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¿Te imaginas un mundo sin Darwin?. ¿Un mundo en el que Charles Darwin no hubiera dejado su profunda huella?. ¿Nuestro propio mundo pero sin la aportación de Charles Robert Darwin a la comprensión de los mecanismos que impulsan la evolución?. ¿Seguiríamos iluminados por el dogma de creacionistas fanáticos?. ¿El mismo dogma que hoy disfrazan como ciencia de la creación?. |
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"Cambia lo superficial cambia también lo profundo Cambia el modo de pensar cambia todo en este mundo..."
| Nuestra percepción colectiva del
mundo también ha sufrido cambios, a menudo dramáticos. Uno
de ellos tuvo su origen en la singladura del Beagle que comenzó
el 27 de diciembre de 1831. Este episodio constituye un bello ejemplo del
llamado efecto mariposa, que nos recuerda la potencial trascendencia de
eventos singulares aislados potenciados por la dinámica de sistemas
caóticos como nuestro propio mundo.
La fragata Beagle, fletada por el Almirantazgo Británico, navegó durante cinco años los mares del hemisferio sur con el declarado propósito de perfeccionar los planos de las costas de Sudamérica, de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y contribuir a mejorar la determinación de la longitud para el transporte marítimo mediante medidas cronométricas alrededor del mundo (NOTA).
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El viaje del Beagle respondía por tanto a intereses estratégicos
y comerciales y junto a las mejoras cartográficas y de navegación,
pretendería abrir rutas comerciales y llevar a cabo prospectivas
de nuevos mercados o de territorios con materias primas por explotar.
Con estos fines, enrolar a un científico entre la tripulación
no era ciertamente imprescindible. Sin embargo el capitán del barco,
Robert Fitz-Roy, estaba determinado a incluir un naturalista en la expedición;
pero no cualquier naturalista. Debería ser una persona culta y de
buenas costumbres, aunque no necesariamente un aristócrata como
el propio Fitz-Roy. Debería ser alguien a quien el capitán
elegiría personalmente; y en esa elección jugaría
un papel primordial su juicio subjetivo y personal afinidad con el candidato.
Y todo ello no en vano, ya que dicho naturalista iba a compartir el camarote
del capitán durante los muy largos meses de travesía y años
de expedición en una fragata en la que, a pesar de su reducido tamaño,
capitán y tripulación no convivían realmente más
allá de la cadena de mando.
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Influido por John Stevens
Henslow, su maestro de botánica y erudito naturalista, un joven
Charles Robert Darwin de 22 años se decidió a enrolarse con
la promesa de ver mundo, pero sin paga, en la aventura que cambió
su vida.
En su privilegiado viaje a bordo del Beagle, Charles Darwin tuvo la oportunidad de observar y anotar especies ignoradas en costas remotas. Su paso por las islas Galápagos fue especialmente emblemático y le permitió realizar algunas de las observaciones clave que guiaron más tarde su trabajo. Al cambiar de una isla a otra, la fauna estaba naturalmente relacionada pero a la vez presentaba características inexplicablemente distintas, a pesar de que el clima y la geología no cambiaban. Las distintas poblaciones de pinzones por ejemplo eran iguales en todo salvo en sus picos, que cambiaban según la isla de origen. Darwin pudo observar y asombrarse con especies como los gigantescos reptiles, verdaderos fósiles vivientes de las islas que causarían el asombro de cualquiera y que probablemente ya habrían asombrado a otros miembros de su especie con anterioridad, pero también observó muchas otras minucias, aparentemente insignificantes y no se conformó con no entenderlas. ![]() |
A su vuelta a Inglaterra Darwin
era un hombre cambiado y sabía mejor que nunca a qué empeño
iba a dedicar su vida. Tuvo el tesón y dedicación necesarios
para clasificar estudiar y relacionar una enorme variedad de especies;
pero además tuvo el enorme mérito de ir más allá
del estudio taxonómico. Darwin rastreó las pistas de la Naturaleza
como nadie y comprendió que el origen de la enorme variedad de especies
animales y vegetales está precisamente en el cambio, en la evolución.
La evolución del mundo natural ya se había propuesto con
anterioridad (Lamarck entre otros) pero sus defensores habían seguido
pistas falsas. El mayor mérito de Darwin fue descubrir los mecanismos
por los que dicha evolución había tenido lugar a lo largo
de enormes periodos de tiempo, mecanismos que él centró en
la selección natural. Después de 23 años del fin de
su viaje vio la luz su primera y más emblemática obra, su
libro titulado "El origen de las especies, a través de la selección
natural". Su obra, más allá de los sólidos principios
científicos que proponía representó un enorme desafío
a las ideas que teníamos de nuestro mundo. Estas antiguas ideas
estaban profundamente enraizadas en las creencias religiosas que habían
prevalecido durante siglos y que nos hablaban de un Mundo imperturbado
desde su creación (NOTA).
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| Con estos antecedentes Darwin podría
muy bien ser considerado como un iluminado de su época, un ser único
y adelantado a su tiempo, y es evidente que lo fue. Sin embargo no podemos
desvincular su obra de su entorno. En nuestra sociedad tampoco existe la
generación espontánea.
En el caso del evolucionismo, la primera teoría coherente conocida la propuso en 1809 - precisamente el año del nacimiento de Darwin - el naturalista pero sobretodo filósofo francés Jean Baptiste de Lamarck, que intentaba explicar el proceso de cambio temporal, en la progresión natural desde los organismos visibles más pequeños hasta los animales y plantas más complejos y perfectos. Para explicar el curso de la evolución, Lamarck proponía cuatro principios básicos: un impulso interno de todos los organismos hacia la perfección, la capacidad de adaptación a las circunstancias, la generación espontánea frecuente y la herencia de los caracteres adquiridos. A pesar de lo errado de la mayor parte de estos principios y del nulo apoyo científico de muchas de sus propuestas Lamarck sentó un importante precedente. Darwin, como algunos otros naturalistas, consideraba las propuestas de Lamarck demasiado descabelladas, a pesar de que en el fondo de la cuestión acabaría coincidiendo con él. Otro antecedente importante fue la persona y el pensamiento del geólogo Charles Lyell (1797-1875), metódico estudioso de la evolución de las series geológicas, quien estableció los largos espacios de tiempo geológicos en los que se asentaría la evolución biológica propuesta por Darwin. Charles Darwin fue admirador de Lyell durante los comienzos de su carrera científica y aplicó los métodos científicos de éste a la evolución biológica. Lyell acabo siendo amigo de Darwin, le orientó en la necesidad de aplicar la metodología experimental con todo rigor y le animó a publicar "El origen de las especies". Por último, otra gran influencia sobre Darwin, en una etapa más tardía y que influyó definitivamente en la elaboración de los escritos de Darwin fue el economista Robert Malthus (1766-1834) autor del "Ensayo sobre la población" (1798), libro que Darwin leyó en 1838, cuando iniciaba los primeros bosquejos de la teoría evolucionista y del que extrajo el principio de la lucha por la existencia. El entorno familiar y social de Darwin también es digno de tenerse en cuenta. Su padre, Robert Waring Darwin fue un médico, típico representante de la burguesía provincial conservadora inglesa. Su madre murió cuando él contaba ocho años. El joven Charles Darwin no fue un buen estudiante, parecía demasiado distraído con su afición a la caza y a la recolección de bichos en general. La influencia de su padre, más bien negativa, le llevó a iniciar los estudios de medicina, que no llegó a concluir. Por el contrario, su abuelo Erasmus Darwin, zoólogo y precursor de las teorías de la evolución ejerció una profunda influencia sobre su nieto. A los 17 años Charles Darwin lee el libro de su abuelo "Zoonomía" al mismo tiempo que conoce las teorías transformistas de Lamarck y se interesa por la geología. Pero de medicina nada. En vista del poco éxito el padre de Darwin, digno representante de la especie que tropieza dos veces con la misma piedra, decidió reorientar la carrera de su hijo, que para contentarle inició los estudios que le habrían llevado a convertirse en un pastor de la iglesia anglicana. Por suerte, los estudios de teología también quedaron inacabados. Sin embargo fue durante esta época cuando Darwin frecuenta las reuniones promovidas por el teólogo y botánico J.S. Henslow, cuya influencia acabó como ya sabemos, en el viaje del "Beagle". |
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Pero, ¿qué habría ocurrido si Darwin o sus circunstancias no hubieran existido?. Sin duda habría sido una gran oportunidad perdida. Pero, ¿Habría quedado el mundo huérfano de la teoría de la evolución?. Ciertamente no. Ahí habrían
seguido las pistas de la Naturaleza en forma de variedad de especies, vivas
y fosilizadas, microscópicas y gigantes, esperando lo que fuera
necesario para que algún miembro de una especie autoconsciente -
la nuestra, por supuesto- desentrañara los secretos y nos los contara
al resto.
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Este episodio da respuesta a la
pregunta acerca del evolucionismo sin Darwin - aunque nunca sabremos como
habría sido realmente un mundo sin Darwin aunque con Wallace-. Wallace
también había rastreado las pistas, y aunque con menor detalle
en el análisis llegó a conclusiones muy similares a las de
Darwin en cuanto al mecanismo de la selección natural. Se alejó
de Darwin en lo referente a los mecanismos de la evolución humana,
ya que creía que la selección natural por sí sola
no podía explicar las superiores facultades de nuestra especie.
Pero ese tipo de detalles, aunque importantes, habrían sido cuestión
de tiempo; quizá habríamos tenido que esperar a la divulgación
de las leyes de Mendel sobre la herencia, la genética o incluso
a la moderna biología molecular y al conocimiento del ADN para emparentar
definitivamente a nuestra especie con el resto, pero es más probable
que no hubiéramos tenido que esperar tanto. La conclusión
es que nuestra especie encontró en la Inglaterra victoriana de la
primera mitad del siglo XIX unas condiciones adecuadas para el
descubrimiento. La época victoriana, máximo periodo de prosperidad
de la corona británica durante el largo reinado de la reina Victoria
(1831-1901) se inició con la promulgación de la libertad
comercial, en el más estricto espíritu librecambista. En
1836 se creó la colonia británica de Australia y en 1840,
Nueva Zelanda se transformó también en colonia. Viajes como
el del Beagle eran la regla y no la excepción; viajes movidos por
vientos comerciales y de exploración, que no de guerra (NOTA).
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Última modificación:
12 de Mayo de 1999
©Pedro Gómez-Romero,
1999
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