
Virgen de la Medalla Milagrosa
En el a�o 1830 la Virgen se apareci� en Par�s a Santa Catalina Labour� para darnos dos mensajes: el primero, decirnos que fue concebida sin pecado, Inmaculada. El segundo, para regalarnos su tercera arma de Madre, su "medalla milagrosa". Las dos primeras armas eran el Rosario y el Escapulario, a Santo Domingo en Espa�a, y a San Sim�n Stock en Londres, en 1205 y 1251.
Es muy significativa, porque es la primera aparici�n moderna de la Virgen despu�s de Guadalupe, luego de 300 a�os.
Catalina Labour� era la novena de 11 hermanos, y desde ni�a quer�a ver a su �ngel de la Guarda y a la Virgen. A los 24 a�os se hizo Hija de la Caridad de San Vicente de Paul, y ese mismo a�o, el 18 de julio de 1830, cuando dorm�a, se le apareci� el �ngel de la Guarda dici�ndole que la Virgen la esperaba en la Capilla... y all� estaba la Virgen sentada en la silla del coro, y Catalina recost� su cabeza sobre el regazo de Mar�a.
Le dijo que los tiempos eran malos, que vendr�a una revoluci�n, habr�a muchos sufrimientos, y el Rey de Francia ser�a destronado, pero que Ella derramar�a muchas gracias a todo el que se lo pidiera ante aquel altar. Las profec�as se cumplieron en una semana, con una revoluci�n similar a la gran revoluci�n francesa, y el Rey fue destronado, con innumerables muertos.
La segunda aparici�n fue el 27 de Noviembre, cuando rezaba con toda la comunidad, aunque ella sola tuvo la visi�n. La Virgen se apareci� sobre un globo que representa a la Tierra, con muchos rayos que salen de la manos, representando las gracias que nos quiere dar en cuanto se las pidamos.
Entonces le dio su "Medalla Milagrosa", que tiene en una lado su imagen, con la inscripci�n "Oh Mar�a concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a t�"; del otro lado tiene los dos corazones de Jes�s y Mar�a, la letra M, entrelazada con la cruz, y doce estrellas representando los 12 ap�stoles, la Iglesia.
Le orden� que le pidiera s�lo a su confesor que imprimiera muchas medallas. Pero el confesor no quer�a, entonces tuvo otras cinco apariciones similares, para que siguiera animando al confesor. Al fin, dos a�os despu�s, se imprimi� la Medalla, y se reportaron tantos milagros, gracias, conversiones y sanaciones, que en cinco a�os se imprimieron 10 millones de medallas.
En cuanto a la Inmaculada, el ser concebida sin pecado, fue declarado dogma de fe 24 a�os despu�s, en 1854, por el Papa P�o IX; y en Lourdes la Virgen se apareci� 4 a�os despu�s, en 1858, diciendo "Yo soy la Inmaculada Concepci�n".
La Medalla organiz� un gran alboroto en todo el mundo con tantos reportes de maravillas y gracias recibidas, pero nadie supo que la Virgen la hab�a dado a trav�s de Santa Catalina hasta despu�s de muerta.
S�lo lo sab�a su confesor, ni siquiera las hermanas del convento, nunca supieron nada de sus apariciones. Santa Catalina Labour� vivi� 45 a�os como Hermana de la Caridad de San Vicente de Paul, cuidando enfermos ancianos en trabajos muy humildes, en la comunidad de Reuilly, Par�s. Si alguna vez va a 140 Rue de Bac, en Par�s, a una cuadra est� el cuerpo de San Vicente de Paul, tambi�n incorrupto.
Las apariciones
Santa Catalina Labour�
Devoci�n
Fiesta: 27 de noviembre
Patrona: de Francia, sanaciones, para curar enfermedades.
El 1830 es un a�o clave: tiene lugar en Par�s la primera aparici�n moderna de la Virgen Sant�sima. Comienza lo que P�o XII llam� la "era de Mar�a", una etapa de repetidas visitaciones celestiales. Entre otras: La Salette, Lourdes, F�tima. Y como en su visita a Santa Isabel, siempre viene para traernos gracia, para acercarnos a Jes�s, el fruto bendito de su vientre. Tambi�n para recordarnos el camino de salvaci�n y advertirnos las consecuencias de optar por otros caminos.
Catalina naci� el 2 de mayo de 1806, en Fain-les-Moutiers, Borgo�a (Francia). Entr� a la vida religiosa con la Hijas de la Caridad el 22 de enero de 1830, y despu�s de tres meses de postulante, el 21 de abril, fue trasladada al noviciado de Par�s, en la Rue du Bac 140.

El Coraz�n de San Vicente
La novicia estaba presente cuando trasladaron los restos de su fundador, San Vicente de Paul, a la nueva iglesia de los Padres Paules a s�lo unas cuadras de su noviciado. El brazo derecho del Santo fue a la capilla del noviciado. En esta capilla, durante la novena, Catalina vio el coraz�n de San Vicente en varios colores.
De color blanco, significando la uni�n que deb�a existir entre las congregaciones fundadas por San Vicente. De color rojo, significando el fervor y la propagaci�n que hab�an de tener dichas congregaciones. De color rojo oscuro, significando la tristeza por el sufrimiento que ella padecer�a. Oy� interiormente una voz: "El coraz�n de San Vicente est� profundamente afligido por los males que van a venir sobre Francia".
La misma voz a�adi� un poco m�s tarde: "El coraz�n de San Vicente est� mas consolado por haber obtenido de Dios, a trav�s de la intercesi�n de la Sant�sima Virgen Mar�a, el que ninguna de las dos congregaciones perezca en medio de estas desgracias, sino que Dios har� uso de ellas para reanimar la fe".
Visiones del Se�or en la Eucarist�a
Durante los 9 meses de su noviciado en la Rue du Bac, sor Catalina tuvo tambi�n la gracia especial de ver todos los d�as al Se�or en el Sant�simo Sacramento. El domingo de la Sant�sima Trinidad, 6 de junio de 1830, el Se�or se mostr� durante el evangelio de la misa como un Rey, con una cruz en el pecho.
De pronto, los ornamentos reales de Jes�s cayeron por tierra, lo mismo que la cruz, como unos despojos desperdiciables. "Inmediatamente (escribi� sor Catalina) tuve las ideas m�s negras y terribles: que el Rey de la tierra estaba perdido y ser�a despojado de sus vestiduras reales. S�, se acercaban cosas malas".
Catalina sue�a con ver a la Virgen
El domingo 18 de Julio de 1830, v�spera de la fiesta de San Vicente de Pa�l, la maestra de novicias les hab�a hablado sobre la devoci�n a los santos, y en particular a la Reina de todos ellos, Mar�a Sant�sima. Sus palabras, impregnadas de fe y de una ardiente piedad, avivaron en el coraz�n de Sor Laboure el deseo de ver y de contemplar el rostro de la Sant�sima Virgen.
Como era la v�spera de San Vicente, les hab�an distribuido a cada una un pedacito de lienzo de un roquete del Santo. Catalina se lo trag� y se durmi� pensando que San Vicente, junto con su �ngel de la guarda, le obtendr�an esa misma noche la gracia de ver a la Virgen como era su deseo.
Precisamente, los anteriores favores recibidos en las diversas apariciones de San Vicente a Sor Catalina alimentaban en su coraz�n una confianza sin l�mites hacia su bienaventurado padre, y su candor y viva esperanza no la enga�aron. "La confianza consigue todo cuanto espera" (San Juan de la Cruz).
El �ngel la despierta
Todo era silencio en la sala donde dorm�a Sor Catalina, y cerca de las 11:30 pm oy� que por tres veces la llamaban por su nombre. Se despert�, y apartando un poco las cortinas de su cama mir� hacia el lado que ven�a la voz, y vio entonces un ni�o vestido de blanco, que parec�a tener como cuatro o cinco a�os, y el cual le dijo: "Lev�ntate pronto y ven a la capilla; la Sant�sima Virgen te espera".
Sor Catalina vacila, teme ser vista por las otras novicias; pero el ni�o responde a su preocupaci�n interior y le dice: "No temas, son las 11:30 p.m.; todas duermen muy bien. Ven, yo te aguardo".
Ella no se detiene ni un momento, se viste apurada y se pone a disposici�n de su misterioso gu�a, "que permanec�a de pie sin separarse de la columna de su lecho."
Vestida Sor Catalina, el ni�o comienza a andar y ella lo sigue, marchando a "su lado izquierdo". Por donde quiera que pasaban las luces se encend�an. El cuerpo del ni�o irradiaba vivos resplandores y a su paso todo quedaba iluminado. Al llegar a la puerta de la capilla la encuentra cerrada, pero el ni�o toca la puerta con su dedito y aquella se abri� al instante.
Dice Catalina: "Mi sorpresa fue m�s completa cuando, al entrar a la capilla, vi encendidas todas las velas y los cirios, lo que me recordaba la Misa de media noche". (todav�a ella no ve a la Virgen).
El ni�o la llev� al presbiterio, junto al sill�n destinado al P. Director, donde sol�a predicar a las Hijas de la Caridad, y all� se puso de rodillas, y el ni�o permaneci� de pie todo el tiempo a su lado derecho.
La espera le pareci� muy larga, ya que con ansia deseaba ver a la Virgen. Ella miraba con cierta inquietud hacia la tribuna derecha, por si las hermanas de vela, que sol�an detenerse para hacer un acto de adoraci�n, la ve�an. Por fin lleg� la hora deseada, y el ni�o le dijo: "Ved aqu� a la Virgen, vedla aqu�".
Sor Catalina oy� como un rumor, como el roce de un traje de seda, que part�a del lado de la tribuna, junto al cuadro de San Jos�. Vio que una Se�ora de extremada belleza atravesaba majestuosamente el presbiterio, fue a sentarse en un sill�n sobre las gradas del altar mayor, al lado del Evangelio.
Sor Catalina en el fondo de su coraz�n dudaba si verdaderamente estaba o no en presencia de la Reina de los Cielos, pero el ni�o le dijo: "Mira a la Virgen". Le era casi imposible describir lo que experimentaba en aquel instante, lo que pas� dentro de ella, y le parec�a que no ve�a a la Sant�sima Virgen.
Entonces el ni�o le habl�, no como ni�o, sino como el hombre m�s en�rgico y con palabras muy fuertes: "�Por ventura no puede la Reina de los Cielos aparecerse a una pobre criatura mortal en la forma que m�s le agrade?". "Entonces, mirando a la Virgen, me puse en un instante a su lado, me arrodill� en el presbiterio, con las manos apoyadas en las rodillas de la Sant�sima Virgen".
"All� pas� los momentos m�s dulces de mi vida; me ser�a imposible decir lo que sent�. Ella me dijo c�mo deb�a portarme con mi director, la manera de comportarme en las penas y acudir (mostr�ndome con la mano izquierda) a arrojarme al pie del altar y desahogar all� mi coraz�n, pues all� recibir�a todos los consuelos de que tuviera necesidad. Entonces le pregunt� que significaban las cosas que yo hab�a visto, y Ella me lo explic� todo".
Instrucciones de la Sant�sima Virgen
Fueron muchas las confidencias que Sor Catalina recibi� de los labios de Mar�a Sant�sima, pero jam�s podremos conocerlas todas, porque respecto a algunas de ellas, le fue impuesto el m�s absoluto secreto. La Virgen le dio algunos consejos para su particular provecho espiritual:
1- C�mo deb�a comportarse con su director (humildad profunda y obediencia). �sto a pesar de que su confesor, el padre Juan Mar�a Aladel, no crey� sus visiones y le dijo que las olvidara.
2- La manera de comportarse en las penas, (paciencia, mansedumbre, gozo).
3- Acudir siempre (mostr�ndole con la mano izquierda) a arrojarse al pie del altar y desahogar su coraz�n, pues all� recibir�a todos los consuelos de que tuviese necesidad. (coraz�n indiviso, no consuelos humanos).
La Virgen tambi�n le explic� el significado de todas las apariciones y revelaciones que hab�a tenido de San Vicente y del Se�or.
Luego continu� dici�ndole:
"Dios quiere confiarte una misi�n; te costar� trabajo, pero lo vencer�s pensando que lo haces para la gloria de Dios. Tu conocer�s cu�n bueno es Dios. Tendr�s que sufrir hasta que lo digas a tu director. No te faltaran contradicciones; m�s te asistir� la gracia, no temas. H�blale a tu director con confianza y sencillez, ten confianza, no temas. Ver�s ciertas cosas, d�celas. Recibir�s inspiraciones en la oraci�n".
"Los tiempos son muy calamitosos. Han de llover desgracias sobre Francia. El trono ser� derribado. El mundo entero se ver� afligido por calamidades de todas clases (al decir �sto la Virgen estaba muy triste). Venid a los pies de este altar, donde se prodigar�n gracias a todos los que las pidan con fervor; a todos, grandes y peque�os, ricos y pobres".
"Deseo derramar gracias sobre tu comunidad, lo deseo ardientemente. Me causa dolor el que haya grandes abusos en la observancia, el que no se cumplan las reglas, el que haya tanta relajaci�n en ambas comunidades a pesar de que hay almas grandes en ellas. D�celo al que est� encargado de t�, aunque no sea el superior. Pronto ser� puesto al frente de la comunidad. �l deber� hacer cuanto pueda para restablecer el vigor de la regla. Cuando �sto suceda otra comunidad se unir� a las de ustedes".
"Vendr� un momento en que el peligro ser� grande; se creer� que todo est� perdido; entonces yo estar� contigo, ten confianza. Reconocer�s mi visita y la protecci�n de Dios y de San Vicente sobre las dos comunidades. M�s no ser� lo mismo en otras comunidades, en ellas habr� v�ctimas (con l�grimas en los ojos). El clero de Par�s tendr� muchas v�ctimas. Morir� el se�or Arzobispo".
"Hija m�a, ser� despreciada la cruz, y el Coraz�n de mi Hijo ser� otra vez traspasado; correr� la sangre por las calles (la Virgen no pod�a hablar del dolor, las palabras se anudaban en su garganta; con semblante p�lido). El mundo entero se entristecer�".
Ella piensa: �cu�ndo ocurrir� �sto? y una voz interior asegura: cuarenta a�os y diez y despu�s la paz.
La Virgen, despu�s de estar con ella unas dos horas, desaparece de la vista de Sor Catalina como una sombra que se desvanece. En esta aparici�n la Virgen le comunica una misi�n que Dios le quiere confiar. La prepara con sabios consejos para que hable con sumisi�n y confianza a su director.
Le anuncia futuros eventos para afianzar la fe de aquellos que pudieran dudar de la aparici�n. Le regala una relaci�n familiar de madre-hija: la ve, se acerca a ella, hablan con familiaridad y sencillez, la toca y la Virgen no s�lo consiente, sino que se sienta para que Catalina pueda aproximarse hasta el extremo de apoyar sus brazos y manos en las rodillas de la Reina del Cielo.
Todas las profec�as se cumplieron
1-la misi�n de Dios pronto le fue indicada con la revelaci�n de la Medalla Milagrosa.
2-una semana despu�s de esta aparici�n estallaba la revoluci�n. Los revoltosos ocupaban las calles de Par�s, saqueos, asesinatos, y finalmente era destronado Carlos X, sustituido por el "rey ciudadano" Luis Felipe I, gran maestro de la masoner�a.
3-El P. Aladel (director) es nombrado en 1846 Director de las Hijas de la Caridad, establece la observancia de la regla y hacia la d�cada del 60 otra comunidad femenina se une a las Hijas de la Caridad.
4-En 1870 (a los 40 a�os) lleg� el momento del gran peligro, con los horrores de la Comuna y el fusilamiento del Arzobispo Mons. Darboy y otros muchos sacerdotes.
5- S�lo queda por cumplir la �ltima parte.
Aparici�n del 27 de noviembre del 1830.
La tarde del 27 de Noviembre de 1830, un s�bado v�spera del primer domingo de Adviento, en la capilla, estaba Sor Catalina haciendo su meditaci�n, cuando le pareci� o�r el roce de un traje de seda que le hace recordar la aparici�n anterior.
Aparece la Virgen Sant�sima, vestida de blanco con mangas largas y t�nica cerrada hasta el cuello. Cubr�a su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura ca�a por ambos lados hasta los pies. Cuando quiso describir su rostro s�lo acert� a decir que era la Virgen Mar�a en su mayor belleza.
Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que �nicamente se ve�a la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del coraz�n sosten�an otro globo peque�o de oro, coronado por una crucecita.
La Sant�sima Virgen manten�a una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al cielo y a veces a la tierra. De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circund�ndola en este momento de tal claridad, que no era posible verla.
Ten�a tres anillos en cada dedo; el m�s grueso junto a la mano, uno de tama�o mediano en el medio, y uno m�s peque�o en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos sal�an los rayos, que se alargaban hacia abajo, llenaban toda la parte baja.
Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, Ella la mir� y dijo a su coraz�n: "Este globo que ves (a los pies de la Virgen) representa al mundo entero, especialmente Francia y a cada alma en particular. Estos rayos simbolizan las gracias que yo derramo sobre los que las piden. Las perlas que no emiten rayos son las gracias de las almas que no piden".
Con estas palabras La Virgen se da a conocer como la mediadora de las gracias que nos vienen de Jesucristo. El globo de oro (la riqueza de gracias) se desvaneci� de entre las manos de la Virgen. Sus brazos se extendieron abiertos, mientras los rayos de luz segu�an cayendo sobre el globo blanco de sus pies.
La Medalla Milagrosa
En este momento se apareci� una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareci� escrita la siguiente invocaci�n: "Mar�a sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti".
Estas palabras formaban un semic�rculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Sant�sima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda.
Oy� de nuevo la voz en su interior: "Haz que se acu�e una medalla seg�n este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibir�n grandes gracias. Las gracias ser�n m�s abundantes para los que la lleven con confianza".

La aparici�n, entonces, dio media vuelta y qued� formado en el mismo lugar el reverso de la medalla. En �l aparec�a una M, sobre la cual hab�a una cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los corazones de Jes�s y de Mar�a, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno hab�a doce estrellas.
La misma aparici�n se repiti�, en las mismas circunstancias, hacia el fin de diciembre de 1830 y a principios de enero de 1831. La Virgen dijo a Catalina: "En adelante, ya no me ver�s hija m�a, pero oir�s mi voz en la oraci�n".
Un d�a que Sor Catalina estaba inquieta por no saber que inscripci�n poner en el reverso de la medalla, durante la oraci�n, la Virgen le dijo: "La M y los dos corazones son bastante elocuentes".
S�mbolos de la Medalla y mensaje espiritual.
En el Anverso:
-Mar�a aplastando la cabeza de la serpiente que est� sobre el mundo. Ella, la Inmaculada, tiene todo poder en virtud de su gracia para triunfar sobre Satan�s.
-El color de su vestuario y las doce estrellas sobre su cabeza: la mujer del Apocalipsis, vestida del sol.
-Sus manos extendidas, transmitiendo rayos de gracia, se�al de su misi�n de madre y mediadora de las gracias que derrama sobre el mundo y a quienes pidan.
-Jaculatoria: dogma de la Inmaculada Concepci�n (antes de la definici�n dogm�tica de 1854). Misi�n de intercesi�n, confiar y recurrir a la Madre.
-El globo bajo sus pies: Reina del cielo y la tierra.
-El globo en sus manos: el mundo ofrecido a Jes�s por sus manos.
En el reverso:
-La cruz: el misterio de redenci�n, precio que pag� Cristo. Obediencia, sacrificio, entrega.
-La M: s�mbolo de Mar�a y de su maternidad espiritual.
-La barra: es una letra del alfabeto griego, "yota" o I, que es monograma del nombre, Jes�s.
Agrupados ellos: La Madre de Jesucristo Crucificado, el Salvador.
-Las doce estrellas: signo de la Iglesia que Cristo funda sobre los ap�stoles y que nace en el Calvario de su coraz�n traspasado.
-Los dos corazones: la corredenci�n. Unidad indisoluble. Futura devoci�n a los dos y su reinado.
Nombre:
La Medalla se llamaba originalmente: "de la Inmaculada Concepci�n", pero al expandirse la devoci�n y haber tantos milagros concedidos a trav�s de ella, se le llam� popularmente "La Medalla Milagrosa".

Conversi�n de Ratisbone:
Alfonso Ratisbone era abogado y banquero, jud�o, de 27 a�os. Ten�a gran odio hacia los cat�licos porque su hermano Teodoro se hab�a convertido y ordenado sacerdote, ten�a como insignia la Medalla Milagrosa y luchaba por la conversi�n de los jud�os.
Alfonso pensaba casarse poco despu�s con una hija de su hermano mayor, Flora, diez a�os menor que �l, cuando en enero de 1842, haciendo un viaje de turismo a N�poles y Malta, por una equivocaci�n de trenes lleg� a Roma. Aqu� se crey� en la obligaci�n de visitar a un amigo de la familia, el bar�n Teodoro de Bussiere, protestante convertido al catolicismo.
El bar�n lo recibi� con toda cordialidad y se ofreci� a ense�arle Roma. En una reuni�n donde Ratisbone hablaba horrores de los cat�licos, este bar�n lo escuch� con mucha paciencia y al final le dijo: "Ya que usted est� tan seguro de s�, prom�tame llevar consigo lo que le voy a dar".
"�Qu� cosa?".
"Esta medalla".
Alfonso la rechaz� indignado y el bar�n replic�:
"Seg�n sus ideas, el aceptarla le deber�a dejar a usted indiferente. En cambio a m� me causar�a satisfacci�n".
Se ech� a re�r y se la puso comentando que �l no era terco y que era un episodio divertido. El bar�n se la puso al cuello y le hizo rezar el Memorare.
El bar�n pidi� oraciones a varias personas, entre ellas al conde La Ferronays quien le dijo: "si le ha puesto la Medalla Milagrosa y le ha hecho rezar el Memorare, seguro que se convierte". El conde muri� de repente dos d�as despu�s. Se supo que durante esos dos d�as hab�a ido a la bas�lica de Santa Mar�a la Mayor a rezar cien Memorares por la conversi�n de Ratisbone.
Por la Plaza Espa�a se encuentra el bar�n con Ratisbone en su �ltimo d�a en Roma y �ste lo invita a pasear. Pero antes ten�a que pasar por la Iglesia de San Andr�s a arreglar lo del funeral del conde. Ratisbone lo acompa�a a la Iglesia. He aqu� su testimonio de lo que entonces sucedi�:
"A los pocos momentos de encontrarme en la Iglesia, me sent� dominado por una turbaci�n inexplicable. Levant� los ojos y me pareci� que todo el edificio desaparec�a de mi vista. Una de las capillas (la de San Miguel) hab�a concentrado toda la luz, y en medio de aquel esplendor apareci� sobre el altar, radiante y llena de majestad y de dulzura la Virgen Sant�sima, tal y como est� grabada en la Medalla. Una fuerza irresistible me impuls� hacia la capilla. Entonces la Virgen me hizo una se�a con la mano como indic�ndome que me arrodillara. La Virgen no me habl� pero lo he comprendido todo".
El bar�n lo encuentra de rodillas, llorando y rezando con las manos juntas, besando la Medalla. Poco tiempo m�s tarde es bautizado en la Iglesia del Gesu en Roma. Por orden del Papa, se inicia un proceso can�nico, y fue declarado "verdadero milagro". Alfonso Ratisbone entr� en la Compa��a de Jes�s. Ordenado sacerdote fue destinado a Par�s, donde estuvo ayudando a su hermano Teodoro en los catecumenados para la conversi�n de los jud�os.
Despu�s de haber sido por 10 a�os Jesuita, con permiso sale de la orden y funda, en 1848, las religiosas y las misiones de Nuestra Se�ora de Si�n. En s�lo los diez primeros a�os Ratisbone consigui� la conversi�n de 200 jud�os y 32 protestantes. Trabaj� lo indecible en Tierra Santa, logrando comprar el antiguo pretorio de Pilato, que convirti� en Convento e Iglesia de las religiosas. Tambi�n consigui� que estas religiosas fundasen un hospicio en Ain-Karim, donde muri� santamente en 1884, a los 70 a�os.