Universidad
Autónoma de
8
de noviembre de 2006
Stephen A. Hasam
Agradezco la invitación para co
participar en la inauguración del Archivo Gregorio y Marta Selser. Al recibir
el afiche que invita al evento me percaté de que éste estaba pensado como un homenaje
a ellos. (Esto me obliga a decir algo con relación a la naturaleza de homenajes)
La lógica de los homenajes a personas
lleva al reconocimiento y a la ratificación de la legitimidad del orden jerárquico
establecido donde, ante una figura de autoridad, homenajeadores y homenajeados suelen co
participar como cómplices --involuntariamente los ya fallecidos-- pronunciándose
panegíricos recíprocamente, y donde los homenajeados, a cambio de elogios y
profundo agradecimiento, quedan amputados de su espíritu subversivo para ser
integrados a la jerarquía del establishment, que a su vez se sirve de éstos. El origen
medieval cristiano y feudal de la voz homenaje lo delata: ceremonia en
que un vasallo promete fidelidad a su Señor; homin quiere decir vasallo
siervo pues.
Vale anotar aquí que a mayor
despotismo, desigualdad y agravio socioeconómico, que conforman un orden social, mayor la
necesidad que tienen sus mandos de legitimarse y perpetuarse en el poder sirviéndose de
la fabricación e intenso culto a los héroes, y el fomento de una cultura de homenajes y
del elogio. (México es un claro ejemplo.) Una cultura de homenajes y socialismo son tan
mutuamente excluyentes como lo son patriotismo y socialismo, incluso desde la historia y
etimología misma de los términos.
Por lo tanto, este homenaje, que es el
primero del que tengo conocimiento a ambos, Gregorio y Marta Selser, pudiera muy bien ser
el preludio de futuros homenajes, de muchos quizás, cuyo desenlace previsible, ya que los
homenajes a personas suelen devenir en culto a personas, buscaría asimilar y neutralizar
el subversivo espíritu creativo, emancipador y humanista que subyace a la obra escrita de
Gregorio Selser, y que fue la premisa rectora con base a la cual Marta Ventura conformó
su centro de documentación.
¿Hasta dónde realizar homenajes a
Gregorio y Marta Selser resulta totalmente incompatible con el humanismo emancipador del
individuo y con la crítica radical, emanados de
¿No sería más congruente con la
obra de Selser y sus fundamentos axiológicos desalentar los homenajes, que probablemente
a la larga convertirían a Gregorio y Marta Selser en una pareja de legendarias vacas
sagradas sin brío pasteando eternamente en el más allá, y de las que se servirá el
poder para legitimarse, y mejor alentar en el aquí y ahora el estudio y análisis
críticos de la voluminosa obra de Gregorio Selser, así como de la relevancia histórica
del estratégico centro de documentación de Marta Ventura, como invaluable acervo, sin
omitir su continuado -y hoy día imprescindible- uso
como fuente de primer orden para investigaciones temáticas por futuras/os científicas/os
sociales?
El juicio de la historia suele ser
lento y sorprendente, y no es inusual que con el paso del tiempo y, derivado del trabajo
historiográfico, obras ampliamente consideradas en su momento como muy relevantes y
centrales resulten haber sido porco trascendentes, y viceversa.
La obra escrita de Gregorio Selser,
hoy día reconocida dentro de apenas algunos círculos reducidos de periodistas y de
científicos sociales claramente delimitados generacionalmente, y el centro de
documentación en el que se sustentó, desconocido para casi todo mundo, conforman una
unidad orgánica, cuyo peso histórico irá en aumento, en tanto las investigaciones
historiográficas sean enfocadas en el estudio y análisis del papel que el periodismo y
las ciencias sociales desempeñaron en la vida sociopolítica de la segunda mitad del
siglo XX en América Latina, dentro del marco de
Sin un concepto claramente definido,
el centro de documentación conformado por Marta Ventura no existiría como tal; hubiera
sido un caos. Una misma línea conductora conceptual atraviesa toda la obra de Gregorio
Selser y el centro de documentación de Marta Ventura:
Como niño huérfano prodigio,
autodidacta y lector voraz de historia y novelas históricas, para Gregorio Selser el
acontecer del presente debía ser visto desde una perspectiva histórica, un ejercicio
mental muy exigente, y a la vez con espíritu profundamente ético que generaba en él,
ante la injusticia, una indignación sin límites. Esa tensión entre el desapego
necesario del historiador ante su objeto de estudio, que era el más desafiante de todos,
el salvajismo vivo del que era testigo y que estaba vivienciando, y la indignación que
éste despertaba en el socialista romántico, es el alma que atraviesa toda su obra y
marca su particular perspectiva del mundo y del devenir histórico, que fusiona crónica
con historia (historia en sentido académico y narrativo-literario). El medio para
expresarse fue la lengua española, cuya riqueza lexicográfica y versatilidad empujó
hasta sus límites. Buscó convertir el periodismo en literatura y llevó el espíritu del
estudioso de la historia al periodismo, (de ahí la necesidad de un centro de
documentación), que no tomaba nada por hecho y cuestionaba todo lo dado, que hacía un
análisis radical y era radicalmente honesto y preciso con el manejo de la información,
pues sólo la verdad es revolucionaria.
Cuando Gregorio Selser, forzado a la
emigración y amenazado de desaparición forzosa por la dictadura del general Jorge Rafael
Videla, padecía en México como extranjero (jamás se exilió salió de Argentina
como corresponsal de Inter Press Service a Panamá) la interdicción para publicar, a
cambio de un empleo con visa de residente y de
trabajo en el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales, Enrique Ramírez y
Ramírez, director del periódico paraestatal El Día, le invito a incorporarse a
la sección internacional del diario, con empleo fijo y sueldo muy decoroso, espacio
generoso para publicar sus artículos con todo y notas de pie, irrestricta libertad de
expresión (salvo lo estipulado a extranjeros en el artículo 33 de la constitución
mexicana), y visa mexicana de residencia y trabajo, Selser puso una condición sine qua
non: que le fuese permitido, aunque empleado de El Día, no ir al periódico,
trabajar en casa, pues Selser sustentaba su trabajo en el centro de documentación, en
manos de Marta Ventura. Ramírez y Ramírez aceptó feliz. Gregorio Selser y Marta Ventura
trabajaban en equipo jornadas de aproximadamente
Personas familiarizadas con trabajos
de inteligencia saben muy bien que el buen análisis estratégico está basado en dos
cosas: información y la erudición talentosa de la inteligencia analítica. El
apartamento Selser era un centro de investigación de derechos humanos, de análisis
histórico-estratégico de Estados Unidos y América Latina (excepto México,
estrictamente prohibido a extranjeros por el artículo 33) del más alto nivel a escala
internacional en su materia, que dejaba a visitantes europeos, asiáticos y de este
continente anonadados. Fue creado y evolucionó conforme crecían las enormes demandas de
Selser y Ventura, artesanalmente a cuatro manos, y con división de trabajo. Como los
autores plásticos del pasado, quienes realizaban ellos mismos todo el proceso creador
desde la obtención de los pigmentos hasta el fresco y pintura terminados, Marta Ventura y
Gregorio Selser hacían todo, desde la obtención de montañas de diarios, documentos y
revistas, la diaria selección y recorte de cada nota o artículo para la hemeroteca
(Marta Ventura con pesadas tijeras de pollería mexicana y Gregorio Selser con una
minúscula Gillette), el procesamiento de la información, hasta la realización de dos
obras paralelas orgánicamente integradas: la obra escrita de Gregorio Selser y el
extraordinario centro de documentación, en el que Marta Ventura siguió trabajando por
casi tres lustros más después de enviudar.
Portadora en su propio derecho de la
memoria viva del acontecer latinoamericano y estadunidense de la segunda mitad del siglo
XX, además de fungir como ama de casa y, simultáneamente, secretaria de Selser, Marta
Ventura manejaba sola el centro de documentación, que incluía la hemeroteca y la
biblioteca, mientras que Gregorio Selser, su colaborador en el recorte y suministro de
material hemerográfico, era el analista y autor de los escritos de ese centro, para lo
cual usaba una máquina de escribir portátil mecánica, que compró de segunda mano.
Además, en México, durante años, el centro de documentación funcionó en su propio
derecho, sin reconocimiento oficial alguno, como un completísimo centro de
documentación al servicio del Centro de Estudios Latinoamericanos de
A la muerte de Gregorio Selser, se
quedó sin derecho a pensión de viuda, sin sueldo y, como extranjera, sin permiso de
trabajo. Decidió vender su centro de documentación. Primero vendió la segunda
biblioteca, creada en la emigración, a
La hemeroteca, las dos bibliotecas y
las obras de Gregorio Selser se encuentran esparcidas en instituciones no privadas en una
sola megalópolis,