![]() |
Mi Unicornio Azul Diario en la Isla del Coco, Costa Rica |
Esperando para abordar en el "Papatec I
|
Cargando hielo en Puntarenas
Puntarenas, Sur Costa Rica28-02-00
Una vez se haya cargado todo el hielo necesitado, tres de los ocho
zagales que empezaron la aventura anoche, incluyendo el mecanico,
se marcharan de vuelta a Quepos via terrestre pues su trabajo ha
finalizado. Buenos trabajadores
estos carajillos, y bastante
divertidos y amables, los vamos a echar de menos el resto del camino.
Nos dimos los telefonos y quedamos en vernos a mi vuelta del Coco, se
fueron corriendo, después de una buena ducha, pues se les escapaba el autobús.
El Papatec I, con un motor totalmente rectificado, estaba haciendo el
pertinente rodaje para amoldarlo y parecia que todo iba estupendamente,
lo único es que tendríamos que ir mas despacio de lo habitual por unos
dias y nos íbamos a retrasar en la llegada a la Isla, pero no tengo ninguna
prisa pues todo esto es nuevo para mi y enrolarse en un pesquero aunque
solamente sea por unos dias, esta siendo toda una experiencia.
Hace calor, mucho calor, la cámara de fotos esta dando problemas, ya
veremos como lo soluciono....
Son ya las 17:00 pm de hoy Lunes, seguimos en Puntarenas pues estan
cambiando el alternador de la barca. Uno
de los muchachos que iba a estar todo el mes pescando, ha decidido no continuar
el viaje, sorprendido le pregunte que le hizo cambiar de opinión, pero no le
entendí muy bien, asi que supuse que le entraron los siete males y decidió
salir de alli lo mas rápido posible. Mas
tarde me enteré que eso solía pasar a menudo entre los carajillos que se
embarcan por primera vez.
Este puerto desde el principio me pareció un poco loco, los curtidos y
veteranos pescadores se mueven ágilmente de barco en barco como si estuvieran
en tierra firme. Mas de una vez entraron en la cabina del Papatec I de
improviso para conversar conmigo que andaba haciendo mi guardia, que duro mas
horas de las que esperaba pues los tres compañeros andaban haciendo cosas por
el centro de Puntarenas. Casi todos
los pescadores que andaban por alli eran morenos como el tizón dejándose ver
sus feas “heridas de guerra” producidas en la época de su vida como
pescadores de combate. Peces
vela, algunos cuerpos de tiburón, grandes atunes, cientos de dorados y lo mas
triste de todo: bloques de aletas de tiburón, lo mas valioso, son descargados
de los pesqueros que van llegando ante mis atónitos ojos en este pequeño,
sucio y maloliente muelle tan descuidado por cuantos allí trabajan.
Tres prostitutas pasean a sus anchas entre los pescadores y personal del
muelle haciendo gestos y movimientos difícilmente controlables para estos
viejos lobos de mar que pronto se vencen a sus intenciones.
El agua cubierta de toda clase de residuos y deshechos que tiran los
pescadores y trabajadores del muelle, son el centro de atención de los enormes
y numerosos pelícanos que se tiran hambrientos encima de cualquier cosa que cae
al agua.
Hace mucho calor aquí, mucho ruido y demasiadas horas en este curioso
pero desagradable lugar, ya tengo ganas de proseguir el viaje.
Por fin, a las 19:30 horas, ponemos rumbo a la Isla dejando atrás las
luces de Puntarenas...ya era hora!
|
De camino a la Isla del Coco
|
Llegando a la Isla del Coco
Isla
del Coco 02-03-00
Por fin en la Isla!
Son las 1:30 de la madrugada, la noche era clarita y al fondo se dibuja
la ansiada silueta de la Isla del Coco tal y como la había visto en los libros.
La emoción que senti fue muy fuerte y de veras que me alegré de haber
llegado a mi destino después de tres dias completos de viaje a bordo del
Papatec I. Amarramos el barco enfrente de la Bahía Chatham y como era bastante
tarde para desembarcar, decidimos pasar la noche a bordo.
Cuando empezó a amanecer, lo primero que hice fue observar con
detenimiento el lugar con el que había soñado muchos meses atrás, era
realmente bonito estar alli y la emoción que sentía lo valía todo.
Empaqueté mi pequeña mochila y me preparé a tomar el último desayuno
a bordo, aunque no sentía nada de hambre debido, seguramente, a la emoción que
estaba experimentando.
Hablamos por radio con los guardaparques que nos autorizaron a
desembarcar, tomamos rumbo a la Bahía Wafer, situada a pocos minutos de Chatham
en barca, amarramos el barco a uno de los tecates dispuestos al efecto, echamos
la pequeña barquita auxiliar al agua y nos subimos todos como pudimos dirección
a la orilla Wafer. A punto
estuvimos de volcar en alguna ocasión debido al sobrepeso que llevaba la pequeña
patera. Los 150 metros que nos
separaban de la orilla fueron divertidísimos, el equipo de fotografía estaba
bien protegido entre bolsas de plástico pero por si acaso, prefería que no se
mojase mucho. Al final, el deseo
fue en vano pues una ola nos hizo volcar cuando aun faltaban unos 50 metros para
alcanzar la orilla, en un lugar, que mas tarde supe de buena tinta, se encuentra
lleno de pequeños tiburones de aleta negra que aunque pacíficos, causaban gran
temor a mas de uno aunque, mi primera preocupación, era mantener lo mas a flote
posible el equipo fotográfico pues teníamos el agua hasta el cuello. Todo sucedió entre risas hasta que llegamos a tierra firme
sin más problema que todos calados hasta los huesos.
Ya en tierra conocí a los primeros habitantes de la Isla con los que iba
a compartir cuatro semanas de aventura. Los
guardaparques me recibieron cordialmente y me dijeron que habian estado
esperando mi llegada desde hace días. Me
mostraron las instalaciones del campo y la cabaña donde iba a alojarme las próximas
semanas y me desearon una feliz estancia en la Isla.
A partir de ese momento me quedé solo observándolo todo, estaba muy
feliz, saboreando el momento y totalmente impresionado de la gran belleza que
tenía ante mis ojos, palmeras y
otros árboles frutales, el mar a escasos metros, la agradable temperatura
ambiental y la enorme paz que alli reinaba.
Que maravilla estar aquí, pensé!
La habitación que indudablemente más me gustó, era en la que un joven
pescador Tico había pasado varias noches de sufrimiento debido a una infección
fuerte que tenía en su brazo izquierdo de la cual se desconocía su
procedencia. Una doctora Italiana
que andaba buceando en uno de los barcos que trabajan en la Isla, le recomendó
tomar camino de vuelta hacia el Hospital de Puntarenas lo antes posible, el
pescador dolido por la hinchazón de su brazo, entendió la situación
resignado.
Justo enfrente del cuarto que finalmente escogí entre los que estaban
libres, se encontraba un joven Tico que estaba de voluntario haciendo las
funciones de paramédico en la Isla que atendía al nombre de Darman aunque
todos le llamaban “Batman”. Este
personaje gordo y grande como Obelix tenia mucha gracia y desde el primer
momento supe que iba a pasarme buenas risas con él.
Al poco de llegar, puse un poco orden en la habitación, solté mis bártulos
en donde pude y fui a comer en compañía Nico, mi compañero de trabajo aquí
en la Isla, y el grandullón de Darman al lindo Centro Reina ...........donde
vivían los guardaparques, estaba la enfermería, cocina y el salón-comedor.
Allí conocí a Yeini, nuestra gran cocinera.
Después de comer, me tomé unos minutillos de siesta y salimos directos
a lo que iba a ser mi primera excursión por la Isla del Coco con destino a la
Bahía de Chatham. Me impresionó
el bosque tan frondoso lleno de vida y color.
El calor era duro pero las vistas de la bahía y parte de la isla me hacían
olvidar por momentos la enorme humedad existente. Estuvimos grabando y fotografiándolo todo hasta que se puso a llover torrencialmente cuando íbamos bajando para Chatham. Allí conocí a Felipe, el guardaparques asignado en aquel lado de la Bahía y a un voluntario que le acompañaba simpático y loco llamado Diego. Estuvimos charlando un buen rato, jugamos al fútbol en la playa que es la más grande que hay en toda la Isla de una enorme belleza observando como los tiburoncitos jugaban entre las olas, y pude leer las numerosas inscripciones grabadas en las rocas a lo largo de los años por las diferentes personas que algún día estuvieron en la isla.
Mas tarde, los guardaparque Eduardo y Fredy, junto con la cocinera Yeini,
nos vinieron a buscar desde Wafer. Nos
fuimos a dar una vueltita alrededor de la Isla parando en el Islote Manuelita,
situado entre ambas Bahías, mi compañero Nico me animó a hacer snorkelling en
esta famosa zona de buceo y poder ver de una vez tiburones en estado natural. Estaba con unas ganas enormes acumuladas hace años pero en
el momento de ponerme la máscara de bucear me entró una angustia, miedo o como
se quiera llamar que se me cerró el estómago, una sensación similar a cuando
te subes en una montaña rusa y es que estaba realmente asustado!.
Nico se metío al agua el primero y me quedé pensando “pero ¿que
estoy haciendo?”, reaccioné cuando éste me dijo, Simon “pura vida” y me
tiré al agua con mas miedo que otra cosa pero se me fue pasando al ver tanta
belleza a mi alrededor.
A los pocos minutos ví lo que iba a ser mi primer experiencia con
tiburones, la felicidad era plena, me sentía saciado de algo que llevaba
colgando hace años, ver tiburones. El
primero que vi fue uno de Puntas Negras menor de dos metros pero lo
suficientemente grande como para dejarme satisfecho y alucinado.
Había tambien Puntas Blancas pero el primero fue el que mas shock me
causó.. Fue una lindísima tarde
que recordaré siempre...mi primer tiburón.
Mas tarde, fuimos a cenar y mi mente era pura fascinación recordando
aquellos lindos tiburones y la vida tan increíble que había a menos de un
metro en adelante, sencillamente impresionante.
Nos quedamos charlando en el comedor unos cuantos de nosotros, fue una
rica velada con bastantes risas aunque yo seguía soñando en lo que había sido
un día lindo lleno de nuevas sensaciones riquísimas.
|
| 04-03-00 |
![]() |
Simón
Bolívar Sánchez-Cañete
|