¡CATOLICOS PONGAMONOS EN
ACCION!
(Publicado en nuestra revista MISION SIGLO
XXI Nº 14)
Una queja constante entre católicos
es: "mira las sectas cómo crecen, nos están ganando. Pero
lo que debemos preguntarnos es: ¿porqué crecen? Por 3 razones:
1. Por la ignorancia espiritual de muchos católicos que en sus
problemas recurren a cualquier religión. 2. Por el empeñoso accionar
de las sectas que de diferentes maneras tratan de conquistar a
los católicos. 3. Por nuestra POCA Y DEFICIENTE EVANGELIZACION
CATOLICA.
Hay que reconocer sencillamente
que hemos descuidado culpablemente la misión que nos encargó Cristo:
«Hacer a las gentes discípulos suyos y enseñarles todo lo que
El ha enseñado» (Mateo 28,19-20). Los laicos, que deberíamos
ser el gran ejército de evangelizadores, conocemos muy poco o
muy mal las enseñanzas de Cristo. El mensaje de Cristo es más
revolucionario que cualquier proclama de los grandes revolucionarios
de la historia. Pero por no conocerlo no lo hacemos vida en nuestro
tiempo. Y por eso no logramos conquistar a muchos jóvenes al servicio
de Cristo. RECONOZCAMOSLO: No hemos logrado forjar muchos profesionales
que tengan a Cristo como el primer motivo de sus decisiones y
actitudes. No hemos logrado políticos que como testigos de Cristo
luchen por transformar las estructuras injustas de la sociedad
en que vivimos. Es cierto que existen movimientos católicos orientados
a evangelizar, sin embargo el fruto logrado es poco frente al
reto de construir un Mundo Nuevo. El poderoso mensaje de Cristo
que ha revolucionado vidas y transformado épocas enteras lo hemos
reducido hoy a la administración de sacramentos y al cultivo de
las devociones populares. ¡Nuestro pueblo católico mayormente
es un consumidor de sacramentos y devociones!
¿Dónde está el poder transformador
del evangelio? ¿Sentimos obrar su magnífico poder en nosotros
mismos? ¿Trabajamos por hacer efectiva la salvación de las personas
por la fe viva en Cristo? ¿Está cada católico, sacerdote, religiosa
o laico, realmente comprometido en plantar el Reino de Cristo
en la tierra? ¿No nos ganan en celo evangelizador los miembros
de las sectas que invaden nuestro país? ¿No nos caracterizamos
por ser creyentes pasivos? ¿No estamos como "drogados"
en el espíritu? ¿No está nuestra conciencia instalada en el egoísmo
e indiferente a los males graves por las que atraviesa el país?
Analicemos nuestras parroquias:
¿Cuántas familias son en verdad testimonios de vivir según el
evangelio de Cristo? ¿No llegan en el mejor de los casos a ser
solo familias amigas del párroco y bienhechores materiales de
la parroquia? Pero ¿qué de la misión testimonial que tanto señala
el Papa a las familias católicas? Miremos nuestros grupos parroquiales:
¿es su principal objetivo, sea cual sea su carisma, la siembra
del evangelio de Cristo después de haberlo experimentado en sí
mismos? ¿O solo hacen actividades católicas que en nada cambian
la situación de sus parroquias? Observemos a nuestros párrocos
¿No los vemos preocupados en aumentar las comuniones y mejorar
el templo? Pero... ¿Qué de los perdidos, de los indiferentes y
de los alejados? ¿Qué de los jóvenes que por cientos pasan por
las parroquias quedando pocos al servicio de Cristo? ¿Dónde está
en ellos el ardor y la pujanza de Felipe, de Esteban, de Pablo
y demás cristianos de los primeros tiempos? ¿No estamos dando
la razón a aquel filósofo ateo que dijo: "La religión es
la droga del pueblo"? Nuestra forma de vivir nuestra fe católica,
¿no es algo que adormece a la gente en ves de motivarla al desarrollo
personal, familiar y social? ¿No estamos más abocados a mantener
las devociones de nuestro pueblo olvidándonos del poder del evangelio
que transforma vidas?
Es duro oír la crítica fundada
que hacen de la Iglesia los ateos y los seguidores de otras religiones.
Pero debemos escucharlas porque tienen razón algunas de sus observaciones.
No en lo que respecta a nuestra inmutable y verdadera doctrina,
sino en lo que concierne a lo que hacemos con esta doctrina. Mejor
dicho de lo que no hacemos.
Porque el error católico es no
poner el énfasis del trabajo pastoral allí donde debe estar: en
la conversión profunda de las personas y las familias al Evangelio
de Cristo. ¡Por eso, el que no hace mas que asistir a misa
tiene la impresión de estar cumpliendo con Dios! ¡Este es nuestro
actual evangelio católico!! Pero..., ¿para eso vino Cristo a la
tierra? ¿Para eso murió Cristo en la cruz? ¿Para eso murieron
los mártires durante siglos? ¿Para eso dieron testimonio heroico
los santos? ¿Para eso tanto viaja, predica y escribe el Papa?
¿Eso es todo el cambio logrado por el Concilio Vaticano II? ¡Qué
dolorosa es esta situación!
Por eso hoy no debemos tanto escandalizarnos
ni asustarnos de las sectas, ni seguir diciendo: "el Perú
es católico". Lo que urge es ponernos en acción de evangelización
hacia adentro (a nosotros mismos) y hacia afuera (a los alejados).
Si no lo hacemos, no nos sorprendamos que llegue el día en que
los realmente identificados con la Iglesia Católica seamos una
baja minoría frente a los indiferentes, ateos, marxistas y miembros
de las demás religiones. Por eso es preciso gritar a los cuatro
vientos del pueblo católico: ¡Ya es hora de ponernos en acción!
Sí. Ya es hora que pongamos en acción viva y eficaz la fe cristiana
que está depositada en la Iglesia Católica y que llevamos nosotros
los católicos del siglo XXI.
Por eso, queridos obispos, sacerdotes
y miembros de todas las congregaciones y movimiento católicos.
¡Pongámonos en acción! Acción para inyectar el evangelio de Cristo
en nuestro tiempo. Ese Kerygma apostólico que impulsó el nacimiento
de la Iglesia debemos plantarlo primero en nuestro propio corazón
y luego salir a sembrarlo. Sino lo hacemos seremos culpables de
pasivismo ante nuestro Señor Jesucristo y ante el pueblo hambriento
de una verdad transformante y plenificante. ¡Pongámonos en acción!
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