
Santa Zita
Santa Zita naci� en Lucca, Italia, en 1218, de una familia campesina pobre, pero muy piadosa. De peque�ita, bastaba que la mam� le dijera: "�sto agrada a Dios", para que la ni�a lo hiciera. Y bastaba decirle: "�sto no agrada a Nuestro Se�or", para que dejara de hacerlo.
A los 12 a�os, a causa de la pobreza de la familia tuvo que emplearse de sirvienta con una familia rica. El consejo que le dio su mam� al despedirse de ella fue �sto: "En tus acciones y palabras debes pensar: ��sto agradar� a Dios?". Fue un consejo que le ayud� much�simo a comportarse bien.
El jefe de la familia donde Zita fue a trabajar, era de temperamento violento y mandaba con gritos y palabras muy humillantes. Todos los empleados protestaban por este trato tan �spero, menos Zita que lo aceptaba de buena gana para asemejarse a Cristo Jes�s, que fue humillado y ultrajado.
Las dem�s empleadas le ten�an envidia y la humillaban continuamente con palabras hirientes. Pero Zita jam�s respond�a a sus ofensas ni guardaba rencor o resentimiento. Los obreros se disgustaban porque ella demostraba aversi�n a las palabras groseras y a los cuentos inmorales. La tildaban de "besaladrillos" y de "beata". Pero, con el correr de los a�os, todos se fueron dando cuenta de que era una verdadera Santa, una gran amiga de Dios.
Era la m�s consagrada a sus oficios en toda esa inmensa casa, y repet�a que, la piedad que lo lleva a uno a descuidar los deberes y oficios que tiene que cumplir, no es verdadera piedad. Un hombre quiso faltarle el respeto a su castidad, y ella le ara�� la cara, y lo hizo alejarse. El otro fue con calumnias ante el due�o de la casa y �ste la insult� horriblemente. Zita no dijo ni una s�la palabra para defenderse.
Dejaba a Dios que se encargara de su defensa. Y despu�s se supo toda la verdad, y el patr�n tuvo que arrepentirse del trato tan injusto que le hab�a dado y creci� enormemente su aprecio por aquella humilde sirvienta. El dinero de su sueldo lo gastaba casi todo en ayudar a los pobres. Dorm�a en una estera, en el suelo, porque su catre y colch�n los hab�a regalado a una familia muy necesitada.
Un d�a en pleno invierno con varios grados bajo cero, la se�ora de la casa le prest� su manto de lana para que fuera al templo a o�r misa. Pero en la puerta del templo encontr� a un pobre tiritando de fr�o y le dej� el manto. Al volver a casa fue terriblemente rega�ada por haber dado aquella tela, pero poco despu�s apareci� en la puerta de la casa un se�or misterioso a traer un hermoso manto de lana. Y no quiso decir qui�n era �l. La gente dec�a: "Un �ngel del Se�or vino a visitarnos".
Un d�a llevaba para los pobres, entre los pliegues de su delantal, todo lo que hab�a sobrado del almuerzo, y por el camino se encontr� con el furioso jefe de la casa, el cual le pregunt�: "�Qu� lleva ah�?".
Cuando lleg� el furibundo capataz de la casa a contar cu�ntos costales de grano quedaban en el granero, la Santa se puso a rezar a Dios para que le solucionara aquel problema. El hombre encontr� all� todos los costales de grano. No faltaba ni uno s�lo. Y nadie se pudo explicar c�mo ni cu�ndo fueron repuestos los que la joven hab�a repartido entre los pobres.
Cuando le quedaba un d�a libre lo empleaba en visitar a los pobres, enfermos y presos, en ayudar a los condenados a muerte.
Fue canonizada en 1696, su nombre entr� en el calendario Romano en 1748. Desde Italia su culto pas� ya desde la edad media a todas partes de Europa, sobre todo dentro de las clases populares. Muy vinculada a las asociaciones de j�venes del servicio dom�stico.
Fueron tantos los milagros que se obraron por su intercesi�n, que el Papa Inocencio XII la declar� Santa. Y su cuerpo se conservaba incorrupto cuando fue sacado del sepulcro, m�s de 300 a�os despu�s de su muerte.
Fue una sencilla sirvienta del hogar. Desde los 12 a�os hasta su muerte sirvi� en casa de los Fatinelli, en Lucca (Italia), siendo a veces humillada y criticada por ellos. Mereci�, no obstante, su respeto gracias a la sincera devoci�n y a la entrega a su trabajo. El Se�or la favoreci� con el don de los milagros y carismas extraordinarios.
El culto a la sierva de Dios comenz� poco despu�s de su muerte en 1272. Su tumba en la iglesia de San Fridiano fue objeto de veneraci�n y peregrinaci�n por toda clase de gente.
Biograf�a
Fiesta: 27 de abril
Patrona: de sirvientas, servidumbre, para encontrar las llaves perdidas.
Ella abri� el delantal y solamente apareci� all� un mont�n de flores. En �poca de gran escasez y hambre Zita reparti� entre los m�s pobres unos costales de grano que hab�a en la despensa.
Estuvo 48 a�os de sirvienta, demostrando que en cualquier oficio y profesi�n que sea del agrado de Dios, se puede llegar a una gran santidad.
Muri� el 27 de abril de 1278.
Todav�a son miles y miles los peregrinos que van a visitar el sepulcro y el templo de Santa Zita.