
Santa Margarita de Cortona
La mujer escandalosa que lleg� a ser de muy buen ejemplo.
Pero a los 7 a�os queda hu�rfana de madre, y entonces su padre se casa con una mujer dominante y agresiva que se dedica a hacerle la vida imposible a la joven Margarita, la cual empieza a volverse triste y desconfiada y a buscar fuera del hogar las alegr�as que en su casa no logra hallar.
A los 17 a�os ya es una joven muy hermosa, pero no puede encontrar cari�o en su hogar. Es entonces cuando se deja enga�ar por un terrateniente, un rico agricultor, que prometi�ndole que se casar� con ella, logra obtener que se fuera de su casa y se vaya con �l.
Ella al principio le pone resistencia, porque sabe que lo que le ofrece es la deshonra y una vida de pecado, pero los regalos espl�ndidos y las promesas mentirosas de aquel enga�ador la logran convencer, y una noche sale huyendo y se va con �l.
Viajan aquella noche por un r�o en una balsa. Chocan y la balsa se hunde. Ella corre grav�simo peligro de ahogarse, pero su prometido logra salvarla nadando �gilmente. La joven considera esto como una llamada de Dios, pero en aquella hora pueden m�s las promesas del pecado que los avisos de Dios, y sigue con aquel hombre.
Son ocho a�os de pecado, de lujos, de fiestas y placeres, pero su alma no es feliz. Desea fuertemente volver a los tiempos antiguos, cuando aunque no ten�a lujos, ni fiestas, ni honores, sin embargo ten�a el alma limpia de pecado y tranquila su conciencia.
Tiene un hijo (que m�s tarde ser� franciscano) pero en su alma se libra cada d�a una violenta batalla entre su deseo de vivir en gracia y amistad con Dios y los deseos pasionales de su naturaleza humana. La gente la ve atravesar plazas y calles, elegant�sima, en lujosas cabalgaduras, pero no imaginan que su alma agoniza de angustia.
Para calmar un poco los remordimientos de su conciencia se dedica a repartir limosnas entre los pobres. A una viejita agradecida que le dice: "Gracias se�ora, Ud. si es buena persona". Le responde: "�Por favor, no diga eso, que yo s�lo soy una miserable pecadora!".
A ratos se retira a las soledades del bosque a llorar. Y all� exclama: "Oh Dios, que bueno es poder hablarte, aunque el alma se siente tan d�bil y pecadora. Te repito las palabras del hijo pr�digo: He pecado contra el cielo y contra Ti".
Le ruega a su compa�ero que contraigan matrimonio porque su alma no puede vivir tranquila en esa vida de ilegitimidad, pero �l le responde que prefiere vivir en uni�n libre todav�a por muchos a�os. Entonces ella ruega a Dios que le proporcione alguna soluci�n. Y no se cansa de pedirle, con l�grimas, penitencias y mucha fe.
Una ma�ana su compa�ero se va al campo a visitar sus fincas. Por el camino unos guerilleros lo atacan y lo matan a pu�aladas, y esconden su cad�ver entre unas matas, el hombre no vuelve esa tarde a casa, pero su fiel perro llega al d�a siguiente dando aullidos muy lastimeros y tira insistentemente de la falda de Margarita, como dici�ndole: "Por favor, s�gueme". Ella lo sigue llena de af�n y de temor de que algo grave le haya sucedido a su compa�ero.
En el bosque, junto a un gran �rbol hay un mont�n de ramas, y hasta all� la lleva el perro fiel. Margarita mueve ramas y encuentra el cad�ver de su amante, destrozado con horrorosas heridas y empezando a descomponerse. Margarita siente en aquel momento como un rel�mpago la llamada del cielo, a volver a vivir en gracia y en amistad con Dios. Estalla en llanto por la tristeza de ver muerto a aquel hombre y por los terribles remordimientos que atormentan su propia conciencia.
Pero recuerda que el Padre Celestial tiene siempre abiertos sus brazos bondadosos para recibir a todos los hijos pr�digos que quieren volver a su divina amistad, y que Jesucristo nunca rechaza a las Magdalenas que quieran arrepentirse y cambiar de comportamiento, y con todas las energ�as de su alma se propone darle un vuelco total a su vida. Bien sabe que mientras vivamos en esta tierra nunca es tarde para convertirse y lograr salvarse.
Margarita no es mujer de medias tintas. Cuando se decide por algo lo hace con todas sus fuerzas. As� que lo primero que hace al volver del funeral de su amante es devolverles a los familiares de �l todas las fincas que el hombre ten�a. Vende luego las joyas y los lujos, y el dinero obtenido lo reparte a los pobres y ella se dispone a seguir viviendo en total pobreza.
Se va con su hijito a la casa de su padre, pero la madrastra no permite que sea recibida all�, pues la considera una mujer escandalosa, y no cree en su arrepentimiento. Entonces sentada bajo un �rbol se pone a llorar y a pensar. Los enemigos de la salvaci�n le dicen: "Eres hermosa, tienes apenas 25 a�os, l�nzate a la vida, que amores no te van a faltar".
Pero mientras reza siente que el Esp�ritu Santo le inspira esta idea: �Por qu� no ir a la ciudad de Cortona donde est�n los Padres Franciscanos, que son tan amigos de los pobres y pedirles que me ayuden?. Y hacia esa ciudad dirige sus pasos.
Al llegar a Cortona, en la entrada de la ciudad se encuentra con dos buenas se�oras que se conmueven al verla en tan impresionante estado de pobreza y se ofrecen a ayudarla. La llevan a su casa; se encargan de la educaci�n del ni�o y ellas mismas van donde los Padres Franciscanos a recomendarla.
Una gran bendici�n para Margarita fue encontrar entre los Padres Franciscanos dos santos y sabios sacerdotes que le supieron dar una excelente direcci�n espiritual. Por tres a�os largos tiene todav�a que luchar esta joven contra las terribles tentaciones de su carne, pero estos prudentes directores la ayudan much�simo anim�ndola cuando est� deca�da y deprimida, y gui�ndola con prudencia cuando ella se quiere dejar llevar por desmedidos entusiasmos.
Deseaba hacer excesivas penitencias, porque dec�a que con las pasiones de su cuerpo nunca pod�a hacer las paces y que ten�a que dominar a la fuerza ese cuerpo que tanto le hab�a hecho ofender a Dios. Pero los Padres Franciscanos la moderaban y le insist�an en que para la sociedad puede ser m�s �til un burro vivo que un cad�ver.
Margarita fue al pueblo y a los campos donde hab�a dado malos ejemplos viviendo en concubinato, y fue vestida de penitencia, y pidiendo perd�n a los vecinos por todos los esc�ndalos que les hab�a dado con su vida pecaminosa de otros tiempos.
Luego, por inspiraci�n de Dios dej� de pensar tanto en sus antiguos pecados, y se dedic� m�s bien a pensar en el amor que Dios nos ha tenido, y esto la hizo crecer mucho en santidad. Entonces empez� a tener �xtasis (se llaman �xtasis a ciertos estados de contemplaci�n y de meditaci�n profunda cuyo resultado es la suspensi�n temporal de la actividad normal de los sentidos y cierta uni�n m�stica con Dios, acompa�ada de visiones sobrenaturales).
Sus directores, los dos Padres Franciscanos, fueron escribiendo todos los datos que lograron saber, y redactaron la vida de la Santa y muchas de sus visiones. Fue admitida como Terciaria Franciscana, o sea como religiosa seglar, que viviendo en el mundo se dedica a llevar una vida de mucha oraci�n y de intenso apostolado.
Con la ayuda de otras j�venes terciarias franciscanas, y pidiendo limosnas y ayudas de todas partes, Margarita funda un hospital en Cortona, y all� se dedica con sus compa�eras a atender gratuitamente a muchos enfermos.
Nuestro Se�or empieza a hablarle en visiones, y as� esta Santa llega a ser una de las precursoras de la devoci�n al Sagrado Coraz�n.
Recordemos algunos de los mensajes que Jes�s le dio:
Cuando le asaltan las angustias al pensar si Jesucristo le habr� perdonado todas sus maldades, oye la voz de Nuestro Se�or que le dice: "Porque he muerto en la cruz por salvarte, por eso te perdono todas tus culpas, sin dejar ninguna que no quede perdonada".
En sus �ltimos a�os Margarita recibi� de Dios el don de obrar milagros. Y se dedica a continuas penitencias. Ayuna, duerme sobre el duro suelo, pasa horas y horas rezando. Atiende con exquisito cuidado a toda clase de enfermos, especialmente a los m�s repugnantes. Ayuda a las mujeres pobres que van a tener hijos y que no tienen qui�n las atienda.
Y sobre todo soporta con gran paciencia la incre�ble cantidad de cuentos y calumnias que la gente mala le inventa contra su buena fama. Hasta los Padres Franciscanos dejan de atenderla porque las malas lenguas dicen que es una mujer indigna. Se retira a pasar sus �ltimos d�as en un rancho miserable y abandonado, para hacer penitencia de sus pecados.
Muere el 22 de febrero de 1297, a los 50 a�os. La mitad de la vida la pas� en pecado y la otra mitad haciendo penitencia y obras buenas. Lo �ltimo que dijo al morir fue: "Dios m�o, yo te amo".
El Papa Benedicto XIII al declararla Santa dijo, que Margarita es la mujer que m�s parecido tiene con Mar�a Magdalena.
Biograf�a
Fiesta: 22 de febrero
Patrona: de gente sin hogar, contra las tentaciones, falsas acusaciones, p�rdida de padres, enfermedades mentales, parteras, prostitutas reformadas.
Margarita naci� en Italia en el a�o 1247. Hija de una familia de agricultores, los primeros a�os los pasa alegremente junto a su madre que es muy piadosa y que le ense�a a ofrecer por la salvaci�n y por la conversi�n de los pecadores todo, lo que hace y lo que reza.
"Quiero que tu conversi�n sea un ejemplo para muchos pecadores, para que se sientan animados tambi�n a dejar la vida de pecado que han llevado, y a emprender desde ahora en adelante una vida llena de buenas obras. Deseo que todos los pecadores de todos los siglos recuerden que estoy dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos como el padre recibi� al hijo pr�digo".
Otro d�a le dice Nuestro Se�or: "Glorif�came, y Yo te glorificar�. �mame, �mame y Yo te amar�. Ded�cate a buscar lo que m�s te convenga para tu salvaci�n".