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Mi Unicornio Azul

Diario en la Isla del Coco, Costa Rica

...Escrito por Simón entre los meses de Febrero y Marzo 2000, durante mi primera visita, de cuatro semanas de duración, a la Isla de los Piratas...

 

 

Esperando para abordar en el "Papatec I"

Muelle de Quepos, Pacífico, Sur de Costa Rica

27-02-00   19:30 pm

Aquí me encuentro, en el muelle de Quepos, esperando a la tripulación del barco pesquero en el que viajare a la Isla del Coco durante dos días que durara la travesía.  Mi cuerpo pide viajar, aventurarse en un nuevo mundo a bordo de un pesquero de unos 14 metros de eslora que a primera vista me ha dado buena impresión.  Me siento expectante y los mosquitos empiezan ya a saludarme.

Desde aquí puedo ver a escasos metros al cocinero preparando seguramente arroz con frijoles, este típico plato lleno de energía, me han advertido que será el plato fuerte que comeré tanto en el Papatec como en la Isla las próximas semanas, pero me gusta!  

            Siento placer combinado con un poquito de miedo, pero me muero de ganas de comenzar esta linda aventura.  Me siento muy feliz y ansioso de conocer a quienes por unos días serán mis compañeros de viaje.  Me da un poquillo de cosa el tema de meterme en un barco de trabajo, por si pudiera interferir en sus labores desde un aspecto negativo,  por eso voy a intentar pasar lo mas desapercibido que pueda en este pequeño espacio que será mi casa por varios días y molestar lo menos posible.

            Tuve la ocasión de conocer al Capitán hace un par de días, es un hombre joven llamado Bleda, pero pude ver la buena fe en sus ojos y se porto muy bien desde el principio, lo que me alegro bastante....estoy expectante!

            NOTA:  Sueño con todo esto y no tengo ninguna prisa por despertar.

 

Cargando hielo en Puntarenas 

Puntarenas, Sur Costa Rica

28-02-00   09:30 am

              Después de pasar la primera noche a bordo del Papatec I, hicimos una parada en el puerto de Puntarenas para cargar el barco de hielo que servira para mantener el pescado fresco durante el mes que pasarán en alta mar pescando.  La noche estuvo buena aunque un poco movidita.  Los compañeros fenomenales, algunos novatos en este mundillo de la pesca y otros ya veterano como “Rueda” que lleva veinte años dedicado en cuerpo y alma a su trabajo.  Fue él quien me contó historias pasadas en sus tiempos de ejercicio como pescador.  

            Una vez se haya cargado todo el hielo necesitado, tres de los ocho zagales que empezaron la aventura anoche, incluyendo el mecanico,  se marcharan de vuelta a Quepos via terrestre pues su trabajo ha finalizado.  Buenos trabajadores estos carajillos,  y bastante divertidos y amables, los vamos a echar de menos el resto del camino.  Nos dimos los telefonos y quedamos en vernos a mi vuelta del Coco, se fueron corriendo, después de una buena ducha, pues se les escapaba el autobús.

            El Papatec I, con un motor totalmente rectificado, estaba haciendo el pertinente rodaje para amoldarlo y parecia que todo iba estupendamente,  lo único es que tendríamos que ir mas despacio de lo habitual por unos dias y nos íbamos a retrasar en la llegada a la Isla, pero no tengo ninguna prisa pues todo esto es nuevo para mi y enrolarse en un pesquero aunque solamente sea por unos dias, esta siendo toda una experiencia.

            Hace calor, mucho calor, la cámara de fotos esta dando problemas, ya veremos como lo soluciono....

            Son ya las 17:00 pm de hoy Lunes, seguimos en Puntarenas pues estan cambiando el alternador de la barca.  Uno de los muchachos que iba a estar todo el mes pescando, ha decidido no continuar el viaje, sorprendido le pregunte que le hizo cambiar de opinión, pero no le entendí muy bien, asi que supuse que le entraron los siete males y decidió salir de alli lo mas rápido posible.  Mas tarde me enteré que eso solía pasar a menudo entre los carajillos que se embarcan por primera vez.

            Este puerto desde el principio me pareció un poco loco, los curtidos y veteranos pescadores se mueven ágilmente de barco en barco como si estuvieran en tierra firme.  Mas de una vez entraron en la cabina del Papatec I de improviso para conversar conmigo que andaba haciendo mi guardia, que duro mas horas de las que esperaba pues los tres compañeros andaban haciendo cosas por el centro de Puntarenas.  Casi todos los pescadores que andaban por alli eran morenos como el tizón dejándose ver sus feas “heridas de guerra” producidas en la época de su vida como pescadores de combate.

Peces vela, algunos cuerpos de tiburón, grandes atunes, cientos de dorados y lo mas triste de todo: bloques de aletas de tiburón, lo mas valioso, son descargados de los pesqueros que van llegando ante mis atónitos ojos en este pequeño, sucio y maloliente muelle tan descuidado por cuantos allí trabajan.  Tres prostitutas pasean a sus anchas entre los pescadores y personal del muelle haciendo gestos y movimientos difícilmente controlables para estos viejos lobos de mar que pronto se vencen a sus intenciones.  El agua cubierta de toda clase de residuos y deshechos que tiran los pescadores y trabajadores del muelle, son el centro de atención de los enormes y numerosos pelícanos que se tiran hambrientos encima de cualquier cosa que cae al agua.

            Hace mucho calor aquí, mucho ruido y demasiadas horas en este curioso pero desagradable lugar, ya tengo ganas de proseguir el viaje.  Por fin, a las 19:30 horas, ponemos rumbo a la Isla dejando atrás las luces de Puntarenas...ya era hora!

 

De camino a la Isla del Coco

29-02-00

            Hoy es Martes por la mañana, el sol empieza a salir y los demás compañeros aún están durmiendo a excepción Rueda que esta de guardia tripulando el pesquero.  Yo estoy en la mesita del comedor poniendo al dia mis notas después de haber dormido bastante bien.  Llevamos 35 horas de viaje, el motor va respondiendo bien a 1400 rpm., hacemos guardia de dos horas cada uno para que no se haga muy monótono para nadie.  La mayor parte del día se pasa tumbado en algún lado del pesquero, leyendo, dormitando o escuchando música pues el tremendo calor no te deja hacer mucho mas.

            Al final somos cinco personas a bordo: el Capitán Bleda, Rueda, un pescador de camarones llamado Willin y un carajillo de última hora conocido de alguno de ellos.

            Anoche, pararon las maquinas en alta mar para intentar pescar algo de calamar que dicen es bien bueno por esta localización, pero no hubo suerte aunque se podían ver pasando a toda prisa junto al barco.  Poco antes de anochecer, vi una gran tortuga perezosa que no quiso apartarse cuando el barco pasó a escasos centímetros de ella, me pareció increíble el tamaño de su cabeza.

            Todo esta yendo estupendamente, si seguimos a este ritmo llegaremos a la Isla en unas 30 horas.  Sigo impaciente de ver por primera vez el primer rastro del Coco, lo tengo dibujado completamente en la mente, solamente queda ver con mis propios ojos si realmente es como dicen en los libros que he leído antes de embarcarme en esta aventura.  La cámara de fotos está lista para hacer la foto de rigor que guardaré siempre con gusto.

            A las 08:05 de la mañana, vimos repetidas veces una manta-raya de unos 2 metros de diámetro curioseando alrededor del Papatec I.  Llevada varias rémoras asidas a su lomo y lo que era en apariencia indiferente para los pescadores,  a mí me impresionó muchísimo.

 

Llegando a la Isla del Coco

Isla del Coco

02-03-00

             Por fin en la Isla!

            Son las 1:30 de la madrugada, la noche era clarita y al fondo se dibuja la ansiada silueta de la Isla del Coco tal y como la había visto en los libros.  La emoción que senti fue muy fuerte y de veras que me alegré de haber llegado a mi destino después de tres dias completos de viaje a bordo del Papatec I. Amarramos el barco enfrente de la Bahía Chatham y como era bastante tarde para desembarcar, decidimos pasar la noche a bordo.

            Cuando empezó a amanecer, lo primero que hice fue observar con detenimiento el lugar con el que había soñado muchos meses atrás, era realmente bonito estar alli y la emoción que sentía lo valía todo.  Empaqueté mi pequeña mochila y me preparé a tomar el último desayuno a bordo, aunque no sentía nada de hambre debido, seguramente, a la emoción que estaba experimentando.

            Hablamos por radio con los guardaparques que nos autorizaron a desembarcar, tomamos rumbo a la Bahía Wafer, situada a pocos minutos de Chatham en barca, amarramos el barco a uno de los tecates dispuestos al efecto, echamos la pequeña barquita auxiliar al agua y nos subimos todos como pudimos dirección a la orilla Wafer.  A punto estuvimos de volcar en alguna ocasión debido al sobrepeso que llevaba la pequeña patera.  Los 150 metros que nos separaban de la orilla fueron divertidísimos, el equipo de fotografía estaba bien protegido entre bolsas de plástico pero por si acaso, prefería que no se mojase mucho.  Al final, el deseo fue en vano pues una ola nos hizo volcar cuando aun faltaban unos 50 metros para alcanzar la orilla, en un lugar, que mas tarde supe de buena tinta, se encuentra lleno de pequeños tiburones de aleta negra que aunque pacíficos, causaban gran temor a mas de uno aunque, mi primera preocupación, era mantener lo mas a flote posible el equipo fotográfico pues teníamos el agua hasta el cuello.  Todo sucedió entre risas hasta que llegamos a tierra firme sin más problema que todos calados hasta los huesos.

            Ya en tierra conocí a los primeros habitantes de la Isla con los que iba a compartir cuatro semanas de aventura.  Los guardaparques me recibieron cordialmente y me dijeron que habian estado esperando mi llegada desde hace días.  Me mostraron las instalaciones del campo y la cabaña donde iba a alojarme las próximas semanas y me desearon una feliz estancia en la Isla.  A partir de ese momento me quedé solo observándolo todo, estaba muy feliz, saboreando el momento y totalmente impresionado de la gran belleza que tenía ante mis ojos,  palmeras y otros árboles frutales, el mar a escasos metros, la agradable temperatura ambiental y la enorme paz que alli reinaba.  Que maravilla estar aquí, pensé!

            La habitación que indudablemente más me gustó, era en la que un joven pescador Tico había pasado varias noches de sufrimiento debido a una infección fuerte que tenía en su brazo izquierdo de la cual se desconocía su procedencia.  Una doctora Italiana que andaba buceando en uno de los barcos que trabajan en la Isla, le recomendó tomar camino de vuelta hacia el Hospital de Puntarenas lo antes posible, el pescador dolido por la hinchazón de su brazo, entendió la situación resignado.

            Justo enfrente del cuarto que finalmente escogí entre los que estaban libres, se encontraba un joven Tico que estaba de voluntario haciendo las funciones de paramédico en la Isla que atendía al nombre de Darman aunque todos le llamaban “Batman”.  Este personaje gordo y grande como Obelix tenia mucha gracia y desde el primer momento supe que iba a pasarme buenas risas con él.

            Al poco de llegar, puse un poco orden en la habitación, solté mis bártulos en donde pude y fui a comer en compañía Nico, mi compañero de trabajo aquí en la Isla, y el grandullón de Darman al lindo Centro Reina ...........donde vivían los guardaparques, estaba la enfermería, cocina y el salón-comedor.  Allí conocí a Yeini, nuestra gran cocinera.

            Después de comer, me tomé unos minutillos de siesta y salimos directos a lo que iba a ser mi primera excursión por la Isla del Coco con destino a la Bahía de Chatham.  Me impresionó el bosque tan frondoso lleno de vida y color.  El calor era duro pero las vistas de la bahía y parte de la isla me hacían olvidar por momentos la enorme humedad existente.

            Estuvimos grabando y fotografiándolo todo hasta que se puso a llover torrencialmente cuando íbamos bajando para Chatham.  Allí conocí a Felipe, el guardaparques asignado en aquel lado de la Bahía y a un voluntario que le acompañaba simpático y loco llamado Diego.  Estuvimos charlando un buen rato, jugamos al fútbol en la playa que es la más grande que hay en toda la Isla de una enorme belleza observando como los tiburoncitos jugaban entre las olas, y pude leer las numerosas inscripciones grabadas en las rocas a lo largo de los años por las diferentes personas que algún día estuvieron en la isla.

            Mas tarde, los guardaparque Eduardo y Fredy, junto con la cocinera Yeini, nos vinieron a buscar desde Wafer.  Nos fuimos a dar una vueltita alrededor de la Isla parando en el Islote Manuelita, situado entre ambas Bahías, mi compañero Nico me animó a hacer snorkelling en esta famosa zona de buceo y poder ver de una vez tiburones en estado natural.  Estaba con unas ganas enormes acumuladas hace años pero en el momento de ponerme la máscara de bucear me entró una angustia, miedo o como se quiera llamar que se me cerró el estómago, una sensación similar a cuando te subes en una montaña rusa y es que estaba realmente asustado!.  Nico se metío al agua el primero y me quedé pensando “pero ¿que estoy haciendo?”, reaccioné cuando éste me dijo, Simon “pura vida” y me tiré al agua con mas miedo que otra cosa pero se me fue pasando al ver tanta belleza a mi alrededor.

            A los pocos minutos ví lo que iba a ser mi primer experiencia con tiburones, la felicidad era plena, me sentía saciado de algo que llevaba colgando hace años, ver tiburones.  El primero que vi fue uno de Puntas Negras menor de dos metros pero lo suficientemente grande como para dejarme satisfecho y alucinado.  Había tambien Puntas Blancas pero el primero fue el que mas shock me causó..  Fue una lindísima tarde que recordaré siempre...mi primer tiburón.

            Mas tarde, fuimos a cenar y mi mente era pura fascinación recordando aquellos lindos tiburones y la vida tan increíble que había a menos de un metro en adelante, sencillamente impresionante.  Nos quedamos charlando en el comedor unos cuantos de nosotros, fue una rica velada con bastantes risas aunque yo seguía soñando en lo que había sido un día lindo lleno de nuevas sensaciones riquísimas.

 

04-03-00  
 
 
 
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Simón  Bolívar Sánchez-Cañete
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