
Santa Margarita Alacoque
Margarita naci� el 22 de julio de 1647 en el peque�o pueblo de Lautecour en Francia.
Dice que siendo todav�a una ni�a, un d�a en la elevaci�n de la Santa Hostia en la Misa, le hizo a Dios la promesa de mantenerse siempre pura y casta. Voto de castidad. Aprendi� a rezar el rosario y lo recitaba con especial fervor cada d�a, y la Virgen Sant�sima la correspondi� libr�ndola de muchos peligros.
La llevan al colegio de las Clarisas y a los nueve a�os hace La Primera Comuni�n. Dice: "Desde ese d�a el buen Dios me concedi� tanta amargura en los placeres mundanos, que aunque como jovencita inexperta que era a veces los buscaba, me resultaban muy amargos y desagradables. En cambio encontraba un gusto especial en la oraci�n".
Le lleg� una enfermedad que la tuvo paralizada por varios a�os. Pero al fin se le ocurri� consagrarse a la Virgen Sant�sima y ofrecerle propagar su devoci�n, y poco despu�s Nuestra Se�ora le concedi� la salud.
Todo estaba bajo llave y sin el permiso de las tres mandonas mujeres no sal�a nadie de la casa. As� que a Margarita no le permit�an ni siquiera salir entre semana a la iglesia. Ella se retiraba a un rinc�n y all� rezaba y lloraba. La rega�aban continuamente. En medio de tantas penas le pareci� que Nuestro Se�or le dec�a que deseaba que ella imitara lo mejor posible en la vida de dolor al Divino Maestro que tan grandes penas y dolores sufri� en su Pasi�n y muerte.
De ah� en adelante a ella no s�lo no le disgusta que le lleguen penas y dolores, sino que acepta todo esto con el mayor gusto por asemejarse lo mejor posible a Cristo sufriente. Lo que m�s la hac�a sufrir era ver cu�n mal y duramente trataban a su propia madre. Pero le insist�a en que ofrecieran todo esto por amor de Dios. Una vez la mam� se enferm� tan gravemente de erisipela que el m�dico diagnostic� que aquella enfermedad ya no ten�a curaci�n.
Margarita se fue entonces a asistir a una Santa Misa por la salud de la enferma y al volver encontr� que la mam� hab�a empezado a curar de manera admirable e inexplicable. Lo que m�s le atra�a era el Sagrario donde est� Jes�s Sacramentado en la Sagrada Hostia. Cuando iba al templo siempre se colocaba lo m�s cercana posible al altar, porque sent�a un amor inmenso hacia Jes�s Eucarist�a, y quer�a hablarle y escucharle.
A los 18 a�os por deseo de sus familiares empez� a arreglarse esmeradamente y a frecuentar amistades y fiestas sociales con j�venes. Pero estos pasatiempos mundanales le dejaban en el alma una profunda tristeza. Su coraz�n deseaba dedicarse a la oraci�n y a la soledad. Pero la familia le prohib�a todo �sto.
El demonio le tra�a la tentaci�n de que si se iba de religiosa no ser�a capaz de perseverar y tendr�a que volverse a su casa con verg�enza y desprestigio.
Rez� a la Virgen Mar�a y Ella le alej� este enga�o y tentaci�n, y la convenci� de que siempre la ayudar�a y defender�a. Un d�a despu�s de comulgar sinti� que Jes�s le dec�a: "Soy lo mejor que en esta vida puedes elegir. Si te decides a dedicarte a mi servicio tendr�s paz y alegr�a. Si te quedas en el mundo tendr�s tristeza y amargura". Desde entonces decidi� hacerse religiosa, costara lo que costara.
En el a�o 1671 fue admitida en la comunidad de La Visitaci�n, fundada por San Francisco de Sales. Entr� al convento de Paray-le-Monial. Una de sus compa�eras de noviciado dej� escrito: "Margarita dio muy buen ejemplo a las hermanas por su caridad; jam�s dijo una sola palabra que pudiera molestar a alguna, y demostraba una gran paciencia al soportar las duras reprimendas y humillaciones que recib�a frecuentemente".
La pusieron de ayudante de una hermana que era muy fuerte de car�cter y �sta se desesperaba al ver que Margarita era tan tranquila y callada. La superiora empleaba m�todos duros y violentos que hac�an sufrir fuertemente a la joven religiosa, pero ella nunca daba la menor muestra de estar disgustada. Con �sto la estaba preparando Nuestro Se�or para que se hiciera digna de las revelaciones que iba a recibir.
El 27 de diciembre de 1673 se le apareci� por primera vez el Sagrado Coraz�n de Jes�s. Ella hab�a pedido permiso para ir los jueves de 9 a 12 de la noche a rezar ante el Sant�simo Sacramento al altar, en recuerdo de las tres horas que Jes�s pas� orando y sufriendo en el Huerto de Getseman�. De pronto se abri� el sagrario donde est�n las hostias consagradas y apareci� Jesucristo como lo vemos en algunos cuadros que ahora tenemos en las casas.
Biograf�a
Fiesta: 16 de octubre
Patrona: de devotos del Sagrado Coraz�n, contra la poliomielitis.
Su padre fue Claudio Alacoque, juez y notario, y la madre Filiberta Lamyn. Los hijos fueron cinco. La menor era Margarita. El p�rroco, Antonio Alacoque, t�o suyo, la bautiz� a los tres d�as de nacida. Ella dice en su autobiograf�a que desde peque�a le concedi� Dios que Jesucristo fuera el �nico due�o de su coraz�n. Y le concedi� otro gran favor: un gran horror al pecado, de manera que aun la m�s peque�a falta le resultaba insoportable.
Era muy joven cuando qued� hu�rfana de padre, y entonces la mam� de Don Claudio Alacoque y dos hermanas de �l, se vinieron a la casa y se apoderaron de todo, y la mam� de Margarita y sus cinco ni�os se quedaron como esclavizados.

Sobre el manto su Sagrado Coraz�n, rodeado de llamas y con una corona de espinas encima, y una herida. Jes�s se�alando su coraz�n con la mano le dijo: "He aqu� el coraz�n que tanto ha amado a la gente y en cambio recibe ingratitud y olvido. T� debes procurar desagraviarme". Nuestro Se�or le recomend� que se dedicara a propagar la devoci�n al Coraz�n de Jes�s porque el mundo es muy fr�o en amor hacia Dios y es necesario enfervorizar a las personas por este amor.
Durante 18 meses el Coraz�n de Jes�s se le fue apareciendo. Le pidi� que se celebrara la Fiesta del Sagrado Coraz�n cada a�o, el Viernes de la semana siguiente a la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus).
El Coraz�n de Jes�s le hizo a Santa Margarita unas promesas maravillosas para los que practiquen esta hermosa devoci�n. Por ejemplo: "Bendecir� las casas donde sea expuesta y honrada la imagen de mi Sagrado Coraz�n. Dar� paz a las familias. A los pecadores los volver� buenos y a los que ya son buenos los volver� santos. Asistir� en la hora de la muerte a los que me ofrezcan la comuni�n de los primeros Viernes para pedirme perd�n por tantos pecados que se cometen".
Margarita le dec�a al Sagrado Coraz�n: "�Por qu� no elige a otra que sea santa, para que propague estos mensajes tan importantes? Yo soy demasiado pecadora y muy fr�a para amar a mi Dios". Jes�s le dijo: "Te he escogido a ti que eres un abismo de miserias, para que aparezca m�s mi poder. Y en cuanto a tu frialdad para amar a Dios, te regalo una chispita del amor de mi Coraz�n".
Y le envi� una chispa de la llama que ard�a sobre su Coraz�n, y desde ese d�a la Santa empez� a sentir un amor grand�simo hacia Dios, y era tal el calor que le produc�a su coraz�n que, en pleno invierno, a varios grados bajo cero, ten�a que abrir la ventana de su habitaci�n porque sent�a que se iba a quemar con tan grande llama de amor a Dios que sent�a en su coraz�n.
Nuestro Se�or le dec�a: "No hagas nada sin permiso de las superioras. El demonio no tiene poder contra las que son obedientes".
Margarita se enferm� gravemente. La superiora le dijo: "Creer� que s� son ciertas las apariciones de que habla si el Coraz�n de Jes�s le concede la curaci�n". Ella le pidi� al Sagrado Coraz�n que la curara y san� inmediatamente.
Desde ese d�a su superiora crey� que s� en verdad se le aparec�a Nuestro Se�or. Dios permiti� que enviaran de capell�n al convento de Margarita a San Claudio de la Colombiere, y este hombre de Dios que era jesuita, obtuvo que en la Compa��a de Jes�s fuera aceptada la devoci�n al Coraz�n de Jes�s. Desde entonces los jesuitas la han propagado por todo el mundo.
Margarita fue nombrada Maestra de novicias. Ense�� a las novicias la devoci�n al Sagrado Coraz�n (que consiste en imitar a Jes�s en su bondad y humildad, y en confiar inmensamente en �l, en ofrecer oraciones, sufrimientos, misas y comuniones para desagraviarlo, y en honrar su Santa Imagen) y aquellas j�venes progresaron rapid�simo en santidad.
Luego ense�� a su hermano (comerciante) esta devoci�n, y el hombre hizo admirables progresos en santidad. Los jesuitas empezaron a comprobar que en las casas donde se practicaba la devoci�n al Coraz�n de Jes�s las personas se volv�an mucho m�s fervorosas.
El Coraz�n de Jes�s le dijo: "Si quieres agradarme conf�a en M�. Si quieres agradarme m�s, conf�a m�s. Si quieres agradarme inmensamente, conf�a inmensamente en M�".
Antes de morir obtuvo que en su comunidad se celebrara por primera vez la fiesta del Sagrado Coraz�n de Jes�s.
El 17 de octubre de 1690 muri� llena de alegr�a porque pod�a ir a estar para siempre en el cielo al lado de su amad�simo Se�or Jes�s, cuyo Coraz�n hab�a ense�ado en ella a amar tanto este mundo.