![]() |
LA CONFERENCIA EL PREDOMINIO DEL TEMOR
(Volver al Índice)
Un día, observé en un templo de Oriente, un dios de tres caras,
representando el amor, el odio y la paz, pregunté cuál de las
tres caras tenía mayor número de adoradores. Me contestaron
que la mayor parte de las ofrendas eran dedicadas al odio. No porque el pueblo
desease el odio, sino porque el temor al odio de los demás, les hacía
buscar la protección del genio del mal.
Parece un absurdo a primera vista que esa gente fuera dominada así
por el temor. No obstante, si reflexionamos; ¿no es el miedo, después
de todo, lo que rige la política en todos los países del mundo?
Queremos la paz y por eso nos preparamos para la guerra, temiendo un ataque
del enemigo. Oramos por la paz, pero por el temor a los horrores de la guerra.
En la conformación de los gobiernos, si pedimos representación
para las diferentes clases, es porque tenemos miedo a la legislación
de una clase en particular. Y en gran parte practicamos el bien, por recelo
a las consecuencias -de orden legal o sentimental-, que se pongan al descubierto
con nuestras faltas. El miedo a la pobreza nos obliga a ganar dinero. Y es
tan común que sea el temor y no el amor a Dios la base de la moralidad,
o sea, ¿la superstición sustituyendo a la fe?
En el ejército y la marina, la pretendida disciplina es conseguida
principalmente con amenazas de castigo. Y antiguamente la educación
de los niños estaba basada en el mismo principio. Los fuertes se servirán
del miedo como un arma para aterrorizar a los débiles.
SE IMPONE UNA NUEVA ORIENTACIÓN
(Volver al Índice)
Los cristianos, cuando rezan, pronuncian una oración llamada "Padre
Nuestro". Esa oración habla de un Dios de quien todos somos hijos.
De un Padre, -no de un tirano-, y dice que esperamos que Él pueda reinar
en la tierra como lo hace en el cielo.
Dios es amor. Es pues, el reino del amor lo que pedimos. Y sin embargo, soportamos
el yugo del temor.
¿Podemos nosotros, no satisfechos de rezar pasivamente por el reino
del amor, hacer algo que apresure su llegada?
Creo que sí.
Como dice el Reverendo Alfredo Wishart: "El hombre es en gran parte responsable
por el estado social existente. Y si esta situación provoca la guerra,
la pobreza, el crimen y las calamidades, es deber del hombre remediar esos
males, fuente de sufrimientos humanos".
Pero, quiénes son los agentes de las desgracias humanas que no reconocen
sus responsabilidades, porque dicen que es a Dios a quien compete salvar y
curar. Ese hábito de atribuir a Dios las responsabilidades de las condiciones
de vida, de las cuales el hombre es, de hecho, responsable, nos engaña
e impide la adopción de remedios adecuados.
Para desarraigar el mal, definitivamente es necesario sustituirlo por otra
influencia: por el bien. Para abolir el dominio del temor es preciso sustituirlo
por otra influencia no menos poderosa.
Si en los casos arriba citados sustituyéramos el temor por el amor,
veríamos pronto disminuir la pobreza, el crimen y las calamidades en
nuestros respectivos países y, por la confianza mutua, sin maldad y
con buena voluntad, la paz surgiría entre las naciones.
LA SITUACIÓN ACTUAL DE EUROPA AMENAZA
EL MANTENIMIENTO DEL MILITARISMO (Volver
al Índice)
La guerra que debía acabar con la guerra, concedió a algunos
estados pequeños los dones preciosos de la libertad y de la libre determinación.
Pero el resultado de la lección de lo que fue esa guerra, es que, debido
a que esos estados temen por su seguridad, hay ahora (2),
más países armados que en 1913.
Algunos de los grandes ejércitos de entonces han sido reemplazados
por numerosos ejércitos de menor importancia, pero que integran en
su totalidad mayor número de hombres armados. Esto es, muchas más
chispas para desatar un incendio.
El sistema de libre determinación llevó a ciertas naciones a
exagerar sus ambiciones, cuando muchas de ellas no habían logrado ni
siquiera organizarse. No tuvieron paciencia para recorrer las lentas etapas
de la evolución, prefiriendo los métodos más rápidos
de la revolución.
En principio, la revolución tiene por finalidad dar libertad al pueblo.
En la práctica, ella se ha manifestado como una de las formas brutales
del militarismo.
No es la eliminación de los ejércitos lo que acabará
con el militarismo, como no será la abolición de la policía
lo que terminará con los crímenes. Es preciso suprimir la causa
de la guerra; los ejércitos, por el contrarío, son los efectos,
el resultado de la desconfianza y del espíritu combativo.
Y así entramos en el pleno dominio de la educación. Hasta ahora,
casi siempre, cuando surge una dificultad entre los pueblos, nos acostumbramos
a pensar en la guerra. Y la situación actual de Europa nos amenaza
con ver un continuismo del reino del temor.
La enseñanza académica, nos ha mostrado en sucesivas generaciones
a la Historia, como una serie de guerras victoriosas, omitiendo deslealmente,
muchas veces, las derrotas, calumniando a los enemigos, al mismo tiempo que
exaltando todas las acciones de sus hijos, aunque fuesen simples actos de
piratería.
Estaría llegando el momento de cambiar todo esto; de enseñar
a las nuevas generaciones las victorias pacíficas de su país
y de persuadirlas a pensar pacíficamente en los otros países.
URGE SUSTITUIR LA EDUCACIÓN MILITAR
POR OTRA EDUCACIÓN (Volver
al Índice)
Personalmente, como soldado, la mayor parte de mi vida he visto algo de los
horrores y de la brutalidad de la guerra, ese asesinato de las criaturas de
Dios, nuestros hermanos, autorizado por el hombre, y he visto también
los hogares arruinados y los martirios de las mujeres y de los niños
inocentes.
Por otra parte, también pude comprobar las magníficas cualidades
de valor, que suscitan la guerra y el arte militar, condiciones que se encuentran
indiscutiblemente en las naciones más guerreras.
La renuncia que exige la aceptación de una disciplina ruda, la entereza,
la leal camaradería, el espíritu de
solidaridad, el heroísmo y la energía con que los hombres afrontan
una muerte por sus países; todo esto, debe confesarse, es una consecuencia
generalizada de la educación militar, que desarrolla en el hombre la
virilidad del cuerpo, de la inteligencia y del alma.
Por eso algunos temen que la supresión de esos ejercicios venga a atrofiar
y también a extinguir esas preciosas cualidades viriles.
En un notable artículo titulado "El Equivalente Moral de la Guerra"
publicado en el "Atlantic Monthly Journal", William James admitía
la idea de que había llegado el momento de imaginar alguna cosa para
reemplazar la educación con fines guerreros; alguna cosa que condujese
a la paz sin "desvirilizar" a los hombres, sin transformarlos en
holgazanes.
La historia de la caída del Imperio Romano confirma la fuerza de esta
verdad. Por eso algunas naciones conservan todavía el servicio militar,
no tanto pensando en la guerra sino como medio de educación y para
preservar la raza, de la desaparición de las cualidades viriles.
¿PUEDE UNA NACIÓN CONSERVAR
SU VIRILIDAD SIN MILITARISMO? (Volver
al Índice)
Pocos se opondrán a la necesidad de conservar la virilidad y el carácter
de una raza. Es necesario encontrar un medio de alcanzar ese fin, sin preparar
a los hombres con un propósito guerrerista.
William James sugiere una solución para desarrollar la entereza y la
disciplina, que tendría también la ventaja de dar ocasión
a las clases ricas para ganar virilidad, a la par de los desheredados de la
fortuna. Él quiere el reclutamiento, no en el ejército, sino
en las minas de carbón y hierro, en los trenes de carga, a bordo de
los barcos de pesca, en la construcción de carreteras, de túneles,
en las fundiciones, y en la construcción de edificios.
No hay duda que sería un medio magnífico para desarrollar la
entereza de los muchachos. Falta saber hasta qué punto los constructores
e industriales estarían dispuestos a educar, a sus expensas, a esa
juventud inadaptada.
Pero la resistencia física no es la única cualidad necesaria.
Sin duda, todos esos trabajos tendrían la ventaja apreciable de enriquecer
al individuo y de abolir la separación de clases, ¿pero de qué
modo contribuiría a la formación del carácter? Y es ésta,
precisamente, la necesidad más apremiante de la educación del
futuro.
La vida del mar, con sus cualidades, que exigen disciplina, audacia e ingeniosidad,
con las ocasiones que ofrece de hacer contacto con pueblos extranjeros y la
facilidad de poner en práctica esas cualidades, sería sin duda
una manera de preconizar que esos trabajos pudieran estar al alcance de todos.
Pero la poca extensión del comercio marítimo lo reduciría
a un porcentaje mínimo.
El deporte internacional sería también un buen medio para desarrollar
la virilidad y la amistad recíproca.
Pero los obreros y los flacos estarían excluidos. Y cada vez más,
en todas esas soluciones, no se considera sino un sexo: el masculino, cuando
el hombre se reparte hoy con la mujer, el trabajo en el mundo. Depende de
ella más que del hombre, la salud del alma y del cuerpo de las generaciones
futuras. La educación nacional de la mujer es, por lo tanto, de una
importancia por lo menos tan igual, a la del hombre. Ella necesita las mismas
oportunidades de desarrollo.
LA AUTOEDUCACIÓN DEL CARÁCTER
ES POSIBLE (Volver al Índice)
¿No tenemos nosotros ideas para presentar a los jóvenes, que
sin inculcarles gustos guerreros y sanguinarios, les despierten aspiraciones
viriles, la admiración por el coraje y la audacia, la independencia
y el heroísmo, la abnegación y las costumbres caballerescas?.
Preguntemos a los muchachos qué libros leen. Ellos leen, es verdad,
relatos de batallas y combates, pero si indagamos cuáles son sus preferidos,
responderán que aprecian mucho más las aventuras en tierra y
en el mar, las exploraciones en la selva, la cacería mayor, la vida
en el campo, la aviación y otras narraciones en las que aparecen las
virtudes viriles.
Y bien de aquellos que no saben o no gustan de leer, encontramos que son raros
los muchachos que no imiten en sus juegos o juguetes a los héroes de
esas historias.
¿Cuál es el muchacho que no se interesa por las artes, por las
costumbres y por los hábitos de los indios o de los Zulúes?
El placer de construir un barco, de explorar un terreno desconocido, de escalar
las altas montañas, de coleccionar objetos de historia natural en los
bosques, el campismo, las ciencias de la selva, el trabajo de los pioneros;
todo eso los entusiasma.
Es preciso saber servirse de todos esos atractivos para "dorar la píldora"
de la educación. La educación, tal como la entiendo, no consiste
en introducir en el cerebro del niño una cierta dosis de conocimiento,
sino en despertarle el deseo de conocer e indicarle el modo de estudiar.
Además de la formación puramente escolar, la educación
moderna procura desarrollar el carácter, la habilidad técnica
y la salud corporal. Ese desarrollo podrá ser alcanzado por medio de
las actividades arriba mencionadas, después de que se elabore un sistema
inteligente y hábil.
Vemos también que la vida al aire libre, con sus ocasiones para estudiar
las cosas de la naturaleza, el campismo, las exploraciones, la cartografía,
los croquis hechos en las excursiones, no traen sino ventajas para los jóvenes.
Por consiguiente, las juventudes del mundo entero están a la espera
de esa educación viril, listas para recibirla bastando para ello que
se le ponga a su alcance.
Y esta educación sería una auto educación voluntaria,
en la cual la juventud pondría toda su energía y todo su entusiasmo.
Esta instrucción podrá ser dada fuera de las horas de clase
-pues no conviene que los estudios escolares resulten perjudicados- o sea
en los ratos de ocio, durante los cuales corrientemente ocupaciones inconvenientes,
comprometen el trabajo realizado en la escuela.
La idea que proponemos deberá tener, por lo tanto, la aprobación
de los profesores.
RELACIONES INTERNACIONALES (Volver
al Índice)
Pero todavía hay más horizontes qué descubrir. Si queremos
poner término al reino del terror e instaurar la paz en el mundo, el
remedio será la educación de las nuevas generaciones con vista
a unas buenas relaciones internacionales, antes que una limitación
de armamentos, hacia la cual tienden en la actualidad varios países.
Los ideales y los modos de actividad a que me he referido anteriormente, tienen
los mismos atractivos para los muchachos de cualquier nacionalidad.
Todos los niños del mundo se asemejan bastante, psicológicamente
hablando, hasta el momento en que crecen y se orientan en diferentes direcciones,
por los medios más diversos.
Ellos se asemejan, en primer lugar, por el ardor con que reciben las ideas
y con que se dedican a las ocupaciones de su edad que realmente les interesan.
De modo que, para aplicar una educación universal, tenemos en ese entusiasmo
un terreno preparado, gracias a lo cual estaremos con la mitad de la obra
realizada.
En vez de reclutamiento, contaremos con el esfuerzo voluntario de los muchachos.
Gracias a la comunión de intereses, a un intercambio más fácil
y a una gran semejanza en los sistemas educativos, las particularidades nacionales
se aminoran día a día, y tendemos de un modo más efectivo
a la consecución del bien general en el mundo.
Ya se han realizado, asimismo, experiencias en el terreno de una educación
internacional.
Una formación uniforme, en el campo de las actividades que indique,
no parece entonces una cosa irrealizable, dependiendo de que ella reciba un
buen respaldo y que se haga la necesaria publicidad.
Cada país tiene sus juegos nacionales, que son conocidos por la juventud.
Si pudiésemos colocar las actividades de que he hablado en el mismo
nivel que los juegos nacionales, no habría niño o niña
que no se interesara.
No serían solamente los más fuertes o los más vigorosos
los que se entusiasmarían, pues esos ejercicios son tan variados que
también los débiles, física o mentalmente, se aprovecharían
de todo lo que son capaces y no podrían dejar de beneficiarse.
Si consiguiésemos, por lo tanto, hacer que se adopten esos ejercicios
en varias naciones, no beneficiaríamos solamente la salud física
o moral de la juventud, ya que por medio de sus intereses comunes, esa juventud
crecería en un ambiente de comprensión mutua mucho más
vasto, y con una nueva simpatía por los otros pueblos.
Habríamos entonces alcanzado nuestro ideal de hacer que la juventud
pensase con "sentimientos de paz", sin por eso abdicar de sus cualidades
viriles.
FORMACIÓN SCOUT: MASCULINA Y FEMENINA
(Volver al Índice)
Esa pregunta ya puede ser respondida. El proyecto fue realizado. A pesar de
ser joven, el Escultismo masculino y femenino cuenta actualmente (1923) con
2 millones (3) de miembros entre las nuevas generaciones de los diferentes países del
mundo. Hay scouts en casi todas las regiones.
Ya ellos forman una verdadera fraternidad, teniendo como objetivo la valorización
del individuo para servir mejor a todos. ¿Habrá programa cívico
más elevado?
Pero se dice que el Movimiento es aún nuevo, insuficientemente conocido
y comprendido en ciertos países. Es por eso que paso ahora a explicarlo,
exponiendo el campo de posibilidades que nos abre.
El principio sobre el cual reposa la organización es el mismo para
los niños y niñas, aunque los detalles son diferentes.
Del mismo modo, para los muchachos de todas las edades, el principio es siempre
idéntico, pero las aplicaciones difieren. Hay por eso una progresión.
Y más todavía, ese principio da -y lo ha dado- los mismos resultados
en todos los estratos sociales, desde los más elevados hasta los más
bajos. Tiende, por lo tanto, a hacer desaparecer las distinciones de clase.
INSTRUCCIÓN (Volver
al Índice)
En cada una de las sesiones la instrucción es orientada con vista a
cuatro objetivos principales. Ella tiene por finalidad desarrollar:
1. El carácter y la inteligencia; esto es, la virilidad
y el sentimiento de responsabilidad individual.
2. La habilidad manual; esto es, una pericia y un espíritu inventivo
personales.
3. El hábito de servir al prójimo; esto es, la cooperación
y la buena voluntad colectivas.
4. La salud y el vigor físico; esto es, la energía individual,
la entereza y la alegría de vivir.
El Método consiste en obtener del joven que desarrolle esas cualidades
por sí mismo, en virtud de un incentivo personal y no por una enseñanza
exterior impuesta.
Las actividades se presentan en varias formas: ejercicios al aire libre, juegos
en conjunto, vida en el campo, etc.
Por ejemplo, al pretenderse desarrollar la facultad de observación,
-uno de los elementos constitutivos del carácter-, se enseñará
el arte de seguir una pista. Es un estudio tan atrayente como útil.
OPINIONES AUTORIZADAS (Volver
al Índice)
Ese programa no es una utopía, pues ya fue puesto a prueba y practicado
en muchos países. Y más todavía, fue calurosamente aprobado
en todas partes por las máximas autoridades educativas.
Me contentaré con citar dos ejemplos entre los numerosos testimonios
que poseo.
El Decano Russel, profesor de pedagogía de la Universidad de Columbia
(Nueva York), escribe:
"Es correcto decir que el Programa Scout complementa
el trabajo de la escuela. Está organizado de tal modo que, cuanto más
lo estudien los profesores, más se convencerán de que cuando
ese programa nació, se hizo un enorme descubrimiento. El Programa Scout
es la tarea de un hombre, reducida al tamaño de un muchacho. Le atrae,
pero no como muchacho, sino como hombre en formación. Y éste
es exactamente el punto que produce las carencias en tantas organizaciones
juveniles".
"El Programa Scout no exige al niño nada que no constituya trabajo
de un hombre: pero lo conduce del punto donde se encuentra, al que él
desea alcanzar. Y el Método Scout es todavía más admirable
que su plan. Existen muchas cosas en ese Método, me atrevo a decir,
que no se encontrarán en ninguna otra parte. Mis amigos, como consejeros
juveniles, quiero decirles: es mi convicción sincera que nuestras escuelas
no estarán a la altura de nuestros ideales, si no hacemos que un número
mayor de horas de ocio de nuestros muchachos, sean dedicadas a un programa
completo".
El Profesor Russel dice también estar convencido de
que cuando los profesores comprendieran sus deberes para con el Estado, cuando
entendieran lo que precisa el pueblo y lo que es necesario que obtenga, cuando
se compenetraran de que sobre ellos, más que cualquier otra clase,
reposa el futuro de la patria, no dejarían de lado sin ser experimentado,
el instrumento que produce esos resultados.
El conocido educador inglés Edmundo Holmes, en su último libro
"Donnez-moi la jeunesse" ("Darme la Juventud"), demuestra
la tesis de que "la práctica debe preceder a la profesión"
e insiste en la idea de que para comprender las necesidades actuales, la educación
necesita ser reformada radicalmente.
El Método antiguo pecó por la base, porque desarrollaba en el
alumno el miedo al castigo, el deseo de recompensa, la vanidad y el espíritu
de competencia, en vez de desarrollar las necesidades inherentes al niño,
de expansión y manifestación. Y para ejemplificar lo que él
deseaba expresar, escribió: "Es necesario encontrar los principios
generales que deben ser colocados en la base de la escuela".
Seguidamente encuentra que una indicación como esta debía ser seguida:
"El Movimiento Scout es el esfuerzo más prolífico
que se ha realizado en el campo de la educación de los jóvenes.
Y su éxito es debido a la habilidad con que responde a las duras e
imperiosas necesidades de la naturaleza humana: a la necesidad de trabajar
para la formación del propio yo y la de trabajar como sea para los
demás."
"En la filosofía de la educación scout hay siempre equilibrio
entre el 'yo' individual y el 'yo' colectivo. Conseguir y mantener ese equilibrio
debe ser el principal objetivo de todos los que se interesan por la educación
de la juventud.
Aprender haciendo y contribuyendo a la formación del propio yo y no
recibiendo pasivamente las ideas de otros; ese es el principio. Era a ese
principio al cual se refería el profesor austríaco Cisek cuando,
respondiendo a alguien que le preguntaba cómo obtenía de sus
alumnos resultados tan extraordinarios, decía: 'Les abro las puertas;
otros profesores se las cierran; ésa es la diferencia'."
Como observa Edmundo Holmes, esta disparidad es casi la diferencia entre un buen y un mal método educativo.
CONCLUSIÓN (Volver
al Índice)
Hace algún tiempo que la ciencia de la educación extendió
su campo de acción mucho más allá de las paredes de la
escuela y, especialmente, tuvo una difusión internacional.
Procuré demostrar aquí que un sistema de educación voluntaria,
basado en la buena voluntad y en el servicio mutuo, podría ser establecido
en conexión con la educación escolar, y sustituir el viejo sistema
en que el niño era educado, bien contra una disciplina de represión
o, con la satisfacción de todos sus caprichos.
Si este nuevo sistema aplicado a los dos sexos fuese suficientemente propagado,
ejercería sin duda una influencia visible sobre el carácter
y el bien general de una nación.
Ese sistema daría a las actividades una nueva dirección y contribuiría
grandemente a la abolición de las diferencias de clase, a la sustitución
del temor por el amor, la desconfianza por la simpatía mutua, la guerra
por la paz.
Ese Método procura forjar caracteres independientes, fuertes, caballerescos,
al mismo tiempo que alienta a la actividad y al desarrollo físico.
Sería por lo tanto capaz de desarrollar en los muchachos una virilidad
nueva, y en las niñas, un carácter más fuerte. Sería
un sustituto de la educación militar y de las proezas guerreras tantas
veces exaltadas.
Si ese Método pudiese ser acogido por todos los países, de manera
que en el mundo entero la nueva generación se sintiera unida por un
vinculo intangible, contribuiría notablemente a la proscripción
de la guerra y a la implantación de esa Era tan deseada, de paz y buena
voluntad entre los hombres.