
San Vicente
Vicente significa "Vencedor, victorioso".
Vicente es un chiquillo despierto, y su padre tiene para �l unos planes ambiciosos. Fue enviado a los 14 a�os al colegio de los franciscanos de Dax que est� a 5 kil�metros de Pouy. Dax es una ciudad pr�spera, de amplias calles y bellas mansiones.
Vicente toma el gusto a sus estudios, desea abandonar la vida rural; se siente con verg�enza de sus or�genes y de su mismo padre. "Siendo un muchacho, cuando mi padre me llevaba a la ciudad, me daba verg�enza ir con �l y reconocerle como padre, porque iba mal vestido y era un poco cojo". "Recuerdo que en una ocasi�n, en el colegio donde estudiaba me avisaron que hab�a venido a verme mi padre, que era un pobre campesino. Yo me negu� a salir a verle".
Despu�s de cuatro a�os de estudios en Dax, marcha a la gran ciudad de Toulose. Su padre acaba de morir en 1598, mientras Vicente ten�a 17 a�os, ha recibido ya la tonsura y las �rdenes menores. Su padre le deja parte de la herencia para pagar sus estudios, pero �l rechaza esta ayuda; prefiere val�rselas por si mismo. Para subsistir, ense�a humanidades en el colegio de Buzet y sigue a la vez con sus estudios de Teolog�a.
En 1598 recibe el subdiaconado y el diaconado, y el 23 de Septiembre de 1600, en Chateau-l'Eveque, es ordenado sacerdote por el anciano obispo de P�rigueux. "Si yo hubiera sabido, como lo he sabido despu�s, lo que era el sacerdocio cuando comet� la temeridad de aceptarlo, habr�a preferido dedicarme a trabajar la tierra antes de ingresar en un estado tan temible", escribir�a m�s tarde.
El obispo de Dax le ofrece una parroquia, pero hay otro candidato. Vicente renuncia, prefiere proseguir con sus estudios y apuntar m�s alto: aspira a ser obispo. En 1604 obtiene el doctorado en Teolog�a. Se dirige a Burdeos. Acude a Marsella a un viaje bastante interesado. Una anciana dama de Toulose le ha dejado una herencia de 400 escudos, pero la anciana tiene a un deudor, a quien Vicente persigue hasta Marsella, donde consigue recuperar 300 escudos, para regresar a continuaci�n a Toulose por Narbona.
En Marsella Vicente embarca para Narbona. Se va en barco, el cual es atacado por los turcos y Vicente cae prisionero. Los a�os 1605-1607 son en realidad muy misteriosos. Se cuenta que vendido como esclavo en T�nez, estuvo sucesivamente al servicio de cuatro distintos se�ores: un pescador, un m�dico, el sobrino de �ste y, por �ltimo, un cristiano renegado. Por fin, convirti� a su amo, se escap� llegando a Avignon y desde all� a Roma. Luego fue a Par�s hacia el 1608.
En 1609, poco despu�s de su llegada a Par�s, Vicente encontr� a Pierre de B�rulle, sin duda en el hospital de la Caridad, adonde ambos iban a visitar enfermos. B�rulle ten�a una doble vocaci�n: la cura de las almas y la fundaci�n de un grupo de sacerdotes espirituales. El clero sal�a en un estado lamentable de las guerras de religi�n; los decretos del Concilio de Trento referentes a la formaci�n de los sacerdotes no se cumplen (de lo contrario, Vicente no habr�a sido ordenado a los 19 a�os, ya que el Concilio exig�a 25 a�os de edad m�nima para la ordenaci�n sacerdotal).
Eran muchos los obispos que viv�an como grandes se�ores, alejados de sus di�cesis. Se est� abriendo paso un nuevo movimiento. En Italia, Felipe Neri ha fundado la congregaci�n sacerdotal del Oratorio, que al igual que los oblatos fundados en Mil�n por Carlos Borromeo, desea vivir un sacerdocio fervoroso. B�rulle trata de convencer a Francisco de Sales para que funde el Oratorio en Francia, el cual rechaza la oferta.
Entonces �ste, a instancias del Arzobispo de Par�s, Henri de Gondi, fundar� en 1611 el Oratorio de Par�s, "una congregaci�n de eclesi�sticos en la que se practicara la pobreza, en contra del lujo; se hiciera el voto de no pretender beneficio o dignidad alguna, en contra de la ambici�n, y se viviera igualmente el voto de dedicarse a las funciones eclesi�sticas, en contra de la in�til inactividad.
P�rroco de Clichy.
Preceptor de la familia Gondi.
Ya tenemos a Vicente provisto de un excelente "reducto". Da algunos cursos y lecciones a los ni�os, y lleva una vida palaciega en Montmirail, en Joigny, en Par�s, en Folleville. Ya pod�a darse por contento. Sin embargo no era fel�z. Durante los numerosos viajes de Gondi, vuelve a entrar en contacto con los campesinos y con las pobres gentes que viven en los dominios de la noble familia. Y se da cuenta que el Evangelio exige la caridad radical.
Acontecimientos providenciales cambiaron su vida.
He ah� la vocaci�n de Vicente: la ternura. Su coraz�n ha sido tocado. Quer�a ir a los campos m�s remotos a expresar a todos los que se sienten perdidos que existe un Dios de ternura que no les ha olvidado. Quiere ser testimonio de ese amor divino. Estar presente con la ternura de Dios.
Vicente queda impresionado y el 25 de enero predic� en Folleville, cerca de Amiens, proponiendo a todos los fieles de Folleville la idea de que vayan all� algunos sacerdotes ante quienes puedan hacer una confesi�n general de toda su vida. Este serm�n que fue el origen de la "Congregaci�n de la Misi�n", institu�da para dar misiones populares y trabajar en la formaci�n del clero de Francia y en otros pa�ses. A los sacerdotes y hermanos de la Congregaci�n de la Misi�n se les conoce en Francia como "Lazaristas" por su casa madre, San L�zaro.
En agosto de ese mismo a�o, 1617, en Chatill�n-les-Domes, San Vicente se encuentra con la miseria material de los campesinos. San Vicente relata los hechos: "Mientras me revest�a para celebrar la Santa Misa, vinieron a decirme... que en una casa apartada de todas las dem�s, como a un cuarto de legua, estaban todos enfermos, hasta el punto de que no hab�a una s�la persona que pudiera atender a las dem�s, las cuales se hallaban en un estado de necesidad indescriptible. �sto me ocasion� una tremenda impresi�n".
A la llamada de Vicente acuden todos los feligreses en ayuda de esa familia. Pero, para Vicente este movimiento espont�neo no es bastante, porque corre el peligro de no tener continuidad: "Una enorme caridad, s�; pero mal organizada".
Fundaci�n de las Hijas de la Caridad.
La Fundaci�n de la Compa��a de las Hijas de la Caridad sigui� unos a�os m�s tarde (1633). La co-fundadora fue Santa Luisa de Marillac.
La vocaci�n de la ternura.
En noviembre de 1618 se encuentra en Par�s con Francisco de Sales. El Obispo de Annecy, que tiene ya cincuenta y un a�os, ha publicado dos a�os antes su Tratado del Amor de Dios. Francisco de Sales es c�lebre por la inmensa dulzura en sus discusiones con los protestantes y por su bondad para con los pobres y enfermos, a quienes les daba todo, incluso lo que no era suyo y lo tomaba prestado. En 1610, el Obispo de Sales funda la Visitaci�n, congregaci�n religiosa femenina y desea que se consagren al cuidado de los enfermos. Las primeras Visitandinas se ocupan de los enfermos de Annecy.
A su llegada a Par�s, Francisco de Sales es objeto de un entusiasta recibimiento; con su palabra evang�lica y sencilla, conoce a la Madre Ang�lica Arnauld, a B�rulle y a Vicente, que queda impresionado por su dulzura: "Tan suave era su bondad, que las personas favorecidas por sus conversaciones la sent�an cuando �sta penetraba dulcemente en sus corazones. Yo mismo he gozado tales delicias".
Las poblaciones no han dejado de verse afligidas por grandes males, lo cual ha provocado en ellas un enorme trauma; la angustia y la desesperaci�n se generalizan, y la Iglesia se�ala con el dedo los diversos chivos expiatorios: los turcos, las brujas, los jud�os, los herejes; e insiste adem�s continuamente en ese otro peligro, distinto del que aflige al cuerpo: el peligro de perder el alma. Francisco de Sales, rebosante de bondad, es un mensaje que para liberar los temores, no apela al iluminismo ni a remedios vanos, sino al realismo y al sentido com�n del hombre; para los hombres de comienzos del siglo XVII se trata de una inmensa convocatoria a la esperanza.
Este mensaje y su eficaz puesta en pr�ctica muestran al hombre que la verdadera bondad humana procede de Dios y que, a la vez, la bondad de Dios es muy superior a toda bondad humana: ah� radica el secreto de la vida de Vicente y de Francisco. Su Dios es un Dios de ternura y de bondad; y al haberlo experimentado as�, desean expresarlo por medio de su propia vida. Francisco de Sales ser� para Vicente un punto de referencia constante. Por su parte, Francisco de Sales, que ha reconocido en Vicente, le pide que se haga cargo de la capellan�a de las Visitandinas de Par�s y de la direcci�n espiritual de Juana de Chantal.
Capell�n de las Galeras.
El capell�n general de las Galeras baja despu�s a Marsella, donde los galeotes son m�s numerosos, y se presenta "de inc�gnito" en el lugar en que est�n encerrados; aquello le impresiona terriblemente: es "el espect�culo m�s triste que se puede imaginar", "una verdadera imagen del infierno". "Herido, pues, por un sentimiento de compasi�n hacia aquellos miserables forzados, me impuse a m� mismo la obligaci�n de consolarles y asistirles lo mejor que pudiera".
Pero Vicente no se limita s�lo a buenas palabras, sino que pasa a la acci�n y se ocupa de mejorar en lo que puede las estructuras, como de costumbre. En el viaje que en 1623 realiza a Burdeos, donde se halla una flotilla de galeras se da a conocer como sacerdote a los galeotes; les dice, "os encontr�is en la m�s absoluta indigencia; os cre�is abandonados y rechazados por todos. Pero vuestro Padre de los Cielos os ama y os bendice".
Desde Burdeos, Vicente se dirige a su aldea natal, en las Landas. Los suyos habr�an deseado obtener alg�n provecho de Vicente. �ste les dice que no esperen nada de �l: "porque aun cuando poseyera cofres llenos de oro y plata, no les dar�a nada, porque todo cuanto posee un eclesi�stico se lo debe a Dios y a los pobres".
Vicente experimenta su profunda conversi�n en el momento en que se inicia en Europa una larga serie de conflictos. La guerra de los Treinta A�os, que comienza en 1618, es la conclusi�n l�gica de una enorme crisis acaecida en Europa, hab�a tenido origen en la oposici�n entre cat�licos y protestantes dentro del imperio germ�nico. La crisis ideol�gica del cristianismo que hab�a dado lugar a dos reformas antag�nicas (la de Lutero y Calvino por un lado, y la del Concilio de Trento por otro) hay que verla dentro del contexto general de la crisis del siglo XVI.
La doctrina elaborada en el Concilio de Trento, en contraste a la tesis protestante, rehabilitaba la naturaleza humana, y llevaba de un modo l�gico a insistir en los sacramentos. Por otra parte el Concilio ped�a a los sacerdotes que predicasen el Evangelio. La aplicaci�n de los decretos del Concilio requer�a tiempo, y puede observarse c�mo Vicente se referir� constantemente a ellos y se esforzar� para que sean puestos en pr�ctica.
Misioneros para la misi�n ante la devastaci�n de la guerra.
Todas las iglesias y los m�s santos misterios han sido profanados; los ornamentos saqueados, las pilas bautismales destrozadas, los sacerdotes asesinados, torturados u obligados a huir; las viviendas demolidas, las cosechas robadas, las tierras est�n sin labrar ni sembrar; el hambre y la mortandad son casi absolutas; los cad�veres se hallan sin sepultar, y en su mayor parte, sirven de pasto a los lobos. Los pobres que sobreviven a esta ruina se ven obligados a recoger por los campos los granos de trigo o de avena semipodridos. El pan que consiguen fabricar es como barro, y la vida que llevan es tan insana que m�s parece una muerte viviente.
Casi todos est�n enfermos, ocultos en miserables chozas o en cuevas a las que uno no sabe como llegar, la mayor parte tumbados en el suelo, desnudos o sobre paja podrida, sin m�s ropa que unos miserables harapos. Sus rostros ennegrecidos y desfigurados, m�s parecen rostros de fantasmas que de hombres".
Vicente env�a all� doce de sus sacerdotes para organizar la ayuda. No hab�a m�s que un modo de poner fin a la miseria de las poblaciones: la paz.
El camino de Vicente son los pobres, tanto espiritual como materialmente. "La Iglesia de Cristo no puede abandonar a los pobres. Ahora bien, hay diez mil sacerdotes en Par�s, mientras que en el campo los pobres se pierden en medio de una espantosa ignorancia". Vicente quiere sacerdotes para la "misi�n", para ser enviados a las zonas rurales.
La congregaci�n puede fundarse el 17 de abril de 1625. La Congregaci�n es reconocida un a�o m�s tarde por el Arzobispo de Par�s; los primeros misioneros firman su acta de asociaci�n el 4 de septiembre de 1626. Pero es entonces cuando comienzan las dificultades. El se�or Gondi , influenciado por B�rulle, pretende retirar el dinero que ha entregado para la fundaci�n. Saint-Cyran consigue disuadirle.
A pesar de todo, Roma, igualmente a instancias de B�rulle, se niega dos veces a dar su aprobaci�n a la Congregaci�n de la Misi�n. Habr� que esperar ocho largos a�os, hasta 1633, para conseguir dicha aprobaci�n.
Es precisamente en esta tarea de formaci�n de futuros sacerdotes en lo que piensa el Arzobispo de Par�s cuando, en 1631 ofrece a Vicente un conjunto de edificios mucho m�s importantes que el "College des Bons-Enfants": la antigua leproser�a de Saint-Lazare (que dar� a los sacerdotes de la Misi�n el nombre de Lazaristas).
Lo que desea el arzobispo es que Vicente contribuya a la reforma del sacerdocio y sirva a la formaci�n de los futuros sacerdotes. En el siglo XVII hay dos tipos de reformadores del clero, Vicente prefiere ante todo la formaci�n por la pr�ctica, sobre el terreno, seg�n el m�todo m�s experimental. Lo que a �l le preocupa es la situaci�n concreta de los sacerdotes.
Saint-Lazare viene a ser, m�s concretamente, un centro de encuentros. Cada martes se re�nen all� los sacerdotes, que se dedican a orar, a reflexionar y a escuchar a Vicente en sus famosas "conferencias de los martes"; entre el auditorio se hallan veintid�s futuros obispos, que de este modo reciben su formaci�n de los evang�licos labios de Vicente de Pa�l.
De 1630 a 1650 Francia atraviesa una �poca de guerras desastrosas para el pueblo sencillo. Vicente mira de frente las desgracias de su �poca, se niega a cerrar los ojos y lucha contra la miseria a brazo partido. Esta miseria impide a los hombres vivir como seres humanos. Si tomamos las cosas m�s elementales de la existencia, el nacimiento, por ejemplo, vemos que cada una de siete mujeres mor�a despu�s del parto.
Las que no se mor�an pasaban por el momento m�s grave, el per�odo post-parto: las fiebres y los problemas de infecci�n. Por otra parte un hecho que se repite constantemente: "Una gran cantidad de hu�rfanos que tienen que ser dejados a cargo de los que sobreviven, y que son adoptados durante un tiempo por la comunidad de la aldea o barrio, hasta que el padre contrae un nuevo matrimonio.
Fundaci�n de las Hijas de la Caridad.
As� pues, Vicente pide a una joven viuda de 38 a�os, Luisa de Marillac, a la que conoce desde hace cuatro a�os, que vaya a visitar, en 1629, un determinado n�mero de "charites". Una vez llegada al lugar donde se halla establecida una "charite", re�ne a las mujeres, examina con ellas los problemas que se plantean, ense�a a curar a los enfermos y a llevar una buena administraci�n; con autorizaci�n del p�rroco, re�ne a las j�venes de la parroquia y les da catequesis.
Y todo esto con unas condiciones f�sicas muy deficientes, pues era una mujer sumamente fr�gil y psicol�gicamente delicada, y con unos medios econ�micos a�n m�s escasos. Antes de enviarla, Vicente la hab�a formado por cuatro a�os, instruy�ndola en la alegr�a y en el suave dominio de s� misma, as� como en la aceptaci�n de las contrariedades y el abandono en manos de la providencia de Dios: "S�guele -le dec�a-, no trates de anticiparte a "�l".
El resultado de la actividad de Luisa es que, tanto ella como Vicente, constatan que todo marcha perfectamente. En el siglo XVII se hab�an producido una verdadera conmoci�n religiosa. Muy en particular las mujeres se sent�an atra�das por la vida conventual, y surg�an numerosas fundaciones. �A qu� se deb�a �sto?. Muchas son fundadas por j�venes o viudas de la nobleza, las cuales ten�an suficiente dinero para comprar el convento e instalarse.
Vicente desea que sus "Hijas de la Caridad" est�n en el mundo. Pero no es cosa f�cil lograrlo. Las "Hijas de la Caridad" ser�n religiosas sin h�bito, sin velo, sin votos solemnes; de ellas sol�a decir con su habitual encanto:
Para llevar a cabo su programa, Vicente se apoya decididamente n� ya en las damas de familias capaces de aportar grandes dotes, sino en las sencillas aldeanas. Los comienzos son muy modestos: se trata de cuatro j�venes confiadas por Vicente, el 29 de noviembre de 1633 a Marguerite Nasseau, la cual recibe en su casa y las pone a trabajar en el peque�o hospital que ella misma hab�a fundado.
Se encarga a Luisa de Marillac que las ense�e a ser enfermeras y las instruya en la vida espiritual. Luisa y Vicente las preparan para poder atender a todo tipo de personas necesitadas: ni�os y ancianos, locos y presidiarios, y a toda clase de pobres.
Espiritualidad.
Pero este amor efectivo es para �l el mas peque�o de los dos, es el amor de los comienzos; y compara los dos amores con dos hijos de un mismo padre; pero resulta que el amor efectivo "es el hijo peque�o al que el padre acaricia, con quien se entretiene jugando y cuyos balbuceos le encanta o�r"; pero el amor efic�z, es mucho mayor; es un hombre de veinticinco o treinta a�os, due�o de su voluntad, que va adonde le place y regresa cuando quiere, pero que a pesar de ello, se ocupa de los asuntos familiares".
Vicente insiste mucho en este segundo amor y en el "quehacer" que conlleva: "Si hay alguna dificultad, es el hijo quien la soporta; si el padre es labrador, el hijo cuidar� que est�n en orden las tierras y arrimar� el hombro". En este segundo amor apenas se siente que se es amado y se ama: "Parece como si el padre no sintiera por el hijo ninguna ternura y no le amar�".
Sin embargo -afirma Vicente-, a este hijo mayor el padre "le ama m�s que al peque�o". Y a�ade Vicente: "Hay entre vosotras algunas que no sienten a Dios en absoluto, que jam�s le han sentido, que no saben lo que es sentir gusto en la oraci�n, que no tienen la menor devoci�n, o al menos as� lo creen... Hacen lo que hacen las dem�s, y lo hacen con un mayor que es tanto m�s fuerte cuanto menos lo sienten. �ste es el amor eficaz que no deja de actuar, a�n cuando no se deje ver".
Vicente quiere que se pase al amor eficaz, porque teme la nostalgia propia de las resoluciones demasiado generales y de las efusiones afectivas; a prop�sito de las resoluciones, puestas incluso por escrito por una determinada dama, escribe a Luisa de Marillac que tales resoluciones le parecen "buenas", pero que le "parecer�an a�n mejores s� (la tal dama) descendiera un poco m�s a lo concreto", porque lo importante para �l son los actos, mientras que "lo dem�s no es sino producto del esp�ritu, que habiendo hallado cierta facilidad y hasta cierta dulzura en la consideraci�n de una virtud, se deleita con el pensamiento de ser virtuosos"; es preciso, pues, llegar a los "actos" porque, de lo contrario, se queda uno en la "imaginaci�n".
Para Vicente la oraci�n es lo primero; era muy pr�ctico, pero esa pr�ctica se fundamentaba en una profunda intimidad con Jesucristo, o sea, en la vida interior de oraci�n.
Vicente era enemigo de la actividad compulsiva. Si dio mucho fruto es porque utilizaba muy bien el tiempo guiado, y mov�a sus velas por la fuerza del Esp�ritu Santo. A partir de 1645 dicta o redacta personalmente unas diez cartas por d�a, tiene dos secretarios, sigue de cerca la actividad de todas las casas de caridad y de todos los sacerdotes de la Misi�n; afluyen las vocaciones y se abren nuevas casas en G�nova, Tur�n y Roma.
En 1646 se funda una casa en Argel (donde estallar� la peste en 1647) y se pide a la congregaci�n que acuda a Marruecos; aquel mismo a�o se env�an sacerdotes a Irlanda y Escocia. En 1648 va un grupo de misioneros a Madagascar. En 1651 parte un grupo para Polonia. En 1660, justamente antes de su muerte, Vicente concibe un proyecto de misiones en Am�rica y en China.
Entre 1650 y 1660 son particularmente tres regiones de Francia las que perciben mayor ayuda: la Ile-de-France, la Champagne y la Picardie, cuyas provincias han sido saqueadas y desvastadas por los soldados. A partir de 1652 las consecuencias de la guerra afectan a todas las familias de Francia. Pero Vicente prosigue su actividad sin descanso, entregando siempre toda su persona. Lo �nico que exig�a a los suyos era bondad, constancia y dulzura.
En 1660 Vicente tiene setenta y nueve a�os. Desde aquel lejano d�a de 1617 en que decidi� ponerse al servicio de los pobres, es decir, durante 43 a�os, no dej� de consumirse por ellos. Su horario era invariable: se levantaba a las cuatro de la ma�ana y se acostaba a las nueve de la noche; la jornada consist�a en tres horas de oraci�n, tres horas y media de lo que �l llamaba "varios", y nueve horas y media de trabajo. Su vida estuvo constantemente marcada por ese trabajo pausado, regular y porfiado que recordaba el trabajo de los campesinos de su �poca, los campesinos entre los que hab�a nacido.
Vicente hab�a tenido la tentaci�n de llevar una vida distinta de esta vida de trabajo. Hasta los 36 a�os no se convirti� al servicio de los pobres y a esta clase de vida. En el siglo XVII los hombres se divid�an en dos clases: los que pod�an permitirse vivir sin trabajar, y la inmensa mayor�a de los dem�s. Vicente estuvo a punto de optar por quedarse al otro lado de la barrera. Pose�a una buena cabeza, y con su inteligencia hubiera podido llegar a ser un beneficiario. Pero el amor a Cristo reflejado en los pobres lo movi� a decidirse por el Evangelio.
El 18 de abril de 1659, un a�o antes de su muerte, Vicente escribe una largas consideraciones sobre la humildad, que presenta como la primera cualidad de un sacerdote de la Misi�n.
Entre julio y septiembre de 1644 se teme por su vida, pero sale bien, aunque se le prohibe montar a caballo; ten�a las piernas inflamadas y ten�a que caminar con un bast�n. En el invierno de 1658 y 1660 el fr�o vuelve a abrir las llagas de sus piernas, y poco a poco se ve forzado a permanecer inm�vil. Se queda en Saint-Lazare, en medio de los pobres.
Su coraz�n y su esp�ritu se mantienen totalmente despiertos, pero en septiembre las piernas vuelven a supurar y el est�mago no admite ya el menor alimento. El 26 de septiembre, domingo, lo llevan a la capilla, donde asiste a Misa y recibe comuni�n. Por la tarde se encuentra totalmente l�cido cuando se le administra la extremaunci�n; a la una de la ma�ana bendice por �ltima vez a los sacerdotes de la Misi�n, a las Hijas de la Caridad, a los ni�os abandonados y a todos los pobres. Est� sentado en su silla, vestido y cerca del fuego. As� es como muere el 27 de septiembre de 1660, poco antes de las cuatro de la ma�ana, a la hora que sol�a levantarse para servir a Dios y a los pobres. Multitudes hab�an conocido los beneficios de su caridad.
San Vicente fue consejero de gobernantes y verdadero amigo de los pobres. "Monsieur Vincent", como se le llamaba, estimulaba y guiaba la actividad de Francia en favor de todas las pobrezas: envi� misioneros a Italia, Irlanda, Escocia, T�nez, Argel, Madagascar, as� como a Polonia donde luego fueron las Hijas de la Caridad. Se rode� de numerosos colaboradores, sacerdotes y seglares, y en nombre de Jesucristo los puso al servicio de los que sufren.
Fue proclamado Santo por el Papa Clemente XII, el 16 de junio de 1737. Su fiesta se celebra el 27 de septiembre.
En 1712, 52 a�os m�s tarde, su cuerpo fue exhumado por el Arzobispo de Par�s, dos obispos, dos promotores de la fe, un doctor, un cirujano y un n�mero de sacerdotes de su orden, incluyendo al Superior General, Fr. Bonnet, estuvieron presentes.
La obra de Vicente sigue viva.
La Congregaci�n de Hijas de la Caridad se extendi� por todo el mundo hasta el punto que, en 1965 contaba con 46,000 hermanas. A lo largo de los siglos han prestado ayuda a millones de personas desgraciadas: ni�os abandonados, hu�rfanos, enfermos, heridos, refugiados, presidiarios, etc.
Biograf�a
Fiesta: 27 de septiembre
Patr�n: de obras de caridad, art�culos perdidos, trabajadores sociales, voluntarios.
Nace el 2 de abril de 1581, en Ranquine, cerca de Dax, en el S.O. de Francia. Tercer hijo del campesino Juan de Pa�l. Los hijos de los campesinos del siglo XVI apenas ten�an tiempo para divertirse; ya desde muy j�venes se ve�an obligados a trabajar. Vicente, llevaba a pastar el ganado: las ovejas, las vacas, los cerdos. Vicente sal�a todos los d�as, descalzo y con humildes provisiones.
B�rulle deseaba que Vicente ingresara en el Oratorio, pero Vicente por diferentes razones no acepta, en cambio acepta la proposici�n de reemplazar en su puesto a un sacerdote que desea ingresar en el Oratorio; y de ese modo, en mayo de 1612, Vicente toma posesi�n de la parroquia de "Clichy la Garenne", a una legua de Par�s. Se trata de una parroquia de 600 habitantes, de car�cter semirural, habitada sobretodo por hortelanos, donde Vicente se encuentra a gusto. All� ense�a el catecismo, repara el mobiliario de la Iglesia. Hace doce a�os que es sacerdote y es la primera vez que ejerce un ministerio sacerdotal.
B�rulle que sigue so�ando con grandes cosas para Vicente, hace que lo nombren preceptor de la ilustre familia de Gondi, Phillipe de Gondi, sobrino del Arzobispo de Par�s. Vicente llega all� en Septiembre de 1613: "Me alej� con pena de mi peque�a iglesia de Clichy", escribe a un amigo.
A comienzos de 1617, visita Vicente a un moribundo en Gannes, en el distrito del Oise, cerca del palacio de los Gondi; aquel hombre, que ten�a fama de ser un hombre de bien, revel� a Vicente unos pecados que jam�s se hab�a atrevido a confesar a su p�rroco, tanto por verg�enza como por amor propio. El moribundo que experimentaba una extrema soledad moral, que padec�a la noche, el fr�o y la imposibilidad de hablar con Dios, era un hombre cerca de la muerte, sin haber encontrado una mirada sacerdotal lo bastante dulce y lo bastante humana para poder salirse de s� mismo y atreverse a creer en la ternura de Dios.
Vicente pone manos a la obra y muy pronto, el 23 de agosto, lee ante unas cuantas mujeres cuyo coraz�n se ha visto afectado igual que el suyo por aquella miseria, un texto que constituye todo un programa de ayuda a los enfermos. Dicho texto servir� de modelo, en adelante, a todos los posteriores textos fundacionales de las "Confr�ries de Charit�" (Hermandades de Caridad). Las Cofrad�as se multiplicaron, hoy en algunos pa�ses se les llama "equipos de San Vicente".
Vicente no quiere permanecer por m�s tiempo con los Gondi y as� se lo hace saber a B�rulle en mayo de 1617. Se traslada el 1� de agosto de aquel mismo a�o a una peque�a parroquia entre Lyon y Ginebra, en la regi�n de Bresse: Chatillon-des-Dombes, donde ejerce como p�rroco.
Los Gondi, y con ellos B�rulle, desean que Vicente se reintegre a su puesto y resuma sus funciones de capell�n y preceptor. Lo llaman a Par�s. Vicente llega a casa de los Gondi la v�spera de Navidad de 1617, tras un a�o decisivo en el que ha encontrado su camino, el camino de la compasi�n y la ternura para con quienes se hallan sumidos en el abandono. Utilizando su puesto como base de operaciones, empieza a establecer sus peque�as asociaciones de caridad.
No es posible entender el entusiasmo que despierta Francisco de Sales en Par�s y en todas partes si no se tiene en cuenta la situaci�n de Europa en estos comienzos del siglo XVII.
En 1619, Vicente es nombrado capell�n general de las Galeras, de las que es responsable el se�or de Gondi. Los galeotes son entonces los m�s pobres de entre los pobres. Vicente les visita primero en las mazmorras de La Conciergerie (antigua prisi�n de Par�s), encuentra all� a hombres dominados por el odio y la desesperaci�n; y pide y obtiene de M. de Gondi que se les conceda un trato m�s humano.
Se suceden guerras, se triplican los impuestos y los pobres siempre son los perdedores. La miseria es espantosa. Un sacerdote de la Misi�n que acaba de llegar a Champagne escribe a Vicente: "No hay lengua que pueda decir, ni pluma capaz de expresar, ni o�do que se atreva a escuchar lo que hemos contemplado desde los primeros d�as de nuestra estancia en estas tierras".
Y Vicente no lo duda un momento: se atreve a enfrentarse a Richelieu y pedirle en�rgicamente que ponga t�rmino a tan enormes conflictos.
En julio de 1628 el obispo de Beauvais pide a Vicente que acuda all� en septiembre a dar un retiro a los futuros sacerdotes.
En 1617 comenz� Vicente a fundar sus "charites". Unas se encargan de atender a los mendigos, otras se ocupan de las epidemias, otras lucharan contra el contagio de la peste, otras se dedicaran a otras calamidades.
Las "charites" se multiplican; hab�a que velar por ellas y coordinarlas dentro de un mismo esp�ritu.
"Tendr�n por monasterio las casas de los enfermos y la residencia de la superiora; por celda, una habitaci�n alquilada; por capilla, la iglesia parroquial; por claustro, las calles de la ciudad; por clausura, la obediencia continua en la Providencia y la ofrenda de todo cuanto son". En aquella �poca no le quedaban alternativas ya que las relgiosas eran de clausura.
La espiritualidad de Vicente posee la solidez del coraz�n que la vive sin reservas. Podemos ver la expresi�n de esta espiritualidad en una conferencia que da el 19 de septiembre de 1649 a las Hijas de la Caridad, donde concreta y analiza "los dos amores": el amor afectivo y el amor eficaz. El primero es "la ternura hacia las cosas que se ama", "la ternura del amor". Este amor, dir� m�s tarde, hace que uno se vuelva hacia Cristo "tierna y afectuosamente, como un ni�o que no puede separarse de su madre y grita: �mam�!, cuando la ve alejarse" (notemos que Vicente habla aqu� de Cristo como una madre).
Vicente encuentra en su camino a los jansenistas. Jansenio hab�a comenzado a escribir su Augustinus en 1628; Roma lo condena en 1641; pero Vicente, antes incluso de esta condena, ya hab�a tomado postura contra el jansenismo. En lugar de ponerse en tensi�n y tratar de que Dios se adapte a unos determinados moldes para el alma, Vicente, en oposici�n a los jansenistas, no dejar� de proponer abandonarse tranquilamente a Dios. La gracia tiene sus momentos. Abandon�monos a la Providencia de Dios y guard�monos muy mucho de anticiparnos a ella.
En julio de 1660 se ve obligado a guardar cama. Toda su vida hab�a sido una persona fuerte y robusta; el t�pico campesino de peque�a estatura, media 1 metro y 62 cent�metros, pose�a una enorme resistencia, como si estuviera hecho de cal y canto.
"Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se deposit�. Solamente en los ojos y nariz se ve�a algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes. Su cuerpo no hab�a sido movido, se ve�a que estaba entero y que la sotana no estaba nada da�ada. No se sent�a ning�n olor y los doctores testificaron que el cuerpo no hab�a podido ser preservado por tanto tiempo por medios naturales.
Vicente fue sobre todo el hombre que, al conseguir espolear el clero, renov� la Iglesia francesa. La Congregaci�n de los "Paules" se convirti� en la orden m�s vigorosa en Francia antes de la revoluci�n francesa, con 6,000 miembros repartidos en 40 provincias.