca o Capilla del
Monte. "Acá hay mucha yuta", dijo un flaco con dientes de
conejo que viajó desde Avellaneda y que hizo el aguante en Cuesta
Blanca.
La policía mantuvo una respetable distancia, pero sus móviles y
efectivos se veían desde todos los ángulos. Los controles ruteros
fueron muchos. De hecho, los 2.500 efectivos que tomaron parte
duplicaron a los que que se usan para los clásicos entre Belgrano y
Talleres.
El color cordobés entró por los sentidos. Abundaron los choripanes y
el Fernet con Cola. Obviamente no faltó cerveza y los Tetra de vino. El
grito de guerra y de pertenencia, el "Vaaamos los redondos",
se hizo oir desde las veredas y los micros que se acercaban a la fiesta.
La Voz del Interior:
Adentro
El ingreso al estadio se desarrolló en el marco de la más absoluta
normalidad. En la platea y el campo, todo permaneció siempre tranquilo.
Al entrar, la persona con su entrada pasaba por 3 ó 4 controles, donde
se dejaban, cintos, encendedores y demás elementos que podían acarrear
peligro para el portador o para terceros.
El campo de juego, a poco de abrirse las puertas, lucía repleto.
Caminar por la superficie que cubría el césped era toda una aventura.
Había muchos pibes recostados, disfrutando, una tarde hermosa. La
mezcla generacional también sorprendía: el dominio juvenil era
matizado por quienes seguramente conocieron en tiempo real el nacimiento
del grupo y también por niños, algunos muy pequeños, que seguían
todo lo que ocurría junto a sus padres.
Si bien hubo entradas de distintos precios, no existió el control para
acceder y desplazarse. Cualquiera iba a la platea y al campo de juego.
Afuera
Los incidentes fueron menores y rápidamente neutralizados. A las 18.20,
se produjo una primera avalancha de los poco más de 200 fans que
pugnaban por ingresar sin su entrada. Una decena de disparos de bala de
goma al aire fue respondido por proyectiles aislados, uno de los cuales
impactó levemente en un efectivo policial. Después de las siete de la
tarde, la presión volvió a hacerse sentir. En ese momento, el
encargado de la entrada, comisario Osvaldo Peralta, decidió liberar el
ingreso.
A esa hora los detenidos sumaban 115, entre portadores de armas blancas
y estupefacientes, consumo de alcohol y otros delitos menores.
En el campo de juego hubo algunas corridas. Por lo general, fueron pequeñas
escaramuzas entre grupos chicos o propiciadas por los bailarines de
“pogo” (saltos desenfrenados hacia cualquier dirección).
La salida tuvo el mismo marco del ingreso. Lenta y ordenada. Las calles
de la ciudad volvieron a ser invadidas, esta vez por una multitud calma,
extasiada y feliz.
Pasión de sobra:
Patricio Rey y
sus Redonditos de Ricota ofrecieron anoche un contundente show en el
Estadio Córdoba, en el que prevaleció el clima festivo armado por una
audiencia que trepó a las 42 mil personas, y el poder de conmoción de
esta banda comandada por el cantante Carlos “Indio” Solari.
Solari, más el guitarrista Eduardo “Skay” Beilinson y el resto del
grupo, subieron a escena con 15 minutos de demora y, al parecer,
ignoraban que en uno de los accesos un fan había muerto al caerse de
una valla.
El grupo arrancó con el rock entrador Unos pocos peligros sensatos, que
pertenece a su primer disco, Gulp. Esa pieza, más la siguiente (El pibe
de los astilleros), excitaron a la multitud y, en algún punto, la
dejaron a “punto caramelo” para entrar a desarrollar la presentación
de Momo sampler, la oscura obra que sirvió de excusa para esta primera
presentación de Redondos en territorio nacional.
Con sonido nítido y a altísimo volumen, se sucedieron los sombríos
Morta punto com, El templo de Momo, Pensando como una acelga y Una piba
con la remera de Greenpeace, mientras dos pantallas a ambos costados de
la escena proyectaron mórbidos dibujos del artista Rocambole.
Este show fue anunciado como “internacional”. Pero su densidad y
estructura, le dieron una singularidad que no encuentra parangón con
ninguna otra manifestación del rock global. Los Redondos interrumpieron
el concierto cada ciclos irregulares. Como siempre, no les importó que
la atención se desviara y llevaron al éxtasis al público sólo cuando
tocaron.
Una tensa canción como Sheriff no podría ser celebrada en ningún
concierto de música pop. Sólo adquiere sentido en una estética donde
lo que importa, insistimos, es el poder de conmoción. Y si hay 200 mil
watts al servicio de ese concepto, lo exhibido sacude. Anoche pasó algo
de eso.
Varios sociólogos quieren explicar el fenómeno
y se quedan a mitad de camino. Los pibes, por su parte, intentan una
fundamentación cantando “es un sentimiento...”.
Los Redondos ¿Córdoba 2002?
Antes del show, la idea
de los organizadores era –si todo salía bien– convertir a Córdoba
en escenario permanente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El
saldo del sábado, tanto desde lo exclusivamente musical hasta lo
organizativo, no pudo menos que ser visto como una fiesta que prologa un
extenso vínculo entre el grupo y los cordobeses. O entre la banda y Córdoba,
ya que el público se repartió por partes iguales entre santafesinos,
porteños y lugareños.
El día después, el organizador del evento Arturo Iturraspe, aseguró
en diálogo con La Voz del Interior: “Es muy pronto para adelantar
fechas de un próximo show, pero estamos muy satisfechos con el
resultado. Lamentamos mucho, el grupo también, la muerte de este joven.
Pero son accidentes que ocurren en cualquier lado, y no se puede
cuestionar ni el operativo de seguridad dentro o fuera del estadio, que
funcionó perfectamente”.
Sobre el retorno ricotero a la ciudad, Iturraspe fue un poco más allá:
“Ya podemos pensar en convertir a Córdoba como una plaza estable para
que actúen Los Redondos”.
No es para menos: el anunciado espectáculo se convirtió en el evento
pago más convocante en la historia de los espectáculos en Córdoba,
duplicando la cantidad de gente que congregó Luis Miguel, o la que llevó
con localidades prácticamente gratuitas el grupo folklórico Los
Nocheros. Incluso más que todos los fanáticos cuarteteros del fin de
semana. Y prácticamente sin promoción.
Los Redondos batieron un récord absoluto: contra otras propuestas
rockeras, de folklore o el siempre convocante género romántico latino,
que con sus distintos referentes mantenían a Córdoba como escenario
permanente.
Solari y los suyos eligieron la ciudad para presentar en Argentina el último
disco Momo Sampler, después de un par de recitales en abril en
escenarios montevideanos. Todavía no tienen otra fecha segura en el país:
“Para Santa Fe hay poco tiempo, River sería en noviembre”, adelantó
Iturraspe.
Otra historia
Así, Córdoba tuvo el privilegio de contar con la banda liderada por el
Indio Solari antes que nadie. Y con un concierto de lujo que permite
borrar el sabor amargo que dejó aquel recital de Villa María, en 1998.
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