EDUQUE BIEN LOS PRIMEROS SIETE AÑOS DE SUS HIJOS
(Publicado en nuestra
revista MISION SIGLO XXI Nº 11 y 12)
¿Aún tiene
usted hijos menores de 7 años? Pues este artículo le caerá de
perlas y le hará aprovechar esos vitales y determinantes SIETE
PRIMEROS AÑOS DE VIDA. Si sus hijos son ya mayorcitos le ayudará
a no juzgarlos apresuradamente como hijos "salidos
a quien sabe quien" porque se dará cuenta de que actúan
así por la forma que usted los educó en su primera infancia. Y
también le será útil para preparar a futuros papás y mamás en
estos conocimientos tan vitales de pedagogía infantil.
Es en el seno de la familia donde
se juega el porvenir humano y cristiano de los hijos. ESPECIALMENTE
EN LOS PRIMEROS SIETE AÑOS DE VIDA se forjan al interior del ambiente
familiar la personalidad de los niños. Los especialistas en educación
infantil afirman que lo que marca al niño PARA TODA SU EXISTENCIA
es lo que ha vivido entre su nacimiento y sus 7 años de edad.
En esta etapa tienen un alma naturalmente contemplativa y receptiva
que capta todo lo que se ocurre a su alrededor.
LA LECCION DE LOS NIÑOS SALVAJES
En el historial de la psiquiatría
científica es conocido el caso de los niños salvajes, es decir,
niños crecidos sin contacto con el hombre y criados por animales.
Estos niños, descubiertos en diversos lugares y fechas, fueron
atendidos con muchos cuidados científicos para reintegrarlos a
la vida humana. Pero TODOS los intentos de humanizarlos solo produjeron
pequeños avances y luego fracasaron porque dichos niños habían
carecido del ambiente humano, familiar y social, en los
primeros años de su vida. Estudios físicos y psicológicos de sus
capacidades demostraban que eran niños enteramente NORMALES pero
la ausencia del ambiente adecuado en su primera infancia los marcó
indeleblemente. Sus dones naturales de lenguaje y aprendizaje
quedaron desperdiciados y la enseñanza posterior que se les quiso
dar con mucho cuidado y en condiciones favorables lograron muy
poco. Esto demuestra la grave importancia de aprovechar los primeros
años del niño para formar su personalidad humana y cristiana.
INFLUENCIA DECISIVA DE LOS PRIMEROS
AÑOS
El niño desde su más tierna infancia
aprende viendo, oyendo y viviendo. Así por ejemplo, ¿Que hacer
para enseñar a un niño a hablar? ¡NADA! ¿Qué hacer para enseñarle
a rezar? ¡NADA! Solo hablar y rezar delante de él. Grave responsabilidad
para la conducta de los padres: deben vivir en sí mismos lo que
quieren que se manifieste en su hijito.
Esta es una buena noticia para
las madres de recién nacidos. ¡Qué gozo saber que el destino de
su bebé depende de lo que le va a dar en sus primeros siete años
y que todavía está a tiempo de hacerlo! Si lo comprenden tratarán
de brindarle el ambiente hogareño más educativo posible.
El niño chiquitito tiene una capacidad extraordinaria para grabar
en su mente todo lo que percibe a su alrededor. Y aunque pareciera
que luego olvida todo, de hecho todo está presente y almacenado
en espera de ser utilizado. La vida transcurrida y el recuerdo
de los acontecimientos pasados no desaparece sino que se graba
en el inconsciente y desde ahí marca, impregna y condiciona todo
lo que después es la persona en sus años posteriores.
En la mente humana hay 3 niveles:
1.- El consciente, que es
el pensamiento espontáneo que hacemos a cada paso.
2.- El subconsciente que
es la memoria de todo lo que podemos recordar.
3.- El inconsciente, o sea,
las profundidades del alma, donde se graban y alimentan los impulsos
básicos de nuestra vida.
El inconsciente no lo vemos pero
determina nuestra vida. Es como esas montaña de hielo que se desprenden
del Polo y flotan, sólo una décima parte está por encima del agua;
las nueve décimas partes está por debajo pues la densidad del
hielo es inferior a la del agua. Lo mismo pasa con nosotros, Nuestras
decisiones cotidianas son en parte un acto deliberado y pensado,
pero en gran parte son acciones determinadas desde nuestro subconsciente
e inconsciente.
APORTES DE CIENTIFICOS DE LA PSICOLOGIA
Y LA PEDAGOGIA
Los estudiosos de la Psicología
y la Pedagogía modernas descubrieron la importancia determinante
de la primera infancia para bien de la humanidad.
SIGMOND
FREUD (1856-1939). Freud logró descubrir que el origen de
las enfermedades mentales del adulto radicaba en las malformaciones
de la primera infancia. Cuando un enfermo iba a verlo, Freud lo
hacía extenderse en un diván, luego le pedía que le contase su
vida y su pasado hasta sus primeros años. A esta técnica llamó
psicoanálisis.
EL
PADRE JOUSSE (1886-1961). El Padre Jousse, sacerdote jesuita,
estudió la importancia de la primera infancia en la vida del hombre
analizando cómo su madre analfabeta le enseñó los Evangelios de
los domingos y días de fiesta mientras lo amamantaba y lo mecía.
Toda su investigación fue una reflexión sobre su propia infancia
entre los 0 y 7 años.
LA
SEÑORA MONTESSORI (1870-1952). María Montessori, pedagoga
italiana, se dedicó a ayudar a los niños atrasados para hablar,
a quienes los descalificaban como deficientes mentales. Educándolos
llegó a la conclusión que todo el mal de estos niños, igual que
los niños salvajes, radicaba en la mala educación o la ausencia
de ella en la primera infancia. Con una adecuada educación, logró
que estos niños aprobaran los exámenes igual que los normales.
LA EDAD DEL ESPIRITU ABSORBENTE
María Montessori denominó a los
primeros siete años de vida del ser humano: "la edad del
espíritu absorbente". Su éxito consistió en sacar provecho
de esta etapa durante el cual el niño absorbe todo como una esponja
en el agua. El niñito, tiene un temperamento innato de explorador,
no tiene miedo de ensayar, echar a perder y recomenzar. Es un
experimentador incansable. Así como un avión necesita tomar velocidad
sobre el suelo para volar, así el ser humano necesita acumular
material en la primera infancia para poder actuar después. Si
la buena educación no se da en esta edad de oro del aprendizaje
nada la podrá suplir.
EL APRENDIZAJE DEL LENGUAJE
El proceso de adquisición del lenguaje
nos permite comprender el proceso misterioso de la educación.
Sin que nos demos cuenta, muchas cosas se acumulan en el ser humano,
entre 0 y 4 años. ¿Qué se hace para enseñar a hablar a un niño?:
¡Nada! No es necesario inscribirlo en una academia. Sólo se le
deja vivir con gente que habla, y un día, él también hablará.
El sentido de la palabra es innato en nosotros, y se forma en
el círculo familiar. El niño en su cunita, en medio de la familia,
es un mudo testigo de la convivencia familiar. Por ahora duerme,
come, mira, y más que nada oye. No comprende nada pues
es bebé, pero escucha la conversación de los adultos. Un día hablará,
y su lenguaje será tanto más fino cuanto más culta sea su familia.
A los 2 años, el niño llega a la
edad de la frase sintáctica, es decir, que sabe ordenar y juntar
las palabras. Siendo tan pequeño no se equivoca en la sintaxis
de su idioma. Es así que el niñito inglés pone el adjetivo antes
del nombre mientras que el niñito francés lo pone después, dice:
"sopa caliente" y no "caliente sopa". Igual
ocurre con el acento en el hablar, el "dejo". ¿Cuándo
se graba este detalle en nuestro hablar? En los primeros años
de edad.
COMO EDUCAR LA FE INFANTIL
Absorber y repetir es su proceso
de aprendizaje. Pongan un bebé de 3 semanas en una familia china,
a los 4 años hablará chino, sin esfuerzo y con un acento perfecto.
Mientras que si un adulto comienza a aprender chino, después de
10 años, todavía estará balbuceando. De manera similar, ponga
a un bebé con unos padres muy cristianos (como lo padres de santa
Teresita del Niño Jesús), y dará los frutos de santidad que la
Iglesia sueña recoger en los pequeños (Mateo 7,18)
Por eso se debe educar el sentido
religioso INNATO al hombre en la pequeña infancia, sino de joven
y adulto le será superfluo y aburrido (Deut 6,6-7; 2 Tim 3,15).
Cuando la educación cristiana no se da a temprana edad en la familia,
posteriormente, en el catecismo de la primera comunión, no produce
efectos duraderos (Proverbios 22,6). ¿Qué hay que hacer para enseñar
al niño a orar?: -¡Nada, sino que vea y oiga orar a los que le
rodean pues los niños imitan lo que ven! Por eso es importante
que el niño vea orar a sus padres desde su más tierna edad. Si
crece en una familia donde nunca ve rezar a sus padres nunca desarrollará
una fe personal.
EN CONCLUSION:
«El hombre se forma sobre todo antes de los 7 años por vía
de imitación». Este es el principio pedagógico impartido en
el presente artículo. Si Ud. padre de familia lo ha entendido,
entonces preocúpese de edificar un ambiente de positivos hábitos
humanos y cristianos, así su hijo los irá absorbiendo desde sus
primeros días y los incorporará en su conducta para toda la vida.
Haga como Jesús, viva Ud. las buenas costumbres humanas del trabajo,
respeto, urbanidad, amor, optimismo, etc, y las practicas básicas
del cristianismo: la oración, la meditación de la Palabra de Dios,
la participación de la misa y la devoción a María. ¡Sus hijos
reflejarán todo ello! (Juan 13,15). Esto no es atropellar su libertad
sino por el contrario es darle una base humana-moral-espiritual
muy sólida para que luego pueda enfrentar con éxito las luchas
de la vida y caminar por la senda de la rectitud hacia el Reino
de los Cielos (Lucas 2,40).
SEGUNDA PARTE: LA EDUCACION DE LA FE
Después de
ver la gran importancia de los SIETE PRIMEROS AÑOS DE VIDA EN
LA FORMACION DEL SER HUMANO, ahora vamos a aplicar este principio
pedagógico a la educación religiosa de nuestros hijos.
Así
como las bases de la personalidad del hombre se forjan en los
primeros 7 años es igualmente cierto que las bases de la fe se
forjan también en esa primera infancia (Prov 22,6). ¡La salud
espiritual de un creyente dependerá de la formación que haya recibido
en sus primeros años. Para decirlo gráficamente: si un bebé crece
en un hogar católico como hay muchos, (que carecen de instrucción
y van a la parroquia solo de vez en cuando, que no rezan ni leen
la Biblia, que no viven ciñiéndose a los mandamientos de Dios),
ese bebé difícilmente resultará un excelente cristiano. Por supuesto
que Dios puede derramar gracias especiales y convertir a los paganos
en cristianos verdaderos como ocurrió con San Francisco de Asís
o con San Ignacio de Loyola. Pero esa no es la vía normal del
camino a Cristo sino la vida familiar. En cambio si ponemos a
ese bebé en una familia como la de Santa Teresita del Niño Jesús
o la de Don Bosco, con toda seguridad dará excelentes frutos de
santidad y de amor a su prójimo.
Un botón de muestra es el testimonio
de la gran educadora María Montessori sobre sus padres: "Ellos
acostumbraban ponerse de rodillas al pie de la cama y hacían la
oración con una hermosa señal de la cruz. Yo tenía 5 años, mi
hermanito un año y no nos dábamos muy bien cuenta de ello. Mi
hermanito miraba a papá en oración. Era pequeñito, no le decían
nada, pero veía, escuchaba y eso bastaba. Nuestros padres eran
muy pobres, pero recibimos de ellos la mayor riqueza, que es la
relación filial con Dios que se alimenta en la oración".
La Señora Montessori fue luego una excelente cristiana que dedicó
su vida a la educación de la niñez, especialmente a los niños
con deficiencia mental.
Absorber y repetir son las dos
fases del aprendizaje infantil. La fe que los niños absorben a
su alrededor es la fe que luego van a reproducir instintivamente.
Un niño de 7 años, en cuanto a su vida religiosa, ya es un anciano.
Lamentablemente en la mayoría de nuestras familias, los niños
pequeñitos no ven nunca orar ni meditar la Palabra de Dios a sus
padres. Esa es una de las causas que los jóvenes de hoy no tengan
el gusto de las cosas de Dios: no lo han percibido en sus primeros
7 años de vida. El sentido de Dios es innato en el hombre, pero
cuando no se la cultiva en la pequeña infancia, se atrofia y luego
tiene poco significado en la vida. El catecismo de la primera
comunión y confirmación, por excelente que sea, cuando se da a
niños y jóvenes que no han tenido un hogar autenticamente cristiano
solo produce efectos pobres y pasajeros.
¿Por qué nos extrañamos sobre el
número creciente de pandillas y delincuentes juveniles? Una de
las principales causas es el abandono religioso que sufren por
parte de sus padres. Es decir que los padres son responsables
de lo que sucede con sus hijos, sea para su gozo o para su vergüenza.
El psicólogo Paúl Wood afirmó:
«Imprimamos en el niño los valores morales cuando tiene cinco
o seis años, luego nos va a costar muchísimo.» Cuando le preguntaron
a Napoleón Bonaparte cómo se podía prevenir la delincuencia juvenil,
contestó: «Hay que empezar veintiún años antes de que nazca
el individuo entrenando a su abuela a enseñar a su hija a ser
una madre de verdad.» Los primeros años de un niño son como
el lanzamiento de un gran cohete espacial apuntando a la luna.
No importa el poder del cohete, si en su lanzamiento no recibe
la trayectoria correcta, nunca llegará a su objetivo, a menos
que luego se pueda rectificar la dirección tomada.
MIREMOS NUESTRA RELIGIOSIDAD
En nuestro país mayoritariamente
católico muchos que se dicen creyentes no van a Misa los domingos
y casi nunca rezan por cuenta propia, tienen poca instrucción
cristiana y viven como les parece (Mt 15,7-9). Estas personas
no son ateas, pero no habiendo recibido en su infancia una buena
educación religiosa, lógicamente tienen una vivencia superficial
de Dios. Solo hacen lo que vieron desde pequeños: celebrar cada
año las fechas religiosas, las fiestas patronales, y las devociones
externas mezcladas con un sinfín de supersticiones. Esta carencia
de fe verdadera en los hogares explica el apartamiento de muchos
católicos de la vida parroquial activa. También explica la escasez
y la fragilidad de las vocaciones sacerdotales y religiosas en
nuestro país: ¡HAY POCAS RAICES CATOLICAS VIVAS!!
LA ATMOSFERA DE LA FE
Cuando en el hogar se establece
una ATMOSFERA DE FE, el bebé aprovecha de ello ya desde su gestación.
Luego en sus primeros años absorbe junto a la leche materna la
vivencia espiritual de su madre. La vivencia religiosa de su padre
también juega un papel muy importante. En ese ambiente de fe el
Espíritu de Dios obra fructíferamente en el interior del pequeño.
Graba en las profundidades inconscientes de su ser las enseñanzas
morales y espirituales de su ambiente. Así la persona desarrollará
una "instintiva" inclinación filial y sujeción hacia
Dios durante toda su vida (2 Tim 3,15).
Demostremos esto con algunos ejemplos
de santos recientes (apenas un siglo), que desde su infancia encontraron
hogares verdaderamente cristianos: ¡Recomendamos leer sus vidas!!
JUAN MARIA VIANNEY.- Nació cerca
de Lyon en un hogar muy religioso donde sus piadosos padres con
las ganancias de su viña daban ayuda a los necesitados. Fue así
que el pequeño Juan María Vianney aprendió el gusto por rezar
cuando tenía sólo 3 años. Un día, al no encontrarlo, su mamá lo
llamó por todas partes, hasta que por fin lo descubrió en el establo,
sentado en la paja, con una estatua de la Virgen, rezando. ¡Estaba
escondido para hacerlo con tranquilidad! ¿Por qué sabía rezar
con tanta naturalidad? ¡Porque lo había visto en sus padres! Luego
llego a ser el gran Santo Cura de Ars.
DOMINGO SAVIO.- Nació en un hogar
donde sus padres rezaban con fervor el Rosario todas las noches
y practicaban el amor a su prójimo con hechos. Cuando Domingo
tenía 3 años ya participaba en las oraciones porque desde pequeño
ese era su ambiente. Luego fue un niño correcto, de buen corazón
y de pensamiento limpio. A los 10 años fue alumno de Don Bosco.
Murió a los 17 años y fue declarado santo y patrono de los adolescentes
del mundo entero.
SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS.-
Nació en un verdadero hogar cristiano. Cuando tenía 4 años su
mamá murió. Tuvo cuatro hermanas. Su primer deseo de ser religiosa
lo sintió a los 3 años, porque su hermana mayor Paulina, quería
ser religiosa. Entonces ella, queriendo imitarla también quiso
lo mismo. ¡Y llegó a serlo! Santa Teresita cuenta que nunca rehusó
nada al Buen Padre Dios desde la edad de 3 años. Esta gran santa,
patrona de las misiones, bebió el cristianismo desde su primerísima
infancia!
DON BOSCO.- Don Bosco perdió a
su padre a los dos años de edad pero tuvo una madre fabulosa:
mamá Margarita. Todas las mamás deberían leer su historia. Ella
era analfabeta y muy pobre. Pero en cuanto a lo espiritual no
estaba desnutrida. Dio una buena escuela de caridad, fe y amor
a sus dos hijos. No se quejaba, no era una mujer amargada. En
todo confiaba totalmente en Dios. Por eso a San Juan Bosco nunca
le faltó la fe en medio de miles de dificultades, para lanzar
su obra a favor de los niños de todo el mundo: LA OBRA SALESIANA.
Si hoy queremos jóvenes y adultos
verdaderamente cristianos, debemos trabajar para crear un ambiente
familiar cristiano en los hogares que están comenzando o en los
que todavía tienen niños pequeños. Solo así cosecharemos buenos
frutos.
LA CATEQUESIS EN LAS FAMILIAS
El ideal cristiano es que los padres
sean LOS CATEQUISTAS DE SUS HIJOS. Los padres se preocupan de
que sus pequeños aprendan a leer y escribir, por eso los mandan
al colegio. Así también deben preocuparse en darles a conocer
y gustar la dulzura de la presencia y de la sabiduría de Dios
en sus propios hogares. ¡Deberían comprender su misión irreemplazable
de ser educadores de la fe de sus hijos y hacerlo desde la misma
cuna! (Salmo 78,5-8). Si lo hacen, conocerán la alegría de juntar
las manos de sus pequeños para rezar todos los días y hablarles
de las historias bíblicas de Jesús y María (Deut 11,18-19).
Este principio pedagógico de formar
en la fe a los niños en sus primeros siete años de vida debe ser
dado a los jóvenes matrimonios que recién están iniciando su camino
familiar para que los apliquen en sus pequeños hijos. ¡Incluso
deben ser impartidos en la preparación al matrimonio y en los
retiros para novios! ¿Por qué? Porque la mejor manera de asegurar
la formación moral y espiritual de los hijos, es que los esposos
vivan el amor a Dios y compartan de la hermosa doctrina de Jesucristo
desde el mismo día de su casamiento y lo transmitan a sus hijos
desde sus primeros meses de vida.
En este sentido, sea Dios bendito
por el surgimiento de movimientos católicos como "el Movimiento
Familiar Cristiano", "Bodas de Cana", "Eje-Escoge",
y programas como "la Catequesis Familiar", que están
logrando formar hogares cristianos.
CONCLUSION
Estos conceptos deben ser meditados
y aplicados por los encargados de la Pastoral en la Iglesia (
sacerdotes, religiosas y laicos educadores). Cuando comprendamos
la importancia sin par de los primeros años para la educación
de la fe y lo enseñemos en nuestros programas pastorales, caminaremos
hacia una etapa de la Iglesia más viva y mas santa.
Por lo tanto, ustedes padres que han leído este
artículo: PONGANLO EN PRACTICA SI AUN ESTAN A TIEMPO. O contribuyan
a que las nuevas generaciones de matrimonios hagan de sus hogares
lugares donde sus hijos puedan aprender desde el útero materno
la fe y la vida cristianas, y luego sean ellos lo principales
catequistas de sus hijos. Así acatarán la advertencia de Jesús:
"El Padre no quiere que se pierda ni uno sólo de estos pequeños"
(Mt 18,14).
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